Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
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Kabul lleno de mujeres desnudas

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 Madrid latía a lo lejos, él sabía que existía por allí abajo. Madrid, el país de nunca jamás, sepultador de carne y alma humana. Mi abuelo escuchó ruidos en la puerta y salió escopetado por la puerta de atrás del corral. Dicen que había marcas de los tiros por las paredes. Se largó al monte. Luego, no sé cuando, lo cogieron. Lo condenaron a muerte y después le conmutaron la pena por cadena perpetua. Decían que cuando pasaba la procesión por el pueblo él ponía en el gramófono el “Himno de Riego”. Puede que lo hiciera no por ideas políticas, sino porque le gustaba mucho el morapio. Estuvo en la cárcel hasta 1945, cuando la caída del tío Adolfo, cuando hubo una amnistía generalizada de presos. Mi familia tuvo que huír a Madrid. Desde lo alto de la loma del pueblo se pueden ver ahora las cuatro torres de Mordor a treinta kilómetros de distancia en linea recta. Dejaron la casa en la que vivían y las cuatro tierras que trabajaban porque había que salir corriendo. Llegaron como unos Juan sin Tierra a Madrid, con una mano delante y otra detrás. Luego medraron aquí y allá y algunos de ellos se hicieron nuevos ricos y hasta votaron al PP. El último Juan sin tierra que quedaba vivo llegó a votar incluso a Carapolla el cierraparques. Cuando ese tío tan enano y tan feo que es Almeida cerró los parques durante el fin del confinamiento de la pandemia me cagué en su puta madre, que todavía debe estar limpiándose. Cerró todas las zonas verdes para hacerse el importante, y la gente tenía que caminar apiñada por las aceras, dio buenas muestras de que cuando uno parece que es gilipollas resulta que suele serlo en la realidad. A Carapolla ahora le han entrado delirios de grandeza y piensa que puede competir por el poder con Ayuso, una muestra más de su inteligencia. Porque si Ayuso se sacara las tetas un día en la tele sería candidata incluso a presidenta del mundo. Ayuso le gustaría a Juan sin tierra, seguro que intentaría follársela. Juan, que debía llamarse Llon en realidad, cuentan que era un mujeriego y un putero, que preñó a cascoporro por aquí y por allá, y los mojigatos le debieron poner el mote, debían de odiarle todos esos puritanos impotentes y esos jubilados que bailan salsa porque ya no se les levanta. Juan fue el más pequeño de cuatro hermanos, por lo que nadie daba un duro porque llegase a nada. Pero los sobrevivió a todos. Mientras él administraba las tierras de su padre, su hermano Ricardo se la chupaba al rey de Francia en Tierra Santa. Iban a caballo y mientras se daban unos besitos un ballestero le metió un flechazo y san se acabó Ricardo, y Juan sin tierra medró para hacerse con toda la tierra y todas las mujeres desnudas que estaban a su alcance.

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Sueño con mujeres desnudas, pero nunca recuerdo lo que sueño. Una bonita revolución sería que todas las mujeres de Kabul salieran desnudas a la calle a la vez. No se sabe si las matarían a todas o si los putos talibanes entrarían en estado de shock y se suicidarían todos. Los talibanes no pueden hacerse pajas, ni ver porno en internet, solamente les queda el recurso de follar, y eso es un arma de doble o triple filo. Tras matar a todas las mujeres se verían obligados a retener eternamente sus eyaculaciones, (la masturbación está prohibida en Kandahar, Kabul etc etc) excepto los Ricardo corazón de león talibán. En Kabul no hay pajas ni cambio climático. En Kabul no saben lo que es la ecoansiedad, y todavía no han probado los productos Bio, y no discuten defendiendo las excelencias de la escuela pública sobre la privada aunque luego lleven a sus hijos a la de pago, como hacen aquí los paleoprogres, porque en Kabul solo se enseña el Corán y punto pelota. Los talibanes no toman Prozac ni van al psicólogo para que les elimine la frustración denominándola depresión.

Hay un abuso del término depresión, generalizado. Vas al psicólogo y te ponen el sello de depresivo, cuando lo que tú estás es frustrado, porque cumplir los deseos no lleva a la felicidad sino a la frustración. Porque todo es mentira y una mierda. No hace falta más que llegar a una meta para convertirte en depresivo. La depresión es algo físico, muy diferente a desengañarte del mundo, es un agujero que ni tú ni tú habéis visitado, para vuestra gloria. La depresión que vosotros tenéis es un chantaje emocional a la sociedad. A vuestra sociedad de los don Perfectos, de esos que llevan las cuentas al milímetro, de esos que siempre sacan todas sobressaliente, de los que un día de repente se miran al espejo y se dan cuenta de que tener casa, coche, perro, hijos en realidad no funciona del todo, o de nada. Detrás de toda vuestra planificación interna y externa, detrás de la perfecta cuadrícula se esconden tus problemas afectivos y todo tu chantaje emocional. Echar la culpa de todo a los demás es el deporte humano más practicado, la gran fábrica de excusas.

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 Kabul y el Kilimanjaro. Llegan los vagos de los pitufos y paran delante de una zanja que hay delante de mi casa. Hay un negro picando la acera con pico y maza como en la antigüedad, porque es más barato. Le piden los papeles. Debe ser uno de los gaboni de Tarzán, porque lo miran como si fuera el enemigo público número uno. Un escándalo, lo cogieron en una cunda en Plaza Elíptica para que abriera un agujero en el suelo por treinta Euros. Paran la obra durante dos semanas, allí queda el agujero con un cartel encima que reza: “avería”. Al lado hay una canicería halal que no sé de qué vive, porque no entra nunca nadie. Sí que entra la gente con sus perros en la decimoquinta clínica veterinaria del barrio, justo enfrente de la carnicería, mucha gente con sus perros a los que recetan medicamentos que les quitan el dolor de huesos de viejo pero que les joden el hígado y el páncreas, porque los perros tienen páncreas, y les dan consejos para curarles la depresión porque un perro que vive en un piso está deprimido, y habrá muy pronto que tener un carnet para tener un perro como hay que tenerlo para poder trabajar en una obra, y en la clínica veterinaria me vendían mascarillas FFP2 a cinco Euros, como oferta, durante el confinamiento, porque ellos son muy majos y enrrollados, y no hay mal que por bien no venga, esos hijos de puta me hicieron darme cuenta de que tenía que robarlas por sistema, y empecé a robarlas y hasta hoy.

Leo que entre diversos sectores el calentamiento global está causando ecoansiedad, por la lentitud con la que se eliminan los combustibles fósiles. También dirán que tienen depresión a causa de las emisiones de CO2. Prohibirán los pedos en espacios cerrados próximamente. También leo a un tipo que dice que hay que eliminar con urgencia a la industria cárnica para que el planeta tenga futuro, un futuro vegano con aire limpio de cuescos de vaca. Me siento bien al pensar en que pronto estaré muerto. Me hacen pensar a ratos en el odio que sentía Hitler hacia los seres humanos, y en mostrarme comprensivo con el pobre loco de Adolf. El sueño de la idiotez, de la subnormalidad, produce monstruos. Ahora ya se puede llamar subnormal a un subnormal, antes no me gustaba nada hacerlo porque podía ofender a esas personas que nacen con una discapacidad, porque el término resulta peiorativo. El hijo del frutero de debajo de mi casa nació con parálisis infantil, no podía caminar, y todo el mundo le trataba como si fuera imbécil. En el colegio nos mezclaban con niños y niñas con síndrome de Down y en un mundo ideal aquello sería maravilloso, ayudarlos en lo que pudiésemos, pero los niños son unos hijos de puta, tú también lo fuiste, y esta pobre gente que muchas veces son seres encantadores eran vejados sistemáticamente y tenían que soportar las risas y el desprecio de todos esos que ahora de mayores van de cívicos y solidarios. Pues erais unos hijos de puta y yo lo he visto con mis ojos, y no olvido, y cuando sea guardia de vuestros trenes hacia las afueras de Cracovia entonces sí que no tendré piedad. Soñar con Kabul lleno de mujeres desnudas.

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Dicen que a partir de los cincuenta tienes que hacerte un electrocardiograma y un tacto rectal anual para ver si tienes podrido el colon y la próstata, para colocarte una espada de Damocles que te tenga atado al miedo a la muerte. ¿Quién sería el gilipollas de Damocles? Mi madre era más vieja que yo ahora cuando una noche bajó a que cagara y meara nuestra perra a un descampado cercano. Entró por un callejón en aquella tierra informe y soltó a nuestro bicho para que corriera feliz entre charcos, mierdas y meadas. Escuchó un ruido de pasos por detrás. De repente alguien la agarró por el brazo izquierdo con fuerza, con tan mala suerte que mi madre llevaba la cadena de la perra en la otra mano, y mi madre apenas llegaba al metro sesenta, pero tenía la altura correcta para lanzar un gancho lateral con la cadena a modo de puño americano que impactó de lleno en la nariz de lo que sospecho que era un yonki, que salió corriendo. Mi madre llamó a la perra, que acudió confusa protestando porque aún no había tenido tiempo de cagar, la ató y gritando se fue con ella amenazadoras calle arriba detrás del supuesto tipo que reptaba echándose mano a la cabeza a través de la oscuridad de las farolas medio apagadas, y mi madre no corría mucho, así que dejó de hacerlo en cuanto se cansó jurando en hebreo que lo mataría otro día, y volvió a casa. Y al llegar se sentó en una silla y nos contó lo que había pasado. Llevaba la mano y la cadena manchadas de sangre de yonki, y de pensar lo que había hecho a lo loco tras un drogata sidoso le dio un ataque de ansiedad. No confundir ansiedad con depresión, los antiguos no se deprimen ni se deprimían, sólo caminaban hacia delante o daban hostias. Ayer descubrí que mi madre llevaba con el mismo bote de gel, sin gastarlo, desde hace meses, al interrogué y me confesó que se ducha como mucho un par de veces a la semana porque tiene miedo de caerse en el baño, una excusa barata porque ser guarro es maravilloso. Siempre está diciéndome, para hacerme daño, que quiere morirse, que quiere marcharse ya, pero en el fondo sé que tiene un contradictorio miedo ante el poco tiempo que le queda sobre esta mierda de planeta y la acojona aunque no quiera reconocerlo la oscuridad que hay detrás acechando. Y además del miedo a morir también quiere que no se le gaste el gel de baño, matar dos pájaros de un tiro. Y cuando el bote va a terminarse lo abre y echa agua, para que aún cunda más aunque ya no limpie tanto, es cuestión de que dure lo más posible el tema, como todos los temas, aunque ya no tengas ganas de lavarte. Mi madre vino a Madrid cuando Madrid se parecía, aún más que hoy, a Kabul. Ahora en Madrid os dicen a todos que estáis deprimidos, y vais y os lo creéis. Madrid, país de nunca jamás, picadora de polvo y carne humana. Madrid.


Patriarcado o muerte.
Asco e intuición
superiores a la razón.
País y mundo de nunca jamás
olvidado y sepultado
por toneladas de carne
y cenizas
de hombre.
Mujeres desnudas,
todo el puto día soñando con ellas,
vosotras,
en todas las posturas imaginables
sin ropa
y con la mayor pinta de putas
posible.
Tu coño será como el Kilimanjaro boca abajo
y las ladillas lo escalarán
como los Gaboni acosando a
Tarzán.
Tus tetas fueron como los montes Apalaches
pero caerán por tus piernas como la lava del puto volcán Cumbre vieja.
Aunque siempre serás mejor que Ada Colau
por muy vieja podrida que te hagas.
Siempre será tu consuelo que
darás menos asco que Irene Montero,
piensa en ello cuando tengas
baja la autoestima.
El asco
motor del mundo
con gran ciclindrada.
Ayuso provocando erecciones poniendo cara de mala
y amordazada,
objeto sexual sin ideología posible.
Mantener tu polla
como el monte Kenia.
Fotos de la polla del papa
en la hoja parroquial
que
serán aceptadas para su publicación porque
no son de mujeres desnudas.
Te saldrán las primeras canas en el coño
que se volverá poco receptivo
junto con tu recto
otrora siempre dispuestos,
pero siempre será todo ello más atractivo
que la cara de Teresa Ribera
incluso con un saco puesto cubriéndola toda.
Teresa desnuda
sería aún peor
más destructiva
que vestida,
más que todo el puto calientamiento global a la vez.
Mujeres muy desnudas.
El asco como energía limpia,
combustible infinito.
Sueñas conque termine toda esta pertinaz sequía
en tu chocho
pero el cambio climático te alcanza
y ya solo llueve
en el coño de algunas
más putas que tú.
Todo el jodido rato soñando con
el paraíso
lleno de mujeres desnudas.
Ahora follan con sujetador
en las películas,
al estilo Penélope Cruz,
y yo los, las, maldigo.
Sigo soñando con que te
saques las tetas
en cualquier momento
y que salga leche
que ruede montañas abajo
como las nieves casi extintas
del Kilimanjaro.
Electrocardiograma y tacto rectal,
películas de Tarantino sobre la ecoansiedad y
un complot judío con el precio del gas por las nubes. .
Juan sin tierra gobernó el reino mientras
su hermano Ricardo se la chupaba al rey de Francia.
Mujeres desnudas.
Kabul está aquí mismo,
dos calles más abajo.
Nostalgia de bolsas de chettos
que te sabían a jamón de Jabugo y
sueños
con curas ardiendo
colgando de las farolas
ya sin aliento,
y con mujeres desnudas.
Tú no tienes depresión sino
frustración.
Quemar sujetadores en una gran hoguera.
La depresión es algo muy diferente a estar jodido por el tiempo.
Te da más morbo el
Prozac
que el coño de tu señora.
Kabul lleno de mujeres desnudas
saliendo todas a la vez a la calle.
Despertar en una playa
del Índico o el Caribe
y darte cuenta de que es
el mismo infierno que tu casa,
y que el próximo telediario
de Telecinco
puede que sea para ti el último.
Y hace mucho tiempo que ya no
te empalmas
ni te haces pajas,
demasiados lustros.
Mi madre se lava una vez a la semana
por demencia senil, guarrería o para salvar al medio ambiente,
elije tú la respuesta.
Ecoansiedad es tener ganas de
meterte un ventilador por el culo
generando energía limpia.
Tendrás esperanza,
y lucharás
llorarás y patalearás
y jurarás que llegarás
a algún sitio
que imaginas pero
te darás cuenta de que en este mundo, país, ciudad de nunca jamás y polvo solo existen
asco e intuición por encima de la razón.
El asco mueve el mundo.
Espabila porque siempre
es hora de morir.
Mujeres desnudas
hasta en la sopa.
Darte cuenta
que la vida es más asquerosa
y mentirosa
que un Telediario de Antena3.
Fogonero que alimenta su fábrica de excusas
con madera que no arde porque
es tu propia carne
Si no tienes memoria es
que ya estás muerto.
Memoria o imaginación,
da lo mismo,
llenas de mujeres desnudas.
El asco moviendo el mundo
a todo gas,
energía limpia y económica.
Y al final del túnel oscuro
no hay nada
no hace falta que te engañes.
El primer mandamiento
es
que echarás la culpa de tu todo
a los demás
por encima de todas las cosas.
Santificado sea tu nombre, Asco.
Intuición y asco
motores del mundo
superiores a la razón.
¿Por qué llamas negra a la pantera
si no hay de otro color?
Lo único que existe son
mujeres desnudas.
Patriarcado o muerte.




 

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Chicos en apuros

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Madrid nunca muere. Nunca me digas que ya te lo dije. Conduzco por la M-30 y suenan los chicos en apuros. Fuimos y somos chicos en apuros corriendo por esta ciudad polvorienta. Ésto es un desierto y no hace falta ningún cambio climático para que las dunas de asfalto avancen. Sultan´s of swing. Empezamos a escuchar a los Dire Straits cuando ya eran decadentes y habían empezados a meter en sus canciones los apestosos teclados de Alan Clarck. Ya casi no suenan en la radio, sólo de vez en cuando en el programa de por las mañanas de la buenorra de Marta Vázquez. Su voz te acompaña por las autopistas de la ciudad hasta que se difumina al entrar al túnel, se escucha con nieve radiofónica hasta que sales a la superficie por las obras de la antigua chonera del Calderón y por unos segundos la música resucita como brotando de un túnel del tiempo o un agujero de gusano, hasta que vuelves a precipitarte en el hollín de las entrañas de Madrid. Cuando vuelves a salir a la luz del sol la canción ya se ha terminado, y tienes que controlar la velocidad para que no te multen en el radar de San Pol, pero después de ese cinemómetro puedes ir a la velocidad que quieras, aunque el máximo marca a 70 apuros3por hora, porque nadie vigila. En Madrid nadie vigila nada, los guardias, los guindillas, los pitufos, son una panda de vagos y la ley, cuando nadie controla su cumplimiento, estás en la obligación de saltártela siempre que no mates a nadie.

Bajo del coche delante de la casa de mi madre. Me encuentro con Matilde, que pasea su perrito, un yorki que ni me mira y al que se adivina por su pelo pegajoso que no se ha bañado en unos meses. La conocí durante el confinamiento. Tiene unos diez años menos que mi progenitora. Es el último ser humano en años que ha traspasado la puerta de nuestra casa además de mi familia, porque un día se presentó, sin apenas conocerla, a preguntar qué tal estaba mi madre. Llamó al telefonillo y trepó los cuarenta y tres escalones asfixiándose. Ella camina siempre sola. La saludo y me sonríe, no lleva la mascarilla puesta y me doy cuenta de que tiene un diente roto, uno de los incisivos superiores, y se le escapa el aire por él. Recuerdo que los primeros días de la epidemia, cuando ninguno teníamos mascarillas porque los hijos de la gran puta del gobierno decían que no eran necesarias porque no había, ella tenía todos los dientes intactos, me la encontraba cuando ella bajaba al perro a la calle, la excusa perfecta para poder salir, y yo paseaba con una bolsa de plástico en la mano disimulando como si fuera a comprar. Parábamos a dos metros el uno del otro para no echarnos el aliento, habían aprovechado para prohibir por apuros2decreto tocarse ni respirar cerca de otro humano, y nos decíamos las vaguedades habituales con las que combatir la soledad callejera. Matilde tendrá que pedir permiso a los del PACMA para poder tener perro, tendrá que sacarse el carnet de tener perro para poder pasear a su yorki lleno de mugre.

Siempre he tenido mucho miedo de romperme los dientes. Sobretodo los incisivos, los que se ven cuando abres la boca. Hasta creo que a veces sueño con ello, aunque nunca recuerdo lo que he soñado. Mis sueños se paran siempre cuando la mujer se desnuda del todo o cuando tengo que marcar un número de teléfono que nunca puedo terminar de marcar, pero sólo me acuerdo de detalles, no de la trama absurda principal. Sueño con que me rompo los dientes, dormido y despierto, y tengo miedo de ello porque no tengo dinero para repararlos y no me gusta llamar la atención, y que te falten los dientes hace que destaques entre la multitud por tu aspecto sucio y desaliñado imposible de disimular, y a mí me gusta ir sucio y desaliñado pero que no se note a simple vista. Repararte la piñata cuesta una lana que no puedo asumir. Tuve un amigo que llevaba toda la dentadura reimplantada, como la de un caballo.

Él llevaba unos dientes implantados que decía que le habían costado a su padre millón y medio de pesetas. Un puto millón y medio de pesetas y se quedaba tan ancho diciéndolo. Se cayó montando en la bicicleta y se metió un tremendo golpe en la boca con el manillar. Me dio dentera cuando me lo contaba. Luego él además se insertó más tarde una especie de gel en el labio superior para tenerlo más bonito estéticamente porque es gilipollas, pero esa es ya otra historia. También es otra historia que ya no somos amigos, porque es una sucia rata y tengo ganas, si lo vuelvo a ver, de meterle una hostia y romperle los dientes postizos. Hostia se escribe con hache. Él es el hermano pequeño de un famoso muy famoso que sale en la tele, un famoso que se hizo mucho más famoso durante la pandemia, si cabe. Un famoso al que ahora medio país dice que es guay y medio país odia. A mí el famoso me parece majo, al contrario que su hermano pequeño, que es un gilipollas. El hermano mayor enchufó en un buen puesto al pequeño en cuanto pudo y allí sigue con sus mierdas. Todo el mundo le llama enchufado a sus espaldas, y es cierta la cosa, pero son una panda de cobardes al hacerlo. Yo nunca consentí que nadie lo dijera en mi presencia, pero eso era cuando fuimos amigos, ahora me la sudas y tengo ganas de meterte un puñetazo en la cara en cuanto te vea. La primera vez que lo vi me dio pena, porque tiene un tic que le hace mover la cabeza espasmódicamente y la gente se reía al verlo. Decían “¿qué le pasa a este tío?” y se reían a sus espaldas, lo mismo que le ponen a parir sus compañeros de trabajo. Entonces su hermano todavía no era muy muy famoso como ahora. El hermano famoso me pareció siempre un tío muy majo. Le ponía los cuernos a su entonces mujer con otra famosa, esta más de tres al cuarto, mientras su hermano pequeño le hacía las coberturas y se masturbaba, porque nos lo contaba, pensando en la entonces amante de su hermano mayor. Esto último nos daba bastante asco porque siempre que apuros4íbamos a su casa tenía pañuelos de papel tirados por la mesa del comedor, y nos lo imaginábamos haciéndose pajas pensando en ella y nos daba tanto asco él como su futura cuñada. Ahora su hermano, que ya es muy muy famoso, se ha casado con su entonces querida y él cada día es más y más famoso, y a mí me parece majo a pesar de su actitud sentimentalmente lamentable. Jugamos un par de veces al fútbol y a mí se me suele escapar alguna hostia con hache por deporte durante las pachangas, pero a él me dio cosa porque era majo y jugué como una niña para que no se molestase, y mira tú por donde ahora es muy requetefamoso.

Cuando éramos niños, chicos en apuros, conocí a otro famoso. También éste se hizo famoso porque era el hermano pequeño de otro famoso. En este caso me dio asco desde el primer minuto que me lo crucé. Entonces él no era famoso, no de nacimiento, solamente su hermano lo era, y era gilipollas de origen. Desprendía un olor peculiar a rancio, es posible porque llevaba ropa usada por sus hermanos mayores. Se creía muy gracioso, pero a mí no me hizo ni puta gracia desde que me lo eché en cara, y a veces fantaseo también con soltarle una hostia, como al otro famoso, en los dientes y partírselos.

Lo recuerdo muy bien cuando los chicos nuevos llegaban al colegio y él se reía de ellos protegido por sus amigos, porque era un mierda, y también me acuerdo cuando un chico homosexual de nuestra clase salía a la pizarra y él lo ridiculizaba iniciando el coro de muchos hijos de puta seseando con la letra final de su nombre. “Luisssssssssszzz”, canturreaba por lo bajo el ahora famoso, que se creía muy gracioso, un gracioso sin medio cuarto de hostia. Ahora es famoso y va de progresista, defensor de causas justas, intelectual y todo eso, pero es un ser que me repugna cuando lo veo en los mentideros porque en realidad es un mierda al que me gustaría partir los dientes.

Bajamos hasta Aranjuez, y antes de llegar al pueblo nos desviamos a la derecha por una carreterucha que casi nadie conoce y llegamos hasta un paraje donde hay plátanos de más de doscientos años. Está todo abandonado porque en 1931, cuando el entonces rey putero y hemofílico Alfonso XIII, el putero de turno, se marchó del país, expropiaron los terrenos del antiguo hipódromo y los entregaron a particulares para que los labrasen. Ahora toda esa zona está semiabandonada por los vagos particulares y porque las gentes de bien no la conocen, por lo que es un paraíso escondido. Compramos un pollo asado y nos lo comemos allí a mano debajo de los árboles. Paseamos y vemos una casita que usan a veces para guardar caballos con la puerta abierta, nos acercamos y salen dos pequeños perros. Nos ladran, pero luego se acercan sumisos. La perra se me sube encima. Está mugrienta y llena de pulgas, quiere que la raptemos y la llevemos a casa, porque los han abandonado allí a su suerte. Me habla con los ojos, pero no puedo hacer nada por ella, debo dejarla en aquel cenagal con los hijos de puta de sus dueños, que pronto se sacarán también el carnet para tener perro. Cobrarán una buena pasta por el carnet y pedirán hacer un cursillo para poder llevar a uno cogido con la correa, apuros5y hacer un examen en el que tendrás que hacer una paja al examinador como si fuera un perro al que sacas el semen para inseminar, porque prohibirán a los perros y a los jóvenes ser perros, jóvenes y follar porque todo eso está muy mal. El volcán de La Palma se caga en todas vuestras bocas de mi parte, hijos de puta. Pedidle al volcán un carnet por ser volcán si tenéis cojones.

Volvíamos a Madrid las tardes de domingo por la carretera de La Coruña, cuando todavía faltaban siglos para conocer a Daniel Prieto el de Sada, que no es famoso ni falta que le hace, que es esclavo y morirá siéndolo, y a mucha honra, y veía desde la cuesta de las perdices la luz amarilla de las tardes de verano brillando abrasadora sobre la silueta del desierto de Madrid, una ola de sol que tapaba el tsunami de asfalto de esta puta ciudad. Ahora bajo hacia el sucio río por las mañanas por la nacional cuatro y las casas del lumpen brillan resplandecientes bajo el cielo azul eléctrico que tienes todos los días, Madrid, y seguimos siendo chicos en apuros apretando los dientes para que no se rompan y para que no sean capaces de decirnos qué es el bien y qué es el mal. Quieren prohibir la juventud y el amor porque su bien común está por encima de tus cojones. Nunca me digas que ya te lo dije, Madrid.

Cuando tengo razón, tengo razón
pero nunca me digas ya te lo dije.
Muerte entre las flores
de plástico.
Chicos siempre en
apuros.
Prohibir el botellón.
Es lo que tú quieres
en el fondo.
Dientes que crecen rotos.
Pensar lo que tu piensas,
decir lo que tú hablas
creer en tu bien y en tu mal.
Prohibir por decreto el amor y
la juventud.
porque tú ya no puedes follar
ni en sueños.
Los jóvenes son muy muy malos,
tú lo sabes
porque fuiste tan hijo de puta como ellos.
apuros6Somos idiotas
por
soportar
que unos idiotas
nos
digan las idioteces que tenemos que
hacer,
esos idiotas tan idiotas como tú.
Chicos siempre en
apuros.
Añadir a las miserias
un ayer y un hoy que no existen.
Parar por decreto el tiempo y el espacio.
Prohibir caminar por toda la faz de la tierra.
Es lo que tú quieres
en el fondo.
Tener la respuesta del millón de bitcoins.
Ir a hoteles de lujo, comer escalibada de castañas caramelizadas
y decir que ese vino da muy bien en boca
como un gilipollas que asiste
a su propio funeral.
Las dunas de asfalto avanzando como tsunamis
hacia Madrid.
El volcán de La Palma cagándose en vuestras caras
con una sonrisa en sus bocas.
Carnet para tener perro.
Obligar a tener garrapatas.
Impedir por ley que se ofendan las pulgas.
Prohibir a los perros blasfemar.
Prohibir el sol,
prohibir la lluvia
prohibir morir y vivir.
Ostia se escribe sin hache
y hamor con ella.
Pedir permiso para beber y para follar.
La tierra es plana
y llueven las ofertas de trabajo,
torrencial diluvio de esclavitud
vendido como tu paraíso.
Prohibir por decreto la juventud y
el amor.
Es lo que quieres en el fondo
porque tú ya no puedes follar
ni en sueños.
Cuando tengo razón, tengo razón
pero nunca me digas ya te lo dije.
Chicos siempre en apuros.


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El miedo es como el fuego

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El miedo es como el fuego. Me pasé la primavera de este año caminando por Madrid, de arriba a abajo y de abajo a arriba, diciendo a todo el que quisiera escucharlo con un ferviente odio anti gilipollas que si me encontraba a Emiliano García-Page por la calle le iba a meter un puñetazo en toda la cara de cerdo subnormal que tiene. Ahora ya se puede decir la palabra “subnormal” sin ofender a la pobre gente que sufre el dolor de una discapacidad mental de nacimiento, porque los subnormales ya hemos aclarado que son estos otros del estilo de Emiliano el bocachancla. También juré sobre la biblia de Madrid y sobre las tablas de su ley no escrita que si me sucedía el mismo encuentro con el montón de mierda de Chimo Puig le arrancaría el peluquín de cuajo sin mediar palabra. Pasaron los meses entre maldiciones y odios, y al fin traspasamos la frontera con Francia, y comencé a entender lo que sentían esos vecinos que cada año me hacen encontrarme tan bien allí, y entonces también prometí que si me encontraba al lamepollas de Emmanuel Macrón le metería una bofetada en la cara con la mano abierta, un buen cate que le dejara marcados mis dedos en esa faz asquerosa de moreno de rayos UVA que tiene ese ser. Macrón da soberano asco a gran parte de los franceses, y por extensión a mí también, provoca arcadas cuando abre la boca y cuando calla. Es una mierda con patas. En una ocasión me encontré durante unos instantes a solas en la antesala de entrada de un museo con Jose María Aznar. Fueron apenas diez segundos, incómodos, porque se cerraron unas puertas automáticas y su séquito quedó al otro lado, pero él pasó y allí estuvimos sin mirarnos el uno al otro más que de reojo porque yo estaba por casualidad esperando, como casi siempre, a alguien que siempre me hace esperar, de mal humor y no le solté una hostia como quizás hubiera debido hacer, porque luego él organizó aquella repugnante manifestación de los paraguas después de los atentados del 11 de marzo en Madrid, aquella concentración a la que asististeis casi todos que daba tanta vergüenza y arcadas porque os estabais tragando una patraña manchada con sangre de vuestros vecinos, y él merecía una buena hostia, pero mira que soy gilipollas que aquel hombre hasta me produjo en aquel instante ternura y pena, a mí, que soy la mierda del lumpen más bajo y rastrero, que yo sí que la doy. Aznar tenía unos buenos abdominales y seguramente se hubiera defendido bien con un golpe de aikido, ese arte marcial tan poco heterosexual, o mediante movimientos espasmódicos como los que hacía en la cama de Rashida Dati. Tenía el cuerpo bien cuidado porque entrenaba por las mañanas unas tablas de ejercicios con el viejo pelota repelente de Bernardino Lombao, que si le hubiera dejado Jose María se la hubiera felado sin problemas, y además porque debía ir de putas una noche sí y otra también a Capitán Haya para tratar de olvidarse de la cara de su mujer, que es más fea que pegar a un padre con un calcetín sudao, y que quizás por ello, por ella, él me daba cierta pena, aparte de por tener esos hijos tan feos y gilipollas, que superaban incluso a los imbéciles vástagos de Felipe González, aunque no eran tan horrendos como las hijas focas del idiota de Zapatero.

Cruzamos la frontera el 1 de agosto con bastante aprensión por lo que nos pudiéramos encontrar. Íbamos trufados de certificados de vacunación y todas esas mierdas que nos han hecho creer que iban a ser necesarias para circular por el mundo. En las garitas de la frontera no había ni un mísero policía y más tarde nos enteramos de que hacía meses que no controlaban estos pasos entre países yo creo que por pura vaguería. Pensábamos que los franceses estarían portándose dócilmente con sus poderosos y sus normas, porque durante la supuesta normalidad planetaria ese país suele ser un remanso de paz en contraposición al nuestro. Pero nada más lejos de la realidad. El francés, como dice mi amigo Mercado Navas, es un ser acostumbrado a ir con el “no” por delante frente al poder, como diciendo siempre al interlocutor de enfrente aquello que se gritaba antes en los campos de fútbol de “me cago en tu puta madre por si acaso”, el francés está vacunado de nacimiento mediante una inyección de irracionalidad contra las mentiras y las caras de cartón. Cuando cruzamos, el país del norte de Los Pirineos estaba descontrolado absolutamente, nadie llevaba mascarillas y todo el mundo trataba de ignorar la enfermedad mediante un juego de “ojos que no ven, corazón que no siente” que por una parte puede parecer un tanto suicida, pero ante tal sarta de imbecilidad reinante en los gobernantes y en la ciencia es lo mejor para quitar el miedo a vivir a cualquiera. Vivir mata, hijos de puta. Porque sí, el virus existe, y sí, las mascarillas y las vacunas evitan el sufrimiento, pero vosotros habéis causado mucho más, muchísimo, soltando todas esas heces supuestamente bienintencionadas por vuestras sucias bocas, cosa que nunca olvidaremos y trataremos que los demás, esa masa hija de puta que os arrolla, tampoco lo haga.

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Hemos sufrido un bombardeo constante, y continúa, desde todos los frentes para que nos creyéramos que somos muy malos y que no merecemos nuestra libertad. Querían que nosotros mismos nos atizásemos con el cilicio en las nalgas, querían no tener ni que trabajar para imponerlo, que surgiera esa fuerza interior del gilipollas de nosotros mismos para que implorásemos recibir castigo. Afortunadamente el cartón se terminó por caer, y ahora los llamados “jóvenes”, esos tan malos, salen a la calle a defecarse en vuestras caras. Ahí lo tenéis, os lo habéis ganado a pulso, ese maravilloso espectáculo de niños borrachos y contenedores volcados. Comprar una botella de ginebra y darle doble uso, primero que el líquido te haga olvidar por un rato la mierda que es vivir, el dolor y vuestras caras de buenos mierdas, y después lanzarle el casco de vidrio no retornable a la policía municipal para que se den cuenta de que ellos no mandan en nadie, que son una escoria de vagos que no han ayudado ni por el forro en los peores momentos. Joder al poder, a sus lacayos, y de paso dejar un poco de basura para que quede claro que vuestra supuesta lucha por la noble causa del medio ambiente nos importa una mierda, ver a esos “jóvenes” joderos de este modo vuestras avenidas y vuestra tranquilidad me da por pensar al menos durante una décima de segundo que no todo está perdido, que esa lava de volcán del botellón os demuestra que no vamos a tragar con todo y que sois inútiles intentando que lo hagamos. Decíais que había controles en las carreteras, que estábamos aislados, que no debíamos movernos, que eso lo solucionaría todo, pero lo único que solucionaba es que os quedabais más tranquilos teniéndonos atados por nosotros mismos. Cómo os crece la nariz, hijos de puta, se os nota demasiado.

Estábamos en Francia y mi hermana me envió un mensaje guasap para decirme que mi tío se había muerto. Noventa y dos vueltas al sol ha dado. Ya llevaba un tiempo muerto, porque perdió la razón hacía unos años. Ya no era el mismo cabronazo echado para alante que fue. Primero me enfadé con mi hermana, porque pienso que esas noticias no deben darse cuando estás lejos, pero después me di cuenta de que me quitaba parte del marrón de encontrarme a mi madre de sopetón montando el típico drama, llorando sin lágrimas como lo hacen los viejos que ya no tienen memoria ni para el dolor. Hacía un par de años que mi madre y él no se veían, solamente hablaban a diario por teléfono, pero no se visitaban nunca, y eso que vivían a menos de un puto kilómetro de distancia. Siempre había una excusa perfecta. El año pasado murió también su mujer. Descansó por fin de mil achaques, de varios cánceres y del parkinson, y también de él, porque fue un tipo bastante insoportable y algo postinero. Su mujer tenía una hermana en una residencia con alzheimer a apenas quinientos metros de su casa y nunca fueron a verla, murió sola sin acordarse, afortunadamente, de ellos. A mi padre nunca le acabó de caer bien mi tío, porque mi padre de primeras siempre fue confiado con la gente y luego se llevaba hostias. A mi padre se le daba bien la gente, pero no le gustaba tratar con ella, como a mí. Prefería dormir tumbado sobre una piedra que tratar con gente, a pesar de ser buena persona y tener cierta simpatía innata incluso sin beber, que ya cuando bebía era el rey de las fiestas, tenía mi pobre un pedo muy gracioso. Era bueno, mi pobre pies grandes. No como mi tío. Ni siquiera llamé a mis primos, ya hace tiempo que me di cuenta de que no habitamos en el mismo mundo, y es mejor así, ser realista y afrontar que no hay nada de lo que hablar. Mi madre, gracias al Dios Covid, no tuvo ni que ir de entierro. Gracias, Covid, que estás en el interior de cada hombre, e incluso en los divinos cielos, por salvarnos de mierdas sociales y de tener que saludar dando dos besos, que es una cosa que siempre he odiado a muerte. Me llevaban al pueblo de mi abuela y como yo era muy mono tenía que besar a todo el mundo, y yo sentía profundo asco, porque cuando de muy pequeño estuve muy enfermo esas mismas gentes tan efusivas apartaban a sus hijos de mí, y por una parte era puto sentirse solo, pero por otra te enseña lo mierda e hijos de puta que son todos los humanos y lo asqueroso es el trato con ellos. Cuando estuve para morirme solamente estaba mi madre, mi padre y mi tía Antonia, y de verdad que los demás os podéis ir a tomar por culo de mi vida o de año sabático permanente, y me haréis un gran favor.

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Todavía queda alguna esperanza en la humanidad. Los jóvenes borrachos acosando a la policía municipal, quemando el centro de las ciudades para que no estéis agusto en vuestras chozas, y también deja ver rayitos de esa puta luz verde placentera poder comprar cecina del Bierzo, o de donde mierdas sea, en Aldi a dos Euros cincuenta, y cerveza Oettinger de ochenta y cinco céntimos el medio litro, y comérselo y bebérselo todo ésto en casa sin que nadie te moleste a la salud de todos esos chavales salvajes. Y ver en la tele a Sean Young con el pelo desbocado a lo afro lloriqueando porque se va a morir en plan replicante, y pensar en cómo acosaba sexualmente al idiota de James Woods y el subnormal ciego la ignoraba, esa imagen también hace pensar por una milésima de segundo en que esta Tierra no se debería ir toda por el sumidero hacia el depósito de caca que es el mar. Amo echar una buena meada debajo de uno de mis pinos favoritos de Madrid, y que esa agüita amarilla recorra el Manzanares, luego el Jarama, porque el Tajo en realidad es afluente del Jarama y este baja hasta Portugal como en una gran eterna mentira que nos creemos porque no hemos visto nunca al uno confluir con el otro en Aranjuez, y que finalmente vierta mis orines en el mar para contaminarlo, que se evapore y caiga como lluvia ácida sobre tu cara cuando miras al cielo de Madrid. Madrid y su cielo azul hollín que tú quieres que sea puro, pero que nunca lo será para ti. El fuego es como el tiempo. Madrid nunca te prometio ser la tierra prometida.

El miedo es como el fuego
el fuego es como el tiempo.
Cervezas en el congelador,
sacarlas justo antes de que se hielen.
Sean Young con el pelo a lo afro y
Cecina de león
a dos Euros con cincuenta céntimos.
El Jarama es quien manda sobre el Tajo
aunque vuestra mentira gobierne el mundo.
Manos acartonadas al levantarme.
Odiar el invierno,
desear
fervientemente,
con todas mis fuerzas,
que se mueran
con dolor
García Page, Zuckerberg, Musk, Chimo Puig y Jeff Bezos.
Acidez estomacal todas las noches.
Docurealitis en la tele.
Carlota Corredera eclipsando el sol con su culo.
Nadie te prometió la tierra prometida.
Masturbarse pensando en ti desnuda
una y otra vez,
una vez detrás de otra, tierraprometida4
como único sentido del universo.
Si no duele no vale,
si no te arde
es que estás muerto.
Y Daniel Prieto mezclando prozac con
ginebra y
sin
poder empalmarse.
Eustace Conway serrando maderas,
y haciéndose pajas
en su aserradero.
Emmanuel Macron
chupando pollas
a dos manos,
con un botellín de cerveza Oettinger,
de Aldi,
milagrosa cerveza,
metido en su culo.
Asco, asco y más asco
como destino de tu vida.
Heterosexualidad patriarcal
bendito sea tu nombre,
hágase en sus chochos tu reino.
El miedo es como el fuego
el fuego es como el tiempo.
Si no duele no vale,
si no te arde
es que estás muerto.
Nadie te prometió la tierra prometida.
Botellones en la calle,
contenedores ardiendo,
policías municipales apedreados,
maestros de hacer el vago con gorra,
la juventud borracha como única esperanza,
Juventud follando policías
juventud quemando ciudades
juventud bebiendo Covid y botellas de los chinos.
Soñar con una zarza ardiendo que no se quema.
Dios Covid, arquitecto del mundo,
Virus maravilloso deshollinador del universo.
El Jarama vierte agua sucia en Lisboa
porque manda sobre el Tajo
aunque tu puta mentira gobierne la Tierra.
El miedo es como el fuego
el fuego es como el tiempo.
Si no duele no vale,
si no te arde
es que estás muerto.
Nadie te prometió la tierra prometida.


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