mercado
  • Home
  • Noctámbulos
  • Mercado Navas
  • ¡A mi, plín!

Eso

eso1

Eso lleva ahí un tiempo indeterminado. Puede que alcances a saber en qué momento se insinuó para tus adentros pero lo más normal es que no aciertes a saberlo con precisión. Quizás estuvieras predispuesto a ello o todo no fuera más que el fruto del azar. Otra vez más.

eso4El caso es que eso, consciente o inconscientemente (más bien por lo segundo pues, de otro modo, no estaríamos hablando de ello como lo hacemos), se fue instalando, haciéndose hueco y desarrollándose.

Lo habías olvidado completamente y ni sospechabas lo que iba fraguando. Seguías haciendo tu vida, ocupado en lo inmediato y pensando en otras cosas. El control que crees tener sobre la corteza de tu vida te hace creer que trasciende a las demás esferas de tu ser. Pero te equivocas. Y lo sabes. Sólo que te resulta imposible tener, cada día, la presencia íntima necesaria para tomar conocimiento de los procesos que tienen lugar en los recovecos de tu fuero interno. A esto lo llamarían hoy gestión eficaz de los parámetros emotivos. Algo parecido a los pimientos de invernadero: impecable apariencia mas nula consistencia.

eso2Hasta que, un buen día (o un mal día, según de aquello de lo que se trate), eso, que ha ido paulatinamente escalando niveles de autoconciencia, llama a la puerta del nivel en el que sólo tú ejerces de carcelero mayor del reino. Y te pide que le concedas el tercer grado.

- ¡Cómo? ¿Un preso cuyo cautiverio ignoraba?

- Mira, chaval, no te hagas el sorprendido cuando llevas ya un buen tiempo amasando mi existencia. Conque puerta y aire, en el mejor sentido, para mi menda...

Todo esto ocurre, por supuesto, por lo más bajinis del mundo y en fracciones de segundo. En realidad, estás tan sorprendido (y eso lo sabe) que, seguramente, tomarás la decisión de darle rienda suelta. Y lo acabas haciendo.

Entonces, eso te sale por la boca y-o por los poros. Tus gestos y ademanes te traicionan. Algunos que se precian de conocerte dirán que no eres tú. Otros podrán decir todo lo contrario: que te estás haciendo un gran favor dejando que eso aflore. Que ahora es cuando estás siendo verdaderamente tú. Y, en cuanto puedes, piensas:

- Pero ¿cómo puedo ser verdaderamente yo cuando ni siquiera sabía que eso me habitaba hace cinco minutos?

eso3El caso es que la frasecita de marras, pronunciada por alguien que dice conocerte bien, te saca de quicio. Y no por lo que dice o cómo lo dice (de hecho, es buen síntoma tener a alguien que se atreva a decirte ese tipo de cosas) sino porque te defrauda el hecho de comprobar hasta qué punto te desconoces o hasta qué punto lo que eres no lo decides tú sino todos aquellos de los que te rodeas.

Eso llegó y salió de ti para quedarse prendado en la pechera de tu uniforme junto con todas las condecoraciones que has ido mereciendo a lo largo de tu vida.

¿No querías introspección? Pues eso.

Imprimir

Me van echando

echando1

No se me alarmen. Ha pasado siempre y seguirá pasando. Solo que lo estoy experimentando en mis propias carnes. Carnes de una generación que ya no está tan en el machito como hasta hace relativamente poco. Los míos siguen mandando, haciéndolo tan bien o tan mal como pueden, depende de lo que opinen de ello sobre todo los perdedores.

echando2En mi batalla particular contra lo que no me gusta de mi mundo, ya atisbo, allá a lo lejos, la derrota. Son bastantes los que conmigo siguen disparándole al enemigo desde la trinchera. La Noche Más Oscura es nuestra posición más avanzada, aquélla desde la que más lejos llegan nuestros proyectiles y la que mejor se divisa desde la lontananza. Son más aún los que entienden nuestra lucha aunque no se suman a ella. Pero ya son casi mayoría los que los siguen y ni se imaginan de qué va todo esto.

Aunque puede que jamás lean estas líneas, a éstos últimos les diré que somos la última generación que conoció una infancia de rodillas desolladas en la calle o en el campo, la última que soñaba con darle la vuelta al mundo con una mochila a cuestas, la última que sabía esperar en la ignorancia o la incertidumbre, la última fascinada por los mapas y los territorios por descubrir. Futuras e inevitables batallitas.

Ahora, me veo más no como aquél que apunta hacia donde se puede ir sino como el que señala los peligros que acechan. Sé que se han logrado interesantes progresos pero tengo la sensación de que la estupidez y-o la codicia lastran buena parte de los mejores esfuerzos en pos del bien común.

echando3Me asombra la mediocridad de los nuevos poderosos o la de los creadores de opinión. Nuestra denuncia no merma su pujanza. Me deprime el seguidismo de la mayoría, su galopante alienación tecnológica. Pronto se habrán cubierto de moho las palabras que los pudieran censurar pues pocos serán los que recuerden lo que significan.

Me refugio en mi parcela de tierra donde he sido capaz de construir una pequeña Arca de vegetales y un puñado de animales. Un lugar en el que pasan muchas cosas que no son noticia porque casi nadie las quiere ya ver. El libro que llevo escribiendo treinta años y que me dice, en cada nueva página, por dónde tengo que ir tirando.

Ya voy pensando en herederos, en personas que cooptar para que den testimonio de lo que fuimos haciendo y pensando. Hacer y pensar. Pensar y hacer por nosotros mismos.

No será tarea fácil pero se me antoja insoslayable. Gente que, de alguna manera, recoja el testigo y entienda mejor las claves del nuevo mundo que se insinúa para mejor orientarlo desde dentro. Yo cada vez lo entiendo menos y sé que él ya me va echando.

Imprimir

Bochornosa Nocilla

nocilla1

Volviendo a casa una de estas tardes, me meriendo (por no decir me desayuno, ahora mismo verán Vds. por qué) con la bochornosa noticia de los incidentes desencadenados por la decisión de una conocida cadena de hipermercados francesa de rebajar un 70% el frasco de kilo de Nutella®.

nocilla2Hablando en plata: se ha tratado de rebajar por unos días el precio de dicho producto y hacerlo pasar, así, de 4,70€ a 1,40€. Pues, bien, tal iniciativa ha ocasionado tamaños desmanes comportamentales y tal caos en los hipermercados de marras que la noticia ha abierto los informativos de nuestro país vecino y no ha pasado desapercibida en los nuestros.

Clientes que, en los días previos, escondían los frascos en secciones que no les correspondían para reservárselos cuando se lanzara la promoción; clientes haciendo cola desde la víspera para llegar los primeros; clientes que compraban tres y cuatro frascos; jaurías abalanzándose sobre los palets, pugnando por arrebatarse la mercancía, mujeres tirándose el pelo y arañándose, caras ensangrentadas, ancianas pisoteadas, algunas, incluso, protegiéndose la cabeza con cajas de cartón para mitigar el ansia y la ira de sus competidores.

nocilla3No estamos hablando de la salida del último iPhone ni de la publicación del último Harry Potter. Se trata, simplemente, de una tarro de crema de leche, cacao, avellanas y azucar de un kilogramo al que han rebajado un 70% el precio de venta al público. Pero es que, además, no está en juego un ahorro que permita hacer grandes cosas con lo economizado: el señor que ha arramplado con cuatro botes (que le garantizan nocilla para más de un año), se ha jugado la vida por la desdeñable cantidad de... ¡12€!

¿Tan perjudicada por la crisis ha quedado la nación vecina? ¿Tan desesperada es su situación humanitaria? No me quiero imaginar lo que podría acontecer si esta gente tuviera la desgracia de padecer una hambruna como las que, desgraciadamente, sufren demasiados pueblos de la Tierra.

nocilla4Está claro que Intermarché pierde dinero con esta oferta. Claro está también que ha vendido un producto por debajo del precio que le ha podido costar. El consumidor lo sabe y puede querer aprovecharse de esta especie de venganza contra el poderoso distribuidor que éste, inopinadamente, le ha podido servir en bandeja. Pero, ¿de verdad que tanta saña merece la represión de un abuso de poder comercial? ¿Y tanta saña repercutida, al fin y al cabo, contra aquéllos que están en el mismo bando?

Nos hemos escandalizado con las imágenes de hinchas de equipos extranjeros tirándoles a los mendigos céntimos al suelo para reírse del modo en que se desvivían por recogerlos y, a la mínima ocasión en que un poderoso ha querido despreciarnos del mismo modo, nos hemos rebajado a la reproducción de un comportamiento tan servil como indigno. 

¿Se estarán convirtiendo los franceses en los okupas de un Estado que ha sido faro político para tantos otros? Vergüenza. Y bochorno ajeno.

Imprimir

lanochemasoscura