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Yo podría vender más libros que el subnormal de Paulo Coelho

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Me encantaría que casi todo lo que me rodea no me resultara tan patético, predecible y vacío. Me encantaría poder decir que todo me parece una puta mierda y que fuera una pose. Sería mucho más feliz así. Ojalá pudiera beber cervezas, ver el partido y poder reírme de esa forma tan catárquica como el gordo de ahí al lado que parece medio lerdo. Me encantaría dejar de fijarme en las miradas perdidas de los ancianos que esperan su muerte guardando la compostura lo mejor que pueden, dejar de ver toda la tristeza que hay en cada movimiento de la vendedora de fruta, coelho2dejar de ver esa maldad oscura inherente al ser humano que muchos niños ya demuestran en la guardería, dejar de mirar hacia el lugar donde miran los ojos muertos del pescado, expuesto sobre el hielo en los supermercados... pero no puedo. Me gustaría mucho dejar de pensar por un día en la muerte de mis seres queridos y en la mía propia, poder reconocer a ese gordito de gafas y con poco pelo que me mira desde el espejo, que Melendi o Enrique Iglesias o Daddy Yankee no me pareciesen retrasados que hacen música para retrasados y poder ir a sus conciertos, poder ver Breaking Bad y que no me pareciese una putísima mierda y poder charlar sobre ella con otros... pero me resulta imposible. A veces no creo en nada y todo me resulta tan oscuro que me duele tener que abrir los ojos y salir a la calle fingiendo un poco más... pero entonces mi hijo me sonríe, me toca la barba de un día y me dice que tengo que cortar la hierba y el mundo, sin más, se transforma en un lugar maravilloso. Mi hijo es un niño como otro cualquiera pero es mi hijo y eso basta. Ese misterio insondable de la vida a tu lado pidiéndote gusanitos, Dios en cincuenta centímetros inagotables e
i
n
a
b
a
r
c
a
b
l
e
s.
Martín. Mi hijo. Nuestro hijo. Últimamente lloro a escondidas y me emociono yo solo como un imbécil pensando en él. Tus debilidades a flor de piel, solo contra la muerte y la crueldad y toda esa ignorancia y este mundo cruel que quizás ya nunca podremos cambiar. ¿O sí? Cuando le preguntan cómo se llama nunca dice su nombre a secas: "Martín Prieto Núñez", contesta orgulloso, frunciendo el ceño. coelho3De apariencia dócil pero irreductible en el fondo, como su madre, pelea en el aire contra enemigos imaginarios con sus dinosaurios. El otro día pasé por error por Telecinco y vi a Andrés Aberasturi hablando sobre su hijo con parálisis cerebral. Lloré como una colegiala. A solas, esperando que María llegase de trabajar. María, solo tú tienes esa capacidad para sacarme de mis putas casillas. Solo tú. ¿Por qué cojones no pones una toalla nueva cuando echas para lavar las viejas? Siempre me seco a la del lavamanos maldiciendo en voz alta. Cada vez que lo haces consigues cabrearne de verdad y te importa poco porque luego te duchas tú y aun encima tú eres la que se enfada.

Solo tu consigues sacarme de quicio, María. Solo tú. Me guataría poder decir que no me arrepiento de nada pero es mentira porque muchas veces lamento haberte hecho tanto daño.

Todos esos idiotas escribiendo libros. Palabras juntadas. No han vivido una mierda y tampoco han leído una mierda. Y esos otros, aún más idiotas comprando esa basura. No le han visto el perfil a la muerte. No le han visto el culo a la mona. Literatura de Instagram. Tampoco han echado los suficientes polvos. Filósofas veinteañeras con Iphones en mano, poetas que siempre han podido pagar el alquiler, artistas con padres funcionarios... Joder, pero si ni siquiera han dormido una noche al raso. Literatura subvencionada. Nunca han tenido que hipotecar su futuro, nunca han comprado una botella de vodka antes de saltar al vacío. Ni siquiera han tenido trabajos de verdad. Vidas de ilusión y fantasía noveladas. No sabéis una puta mierda. Premios literarios. Podéis poneros todos en fila para comerme la polla, salvadores de la narrativa contemporánea.

coelho44Vidas que valen menos que un "me gusta" del Facebook. Niños brujos apaleados en África. Los esclavos pakistaníes que mueren para que se celebre el Mundial de Qatar de 2022. Los adolescentes de Centroamérica que deben elegir entre morir asesinados por la policía o por las maras. Y Ana Rosa no cuenta nada de esto. Y aquí estamos, encantados en que Madrid sea la capital del mundo gay. Es muy fácil ser un homosexual combativo si no vives en Rusia o en Arabia Saudí. Es muy fácil decir lo que uno pretende ser. Por desgracia, eres lo que los demás dicen que eres.

Queda una esperanza hiriente en los niños, queda remedio contra esta realidad. A veces me doy cuenta de que estoy malgastando mi vida preparando cafés con leche ni muy claros ni muy calientes, sirviendo aguas frías pero no mucho y esas cosas. Todas esas sinfonías en mi cabeza, todas esas novelas grandiosas que no puedo llevar a cabo. Yo podría escribir la mejor novela del siglo pero no me sale de los cojones. Podría hacer que todas las amas de casa del mundo suspirasen por mis huesos, que todos esos flipados que venden sus novelas por Internet lo flipasen. Yo podría vender más libros que el subnormal de Paulo Coelho... pero no me da la puta gana. Entiendo perfectamente que Kafka mandase quemar todos sus escritos. Puede que hubiese sido lo mejor.

El mundo interior de Messi. ¿Cuántos niños somalíes vale un Ferrari? ¿Tres mil? Los asesinos de las niñas de Alcásser yendo de putas con dinero público una vez más. El bar España y esa red de pederastas pergueñada alderedor del PP. Fabra asesinando niños en misas negras. Montoro realizando la mejor oferta de empleo público desde hace una década. La gente por las noches en sus casas viendo Netfix o a Belén Esteban, tanto da. Papá está jubilado y el nene prepara las opos. Todo va bien.

coelho4Bukowsi ya lo dijo en Pensión de mala muerte.

No has vivido
hasta no haber estado en una
pensión de mala muerte
con nada más que un
foco
y 56 hombres
apretujados
en catres
y todo el mundo
roncando
a la vez
y algunos de esos
ronquidos
tan
profundos y
tan bastos e
increíbles...
oscuros
carrasposos
infrahumanos
resollantes
del mismísimo
infierno.

parece como si
se te partiera la cabeza
entre esos
sonidos
de muerte.

y los
olores entremezclándose:
calcetines sucios y
rígidos y
calzoncillos
con orines y
excremento

y por encima de todo eso
un aire que
circula lentamente
muy parecido
al que emana de los
cubos
de basura
destapados.

y esos
cuerpos
en la oscuridad

gordos y
flacos
y
encorvados

unos
sin piernas
sin brazos

otros
sin cerebro

y lo peor de
todo:
la total
ausencia de
esperanza

les
envuelve
les cubre
totalmente.

no se puede
soportar.

te
levantas

sales

caminas por
las calles
subes y
bajas
banquetas

pasas edificios

doblas la
esquina

y vuelves
a subir
la misma
calle

pensando

coelho5todos esos hombres
fueron
niños
una vez

¿qué
les
ha pasado?

¿y qué me
ha pasado
a
mí?

está oscuro
y hace frío
ahí
fuera.


Paco Ibáñez es un arma cargada de poesía

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-¿Pero dónde vas a estas horas? ¡Son las dos de la mañana!
-Tengo que escribir una cosa.
-¿¡Pero qué cosa!?
-Es para los de Madrid, ya sabes.
-Ah, sí, muy bonito. O sea que yo esperándote para que estemos juntos y hablemos en el poco tiempo que nos vemos y tú a escribir para los de Madrid. ¡Prefieres escribir para ellos que venirte para cama conmigo!
-No es eso, no exageres. Cuentan conmigo.

paco2Entonces la cosa es que yo estaba meando en un descampado al lado de la carretera y de fondo cantaba Paco Ibáñez. La poesía es un arma cargada de futuro. Recuerdo esas letras desde que tengo razón de ser. Mi padre cantaba sus canciones y las ponía en aquel radiocasete portátil que aún funciona que les habían regalado por su boda. Andaluces de Jaén. Palabras para Julia. A galopar. Y yo estaba allí, escuchando ladridos que se aproximaban, con la polla en la mano, recordando mi infancia. Paco Ibáñez es un arma cargada de poesía. Pienso todos los días en mi muerte. Constantemente. Mientras repaso los cubiertos o hago cafés descafeinados de máquina bien hechos ni muy claritos ni muy oscuros y ni muy calientes ni muy templados sin espuma y con sacarina y con un vasito de agua con hielo. Pienso en mi funeral quizás veinte veces al día. O treinta. O cincuenta. Pienso en cuando abandone este mundo y me veo a mí mismo aprisionado entre tazas sucias y las sobras del menú del día. El único poeta en miles de kilómetros a la redonda. Quizás el único poeta vivo. Los mejores de mi generación limpiamos vasos, culos o letrinas. Y mientras, los hijos de los políticos y de los funcionarios venden libros. Escriben versos. Pero jamás poesía.

paco5El futuro es un arma cargada de Paco Ibáñez. Mi tía lloraba mientras el enterrador, subido a un andamio, izaba el ataúd de mi tío. Los dos fulanos trajeados de la funeraria le ayudaban desde el suelo. Tenían una especie de elevador mecánico que parecía del siglo pasado. El cura pronunciaba el típico sermón de funeral al que nadie presta atención. Sobre los sollozos resaltaba el sonido del cemento que el enterrador disponía alrededor del nicho. Cogía la mezcla de un cubo viejo de mayonesa con la pala y lo arrojaba con gestos rápidos y burdos para sujetar la lápida. Llevaba un jersey de lana lleno de manchas de grasa y una gorra de propaganda de piensos Biona que un día había sido blanca. Todo él estaba lleno de mierda. Un pitillo detrás de la oreja completaba el conjunto. Era como poner a un chimpancé entre bailarinas de danza clásica. Y yo estaba a millones de kilómetros. Pensaba en culos y tetas o en quién sabe.

La poesía es un arma cargada de Paco Ibáñez. Paco Ibáñez. El único cantautor que queda. Totalmente vigente. Lo vi en un concierto memorable en el teatro Rosalía de Coruña cuando aún no era camarero y podía ir a veces a sitios. Hace bastantes años. paco7Él solo en el escenario con su guitarra y una puta silla. Qué fuerza. Qué pequeño se nos quedó el mundo de repente... ante aquella violenta belleza. Paco Ibáñez vibrando con cada nota, sacudiéndonos con cada palabra. Mis mierdas se hacían más blandas, al igual que mis músculos. Estaba envejeciendo, lo notaba sobre todo por las gotas de sudor que, de repente, se formaban en mi bigote, como minúsculas perlas de vigor perdido, condensado y que se evaporaría... de vejez. Ya no podía sujetar una toalla grande de baño mojada con la polla y moverla a mi antojo como antes. Mi pene también había perdido su dureza pétrea de antaño. Todavía se me empalmaba con vigor, pero ya no con el descaro juvenil y desafiante de antaño, ya no era inmortal. Ya no poseía la verga divina que penetraba, traspasaba los cuerpos con lascivia, desmembrándolos en un canto a la vida. Y olían diferente, mis mierdas. Habían perdido potencia odorífera. Tuve una ex que me decía que la masculinidad de un tío era proporcional a lo mal que oliesen sus heces. Y yo en eso siempre he sido un campeón. Ella, que era un poco pija, juraba que mi caca olía como la de los caballos, como a "algo salvaje y puro". Cuando cagaba en el baño de su piso tenía que avisarla antes. Siempre montaba el mismo show de abrir las ventanas y echar ambientador por un tubo. La muy pesada. Había elaborado una teoría, al parecer fundamentada en no sé qué rollo antropológico, según la cual la mierda de los machos humanos emparejados estaba concebida para espantar a otros posibles competidores. Tenía sentido.

El arma es un futuro cargado de Paco Ibáñez. Mario no necesitaba ni siquiera copiar nada en ninguna libreta para aprobar todas las asignaturas. Sacaba sobresalientes incluso. Pero jamás paco4apuntaba nada. No tenía ni bolígrafo. Era un puto genio, un superdotado pero de los de verdad, no de esos que fabrican los padres a su gusto en caros colegios especiales de pago. Le importaban una mierda las notas y ser un bicho raro. Total, que poco antes de terminar el instituto la madre de Serafín, hoy profesor, fue a hablar con los profesores y se montó un pollo de la hostia. Serafín era un tarugo que copiaba incluso las redacciones de tema libre. Los padres de Mario eran dos tirados a los que les importaba una mierda su hijo y, al final, Mario jamás pudo ir a la universidad. Creo que es yonki.

Todavía creo en aquello que, contra todo pronóstico, ocurre. Y pervive. La flor entre el asfalto, la música, el amor, mi hijo cuando me pide que me quede con él, la victoria del Dépor en el Centenariazo del Madrid, el albatros con las alas partidas, la palabra dada entre caballeros, el brillo furioso en los ojos de los hombres indignados, los pequeños milagros, esta jodida página web...

A lo mejor
poesía
es
saber
que no hay nada que buscar
y
aún
así
intentar buscarlo.


Me pone triste el Valle de los Caídos

valle1

Mi padrino se moría en el hopital. De cáncer. Estaba semiinconsciente. Entonces le dije a mi padre que quería verlo por última vez para despedirme de él. Recuerdo que de niño me cogía del jersey con un solo brazo y me levantaba hasta la altura de mi cabeza. Era un hombre muy fuerte, el tío Juan. Solo tengo recuerdos buenos de él. Conservo, firmados por él, los libros que me regaló: La flecha negra, Los tres mosqueteros… solo material de calidad. Tenía una fábrica en la que hacía muebles y cocinas. Muebles Jupri. Todavía hay mucha gente en Coruña que recuerda lo bueno que era en su trabajo. Una mesa de comedor que nos regaló está como el primer día. Mi hermano también quiso venir al hospital a despedirse de él, y eso que le llevo cinco años. Siempre fue un chaval muy maduro y muy precoz, mi hermano. Así que mi padre nos dijo que no nos preocupásemos, que nos llevaría a que le dijéramos adiós a su hermano. Entonces llegamos a aquel inmenso edificio blanco. Entramos a su habitación y allí estaba él, moribundo. Ya no podía ni hablar. Movía los ojos en círulos y a veces los abría. Los médicos lo mantenían con vida. Estaba en las últimas. No se podía hacer nada por él. Entonces a mi padre se le llenaron los ojos de lágrimas y le dio un beso en la frente. Nos dijo: "Venga, despediros de él”. Y no recuerdo muy bien qué pasó luego pero solo sé que yo no pude articular palabra y me quedé allí de pie, mirándolo. Recordé todas esas tardes de juego en su taller con su hijo Jose, que nos paseaba a mi hermano y a mí a toda velocidad entre las máquinas. No pude decirle nada, no supe qué decir. Así que me quedé callado y luego salí de la habitación detrás de mi padre y de mi hermano. Siempre que como un plátano me acuerdo de él. Una vez me dijo que le quitara esa especie de semilla negra que tienen en un extremo, ya que a veces podía haber allí un gusano. Los recuerdos son así de extraños a veces.

Llevo en mí
la mirada suicida
que podría quedarse clavada en el horizonte
mientras
estampo
el
coche
contra el muro del pazo de Meirás.
Mercadonas
y reintegracionistas
me importan
lo mismo.
En mi interior
una rabia
que no acierta a presagiar nada
pero que me hace saber
que
todo está mal.
Hay menú del día,
hay solo muerte y desesperación,
hay chocolate con churros,
hay dolor tan inútil,
hay que joderse.
Toda esta mentira
de la que somos partícipes.
Tres bragas a cinco euros.
En mis venas
ese furor ciego
del más allá,
que mira a las estrellas
de otros mundos
del futuro.

valle2Me pone triste el verano, con todos esos atascos y esos niños mirando al vacío en las playas. Me ponen triste sus meriendas envueltas en papel albal y sus juegos. Me ponen triste las piscinas de bolas y las tablets. Me ponen triste las verbenas, con su reinterpretación de la canción del verano de turno. Me ponen triste los ancianos que danzan con ojos vidriosos, ancianos que a lo mejor podrían morir mañana. Me ponen tan triste bailando agarrados cualquier tipo de música, como si todo fuese un pasodoble. La danza de la muerte. Me ponen triste sus espaldas dobladas que una vez fueron jóvenes. Me ponen triste los locales de copas con sus ofertas de dos por uno. Y los Kiss sonando de fondo mientras escribo esto también me ponen triste. Dos cubatas de Cacique por cuatro euros. Ofertón. Me pone triste el último disco de Joaquín Sabina, a dúo con el gilipollas ese que canta como si le metieran un pepino por el culo. Me pone triste el menú del día y esa gente que dice que está todo inventado. Me pone triste que mi madre me recuerde cada día que van a convocar oposiciones. Me ponen triste los opositores, encerrados en ese mundo paralelo de burocracia. Me pone triste esa gente tan segura de sí misma que es incapaz de ver más allá de sí misma. Me ponen triste los fuegos artificiales. Me ponen triste las fiestas gastronómicas, con toda esa gente semianalfabeta haciendo cola para comprar percebes, carne asada o lo que sea. Me ponen triste esas chicas con la camiseta de los Ramones que compraron en Zara. Me pone triste que los profesores de instituto de literatura manden leer esos libros de mierda. Me pone triste que Knut Hansun o Kafka no sean de lectura obligatoria. Me pone triste que no haya una sola presentadora de televisión que sea fea. Me ponen triste esas personas que cantan himnos con el puño en alto. Los himnos me ponen tan triste…

valle3“Todo lo que quiero es divertirme un poco antes de morir”. Lo confieso. No supe valorar a Sheryl Crow en su momento. Me parecía una pija de mierda pero estaba equivocado. All I Wanna Do es una canción cojonuda gracias a la que he llegado a sus discos. Es un canto vital que consigue no caer en ñoñerías y ser trascendente. Es genial. “Todo lo que quiero es pasarlo bien hasta que el sol aparezca por el bulevar de Santa Mónica”. Su primer disco está bien pero es más para todos los públicos. Y el segundo es cojonudo, con un punto más oscuro y letras reivindicativas. No es los Dead Kennedys pero Sheryl cuenta cosas. No es solo una cara bonita con una guitarra. Hace de detalles aparentemente significantes una jodida metáfora de la existencia. “Me gusta un buen subidón de cerveza los martes por la mañana y a Billy le gusta despegar las etiquetas de sus botellas de cerveza; las hace trozos sobre la barra y luego enciende todas las cerillas de un paquete enorme dejando que cada uno se queme hasta llegar a sus gordos dedos antes de apagarlos y maldecirlos. Y está mirando las botellas de cerveza mientras ruedan por el suelo”.

valle4Me pone triste la Semana Santa con todos esos fanáticos llevando a hombro esas estatuas horribles. Me pone triste que se emocionen ante un cacho de madera. Me pone triste toda esa barbarie, toda esa irracionalidad, todo ese vacío. Me ponen triste que todos los adolescentes parezcan idénticos entre sí y que todos piensen lo mismo. Y me pone especialmente triste que algunos se crean revolucionarios. Me ponen triste esos boletines de empleo que me envían, escritos de forma farragosa y distante. Me pone triste que mi abuelo de noventa años pueda morir pronto. Me pone triste viajar, y esos imbéciles que no paran de viajar y se vuelven incluso más imbéciles. Me pone triste la gente que no ha aprendido nada. Gabriel, que era un gilipollas, decidió recorrer todo el mundo y al regresar seguía siendo un puto gilipollas. Me pone triste esa gente que no sabe pedir perdón. Me pone triste la gente en general. Me pone triste mi hijo de dos años cuando me pide que no me vaya a trabajar. Me ponen triste esas películas que al empezar ya sé cómo van a terminar. Me ponen triste los festivales del verano. Me pone triste tu puta madre. Me pone triste el Valle de los Caídos. Me pone triste no poder ver esas películas geniales de las que habláis, cabrones.

“Vutargh”, una palabra misteriosa, quedó escrito en espuma blanca en el fondo de mi vaso.


lanochemasoscura