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Limpio

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Despertar. Despertar por la mañana, a primera hora. Aun sin abrir los ojos, sentir el tacto de las sábanas, el calor del sol que se cuela por la ventana, todavía tibio, sin la fuerza que exhibirá en un par de horas, anunciando el nuevo día. Desperezarse lentamente, hacer la mariposa con brazos y piernas, retozar con la almohada, limpio2pateando la colcha al suelo y disfrutando de esos minutos embriagadores en los que el tiempo no es tiempo, en los que todo es un limbo entre el sueño y la consciencia…

Abrir los ojos lentamente, notando los contornos de la habitación sin distinguirlos del todo, observando poco a poco cómo se definen tus propios pies, el armario, la cómoda, la puerta, los pósters, la ropa arrugada en la silla, la lamparita… Caminar lentamente hasta el baño, abrir el grifo y sentir el agua fresca y revitalizante en la cara y las manos, entrar en la ducha y abrir el grifo, primero el agua fría provocando un repullo, un estremecimiento momentáneo, luego poco a poco tornándose tibia, elevando su temperatura hasta el punto de quemar, y despacito ir regulándola hasta alcanzar los grados de tu cuerpo, sentirla resbalar por la espalda, los glúteos, el púbis, las piernas, jugueteando con los dedos de tus pies y arrojando al sumidero los sudores nocturnos, la pátina que los sueños locos dejan impregnada en la piel…

Tomar el desayuno en la terraza, un tentempié saludable, sin sustancias nocivas, el café descafeinado, zumo de naranja recién exprimido, tostadas con pan sin gluten y a ser posible con multicereales, orgánico, sano, natural, tomate “raf” limpio3de primera calidad untado directamente el en pan, a la catalana, con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, de ese tan ecológico que hace grumos en la botella con el relente de la mañana, de un intenso color verde oliva...

Después vestirse, perfumarse (no mucho, dejando que tu olor natural a cuerpo limpio se mezcle con una ligera fragancia fresca) y salir a la calle, saludar a los vecinos que te cruzas por la escalera, a los dueños de los comercios aledaños, detenerse a charlar sobre cosas intrascendentes del día a día, “hola, vecino, ¿qué tal la familia? ¿los hijos? ¿el perro? ¿terminó el master la mayor?, parece que va a hacer buen tiempo, quiéralo el de arriba, vaya primavera de perros, je je, ¿se sabe algo del nuevo gobierno? ¡Anda, que éstos, madre mía, van a hacer buenos a los otros, al final!, bueno, marcho, sí, como siempre, subiré hasta la parte alta del pueblo y me pasaré por la tienda de ***, a ver si le encargo una buena brazada de setas, que con la que ha caído debe haber muy buenas… “

limpio4Caminar lentamente, no preocuparse de a dónde conducen tus pasos, pues tu cuerpo sabe perfectamente a dónde va sin necesidad de recurrir al pensamiento, sonreír a los viandantes, ayudar a cruzar la calle a una abuelita, detener el tráfico para un grupo de escolares que te saludan con la mano, charlar con el agente de movilidad mientras teclea multas en la maquinita, después enfilar la cuesta con energía renovada, descansar un poco a la mitad junto a ese quiosco en el que da la sombra, pues el sol empieza a picar un poco y el esfuerzo de la subida se va notando… Volver a comentar las noticias del día con el quiosquero, echar un vistazo a las revistas de tendencias, reírse de la vanidad de este planeta, de los malos resultados de tu equipo favorito, a ver cuándo subimos, éstos no tienen lo que hay que tener, para el ascenso hacen falta más huevos y menos billetes, y un entrenador que sepa lo que se hace, y una junta directiva que invierta, que el fichaje más caro gana menos que un profesor de primaria, y tiene ya más de treinta…

Acometer lo que resta de camino con el vigor de un joven, arrancar alguna flor a tu paso y prenderla de tu solapa, u ofrecérsela a alguna joven risueña que te cruces, con un guiño cómplice y sonrisa de confianza, pleno, saludable, confiado, piropear a las matronas que hacen cola en el mercado, saludar a los autobuses, alzar los brazos en señal de victoria al alcanzar la cima de la calle, que para el caso podría ser la cima del mundo, de tan lleno de vida que te sientes, que crees que vas a explotar de pura felicidad, de puro amor al resto de la humanidad y a limpio5las criaturas que pueblan este lindo mundo azul, quitarte la chaqueta y darle vueltas en el extremo de tu brazo alzado dando una ligera carrera hasta la estatua de ese general que un día hizo algo grande por tu país, apoyarte en ella y sentir el frescor del metal fundido contra tu cara, reír como un loco ante la sencilla idea de estar vivo… y limpio.

No preocuparte nunca más por conseguir esa sustancia que antes de daba la vida y a la vez te la arrebataba, no tener guardados en el móvil números de proveedores de dudosa reputación, no sudar tinta cuando se acaba el material, no beber ríos y ríos de brebajes espirituosos hasta acabar vomitándote encima en cualquier portal, no acabar todas las noches cuando ya no es de noche, sucio, desaliñado, roto, perdido, buscando algo que te ayude a superar el día siguiente, speed, farlopa, MDMA, Tranquimazín, Valium, Tanxilium, alcohol de quemar, lo que sea… Soy libre…
¡¡¡Estoy LIMPIO!!!

(y esta noche me la cascaré agustito viendo “Crímenes Imperfectos”)


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McFlurry

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Estábamos en lo mejor y a mí me dió por sentirme raro. Mira que llevábamos copas encima, mira que ya las corbatas volaban, mira que los jefes se habían ido a casa con sus esposas, y yo de repente me puse a pensar en las escasas posibilidades de que en mi  pequeña realidad aconteciese algo realmente notable. De encontrar un alma gemela, de descubrir una pasión oculta, de saborear un placer realmente exótico, de conocer un lugar inimaginable. Mi mente andaba dando vueltas a la idea de retirarme a la francesa y comerme un shawarma en la esquina mientras caminaba hacia el autobús, cuando de repente ella apareció ante mis ojos.

mcflurry10No es que fuese excepcional, es que era sencillamente arrebatadora. En su cuerpo bailaban los demonios, y sus ojos gritaban: "Aquí  estoy, guapo. Atrévete". Mi sudor se volvió frío y tuve que esnifar discretamente una puntita en la esquina de la pista. Llevaba un pedo considerable, pero no conseguía sacudirme esa tristeza existencial.

Aunque tenía palique para rato, decidí observarla un rato desde la distancia. Los danzantes evolucionaban en elipses que obligatoriamente coincidían con su órbita, pero ella les circunvalaba como un satélite de alta tecnología. Bien. Toda para el nene. Subí a los baños  y me masturbé cansinamente entre dos petardos que, para no verse la polla, habían dejado libre el urinario del medio. Hablaban por encima de mi cabeza hasta que se dieron cuenta del meneo de mi mano, y se abrieron entre risas sofocadas. Pedazo de gays.

Cuando la tuve morcillona, me la coloqué forzada hacia la cremallera, para que se notase el bulto, y volví a la pista. Entonces me acerqué a ella y comencé mi ritual de la seducción. Primero casual, luego directo a los ojos, luego sonrisa retraída de subnormal, luego un poco más cerca, como marcando el territorio, mirada al tendido, mano en las lumbares de la chorva para un baile más apretao, sonrisa de "me la suda, qué feliz soy bailando con los ojos cerrados", un "tú sí que sabes, eres la mejor" al oído, más sonrisas de gilipollas, se me está aflojando la polla otra vez, aguanta, aguanta,tío, por tu madre, y todavía ni un gesto por su parte. Cinco minutos y me piro. Cuatro. Mierda, me voy, que te aguante tu puta madre.

mcflurry12Salí a fumar. Me hice un nevadito que compartí con una pareja que olía a chotuno, y que tenían ambos los dientes desparejos. Dios los cría y ellos se enganchan. Me imaginé sus besos y tuve que volver a entrar, me moría de sed. En la barra se me trabó el cinturón del abrigo en la correa de un bolso, y cuando me volví para musitar una disculpa ví que era ella. Me miró lacia. Tenía el abrigo puesto, se iba. No se cómo me las arreglé para acompañarla.

Yo iba hablando y hablando, caminábamos por la acera, ella no decía nada pero mantenía una sonrisa lupina y de vez en cuando asentía con la cabeza. Yo no sabía si de un momento a otro cogería un taxi, llamaría a su novio, me daría esquinazo o me liaría un pollo, pero de momento seguía  con la "sin hueso" a todo trapo, raja que te raja, como si al callarme pudiese precipitar la huida. No se ni de qué hablaba, la verdad es que era como rellenar un agujero de silencio con diarrea verbal.

Vivía en un apartamento de esos que son reformas de edificios muy muy viejos, que por fuera se caen a pedazos pero luego las ventanas cierran bien. Tenía gatos por todas partes, no mininos reales (sólo dos), sino fotos, figuras, pins, bolsas serigrafiadas... se me iba un poco la olla, así que nada más entrar le pregunté por el baño.

mcflurry11Los baños de las mujeres me fascinan. Son una mezcla sensual de olor a mierda, perfumería y cosmética. Me entretuve un rato mirando los espejos que te hacían parecer más pálido. O es que lo estaba. Cuando salí me esperaba medio querenciosa medio psicópata, en plan ya me puedes follar bien la oreja o sales por esa puerta a zarpazo de gata rabiosa. Yo tenía carrete para horas y horas, y ya la llevaba morcillona porque ya mis ojos no podían elevarse de sus tetas. Le conté de mi vida, la real y la ficticia. Le hablé de cómo follan ciertas especies de artrópodos, del punto álgido de la nevada más blanca, de la magia incomparable de Leopoldo María Panero y la locura trágica de un fin de semana que se desmadró y acabó casi en drama. No se, creo que le conté que me masturbaba en cada viaje en autobús que hacía, dos veces si era un taxi. Y lo dejaba en el billete o las monedas, con la pringue. Para que se jodan. No viajo por gusto, y menos en transporte público.

Le dije también que era bella, que su rostro era distinto, que era real, que mi polla podía eyacular varias veces por noche en ese cuerpo durante un año o quizá dos...

Creo que me llevó a la cama por aburrimiento. O por vacío. O por las dos cosas. Yo hice otro discreto viaje al baño a aplacar al monstruo, y otro entre el sexo oral y la penetración para comerme un cuarto de Viagra. Por poco aprobé. Hora y media, y yo amanecí tan palote como me había dormido, pero qué polvazo, macho.

mcflurry2A eso de las cuatro de la tarde abrí los ojos porque un gato me maullaba en el oído, hambriento sin duda. Me levanté, un poco así, y busqué en los armarios hasta encontrar una lata de comida de felino. Volqué los restos del pollo en el fondo de su cacharrito de comer y encima la lata de comida. Gatos enfarlopados. Qué gracioso. Ella había dejado una nota, corta, vete y cierra bien la puerta, algo así.

Cotilleé un rato sus armarios y descubrí que era enfermera. O al menos tenía uniformes. A lo mejor era otro tipo de enfermera. No me gusta enamorarme a la primera, así que suprimí toda opción mental de hacerlo. Me dediqué a fisgonear y vi sus diplomas. Enfermera de las de hospital. Vi sus notas, no se, abrí carpetas, miré y curioseé, tampoco es que vaya luego a divulgar su vida, coño, le cambio el nombre y punto. Pero sobre todo descubrí que era una niña buena, una niña buena de las de verdad, de las que no ha roto un plato jamás, quizá a ella sí se los hubiesen roto. Víctima, empecinada en hacer las cosas bien. Pues bien, no me iba a dar el gusto de sucumbir a las oleadas de empatía que me provocaba husmear en su vida, no señor, así que me pillé un pedo con unas botellas que tenía en el armario del salón y esperé para grabar a los gatos.

Cuando, horas más tarde pillaba un taxi, me di cuenta que en lugar de dejarle mi teléfono apuntado en el espejo del baño con la barra de carmín, le había puesto el de la pizzería.

Volqué el McFlurry en los billetes que le dí al taxista.

***
Evidentemente traté de buscarla de nuevo, pero no me acordaba de la calle.

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Ars doliendi

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Vaya por Dios, el semáforo se me ha vuelto a poner en rojo cuando acleraba para enfilar la recta hasta casi mi casa. Otro día más, el cabrón de turno se ha colado dos cruces antes para provocar que por mucho que rasque pedal no llegue a tiempo. Joder, mira que tengo miramientos, pero cualquier día le pego un susto al de la moto. Que van por donde quieren. Y la que va hablando por teléfono, y el que se para a saludar, y el autobús, y la señora de sesenta años en bicicleta, no jodas, en bicicleta en plena hora punta, con su casquito integral y su chandal, sorteando el tráfico a 20 por hora. ¡Olé su coño lampiño! Los peores, los taxistas. Y los camioneros. Claro, como viven al volante, se creen con derechos. Y los peatones que se cruzan a la mínima de cambio, algunos se te echan encima como esos rusos que pierden la pensión. ¡Qué ganas de vivir en el campo! Pero unos días, claro, que llenarse de mierda para producir cuatro tomates... y convivir con todo el espectro de seres vivos, de los que se incrustan en la axila a la que te descuidas... Ultimamente me jode hasta Jordi Hurtado, lo se, estoy para los leones, no me quita la mugre ni Don Limpio. Me cago en tó.

Pero ante la apatía-histeria-mala-hostia-desdén-locura y demás, y para colmo, ante la probada falta de eficiacia del ajo, agua biendicha, sermones, charlas de amigos, conxuros, drogas, familia y demás, una imposibilidad absoluta de paliar este enfado vital con todo y con todos, pues, por lo menos... aquí va una historia...

ars5Bien

¿Estáis ahí?

En 1942, el doctor Schiller Scherztrcz descubrió casi por casualidad cómo ciertos estímulos visuales afectaban tanto a especies del mundo animal, como a homólogas del mundo vegetal e incluso a ciertos entes denominados "inertes" o minerales. El doctor hablaba en concreto de imágenes relacionadas con lo orto-fálico y lo sináptico-arcáico, es decir, imágines que directamente te la levantan, como un crucifijo o un parto grabado en videocámara. Cosas que tienen más que ver con a qué huelen las nubes que con limpiar el cuajo de la ubre. El doctor pasó días interminables tratando de deducir si un cuartillo de vino te emborrachaba más que dos coma quince botellas de Chantilly, o viceversa. Si un beso en la mejilla podía ponerte más berraco que una mamada a destiempo. Si un "te quiero, puta" valía más que veinte años de falsa moralina. Si flipar con la luna no equivalía a esnifártela. Si la caricia más deseada era siempre la esperada. Si las tortas al final siempre eran pan.

El doctor indagó en lo propio y lo ajeno, se lleno de gloria y oprobio, rodó por los callejones y se exhibió en los salones, anduvo con señoras y andó con putas, se lució y salió deslucido, en fin, vivió.

ars2Al final de sus días, el pobre Maximilian (ahora, a estas alturas, le tuteamos) dijo: "¡Ay, Friedrich (era su ayuda de cámara y testaferro), ¡Ay, Friedrich (y ahí se repitió, y no era cosa que soliera ocurrirle al señor), ¡Aaaay, Friedrichh (y ya a la tercera aquello pasaba a ser suceso excepcional, y además se le coló una "h" de más... )... ¡¡¡HAAAY, FRIEDRICHHHH!!!!

Ahí la Historia hace un paréntesis ante la falta de claridad en las pruebas, y deja al lector la interpretación absoluta del sentido de las últimas palabras del conocido taciturgo, que a falta de algo mejor se podría interpretar como: "¿nos hacemos la última, o nos vamos a casa?".

El bueno de Friedrich, ya con sus 78 años, hacía tiempo que pasaba ampliamente de lo que su señor opinaba sobre la vida o la muerte. Es más, estaba sordo como una tapia. No es de extrañar que, ante la mortecina coloración que estaba adquiriendo su preceptor, se apresurase a axfisiarle con el antiguo y efectivo método del almohadazo, muy árabe la palabra y muy jodida la muerte, sin poder soltar un "me cago en Dios". ¡Hay, pobre Herr Schiller Scherztrcz, tan poco empático como recto y estirado! Murió como un auténtico señor, en su cama y acompañado de la única persona que le aguantó en vida.

¿Y a tí quién te aguanta?

A mí hace tiempo que me dejó de importar si don Tristrás es el traidor de las empernías o el hallador de los ayuelos peíos, sinceramente, hay ciertos aspectos de la psique humana que me repugnan, tanto del justiciero como del chustívoro. Que no me chanela tu bají. Que no.

ars4Me cuesta entender hasta el acto más nimio, como el pensar, que ya lo hacemos de serie. No se, será que, como todo, cuando te das cuenta ya es irreversible. Al final terminas entre el after y el después. Que no solo de hostias vive el hombre. ¿Y qué hacemos, llorar?

Yo no lloro, solo con las malas películas. La vida me da risa, no puedo llorar ni con su brutalidad. Y esos periodos temporales anuncian su final con erupciones emocionales más o menos desaforadas. La realidad inspira a la ficción, y la imaginación estimula a la realidad. No se como se provoca, pero como todas las crisálidas y tumores, la puta vida estalla. No es nada. Solo sobre la base del dolor. Es como abrir una herida.

Y esta pus, en mi humildad, os ofrezco. Poco saldrá más puro de mi. ¿Quién me ofrece su locura?

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lanochemasoscura