Elián Nerak: Apuntando al ojo de la serpiente
  • Home
  • Sonámbulos
  • Elián Nerak
  • Apuntando al ojo de la serpiente

La sombra alargada de un hombre

sombra1

I.

Me despierto bien temprano y salgo de mi cuarto con desgana y consigo llegar al salón como puedo. Hay que decir que tengo la mente en dispersión y que nada fluye en esta hora inicial, ni puedes hablar con nadie, ni moverte, ni hacer nada.

Bien sé que soy una persona difícil a primera hora de la mañana y que me cuesta empezar de nuevo, y que pareciera que si me dan el tiempo necesario mataría a cualquiera. Pero estoy en un momento incómodo después de una borrachera y, aún más, cuando la única aportación que hago al género humano en estos instantes es tirar de la cadena del retrete, tirarme un pedo y mirarme al espejo. Y esa cosa tiene muy mala leche, te lo aseguro. sombra2Pero lo peor de todo es que sé que volverán a caer chuzos de punta, y que volveré a preguntarme por qué el mundo siempre tropieza conmigo. ¡Mierda! Siempre estuve en la cola de los imbéciles, lo reconozco.

No tenemos mucho. Poca cosa. Con esto ni el ladrillo estaría sano, pero aun podemos comer, vestirnos y ver las cucarachas que corren por el piso de un viejo apartamento, medio o completamente destrozado. Estamos muy lejos de ser peligrosos. Pero es mejor olvidarse de todo eso como me olvido de todo lo que veo pasar por la calle.

Y me digo, tranquilo todo va a cambiar, ¡Vaya si va a cambiar!. Esta afirmación me levanta del suelo por un instante pero pronto vuelvo a tocar sólido cuando llaman a la puerta. ¡Mierda! mi vecina, una tia gorda que tiene un polvo de puta mierda y su hijo en el umbral de la puerta.

- ¡hola José!, ¿como está tu madre?. -Una cinta amarilla recoge su pelo, y el hijo estira la cabeza por encima de mi hombro-.
- Bien. Ayer fuí a verla.
- ¿Para cuando vuelve de la casa de tu hermano Roberto?
- Se quedará unos meses todavía.
- Bueno cuando la veas dale recuerdos.
- Si, claro no te preocupes.

El hijo afirma estirando el cuello por encima de mi hombro.

- Y si viene antes nos avisas. -Entonces, nos miramos y chocamos como leones con fauces que pueden morder, pero no lo hacen-.
- Si, yo os aviso.- Cierro la puerta y el bobo, la cinta amarilla y el pelo desaparecen. ¡Al fin!-.

¡Ja! ¡ja!, esta gorda intenta cogerme por las pelotas pero tengo buen juego de piernas y se esquivar los golpes, tú me entiendes. Esta gorda pringosa tiene la mente rota y me desafia publicamente como desafía un neon en la calle a todos los transeúntes que van pasando. Piensa que asesiné a mi madre, que la tengo en el dormitorio fria y de madera a lo largo de la cama, que soy tan tonto como las estrellas. Si lo sé, no soy muy agradable, te lo puede contar cualquiera pero, a pesar de todo, nunca haría algo así. Bueno, y ya ¡Chist! que voy al baño.

El espejo es malo, sabes, solo veo mi cara llena de arrugas, centímetros y centímetros de arrugas. Pero es lo que estaba previsto después de cincuenta años y después de una borrachera descomunal. ¿No crees? Luego, salgo del baño mientras me digo:

- ¡Si claro! Muy bien!, ¡así es!, una resaca es como si condujeras en hora punta y con el coche abollado por delante y avanzando a tirones y viendo como todos te pasan y se alejan, me asombra lo bien que lo sabes.

sombra3Me siento, enciendo un cigarrillo e incorporado a la orilla del sofá hago aros de humo mientras miro el boleto de la quiniela. ¡Mierda! ¿Sabes? A veces pienso que soy yo ese coche abollado por delante y dando tirones. Es tan difícil seguir siendo pobre, en mi situación necesito un golpe de suerte, sabes. Qué puedo hacer si el que va a pasar hambre soy yo, no hay de otra, suerte. Las facturas no se pagan solas y necesitamos tanto.....si no tienes más que vacío en los bolsillos el futuro es inalterable y se cumple como la muerte, y ya no tendré donde atrincherarme, ¿qué puedo hacer? ¡Dime tú!.....

Vuelven a llamar a la puerta y ahora el silencio cae como el CO2 de un extintor apagando las llamas. Todo callado como muerto. Miro por la mirilla y esa cara de tonto aparece de nuevo, si, ese gesto de idiota a primera vista, otra vez llena la mirilla y, otra vez, obligado abro la puerta con desgana. Su cara, ahora es bastante fea y odiosa, los años harán el resto......¡Ja!¡Ja!¡Ja! De la ventana del pasillo un rayo de sol me ciega, incomodo levanto la mano y paro su insistencia.

- ¡No! No tengo ningún tomate.
- Ah, vale no te preocupes. Sabes, mi madre acaba de hablar con tu hermano Roberto.
- ¿Cómo es eso?

En ese momento, tuve algo así como un eclipse, el sol, la razón desapareciendo en la oscuridad. Le miro de frente, intenta huir y razones no le faltan, pero antes le golpeo fuerte como en un trance, cae enseguida, luego le agarro del brazo y tiro y tiro y entramos al piso. Cierro la puerta.


II.

sombra4Esta ciudad congela hasta los huesos. Empino la botella de whisky y se precipita garganta abajo. Estoy aturdido, tenéis que entenderme, si le metes demasiado alcohol al asunto no sabes lo que puede llegar a suceder, y vosotros lo sabéis bien.... hombre no me tiréis de la lengua y tú menos, Hans, ¡me has metido en un lio Hans!. Tú me pusiste a prueba. Has suspendido el examen. Toca callar. Míralo desde mi punto de vista. No la volverás a cagar, no habrá traiciones y nadie te dará la coña todo el rato. La enfermedad no te dará un alto de nuevo. Tendrías que darme las gracias ¡Hijo de puta! Estoy alterado y me la suda. Si no espabilo me encontrarán aquí con los calzones bajados y sin una buena razón que dar. Empecé a sentir miedo Me levanté, corrieron las paredes y entré en el baño.

sombra5A medida que pasaba el tiempo empecé a oir voces en el pasillo, entre ellas, distinguí la de mi vecina, cada vez más angustiada y golpeando mi puerta me decía:

- ¡Cerdo, cabronazo!. No le hagas nada a mi hijo. -De seguido, me pegué a la puerta y escuche silencio y el sonido de una fuerte respiración a través de la puerta-.
- Suelta a mi hijo, sé que estas ahí ¡hijo de puta!.

Esta vieja, siempre hosca y lejos de ser el mejor bistec de la humanidad, me insultaba.

De repente silencio. Ella calló. Mi respiración y la suya tras de la puerta. Los pasos bajaban las escaleras y ella gritó.

- ¡Ayuda! Este cerdo tiene a mi hijo.

sombra6El corazón, empezó a golpear, a aletear como un pez fuera del agua, frenético y con fuerza. ¡Qué voy a hacer ahora!

De niño, mi madre me había hablado del hombre del saco y dándome un saco de fieltro me dijo:  "si no te portas bien te meterá en él y nunca más volverás". Fuí por el saco, lo abrí, lo tiré al suelo y grité "¡Entra al saco!. ¡Al saco!" "¡No, no"! , gritaba. Y entre gritos fue arrastrado hasta el interior del saco. Luego, yo mismo entré trás él.

Un golpe seco y la puerta se vino abajo. Entró pesada y torpe como un elefante. Pero allí ya no quedaba nadie....jajaja miento, sí estaba mi sonrisa y un me debes una...

Imprimir

El hombre de hielo vino a visitarnos...

hielo1

Admito que no estoy muy seguro de su aspecto. Pero era un hombre muy común. Aquel día yo había dividido mi tiempo entre mi mujer y el bar, y sin darme cuenta me había emborrachado. Pero ¡mierda! aún podría desvestir a un muerto, yo estaba muy consciente y sabed sin embargo que él venía con ganas de pelea, o algo así y ahora estaba en el bar pegándose con un tipo.

hielo2Al mirarle, vi a un hombre que llevaba hielo, feo y alcohólico, un tipo de lo más corriente, una bomba a punto de estallar, así de simple.

La noche nos pilló a todos en el bar. Estaba cansado, tanto, que a mí la barra me parecía de treinta metros de largo y aquel tipo era un hijoeputa de cara viva que andaba suelto, escupía y maldecía. Sin duda había bebido del manantial de los listos. La gente les rodeaba. Yo miraba desde el final de la barra. Él le tenía sujeto por el cuello, le tenía atrapado y se reía, parecía un gorila macho violento y sí, lo sé, pensaréis que estoy loco pero para no ser menos, yo me acerqué a él, escupiendo cerveza.

-¡Te voy a patear el culo! - Le dije.

Le soltó y cayó al suelo, y vi como su brazo volaba en el aire me habían contado hasta tres, uno, dos y tres. Entonces me dio un puñetazo, caí y lo único que veía eran las patas de las mesas, las patas de las sillas y algún diente roto rodando por el suelo. Me incorporé, lancé un derechazo pero solo removí el aire. La gente se alborotaba. En ese momento fui consciente, afuera se escuchaba el ladrido de un perro. Ese perro entró por la puerta y, ¡joder!, no había nada de bueno en aquel perro, y lo mire y sus dientes parecían ser su mascarón de proa. ¡Maldito animal! Me agarró la pierna, yo maldecía intentando apartarle, le asesté un puntapié pero sus dientes torcidos, la mandíbula y su cabeza hincada en mi pierna hicieron desgajar mis huesos.

hielo3¡Joder! No hacia ni una hora estaba follando con Laura, respirando sexo en la habitación, éramos como dos anfibios que necesitan del agua antes de salir a respirar, sí, y le hacia observaciones amables sobre su esplendido culo.

-¿Sabes? Me gusta tu culo, tienes un culo precioso. Yo amaba su culo porque estaba enamorado y sé que ella amaba el mío. Era un momento grandioso. Y sin embargo me encontraba en esta situación arrastrado por esta riada violenta y enfangado de mierda, así me sentía.

Pero volvamos. Le dí una patada al perro. La sangre apareció, era como si nunca pudieras salir ileso de un momento grandioso y hubiera que pagar. Caí al suelo ¡Joder y vino ese hijoeputa!.

Me pateó la cabeza, las piernas, los dientes rotos, me mordió, me pisó, y acabé con una oreja colgada, la nariz torcida, una ceja partida y una conmoción.

Desperté en la cama del hospital. Era de noche. Lo vi por la ventana a mi izquierda. También noté ese dolor en mi pierna, en mi cabeza y en todo mi cuerpo y yo lo ignoraba como se ignora al sol de agosto, pero estaba ahí, Insistente.

hielo4-Has tenido suerte- me dijo la enfermera.
-¿Que pasó?
-Claro que fue peor lo del otro
-No entiendo
-Si, el perro les mordió y se avalanzaron sobre él. Huyó. Y dieron golpes y golpes al otro. Le rompieron las costillas.
-¡Joder! ¡Que hijoeputa! ¿Sabe? Llevo en este mundo encendiendo cigarrillo tras cigarrillo veintiséis años, y ¡joder!, que miras hacia arriba y ya el humo se coge medio cielo y nunca nunca conocí hijoeputa mayor.

Cabello largo y negrísimo, apareció Laura por la puerta. Se acercó temerosa. Pobre Laura. Seguramente pensaba que me habían matado. Pero no. Nos miramos a los ojos pero no hubo comunicación, los reproches salían por todas partes, me miraba abriendo sus ojos de arriba a abajo. Parecía sorprendida...

-Ese tipo está dando alaridos de dolor en la planta baja. Y a ti, ¿a ti qué te pasó, en qué estabas pensando?

Y ya, sin saber qué decir torcí la cabeza. Era de noche, lo vi por mi ventana a mi izquierda, pero ahora no dejaba de mirar sus piernas, un poco de suerte no viene mal aunque sea de vez en cuando. ¿Verdad?

Imprimir

lanochemasoscura