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Razón común española

Me he fijado en que, cada vez que alguien le cuenta a otra persona sus cuitas, éste tiene una pasmosa tendencia a empatizar. Lo hace con intervenciones generalmente cortas que interrumpen el discurso del emisor. Se trata de frasecillas como las siguientes:

- ¡Claro!

- ¡Qué barbaridad!

- No, si te entiendo perfectamente...

Estos halagos refuerzan al protagonista de la situación comunicativa, 'le dan carrete' y lo pueden, incluso, llevar a tergiversar sobre el análisis de la situación referida desde su punto de vista.

Tras la conversación, el confidente sale convencido de su interpretación. Su escuchante (generalmente un amigo, un familiar o un conocido) 'le ha dado la razón'.

En español, en francés, en italiano y en portugués (por citar las lenguas románicas más empleadas), se 'tiene razón' como si se tratase de 'calor', 'frío', 'vergüenza', 'miedo', etc. Se trata de antiquísimos complementos directos que se han vuelto tan esenciales que van camino de formar auténticas locuciones verbales, un todo intransitivo y bastante, con su verbo 'tener' conjugado.

Por analogía con las otras construcciones, no interpreto que 'tener razón' (en todas estas lenguas) signifique poseer la verdad absoluta sino más bien estar cargado de argumentos suficientes en cantidad y calidad que sustenten un determinado análisis de los hechos.

Sin embargo, las dos lenguas ibéricas son las únicas que colocan el artículo determinado femenino en la construcción 'dar la razón'. Y esto sí que merece una reflexión que pueda explicar el carácter barroco y maniqueo de los pueblos de la Península. En esta acepción, se nos presenta 'la razón' como única posible y aquél a quien se la otorgan, como una especie de elegido adalid. Figúrense Vds. lo que puede envanecer íntimamente el que uno sea, para el caso, el solo depositario de lo juicioso. Y lo entorpecedor que resulta para propiciar cualquier tipo de negociación, de matización, de intercambio de pareceres. Una expresión, al fin y al cabo, que impide a su destinatario todo juicio autocrítico. Algo muy poco formativo.

razon2No es extraño, pues, que, a partir de ahí, en nuestra lengua de Cervantes (y en la de Camoens) se 'tenga' o 'no se tenga razón'. En francés y en italiano, 'no tener razón', se puede enunciar positivamente: 'avoir tort', 'avere torto'. De ahí, locuciones del tipo: 'à tort ou à raison', 'a torto o a ragione', 'con razón o... sin ella'. ¿No les parece pernicioso para el desarrollo intelectual en español (y en portugués) esta carencia?

El hispanófono que se asoma al francés se asombra de lo pergeñada que está la lengua del país vecino para articular el discurso. No es casual que todos los alumnos franceses de bachillerato deban estudiar Filosofía y que en todas las pruebas finales de este ciclo educativo haya una disertación. Me pregunto cuántos estudiantes españoles de dieciocho años serían capaces de saber lo que significa 'disertar'.

Nosotros somos más de sentimientos, de banderitas, de inefables adscripciones. Así, solemos decir, incluso, que 'el corazón tiene razones que la razón no entiende'.

Así nos ha ido. Y así nos va.

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