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Huérfanos del grunge

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Empecé a escribir este artículo dos días después de la muerte del cantante Chris Cornell, ocurrida el pasado 18 de mayo. Con la noticia tan reciente, lo que sentía sobre todo era sorpresa y tristeza. Sorpresa porque nadie se esperaba que aquel hombre de grunge252 años, con una vida familiar aparentemente estable y a punto de sacar un disco, decidiera suicidarse de una forma tan terrible, y tristeza porque una de las voces que habían formado parte de la banda sonora de mi vida se había apagado para siempre. Era la enésima pérdida de una época ya de por sí maldita, la del grunge, y su muerte venía a sumarse a las de Kurt Cobain, Layne Staley o Scott Weiland.

Mi primer acercamiento a Chris Cornell fue a través de Temple of the Dog, y más concretamente, de su canción “Hunger Strike”, en la que cantaba con Eddie Vedder. Yo, que en aquella época bebía los vientos por Vedder y su voz profunda, me quedé alucinada con aquel hombre que podía no solo sonar igual de grave que él, sino llegar a las notas más agudas sin aparente esfuerzo. A partir ese momento, me pasé una buena temporada escuchando los que entonces eran los dos últimos discos de Soundgarden, “Superunknown” y “Down on the Upside”, en bucle.

grunge3Aunque no llegué a ir a ningún concierto de Soundgarden, sí tuve la suerte de ver a Chris Cornell en directo en La Riviera, durante la gira de promoción del segundo disco de Audioslave, la banda que formó con los exmiembros de Rage Against The Machine. Estuvimos haciendo cola, como solíamos hacer en aquella época en la que teníamos más paciencia y tiempo libre, y conseguimos verles en primera fila. Y, desde luego, no nos decepcionó. Ni la intensidad de las guitarras ni el entusiasmo de aquel público entregado consiguieron eclipsar aquella voz única. Salimos cansados y felices.

Aunque nada más conocer su muerte me sentí sorprendida y triste, hoy siento una inmensa gratitud. Como no hay mejor forma de recordar a alguien que a través de su legado, ahí van algunas de mis canciones favoritas de Chris Cornell, sin ningún orden de preferencia.

Black Hole Sun (Soundgarden): https://www.youtube.com/watch?v=3mbBbFH9fAg
Fell on Black Days (Soundgarden): https://www.youtube.com/watch?v=ySzrJ4GRF7s
Rusty Cage (Soundgarden): https://www.youtube.com/watch?v=pBZs_Py-1_0
Burden in My Hand (Soundgarden): https://www.youtube.com/watch?v=XmIqIVxUuKs
grunge4Outshined (Soundgarden): https://www.youtube.com/watch?v=sNh-iw7gsuI
Say Hello 2 Heaven (Temple of the Dog): https://www.youtube.com/watch?v=5qi8hhiYEQA
Like a Stone (Audioslave): https://www.youtube.com/watch?v=7QU1nvuxaMA
Show Me How to Live (Audioslave): https://www.youtube.com/watch?v=vVXIK1xCRpY
Be Yourself (Audioslave): https://www.youtube.com/watch?v=WC5FdFlUcl0
Revelations (Audioslave): https://www.youtube.com/watch?v=4m2q5Fw8gwI
You Know My Name (Chris Cornell): https://www.youtube.com/watch?v=867iyhVFyEw
The Keeper (Chris Cornell): https://www.youtube.com/watch?v=IxGMKvoEv1A
Preaching the End of the World (Chris Cornell): https://www.youtube.com/watch?v=CDhh3DfbiCo
Murderer of Blue Skies (Chris Cornell): https://www.youtube.com/watch?v=t_R226jYVug

La musa

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Siempre que entraba en la sección de perfumería de aquellos grandes almacenes se sentía igual de desorientado. Abriéndose paso entre grupos de señoras, turistas y solícitas promotoras de cosméticos, intentó encontrar su camino. Cuando al fin divisó el stand de la marca de perfume que usaba su mujer, no pudo evitar un suspiro de alivio.

- Disculpe, quería un frasco de Fraiche, Freiche... “Fraîcheur du Jour”. Es para regalo, ¿no? Entonces quizá le interese este estuche. Viene con el gel de baño, el aceite… Perdone, pero, ¿es usted…?

Álvaro de Mora sonrió con modestia y asintió con la cabeza. La dependienta, que, al igual que él, debía de rondar la cincuentena, le devolvió la sonrisa, nerviosa como una colegiala.

musa2Quería decirle que me encanta su música. De joven no escuchaba otra cosa, ¿sabe? Acabé rompiendo su casete de tanto ponerla. Mi madre estaba harta. Así que imagínese qué pena cuando se separaron… Oiga, ¿le importaría hacerse una foto conmigo?

Antes de que pudiera responder, la dependienta ya blandía un teléfono móvil, agarraba a Álvaro de la cintura y sacaba morritos ante la cámara. A su alrededor, empezaba a concentrarse un pequeño grupo de curiosos.

- Álvaro, ¿eres tú?

Hacía más de treinta años que no oía aquella voz y creía que jamás volvería a hacerlo. Desembarazándose con delicadeza de la dependienta, Álvaro se acercó a María. Habían pasado casi veinticinco años desde la última vez que la había visto en aquel concierto de Los Secretos, pero seguía tan guapa que no pudo evitar avergonzarse de su aspecto desaliñado, de las prominentes bolsas de sus ojos, y, sobre todo, de aquellas botas de vaquero que su mujer siempre insistía en jubilar.

- María, madre mía… ¡Qué sorpresa! No sabía que siguieras por Madrid.

- No, bueno, en realidad he venido a ver a la familia. Siempre estoy de paso, ya me conoces. Yo nunca paro quieta.

Álvaro asintió sonriendo. Durante un par de años, María había entrado y salido de su vida como una presencia etérea, siempre rodeada de un nutrido grupo de pretendientes, admiradores y noctámbulos varios, encantados de compartir idas y venidas con aquella chica tan hermosa como enigmática. Como tantos otros, Álvaro había intentado convertir aquellos encuentros casuales en algo más privado, pero sin éxito alguno. Ella nunca había sido tajante, pero él pronto comprendió que insistir no serviría de nada. Era María quien elegía el momento en que acercarse y eso nunca iba a cambiar. Cada vez que la veía, el corazón se le partía otro poco, pero, tras un par de días de borrachera, Álvaro siempre escribía sus mejores letras. De aquella época eran “Castillo de naipes”, “Eres como la arena” y “En ese cielo”, las canciones que le habían catapultado a la fama. Nada había vuelto a ser igual desde entonces.

musa3- Te vi hace unos años en un programa de La 2, a las tantas de la noche. Me alegró mucho saber que seguías componiendo, aunque fuera en solitario.

- Sí, aquí seguimos. Es lo que tenemos los dinosaurios: que no nos damos por vencidos ni cuando vemos venir el meteorito.

Aquella risa de cristal. Álvaro recordó las noches que había pasado compitiendo con otros tantos aduladores por hacer reír a María.

- ¡Señor De Mora! ¡Señor De Mora!

musa7Álvaro se giró hacia la dependienta, que venía corriendo hacia él con una bolsa en la mano.

- Se ha dejado la tarjeta y la colonia en el mostrador. Aquí tiene, se la he envuelto. Muchas gracias por la foto de antes, no sabe la ilusión que me ha hecho. Me ha alegrado la tarde.

- De nada, no hay de qué. Oye, María, ¿te parece si nos tomamos…?   

Álvaro sonrió al ver que su acompañante ya no estaba allí. Las musas son caprichosas, ya se sabe. Además, ¿qué pintaba ella en un sitio tan vulgar como aquel? Se fue de la tienda tarareando una vieja melodía que creía olvidada, con la sensación, casi la certeza, de que, antes o después, aquel encuentro le depararía algo bueno.

Ilegibles rostros de muñeca

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En las últimas semanas, por estas casualidades de la vida que te llevan a pensar que todo funciona por rachas (rachas de catástrofes naturales, rachas de muertes de famosos, rachas de personas que conoces que se casan, etc.), me he topado con varios casos de cambio radical, bisturí y bótox mediante, de varias mujeres más o menos conocidas.

En todos los casos, me sorprendieron sobre todo dos aspectos: la juventud de esas personas (ninguna de ella pasaba de los treinta) y el profundo grado de retoque.  Me pregunto qué te lleva a decidir, siendo tan joven, que no hay nada salvable en tu rostro. No sé si es un conjunto de complejos o bien de “ya ques”, como llama un tío mío, aparejador de profesión, a todos esos cambios que los clientes no tenían pensado acometer, ilegibles2pero que acaban realizando una vez metidos en faena. Es decir, que “ya que” te retocas la nariz, te afinas los pómulos y te quitas las bolsas, te pones un poco de colágeno en los labios, qué caramba.

Llegados a este punto, debo aclarar que no estoy hablando de personas desfiguradas por un mal cirujano. En todos los casos, me parece que se trata de clientas satisfechas que han obtenido el cambio que deseaban. Sin embargo, creo que la suma de los ojos perfectos, más la nariz perfecta, más los labios perfectos, etc. no da como resultado final la perfección total. Más bien al contrario: provoca una sensación de extrañeza, que se hace aún más patente cuando dichos elementos se combinan para realizar algún gesto y la piel acaba doblándose por sitios poco naturales, dando como resultado muecas poco creíbles. Pero, si se pierde expresividad en los grandes gestos, ¿qué cabe esperar de las microexpresiones faciales? Debe de ser muy extraño sentarse a conversar con una persona con eterna cara de póker, cuyos rasgos petrificados no delaten las verdaderas intenciones de sus palabras. Por mucho que al ser humano le atraiga la simetría en los rostros ajenos, creo que siempre necesitará un punto de imperfección que le indique que se haya ante un igual y no ante una bella muñeca tan inescrutable como una esfinge.

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