a propos

Cuaderno de vacaciones para adultos

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apropcadalsoCartas marruecas de José Cadalso. Recomendación de Miss Morgado.

Quizás descubrí este libro en mi adolescencia, eso justificaría que estuviera en la estantería de mi habitación. Probablemente formara parte de ese grupo de grandes libros de la historia importantes de conocer que te incitan a leer en el colegio. Digo probablemente porque a pesar de ello, durante todos estos años, no había reparado en él, ni tenía consciencia de haberlo leído y ha sido de forma casual que he vuelto a él.

Libro de fácil lectura, con un vocabulario cercano y una narrativa realista de la sociedad española en su comienzo de decadencia del s. XVIII contada  desde los ojos de un visitante marroquí a su tío al otro lado del Estrecho.

En aquella época de cambio hormonal es probable que no contara con la madurez suficiente y necesaria como para comprender las ideas subyacentes y los matices históricos descritos en esta obra.

Por ende, es muy posible que la ardua comprensión de los demás libros que están a su lado en la estantería se haya vuelto más fácil hoy.

aproposmatutePequeño y añorado teatro. Recomendación de García Cardiel.

Me gustaría recomendarles un libro, Pequeño Teatro, de mi querida, aunque nunca la conocí, de mi querida, decía, Ana María Matute. Se trata de su primera novela, redactada con 17 años, aunque me pregunto cómo una muchacha de 17 años puede atesorar, no ya esta técnica literaria (eso se puede aprender, dicen), sino sobre todo esa sensibilidad, esa sabiduría atemporal que se disfraza de sencillez.

En Pequeño Teatro se despliega la vida de un pequeño y aletargado pueblecillo costero, zarandeado apenas por la llegada de un estrafalario extranjero. Un pueblecillo costero observado, descrito, vivido es quizá la palabra exacta, por un pilluelo huérfano al que nadie hace caso. Un teatro de apariencias en el que las gentes creen que actúan pero no son sino marionetas, mientras una amargura con olor a salitre lo tiñe todo. Una sucesión de escenas truncadas que imbuyen al lector de una añoranza, no sabría decir respecto a qué, una añoranza, decía, irresistible.

aproposvargasTravesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa. Recomendación de María G. Antúnez.

Publicada en 2006, Travesuras de la niña mala es la primera novela de amor de Mario Vargas Llosa. Con la única pretensión de vivir en París sin altibajos, Ricardo Somocurcio, el protagonista de esta historia, se enamora locamente de una persona tóxica (o eso diría ahora la gente de bien) y la sigue durante cuatro décadas por diferentes rincones del mundo. Así, el escritor nos invita a un interesante viaje por el Perú de los años cincuenta; el París de los sesenta; el Londres hippy de los setenta; el Japón de los ochenta y el Madrid de la movida.

Me gustan las historias que no versan sobre el amor romántico que nos quieren imponer, porque, al fin y al cabo, nadie se cree los cuentos del “y fueron felices y comieron perdices”. En Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa sabe dar en el clavo de la cruda realidad, que no es otra que la del “no quiero nada serio”.

Tardó en escribir sobre el amor, pero lo hizo de diez. Al menos a mí y a la Preysler nos ha conquistado, y eso es mucho.  

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aproposmekoaJohnny Mekoa. Recomendación de Benny del Paso.

Existe una dirección en el centro de Johannesburgo donde confluye la historia musical negra del país. Dorkay House abrió sus puertas a principio de los 50, para acoger y formar a los músicos de jazz que buscaban el dorado en las calles de Johannesburgo. Johnny Mekoa compartió dirección con lo más aventajado del jazz sudafricano de los años 60 y 70.

Aficionado al jazz urbano consumido por la clase trabajadora negra, formó con otros colegas The Ministers. Johnny Mekoa y su The Ministers fueron estrellas sonoras de la vibrante vida de clubs de jazz del centro de Johannesburg. La trompeta de Johnny sigue resonando en la vida nocturna de la ciudad del oro.



aproposgummoGummo. Recomendación de Daniel Prieto.

Esta peli me gustó. Y mucho. Es una de esas que llaman "cine independiente". Nunca entenderé muy bien esta etiqueta ya que creo que, por definición, todo el cine debe ser independiente. Tiene la capacidad de atraparte desde el comienzo o
a
lo
mejor
solo
es
que soy
un
pobre
loco
que esta noche está un poco borracho
pero te juro que Gummo no te dejará indiferente. La escena en que un tarado, uno de esos miles de rednecks que pueblan nuestros queridos USA, descarga toda su furia contra una silla, me parece de lo mejor que se ha rodado en lo que llevamos de siglo... no sé si eso es bueno o malo. Decídelo tú. Yo es que últimamente me dedico a beber vodka con naranja y a veces, como ahora, no puedo pensar con claridad. Solo sé que soy una de las fuerzas líricas vivas más poderosas y trabajo de camarero para poder pagar los 5.000 euros que vale esta puta cocina que jamás usamos... eso por no hablar de la hipoteca. Soy una especie de tarado que aún cree que es posible cambiar el mundo... hasta que veo quiénes actúan en los festivales del verano y entonces pienso que todo es una puta mierda y que caminamos hacia el apocalipsis. Veo los cadáveres de todos esos niños inocentes ahogados en el Mediterráneo, asesinados en Siria, veo toda esa barbarie que a nadie le importa
una
puta
mierda
y entonces María, mi hijo, mi hermano y mis padres
son
lo único que me importa. Y me siento tan pequeño y tan incapaz de todo que
me duele
mucho
y en en corazón se me pone un hueco negro que no me deja ni pensar. De niño, cuando me iba a la cama, me imaginaba qué había antes de la nada, antes de la Tierra, de Dios y de la materia, y lograba una sensación orgánica. Hace años que he perdido esa capacidad de imaginar e incluso palpar el caos. ¿Por qué?

aproposselfieSelfie. Recomendación de Bonifacio Singh.

Hace un par de semanas recomendé está película a unos pazguatos de amigos, que salieron echando chispas e insultando a su director tras verla. Tienen un mal gusto galopante, no les dije que entrasen para joder como suelo hacer, es que esta película está muy bien. Rodada con cuatro duros y medio, creo que no deberíais perdérosla este verano, lo veo tarea obligada para vuestras obtusas mentes. Si sois idiotas, por supuesto no vayáis. Es una patada en el estómago y una refinada risotada en la cara de muchos, tanto de los que se carcajea a simple vista como de los que lo hace subrepticiamente sacando sus caretos de imbécil. Para poner en ridículo a gente tan jodidamente idiota como Esperanza Aguirre o Ïñigo Errejón sólo hace falta ponerlos en pantalla, sin más. Una película en la que los ciegos son los que mejor ven, en la que el humano es falso por naturaleza y en la que las ideologías son pintadas como lo que en realidad son: todas una puta mierda, una farsa.

aproposberlin2Tratado para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín. Recomendación de Bonifacio Singh.

Resulta obligatorio cerrar esta temporada de LNMO recomendando que leáis, pedazo de vagos e iletrados e idiotas los relatos de Lucía Berlín recopilados en este libro. Las voces masculinas suelen llegarme mucho más, pero Lucía es un alma gemela. Es sencillamente maravillosa, un diamante rescatado casi de la nada que nos hace tener esperanza y pensar que hay alguien al otro lado, o que hubo alguien, que no todo está perdido en cuanto a la existencia del talento y de las personas con las que conectas a través del tiempo y el espacio. Lucía Berlín no se necesita más que a sí misma, a su pensamiento. Lo cotidiano es en el fondo lo más trascendente de lo humano. La literatura contiene mucha más filosofía que la filosofía misma si tienes algo de intuición para rellenar los espacios imaginarios del mapa que marca y de proyectar a los demás, uniéndolos a ti, en tu imaginación. Os sonará todo esto a rollo, a mi me da igual, sinceramente. Intentadlo. Bucead en ella, igual a través suya un día nos encontramos frente a frente.

Lean 'Décadence' de Michel Onfray

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O no. Porque, a decir verdad, hay que tener redaños para aguantar a lo largo de seiscientas páginas lo que se nos antoja un diagnóstico abrumador y descarnado de los principales males que afligen a nuestra sociedad occidental. Michel Onfray (Argentan, 1959; www.michelonfray.com) es el filósofo que hace las veces de forense sin pelos en la lengua interpretando los resultados de los múltiples análisis y exploraciones a los que ha sometido a su cadáver.

decadence2Así, pues, según el autor, el momento histórico que estamos viviendo es el del tránsito de una civilización defunta, la fundada en la cosmovisión que deriva de nuestras raíces judeocristianas, a otra que no sabe a ciencia cierta cómo será. En cualquier caso, tal extremo no es el objeto de su obra si no es para afirmar que el nihilismo de finales del siglo XX sentenció el final de una era y que otra, posiblemente transhumanista o fundamentalista religiosa, se abre paso en medio de un preocupante relativismo.

Lo que Onfray se propone prioritariamente es contarnos cómo y a qué precio fue posible que el cristianismo se impusiera como religión de Estado, cómo fue capaz de constituirse en el único referente posible en todos los órdenes, cuáles fueron los factores que lo hicieron resquebrajarse y cuáles lo precipitaron a su decadencia y su postrera liquidación.

Este ensayo pretende asimismo ilustrar el modo en que el autor concibe su dialéctica de las civilizaciones. Es por ello por lo que, en algunos capítulos, el devenir de la cosmovisión judeocristiana se ve interrumpido por referencias a lo que le iba aconteciendo contemporáneamente a su principal contendiente por mucho tiempo: el islam. Los seiscientos años de diferencia que separan el surgimiento de ambas interpretaciones explicaría que, siempre según Onfray, el mundo perseguido por la religión de Mahoma se encuentre en una fase de pugna por la predominancia que el judeocristianismo conoció hace ya muchos siglos.

decadence3Por el camino y de la mano de una aplastante erudición en lo que se refiere a la provisión de hechos históricos y datos biblio y biográficos, el filósofo francés va desgranando su particular lista de agonistas y antagonistas, más o menos conscientes, en la tarea de construcción o de minado de un modelo de pensamiento. En este sentido, por mucho que Onfray declare que se ha esforzado en ceñirse a lo objetivable, es difícil sustraerse a la antipatía que suscita (nos referimos a los agonistas) por figuras como Pablo de Tarso, Constantino, Eusebio de Cesarea, Justiniano, Teodosio, Teodoro de Bèze, Voltaire, Rousseau, Hegel, Robespierre, Marx, Lenin y Pío XII. En contrapartida, le resulta imposible al lector no querer saber más sobre los antagonistas (aquéllos que pudieron hacer que nuestro mundo fuera otro o los que contribuyeron a que el judeocristianismo fuera poco a poco perdiendo protagonismo): el propio Jesús (de cuya existencia duda el autor), Orígenes, Hipatia, Juliano, Francisco de Asís, Jan Hus, Poggio (que redescubre, en 1417 una edición de La naturaleza de las cosas, de Lucrecio; hecho capital a partir del cual la cosmovisión judeocristiana empieza a declinar irreversiblemente), Galileo, Descartes, Pascal, Kant, Nietzche, Juan XXIII y Pablo VI.

Estilísticamente hablando, la obra se impone como una brillante lección magistral con múltiples enumeraciones y gradaciones. La facundia del autor está oportunamente embridada en capítulos acertadamente estructurados. Al final de la obra, una cronología y una nutrida bibliografía certifican que no nos hemos tragado los cuentos de un charlatán, que hemos vivido una impresionante experiencia de goce intelectual. Mal que nos pese.

Walter White

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Walter White. Yo no soy muchode series, os podéis meter por el orto si queréis Netflix y HBO, ambas juntas, y decirme qué se siente. He visto algunos de estos engendros por capítulos, pero no en exceso, sinceramente prefiero los programas aunque sean catalogados como basura, incluso Sálvame Deluxe o como se llame ahora. La ficción la limito a la sala de cine. No soy de pasatiempos, soy de mirar un poco más hacia dentro. Sí soy un pedante que no se conforma con nada, un gilipollas con pretensiones filosóficas.

Si nos ceñimos a las series de ficción, destacaría, antes de conocer a Walter White, únicamente tres de ellas: “Yo Claudio”, “Los Soprano y “The Wire”. Más allá sólo hay mierda, vacío y pretenciosidad. Ni que decir tiene que son muy escasas las series españolas que considero sólo pasables (que no vomito al verlas) y que no se pudren con el paso del tiempo. La antigualla romana de la BBC sobre la infecta familia julio-claudia debería ser de obligatorio visionado en las escuelas primarias, aunque en su día era casi considerada porno porque salía alguna teta que otra y alguna orgía romana que otra. Casi lloro cuando me enteré de la muerte de James Gandolfini, walter2no lo hice porque los hombres en mi mundo no deben plañir, pero casi, ese puto gordo y su familia eran geniales. Y algunas escenas de “The Wire”, de sus personajes pululando por el árido Baltimore como zombies de la existencia humana, constituyen uno de los espectáculos más grandes a los que puedes transportarte mediante una pantalla. Pero luego está Walter, Walter White. Walter White. Walter es otra cosa.

Me la recomendó un amigo al que en un principio no dí crédito, posiblemente porque él es un amante de todo lo que le suena a lisérgico. La impresión externa que me daba “Breaking bad” era de fuegos artificiales, de tópicos sobre yonkis, de policías y traficantes coñazo, y a mí no me va lo superficial aunque sea espectacular y entretenido. Pero nada más lejos de lo imaginado. Debajo de esa capa, que Vince Gilligan dibujó tan maravillosamente como un cómic gigantesco (el conjunto podría dar lugar a unas cuantas tramas más, casi sin final), estaba Walter White, pero también la mirada de la muerte. La muerte, el factor fundamental que dibuja y condiciona la vida de cada uno, de todos. Por mucho que huyáis de ella está ahí y es un agujero negro, no es el país de la piruleta, es el vacío, idiota.


Resulta evidente que el personaje de Walter fue construído sobre la marcha, sobre la carne, los huesos y las cenizas interiores de Bryan Cranston. La transmutación del actor resulta prodigiosa, creo que nunca podrá separarse de él, que ya son uno sólo. Además Cranston ha conseguido hablar con la mirada, y no precisamente de temas poco trascendentes, walter3lo que le da doble valor. La serie deja abierta a la opinión del espectador una mirada profunda hacia el interior del verdadero ser humano. El que sólo vea diversión y droga es que es idiota, yo estaba equivocado, aunque hay tantos estúpidos y pazguatos por el mundo.... La trama está magnificamente resuelta hasta crear personajes secundarios únicos, pero no se queda ni mucho menos sólo ahí. Y desde luego no puedo dejar de citar a Mike Ehrmantraut, ese ninja único, ese samurai al que por suerte podemos seguir disfrutando en la precuela “Better call Saul”, que en este momento estoy visionando y que me está aportando aún más noticias sobre el talento de Vince Gilligan y compañía, enormes....

Walter va descendiendo hacia las profundidades de su ser hasta liberarse casi por completo de las obligaciones morales, acercándose al yo más individual, al meollo, al humano puro que no crée en nada ni en nadie. Deja paulatinamente de escuchar a la conciencia socialmente cincelada en su mente, en nuestras mentes, para pegar un puñetazo en la mesa gritando “hasta que suceda, aquí mando yo”. Destierra al espejismo. En realidad no es que se vuelva malo, lo que hace es despojarse del bien y del mal, de la eterna lucha por ser bueno, por representarse ante sí mismo como buena persona, por salvar al prójimo. ¿Existe el prójimo aunque sea dentro de tu grupo o familia, o es sólo un invento más para sobrevivir?

Nacemos y se nos domina, es un proceso de doma y atocinamiento, se nos inculca que formamos parte por un lado de una especie, por otro de un país o un grupo social y, finalmente, de una familia. Pero esta estructura no tiene nada detrás, no es más que algo reductible al absurdo, un sistema basado en sí mismo, no hay instinto, la sangre no manda, walter5las órdenes las dicta el propio yo, casi siempre disfrazado porque no puede autocontemplarse, se esconde para no asustarse ante sí mismo y ante la nada. El horror manda, necesitamos una barrera protectora ante la visión nuestro retrato de Dorian Gray colgado en la pared. Walter escapa en primer lugar de lo colectivo entregándose a la excusa de lo familiar, pero finalmente deja de someterse ni siquiera a ello, se desliza hasta el fondo de la sima. En el momento final se transforma en pura individualidad, en puro deseo y es consciente ante el propio espejo de la  nada que lo posée, de la falta de sentido más que el que por sí mismo pueda darse. Todos los muros pueden derribarse si no se tiene nada que perder, y el último paso es la liberación de la muerte gracias a su propia presencia, absoluta e inevitable, a asumirla sin reparos gracias a la eliminación de las excusas deterministas y finalistas. Aún así, Gilligan deja el grifo abierto, la luz encendida al final. A pesar de que Walter se entrega y consigue observarse desde fuera, la serie deja una puerta abierta, un resquicio, el engaño existencial siempre subyace, en todos nosotros. Existe cierta luminosidad en la verdad como para entregarse a beber la cicuta socrática, el veneno del autoengaño. Asumir el final es el mayor de los triunfos y la mayor condescendencia hacia el resto, pero desde la casi consciencia.

Walter es capaz de matar y de saltarse la ley. ¿Qué es la ley cuando nadie te ve? La capa de invisibilidad se la da, de forma redundante, mirar a la cara a la negra parca. ¿Qué desearíais hacer si os diesen dos meses de vida? Confieso que me gustaría asistir a mi propio entierro, e incluso sobrevivir, convertirme en un espectro y vivir la vida eterna, y aparecerme en sueños velando por los míos. Pero al final me iré por el sumidero, por mucho que me engañe el río me llevará hasta el mar, como a Walter. Y nada mejor que disolverse en un instante que ir apagándose poco a poco. Repito otra vez que nadie gana, sólo se tarda más o menos en perder. Polvo y sombras somos. Aunque el señor White, aunque suena a tópico, ya es eterno. Nos vemos en “Better call Saul”, no creo que dejen de caer en la tentación de volver, aunque sea por unos instantes, a recurrir a Walter. Walter. Walter. Walter White. Walter White. Walter se levantaba todos los días para darles una patada en los dientes. Corre, intenta que todo se haga cuando tú digas que se haga. ¿Willy Wonka? ¿Walt Whitman? No, Walter White, estúpido.

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