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Un día como voluntario entre los enfermos de Madre Teresa

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En Calcuta su recuerdo sigue vivo entre las hermanas que cuidan a los más necesitados. Ayudar a los que sufren es la cura para la lepra de Occidente: la soledad.

El voluntario llega a la callejuela donde está el letrero que reza Mother House. En la pared de enfrente han pintado una hoz y un martillo. Una hermana vestida con un sari blanco bordado de franjas azules aplica unos polvos de color mostaza a las desolladuras de un perro cojo. Al entrar, al voluntario lo acogen las sonrisas de otras dos monjas. En el primer patio, una estatua gris de la Santa tiende una mano con la palma boca abajo para que los peregrinos bajen la cabeza y reciban la bendición de la escultura.

Ingresando en un patio más amplio al que dan cuatro pisos de celdas y despachos, una breve escalinata conduce a mano izquierda al cuarto de Madre Teresa (con su cama, su banco y su escritorio). Tirando por la derecha se acaba llegando a su tumba.

Ahí, todo es un flamear de saris blancos en un ir y venir de fieles que cantan y rezan en la misa que oficia un cura joven. Dan vueltas en el sentido de las agujas del reloj y desgranan toda una ristra de peticiones milagrosas apoyando la frente en una losa. Es de mármol grisáceo y de su centro brota un corazón de pétalos de rosas rojas. Una mujer coge uno y se lo come como si fuera una hostia consagrada. A través del contacto con la estatua y el sabor dulzón del pétalo se busca algún tipo de proximidad sensorial con Santa Teresa, cuyo nombre original en albanés significa por cierto Rosita.
 
calcuta2La acogida

El voluntario pregunta si puede visitar uno de los centros en los que viven moribundos, leprosos, enfermos y otros desamparados. Para recibir a los visitantes que quieran saber algo más está Sor Blessiella, que responde al tópico de la monja severa: "¡Pero si apenas queda tiempo! Debería haberlo solicitado por escrito. Ya se ve que Vd. no entiende nada de lo que hacemos aquí. Pero, bueno, preséntese mañana a misa de seis y veremos lo que se puede hacer." "Le ruego me disculpe", responde el voluntario pensando en un famoso dicho de la Santa: "El sufrimiento es un don de Dios".

Amanece. Las calles están desiertas. En el primer piso, 100 monjas y 60 voluntarios rezan de rodillas. Las novicias admiran extasiadas a un cura español con barba y concentran sus miradas en un Cristo Crucificado que se encuentra detrás de él y al que de verdad se parece mucho. La Madre Superiora tiene más de 70 años pero resiste también de rodillas, pálida e impasible junto a una hermana Organista que, al teclado, ondea como transportada por un canto angélico a dos voces que desafía a los berridos, los bocinazos, los gritos y los ladridos que se cuelan por las ventanas abiertas.   
 
El rezo

Y hétenos aquí una comitiva de 45 fieles de Madrid dispuesta a vivir el último de sus dieciocho días de voluntariado. Mujeres con trenzas, camisetas y pantalones estampados tipo "vengo de una hora de yoga". Hombres con pantalones pirata y coleta. Tras una hora de avemarías, meaculpas, aleluyas y padrenuestros, una monja se adormece con el breviario en la mano.

Hace calor. Estamos en Calcuta. Es verano. El voluntario casi que se lo piensa. Piensa en el aire acondicionado. Pero ya es demasiado tarde. Desayuno de pan de molde, plátanos y té con leche para, luego, salir y pegarse una caminata de 40 minutos de sudor atravesando los barrios bajos, esquivando carros del culí, jeeps de la policía, trenes, cacas de vaca, vacas, individuos que se enjabonan en duchas colectivas, niños que les quieren tomar el pelo a los extranjeros, cuadras a cielo abierto, montañas de basura por todas partes, multitudes bajando del tren mientras canta, melancólica, una mujer al fondo del andén.

calcuta3Todo parece tan bien coreografiado. Pero el voluntario sabe que hay que armarse de paciencia. Alguna alegría deberá de proporcionar La Ciudad de la Alegría. Llega por fin al portón azul de Prem Dan, casa para moribundos y desamparados tal y como se lo había advertido la hermana americana del registro de entradas. Mutilados con las gasas manchadas de yodo, enfermos y discapacitados sentados bajo un techo de chapa ondulada tomando el fresco. Los que están en un estado más grave se encuentran en un gran dormitorio. Un hombre con una malformación estomacal del tamaño de un recién nacido y las piernas y los brazos esqueléticos yace en su camilla. Otro, en los huesos, se agacha y ya no se quiere volver a poner de pie. Un ambulancia se lleva a un muerto.

Hay que subir a la terraza que hace las veces de tejado. El voluntario se pone un delantal y durante dos horas, pañuelo anudado a la cabeza a lo Mauro Corona, escurre trapos, pantalones cortos, camisetas, blusas, paños y sábanas con un calor abrasador. A tres chicos españoles les ha entrado la vena mística. "Para mí, el hombre es bueno por naturaleza. Lo que pasa es que luego lo corrompen", dice Francisco, papa-boy catalán con una pulsera que advierte: "Digan no a las nuevas drogas" (la pornografía, explica). Lucas, el andaluz, es un escéptico: "No creo en un ser superior. Creo que hay seres iluminados como Madre Teresa o Vicente Ferrer, que han cambiado algunas cosas del mundo. Pero no creo en el Dios cristiano o en el paraíso. Aunque, si hay un infierno, ¡seguro que tiene una sala VIP para catalanes!"; y lo dice dándole una palmada a Francisco.
 
El trabajo  

Aquí ya sí que se empieza a percibir un atisbo de esa euforia y esa energía que van en aumento por mucho que estén rodeadas de sufrimiento y muerte. O quizá sea precisamente por ello. Cuanto más desagradables y humildes resultan las tareas, mayor es la carga de aquéllas que parecen infundir a los voluntarios en su desempeño. Por no hablar de la sensación de unión, de esa cura para la que Madre Teresa llamaba la lepra de Occidente: la soledad.

Así, Alfonso, vasco corpulento y hablador, visita a los desamparados ofreciéndoles cortarles las uñas de los pies y de las manos. Andreas, el hippie argentino, parece feliz vaciando cuñas llenas de orina después de haber hecho las camas de medio dormitorio entre enfermos en diálisis, tuertos algunos, otros con malformaciones en las extremidades pero todos con una luminosa sonrisa en la boca.

Llegó la hora de fregar los platos y los vasos. Rocío, María y Cristina, tres hermanas madrileñas, dicen que en el sector femenino se hace más o menos lo mismo. "Sólo que, además de cortar las uñas, las pintamos", ríe María. Pilar regresa mañana a Madrid. Retoma su trabajo como secretaria de notaría. "Se trata de una experiencia que te cambia. Durante los tres primeros días, el shock es total. No pensaba que fuera capaz de aguantarlo. Calor, ruído, hedor, perros, cuervos, suciedad, comida. Trauma. Luego, te acostumbras. Pero ahora estoy feliz de volverme a casa. Nada que ver con las vacaciones en la playa cuando el final rima con tristeza..."

¿Volun-turismo? De alguna manera. No se puede negar que hay quien se entrega a estas dos o tres semanas de Madre Teresa no por vocación sino para vivir una experiencia, para decir que lo han conseguido.
 
Volun-turismo  

Andy es un estudiante alemán. Alto, delgado, de simpática sonrisa: "La próxima etapa: Benarés y Bombay. En tren. Vine para tener una experiencia. No soy muy religioso. Quede claro que le entrego el 0,08% a la Iglesia pero si vine fue para comprender. Ver a la gente durmiendo al raso o estar aquí con los desamparados es impactante. Pero a nadie le sirve que tú te emociones, que empatices. Aquí se da el callo. Y esta experiencia me servirá cuando piense que las cosas no me están saliendo como quisiera en Alemania, cuando me enfade porque no haya wi-fi o no encuentre un Starbucks. Entonces, me acordaré de que afeité a un enfermo tembloroso en Calcuta."

calcuta4Keith, ex-legionario neozelandés, se centra en llevarles bandejas de té caliente a los necesitados en tanto que Lucas admite mientras enjuaga los vasos de aluminio que, al cabo de tres semanas, "¡Qué aburrimiento! ¡Siempre lo mismo!". Más allá, el argentino le grita a un grupo de voluntarios que han sacado sus móviles: "¡Pero os parece el lugar más apropiado para hacerse un selfie?"

Sor Sabina se acerca. En 1961, a 18 años, tomó los votos en Kerala. Madre Teresa vino en persona a la estación a recogerlas a ella y a su hermana. "Llevaba en la mano nuestra carta. Nos dijo que fuéramos con ella. La seguimos. Fue un viaje cansado, nunca habíamos cogido el tren. Luego, nuestra vida cambió. Mi hermana se fue a Siberia. Ahora está en México. Tiene 80 años. Yo me he recorrido toda la India con las monjas misioneras. De vez en cuando vuelvo a Kerala para ver a mi familia. Pero ahora ésta es la familia. ¿Como era la Madre? La madre es la madre. Lo es todo. Era la madre que me llevaba las medicinas a la boca cuando yo tenía fiebre. Ésa era la madre. Todo corazón. Todo amor".

Y así prosigue la cosa hasta el atardecer. Lepra, enfermos terminales. Dolor. Pero fuerza. Por la noche, vuelta a la Casa Madre. "Lo que se vive externamente aquí -concluye Pilar, católica practicante- es lo que siento dentro de mí durante la oración." La jornada es larga pero, al final, aun no siendo creyente, el voluntario siente con sorpresa que no está cansado; antes bien, que tiene incluso más energía que por la mañana a las seis. Ese voluntario soy yo.

Valdagno en la novela 'Criminàl'

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"No fue por casualidad que Ulrik escogiera a San Clemente como santo protector de Valdagno, patrón a quien el noble teutón le dedicó la primera iglesia en Val d'Ayni, el Valle del Alisio, de donde, según algunos estudiosos locales procede el nombre del valle, el Valle del Agno. San Clemente es el protector de los pobres y los débiles pero, sobre todo, el de todos aquéllos que están amenazados por las aguas.

valdagno2Hay que drenar estas tierras, pensaba Ulrik Drexen mientras se acariciaba la pelirroja barba contemplando el valle cubierto de broza, zarzas y todo tipo de verdes árboles sobre cuyas copas despuntaba una cadena de montañas cubiertas de nieve.

Una de las cimas recordaba a una silla; otra, a un colmillo; otra, a la joroba de una marmota; otra, en fin, a uno de los cuernos del Diablo  -das Horn des Teufel-. Tierras donde moran los demonios y los lobos: Bolflant, territorios del lobo. Y de arroyos infestados de osos: Barlaite.
 
Parajes, pensaba Ulrik, que necesitaban, como ocurría con el resto de Europa, que se consolidara la cristianización en ellos.

Nueve siglos después de que Ulrik Drexen conquistara esos pantanos, el agua sigue amenazando la vida de los hombres y las mujeres de Valdagno. En todo esto iba yo pensando mientras el tren proveniente de Roma me devolvía al Véneto, una vez concluída mi visita a los Museos Vaticanos.

valdagno3En ese tren que me conducía a Vicenza, me senté en el lado derecho del vagón para así poder observar hacia el norte, más allá de la preciso mosaico de los verdes prados, el perfil de esas montañas domeñadas por Drexen, de quien estaba yo leyendo una crónica local para averiguar qué es lo que habría podido empujar a Gregorio XIII o a Egnazio Danti a marcar con el sobrenombre de "Criminal" el valle en el que yo había crecido.

Iba, pues, admirando la silueta de los Pequeños Dolomitas donde emprendí con Ezio nuestra última expedición de esquí alpino unos meses antes, cuando mi hermano me entregó en silencio esa nota. En los orígenes de Valdagno podía encontrarse la explicación que me ayudara a comprender por qué mi hermano me habría dejado esa pista.

Como en los tiempos de Ulrik Drexen, el Cuerno del Diablo (o Monte Cornetto) y el Bolflant (deformado en Baffelan, "Tierra de lobos") son dos montes que siguen presidiendo la vida de los pobladores del segundo valle más lluvioso de Italia, del lugar donde vive el ciudadano con la declaración de la renta más alta y donde está establecido el mejor sistema de recogida diferenciada de residuos de todo la nación.

Para los habitantes de Valdagno a la descripción del lugar se la puede acompañar con el sonido de una bucólica flauta que subraye con su música la postal de un sereno Edén de provincias, que aquí se conoce como la Cuenca de Esmeralda, donde los niños se hacen mozos jugando al fútbol, al baloncesto y a los videojuegos en el Oratorio, lugar en el que todo el mundo, después del trabajo, está dispuesto a regalar una sonrisa de cortesía mientras pasea por la vía principal. Todos van vestidos de "gente decente". Unos cubiertos con loden de colores militares para subrayar su pertenencia a una determinada clase o la asunción de determinadas ideas; otros se enfundan una parka con capuchón y colores militares para proclamar su afinidad con los movimientos obreros; otros, en cambio, prefieren cubrirse con una blusa el jerselito oscuro que llevan debajo para dar a entender su preferencia por los llamados "grupos" de Don Pino, pingüe secuaz de la Teología de la Liberación. Ese Don Pino que hilaba el pensamiento de Marx con el del "Che" Guevara y Jesucristo. Y en los muros de la iglesia la pintada: "Cloro al clero, Don Pino negrero".

Embozados en esas ropas grises, verdes y azules, los hijos de esas familias decentes -que se hacían luego ingenieros, abogados, empresarios, arquitectos o abrían un gimnasio delegando un poco de responsabilidad a sus mujeres- hablaban de política cada vez que se encontraban al cabo de largos paseos después de haberse tomado una pizza en esa pequeña ciudad que, más allá de ostentar el título de segunda localidad más húmeda de Italia, podía presumir de otros records provinciales como el de la mayor concentración de monjas, curas, alcohólicos, suicidos y locales de lap-dance.

valdagno4Hablaban de política. De eso es de lo que hablaban los lugareños. Y a pesar de que la política nunca les hubiera aportado nada. Pero lo que se dice nada de nada. Ni siquiera una carretera nacional decente que los uniera al resto del mundo, algo que había conseguido con mayor facilidad Ulrik Drexen nueve siglos antes.

Hablaban de política. Más adelante en sus vidas, discutían de política y de dinero. Y, al final, sólo de dinero, como cantaba el poeta Noventa: "Dinero, dinero y venga dinero. Me quieres vender y comprar. Y comprar tanto vino como para una nación emborrachar". Y por mucho tiempo aún hablar de dinero, ya sin mención alguna a la política, que, mientras tanto, se había convertido en dinero. "Os diré unas palabritas que se os quedarán en la cabeza tras la borrachera: a vuestros hijos los espera el mismo destino."

Al final de sus días discutían de nuevo sobre Dios. Sí, volvían a hablar de Dios como cuando eran pequeños o, mejor, cuando sólo eran unos niños. A medida que iban chocheando, que volvían a la niñez mental, volvían a tratar ese concepto abstracto al que posiblemente estuvieran regresando y del que posiblemente hubiesen venido. Es decir, Dios, lo que para Ezio era y seguía siendo una simple hipótesis científica que había que demostrar."

Odio internet

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¿Y si Internet nos condujera al cretinismo?

Escribir una buena novela sobre Internet resulta casi tan difícil como rodar una buena película a propósito de los efectos de las drogas. Puede uno echar mano de todos los artificios a su disposición que seguirá fracasando en el intento. Imágenes borrosas, perfiles desenfocados, sonidos de sítar alterados, ridículos ecos... Nada de eso consigue acercarse siquiera a reflejar tamaña experiencia.

internet2Hasta ahora, definir Internet con la lengua literaria ha sido tan difícil como explicar lo que es la conciencia. Y los intentos de hacer que la Red participe de la literatura contemporánea han demostrado ser embarazosos pues ¿cómo un instrumento de conocimiento podría pretender comprenderse a sí mismo? Y ¿cómo podría nuestra mente, ésa misma que se va fundiendo poco a poco con un servidor al tiempo que vamos almacenando fotografías, memorias, comentarios, emociones, chats, datos bancarios, sueños y aspiraciones, cómo podría aspirar a entender su propia naturaleza tecnológica? Pero, sobre todo, ¿cómo un poderoso instrumento de significación como es la literautra podría ser utilizado para discernir lo que parece ser su némesis: la constante necesidad de distraerse con inútiles e inconexas novedades, verbigracia, el Internet de las redes sociales?

Un escritor ha triunfado, sin embargo, en estos propósitos. Y lo ha hecho de un modo muy creativo a pesar de que todo apuntara a que no iba a ser capaz de conseguir su objetivo. Para empezar, se sirvió de un ordenador para escribir su obra. Y él mismo reconoce la contradicción: "Ahora, los escritores utilizan ordenadores, que no eran sino los subproductos de los que se prevalió la asombrosa habilidad del capitalismo global para rebajar al excedente poblacional a la condición de perpetua servidumbre. Todos los ordenadores del mundo han sido ensamblados por esclavos en China."

Jarett Kobek, el autor de Odio Internet sabe lo que hace. Y se lo cuenta a todos Vds. En detalle. Es algo que trasciende la metaliteratura. Es oro puro.


Escribir "una mala novela"

Resulta complicado escribir sobre Internet por su carácter tan efímero. Pero es aún más complicado tener el arrojo de autopublicarse una novela utilizando el lenguaje hiperbólico de la interacción en línea. Y publicitarla como "una mala novela" que promete copiar remedar el modo irrelevante y sincopado en que Internet presenta sus contenidos.

internet7Pero Kobek cumple con su palabra pues su estilo es una mezcla de bronca de troll contra los barones de Silicon Valley y del lenguaje de las distintas entradas de la Wikipedia (inspirado, a decir verdad, por Slaughterhouse 5, de Kurt Vonnegut).

Odio Internet - Una práctica novela sobre hombres, dinero y la porquería de Instagram, como reza el título completo de la obra, se ha convertido en una sensación inmediata tras una entusiasta reseña del New York Times. Sin embargo, se trata de un texto que las principales editoriales no publicarían porque ataca cándidamente buena parte de los valores consagrados por la sociedad occidental. Kobek ha explotado la debilidad de sus enemigos para darle un primer y exitoso revolcón a la cultura de esos sonrientes multimillonarios de Silicon Valley. Una llave de yudo perfecta.

"En realidad -reconoce-, podría haber titulado mi libro Odio a las Cuatro Compañías y a los medios de comunicación, pero es un título tan malo...". De hecho, Kobek no la toma con la totalidad de Internet sino, principalmente, con su faceta como medio de comunicación.


Se veía venir

Hace tiempo que se pronosticó el daño que ocasionarían a nuestra intimidad las explosiones en línea de anónima rabia. Así que no se sorprendan Vds. de que el hilo conductor del libro no sea más que la historia, ambientada en el San Francisco de 2013, de Alina, una dibujante de cómics de 45 años que llegó a ser medio famosa en los '90 y que se ve arrasada por una tormenta en Twitter.

Todo empieza con que alguien sube un vídeo a YouTube en el que Alina se atreve a afirmar públicamene que la cantante Beyoncé no ha contribuído en nada al progreso social. El ataque de sus fans será  tan feroz que le cambiará la vida a Alina y a sus amigos.

El meollo argumental es algo que se puede ver en series de televisión como Black mirror y Mr. Robot, o en la comedia de situación Silicon Valley, que se mofa de todos esos capitostes de Internet que se pasan la vida prometiendo "convertir el mundo en un lugar mejor". Con todo, en el libro que nos ocupa y como nos advierte el narrador, "el argumento, como la propia vida, no conduce a nada pero da cuenta de un padecimiento sin sentido."

internet9Las desastrosas consecuencias que acarrean las grabaciones clandestinas es, pues, uno de los temas centrales de la obra, así como el deseo de venganza. Y recriminación es lo que se percibe en el frustrado grito de la voz autobiográfica. En una parodia del climax de la novela libertaria de Ayn Rand Atlas Shrugged,  el protagonista aúlla desde la soledad de una cima: "Sé lo que era Internet antes de que la gente lo utilizara para ganar dinero. ¡Soy el único literato de América con una formación tecnológica seria! ¡Soy el único escritor de América que usaba Slackware 1.0 en su 386x!"

Es el mismo quejido de troll profiriendo perlas del tipo: "Las guerras no han sido más que gigantescos juegos para las élites gobernantes, que a veces pensaban que podría ser muy divertido que los pobres se mataran entre ellos." O cuando describe el Día de Acción de Gracias como "una fiesta en la que América celebraba el genocidio de su población indígena reuniendo a las familias en torno a un ágape durante el cual los mayores abochornaban a los más jóvenes trayendo a colación ideas racistas y homófobas de andar por casa."

Kobek reconoce haber adoptado la técnica de Vonnegut, y la de los monólogos cómicos, para conseguir que la verdad resplandezca a través de la risa, algo así como contar las cosas como si hubiera que hacerlo a unos extraterrestres. Es por ello por lo que, a pesar de que el escritor Jonathan Lethem lo compare con el novelista francés Michel Houellebecq, el parecido con Vonnegut nos parece mayor.

La crítica principal que se vierte en el libro sostiene que, puesto que la Red está cortada a la medida del cerebro de un quinceañero (y del lenguaje de un niño de 12 años), se está así empujando a la Humanidad hacia el cretinismo. Y no sólo porque, interrumpido constantemente, nuestro razonamiento profundo nos lleva a tomar decisiones cada vez más rápidas aunque menos fundadas sino también porque el sistema está diseñado para mantenernos en un estado de eterno narcisismo adolescente.

El intelecto es el protagonista de esta novela, como se ha apuntado Los Angeles Review of Books. Y, como dice Kobek, Internet es el enemigo del intelecto.


Dataísmo y cyborgs

La crítica de ese fenómeno vulnerable llamado cultura es algo que se ha formulado con elocuencia a lo largo de los últimos diez años. Su último y más exitoso intento dentro del ámbito de la literatura de no-ficción es la lúcida Homo Deus, obra del profesor israelí Yuval Noah Harari, quien concluye que, si permitimos que Internet transforme nuestra mente, entonces nos veremos abocados a la siguiente alternativa: el triunfo del dataísmo, es decir, que las máquinas ocupen el lugar de una Humanidad obsoleta, o bien el advenimiento del tecno-humanismo, es decir, la "actualización" del individuo para convertirlo en un cyborg, mitad hombre, mitad máquina.

internet10Esto no es ciencia ficción. Los algoritmos no sólo controlan ya las lecturas recomendadas en Amazon sino también las inversiones en bolsa, las vidas de los chóferes de Uber y las selecciones de pareja en los sitios web. Se utilizan tanto para la elaboración de diagnósticos médicos como para el asesoramiento legal. Los algoritmos tienen su papel en las decisiones tomadas por los equipos directivos de las multinacionales. Y pronto tendrán derecho a la propiedad. Nada de todo esto implica toma de conciencia alguna con lo que este horizonte podrá ser factible aun cuando las máquinas sigan sin tener conciencia. Incluso el amor, nos dice ahora la ciencia, no es más que un algoritmo de emociones.

Y todo esto no se lo están contando unos histéricos ludditas de Internet para pedirles que vuelvan Vds. a las carrozas, a las plumas estilográficas y a las palomas mensajeras. La inteligencia artificial ya está en marcha.

Las críticas más aceradas contra esta tendencia las hicieron Nicholas Carr en The Shallows-What the Internet is Doing to our Brains y Lee Siegel en Against the Machine-Being Human in the Age of the Elecrtonic Mob, donde se advierte de que, si perdemos el rumbo, ello nos puede acarrear rápidas y catastróficas consecuencias: "El conocimiento es lo que nos confiere nuestro bagaje ético e histórico y es también lo que nos proporciona la distancia necesaria para alcanzar lo que conocemos como estabilidad emocional. La distanciamiento crítico, y no las múltiples distracciones y desvíos de la información, es el garante de la libertad en nuestra sociedad."


Casados con un Golem digital


Ya lo dijo Goethe en una frase que se hizo célebre: "Nadie es más esclavo que quien se tiene por libre sin serlo."

Pues, bien, esto es lo que está exactamente ocurriendo de acuerdo siempre con Kobek. "Uno de los aspectos más curiosos del siglo XX fue la gran desilusión que se llevaron todos los que (y no eran pocos, sobre todo en el área de la Bahía de San Francisco) se dieron cuenta de que la libertad de palabra y de expresión encontraban su mejor cauce en plataformas tecnológicas propiedad de corporaciones dedicadas a ganar la mayor cantidad de dinero posible. De hecho, todos aquéllos que ejercieron dichas libertades en Twitter no hacían sino crear contenidos que pasaban a pertenecer a una corporación de la que no tenían una sola participación."

internet8En los años '90, David Foster Wallace escribió un ensayo en el que urgía a los jóvenes novelistas a componer con la televisión del momento. Kobek lo consigue con Internet mostrando que también hay espacio para una nueva narrativa que se centre en el modo en que hemos cambiado nuestra manera de percibir las cosas, un modo mediatizado por nuestras prótesis tecnológicas. Llegó, pues, la hora de que las novelas den cuenta de la pérdida de linealidad de nuestra capacidad de pensar y de sentir, un proceso que no es sino una consecuencia de nuestros esponsales con el Golem digital.

En su película de 1991 Hasta el fin del mundo, el director alemán Wim Wenders describía una máquina futurista capaz de almacenar sueños humanos. La gente que participaba en tal experimento, desarrollado en una recoleta cueva del desierto australiano, acabó enganchándose a contemplar sus propios sueños en pantallas portátiles. Me acuerdo siempre de este viejo filme cada vez que me doy cuenta de la manera en que llegamos a abusar de los smartphones, aunque es cierto que los sueños de Wenders tenían más clase que ese chorro inmanente de sentimentalismo felino, inane turismo y opiniones uniformes que hoy inundan nuestras cronologías en Facebook, Instagram y Twitter.


Mal de imágenes

Al final de la película, es un escritor, que ha reconstruido el cronograma de lo que ha ocurrido, quien rescata a la protagonista de su iconodulía, su enfermiza adoración por las imágenes que la mantenía literalmente pegada día y noche a la pantalla. Y es precisamente a través de las palabras escritas en el libro del escritor como ella consigue curarse de su "mal de imágenes".

Wenders, el más literario de los directores de cine, comprendió la importancia que revisten las palabras como portadoras de significado frente a la insensata e hipnótica obsesión por las imágenes.

internet6He aquí por qué puede todavía la literatura salvar los muebles, por qué vale la pena cultivar el razonamiento profundo y por qué hacerlo mediante la lectura. De otro modo, estamos destinados a nutrir el contingente de ese ejército de inconscientes y estúpidos zombis descritos en Odio Internet: "La gente que ocupaba su ocio tuiteando y creando propiedad intelectual para Twitter iba cayendo en ese submundo y convirtiéndose en la propiedad intelectual de grandes conglomerados multinacionales. Iban transformando sus cuerpos en anuncios andantes de entidades de las que no obtenían provecho económico alguno."

Dense una vuelta por el centro comercial, la fábrica, la oficina o el paseo más próximos y búsquense a sí mismos. El futuro ya está aquí y más nos valdría dedicarle un tiempito. Podríamos empezar enseñándoles a los niños cómo concentrarse en un buen libro dos horas seguidas. Aunque sea a través de una tableta, no importa, siempre que seamos capaces de apagar la conexión wifi o 3G.

Podemos salvarnos eligiendo el modo por el que asimilamos el conocimiento. No hace falta cargarse las máquinas, no es tiempo de luddismos. Llegó la hora de entender el mensaje en su medio.

El autor es escritor y profesor de Teoría de la Comunicación. Su proximo libro, The Edge of an Era, saldrá el mes que viene.

(Publicado en The Hindu, el 27/05/2017).

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