Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
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Deuteronomio

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Madrid. Hace calor a finales de octubre. Madrid tiene los ojos grises, llenos de legañas, preciosos ojos sucios. El calentamiento global avanza, gracias a Dios, a un Dios amable y generoso, o a la nada, la maravillosa nada. A mí me gusta el calor, cada día más, tu calor. El invierno se acorta. Que le follen al invierno. Ya quedan menos inviernos. Es posible que ese mamón helado se acorte hasta quedarse casi en nada, y entonces yo habré llegado a esa misma mierda de inexistencia, al final del sucio camino, llegaré pronto a ella, pero seguiré aquí hasta entonces, eso está claro, como un puto árbol podrido. Cuando lees estas mierdas que escribo piensas en si van dirigidas a ti, y es cierto, van a tí, y hacia otros muchos hijos de puta a los que odio, pero también a otros, muy pocos, a los que amo, aunque amar siempre suene a cursi. Te sientes bien cuando te digo lo hijoputas que pienso que son muchos de esos que se autoproclaman santos, aunque a veces te parece que tú lo eres y que lo tienes todo, toda la bondad y todo lo bueno junto, y que yo no soy más que un cabrón de esos que pululan por Madrid dando sermones sobre lo malo que es el hombre, el mono humano. Pero a veces despiertas de repente y te das cuenta de que no vas más que a ninguna parte, exactamente como yo, aun con toda tu supuesta moral heredada vencedora e incorruptible, aún llevando todas esas joyas heredadas de tus antepasados en tu mochila, toda esa mentira que no vale ni para tomar por el culo cuando caminas sobre estas calles.

deuteronomio2El día de todos los santos mi padre siempre compraba un kilo de buñuelos de viento. Al principio solamente los hacían de nata y de chocolate, pero luego sacaron la especialidad de crema. Mi abuelo al parecer había empezado con la tradición de comprarlos cuando trabajó en La Mallorquina durante un tiempo. Mi padre cogió el testigo de comer nata y chocolate deliciosamente rebozada, pero cuando se introdujo el tercer sabor se producía un cisma familiar entre nosotros, porque nos acusábamos mutuamente de devorar los de chocolate y de nata de forma egoísta y dejar para el más tonto los de crema. Mi padre se ponía de muy mala hostia con ello, y blasfemaba. Solía cagarse en Dios y en la puta virgen, literalmente. Un año a mi padre se le ocurrió vender helados en la tienda. Corrían el principio de los años ochenta, y le trajeron un arcón entero de Frigo. Había Frigopies, Frigomanos y Frigopollas, pero el helado estrella, el que todos queríamos comernos, era el cono de chocolate denominado de forma acertada, pero políticamente incorrectamente para el siglo XXI, “negrito”. Cuando mi padre bajaba por la tarde a despachar siempre se comía uno o dos africanos de chocolate. Si mi padre entraba a la trastienda, aprovechábamos para comernos uno nosotros. Así fuimos deglutiéndolos todos. Mi padre escudriñaba la caja de esas delicias de chocolate y cada vez quedaban menos. Los Frigochochos y los Frigomierdas estaban allí todos, intactos, pero los panteras negras cada vez mermaban más, y él nos echaba la culpa a nosotros y nosotros a él, y ambos bandos teníamos razón. Los helados fueron muy deficitarios aquel verano y juró que no los traería más. Los polos de limón, los Dráculas y los Frigoculo que quedaban se los casi regaló a mi amigo Vicente, le vendió cuatro cajas por veinte duros. El Vicente fue muy feliz por un rato, hasta que se los comió todos y le salió un terrible acné por todo el cuerpo, porque el médico le había prohibido comer azúcar a saco. Mi padre y el Vicente estarían ahora prohibidos, en chirona, por tomar demasiado azúcar. Van a prohibir el azúcar pasado mañana, para que te mantengas bien forma y no hagas gasto a la seguridad social.



Una chica queda con una amiga en la habitación de su colegio mayor. No hacen la tijera, porque son cristianas católicas, pero hay quien dice que en el fondo se desean. Se sientan delante de la ventana y preparan su teléfono móvil para grabar. Vigilan el bloque de enfrente, un colegio mayor de tíos en el que habita un amigo suyo, que les ha pedido que graben un bestialismo grupal que van a realizar para anunciar una fiesta de alcóhol y drogas que van a realizar el siguiente fin de semana, a la que todos irán a intentar follar. A la hora en punto ponen a funcionar la cámara apuntando hacia el machocolegio, y comienza el espectáculo, en el que mediante una perfecta coreografía de groserías y gritos los jóvenes se llaman unos a otros a los habituales rituales de apareamiento. Las dos chicas suben el video al llutube y se hace viral. Al día siguiente pongo la tele y de repente ponen el vídeo en el programa del hijo feo de Joaquín Prat. Me descojono. Pero al presentador y sus contertulios parece que les ofende la acción y que la ven como una afrenta al mundo y al ser humano. Después sacan unas imágenes de unas supuestas chicas feministas quejándose en la puerta del colegio femenino con pancartas, unas chicas del sindicato de estudiantes, un ente liderado por un tipo que hace veinte años que terminó la carrera. La derecha y la izquierda se dan la mano tertulianamente para condenar esa violencia tan tremenda que es chillar, beber y follar. Porque la izquierda y la derecha quieren ser los dueños también de vuestra moral y de vuestros cuerpos. Quieren que seáis todos abstemios y que folléis, por ley, con amor. Quieren encauzar vuestras fantasías sexuales hacia el bien. En las tertulias televisivas tardan diez minutos más en echar la culpa de todo al porno y a los jóvenes, personas vagas y sin expectativas ni valores vitales que levanten al país. Me cago en toda vuestra puta moral, cerdos. Quieren que todos seáis como Los Monkees, o como Los Archies. Que seáis dibujos animados. Entonces provocó el efecto contrario, escuchasteis sus canciones de mierda y os inspiraron: visteis sus caras de hijos de puta y os hicisteis creyentes en el alcohol y las drogas, sin rastro de duda en el pensamiento, os hicisteis borrachos, drogadictos, putas y chaperos para llevarles la contraria a todos esos mierdas. ¿Quién os ha dado vela en nuestro, en su, entierro, hijos de puta?

deuteronomio4Fatty Arbuckle era un gordo muy ágil que triunfó con sus películas de cine mudo. Hacía gracietas ingeniosas que encantaban a la muchachada. Se hizo muy famoso. Fatty, o Roscoe como se llamaba en realidad, era un tipo borracho y libertino. Su mejor amigo era cara de palo Buster Keaton. A Fatty le gustaba correrse juergas. Montó una grande en la habitación de un hotel, con mujeres y alcohol suficiente para calmar su sed de gordo gracioso. Cuando todos estaban pedo una de las chicas entró a cagar al water, y se encerró, y no salía. Llamaron a la puerta pero no contestaba, tuvieron que tirarla abajo. Cuando entraron vieron que ella sangraba abundantemente por la vagina. Trataron de parar la hemorragia como pudieron, pero ella murió. Vino la policía, los lacayos de turno que paraban por allí. Detuvieron a Arbuckle. A la prensa no le gustaba Fatty, porque era un gordo famoso y le gustaban la farra, las gachises y el alcohol. Corrieron la voz de que él había violado a la chica con una botella debido a su impotencia y que eso la había matado. William Randolph Hearst, ese hijoputa, se encargó de difundir la historia. Acabaron con la carrera de gordo gracioso de Fatty, aunque fue exonerado totalmente en el juicio. La masa hizo su juicio moral paralelo, el juicio puritano y estúpido de la masa informe humana, esa a la que no le gusta que la gente se divierta, a los que les da rabia que un gordo sea feliz. Solamente Buster Keaton siguió dando trabajo a Arbuckle, fue el único que siempre le creyó. Fatty murió a los cuarenta y seis años de un ataque al corazón, Keaton dijo que la gente se lo había roto fácilmente porque era un buen tipo. Me cago en vuestra moral, abstemios.

Aquella noche estábamos en la puerta de la Facultad de Derecho de la Complutense. Dentro había una fiesta del club deportivo de esa facultad de la ley y el orden, e intentábamos provocar una avalancha entre el gentío para entrar gratis. Empujábamos a la gente contra la puerta, el miedo al aplastamiento hacía el resto, ya habíamos entrenado la maniobra muchas veces en el fondo Sur del Bernabéu. Hasta que cedió, petó el cristal y la puerta se derrumbó. Entramos todos en tropel, como hijos de puta desbocados. Nadie, milagrosamente, salió herido, salvo algún corte que otro, pero entonces no había nunca heridos, nos limpiábamos la sangre, poníamos cara de póker y seguíamos. Llegamos a la barra y allí estaba el Sevillano, un héroe de ese deporte tan noble que es el rugby, un deporte para gordos fuertes donde gana el hijoputa capaz de hacer más daño al contrario, nobleza extrema. Tenía la mano hinchada, me contó que le había partido la mandíbula al pilier de un equipo contrario pero que se había roto el pulgar porque había dado mal la hostia y le habían tenido que meter una placa de titanio para soldárselo. Me puso una copa con un ligero sabor a Coca-Cola, casi todo whisky de garrafón. Sacó una botella por debajo del mostrador y nos la dio, regalo del club y del deporte. Nadie se explicaba cómo Sevillano había aprobado COU, pero había entrado en derecho porque solamente pedían un aprobado de media. Además, él no pegaba nada en aquella facultad de nazis, porque decía que era comunista del PCPE. Comunistas y nazis, todos borrachos a una. Aprobó la carrera y ahora es madero en Baleares. Mi medio hermano se puso a mear sobre una columna del hall de la facultad en medio de la fiesta, y el único guarda de seguridad que había entre la muchedumbre lo vio y se lio a perseguirlo corriendo alrededor como en el cine mudo cómico de Buster Keaton y Fatty Arbuckle. Consiguió terminar de mear sin ser alcanzado. Salimos de la fiesta y él condujo borracho hasta casa, porque además con mucho alcóhol en el cuerpo se conduce siempre mejor.



Moises se dirigió a los judios antes de entrar a la Tierra Prometida en unos discursos coñazo en los que Dios les decía lo buenos que tenían que ser y cómo tenían que actuar para ganarse un lugar en el reino. Pero todo era mentira. Moisés era un cabrón con patas con mucha labia, y en realidad se lo inventó todo para que su familia siguiese dominando a las masas narigudas y avarientas judías. La moral y el arrepentimiento llevarían a los israelitas hacia Yahvé. Era el Deuteronomio, que hoy sigue y seguirá para siempre. Seguiremos viviendo en el Deuteronomio, eternamente. Ahora está de moda entre la gente de bien elogiar a sus hijos cuando éstos sacan buenas notas y son abstemios. Me siento a tomar unas cervezas con mi medio hermano y mi medio sobrino y éste último me alarma cuando me dice que no le gusta ese maravilloso zumo de cebada. Pero me traquiliza cuando me cuenta que él lo que toma es ron con Coca-Cola. No te fíes nunca de un abstemio, ni de cualquier cosa que te diga alguien mayor de veinticinco, como decía Homer Simpson. Les gustan los jóvenes que sean tan viejos como ellos, los que absorven moral y no alcohol. Los jóvenes que creen en el Deuteronomio como futuro, en su Deuteronomio. deuteronomio3La derecha y la izquierda se dan la mano en el Deuteronomio. Veo a los jóvenes hacer retroceder a botellazos a la policía municipal y pienso que por esa rendijita hay esperanza. Se han emborrachado y estando pedo y drogados se han dado cuenta de que todo es mentira y que son muchísimos más que la policía. Los lacayos, cuando se ven en minoría, salen corriendo como conejos y dejan a los amos del Deuteronomio con el culo al aire.

Madrid, tu amor es de sombra y de jodido dolor. Os creéis el centro de la fiesta, siempre. Siempre crees que estas mierdas que escribo se refieren a tí. A veces sí, de muchos hijos de puta me acuerdo siempre. Ya sabes, Wittgenstein escribió aquel libro tan putamente mal escrito e insoportable en cuanto a estilo en el que venía a contar que las palabras tienen el significado que tú le quieras dar en cada momento. Lo que quiere decir es que cada cual puede expresar lo que quiera, pero que los hijos de puta es mejor que te dejen en paz, que debes mantener a su moral lejos, que no debes darles vela en tu entierro, porque lo que persiguen es que creas que las palabras significan siemrpe lo mismo, o sea, lo que a ellos les parece, lo que les conviene que creas. Vi la cara de Madrid, su sucia cara, y me hice creyente. Me quedé prendado de tu rostro y dije que jamás podría olvidarme de tu mirada gris hollín, Madrid. Me cago en vuestra moral, hijos de puta. Madrid y yo nos cagamos en tí.

Deuteronomio
era un antiguo útero
social.
Por favor, hijo de puta,
márchate de mi entierro.
La tierra prometida.
Abstemios.
Jóvenes viejos.
Querer follar y no poder.
Jóvenes de ochenta y tres años.
Eso es lo que quieres que sea el mundo.
Carly Simon metiéndose un pico con James Taylor.
Bonnie Tyler
cagándose en tu cara,
en un eclipse de mierda sobre tí.
Kebabs de caca de cordero.
Fatty Arbuckle y Buster Keaton borrachos
riéndose de tí.
Te esperaremos con los brazos abiertos
allá abajo.
Los Archies
haciendo una orgía.
Los Monkees tocando rock and roll.
Deuteronomio
no se refiere a tu coño
aunque suene a ello.
Tu amor es trolera sombra.
Tu dolor de tripas no es apendicitis
sino gases.
Moises, el más mentiroso de los judíos
se fue a cagar al monte y
bajó con las tablas de la ley.
Madero y, luego, comunista,
nada es imposible.
Cerdos huyendo de la matanza.
Ojos con legañas
que te hacen ver claro.
Wittgenstein haciéndose el muerto,
retorciéndose en su tumba.
Baño de vapor moral
que limpia hasta el sucio tuétano.
Derecha e izquierda dándose la mano
para que folles con amor.
Prohibir los helados con sabor
a polla
por si acaso acaban por gustarte.
Mejor que vela
date
hijo de puta
boleto
de mi entierro.
Deuteronomio
es el útero de
tu madre,
como la boca del metro de
Tirso de Molina
donde puedes irte
a cagar
a la vía.
Nubes de leche
de hombre
en tu café.
No eres nada
ni nadie,
eres tan mierda
como yo.
Siempre piensas que todo habla de tí,
pero no eres más que cagada de perro en el jardín,
que se seca y se la lleva la lluvia
sin esfuerzo.
La tierra prometida
no existe porque
tu Moises
subió al monte a cagar y
bajó con las tablas de
tu ley.

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Vivir y cagar

cagar1

Madrid. Cada día me cuesta más dormir. Me arde el estómago y a mi cabeza le da por acelerar al máximo para no dejarme descansar. Acelerar y acelerar. Cierro los ojos. Madrugada debajo del cielo negro y sucio de Madrid, que no deja ver apenas las estrellas. Ayer lanzaron al espacio un cohete, hacia un meteorito. El pobre piñón de Gibraltar aeroespacial era inofensivo, pero los científicos, esa gente tan maja e infalible, querían probar que podían desviarlo. Así, en caso de ver que llegase una roca de estas pero más cabrona, lanzarían otro pepino y no caería sobre el puto planeta Tierra. Se frotaban las manos al lanzarlo. Dieron en el blanco. Ahora tardarán veinte años en saber si el puto misil fue eficaz realmente. Pero se sentirán muy bien, como dioses.

Francia ya es un poco para mí como Madrid. Hace décadas que, cuando Madrid ya casi no me deja respirar, nos marchamos allí a recuperar el aliento. Vamos siempre de cámping a Francia y nos gusta mirar las estrellas antes de dormir. Por las noches tenemos que guardar el azúcar en botes lo más herméticos posibles, porque las hormigas no se sabe cómo son capaces de penetrar cualquier defensa para acceder hasta esta materia maravillosa. Trepan por cualquier caja, para ellas como un Everest y se introduen por cualquier ranura, espeleología extrema, para suicidarse en el placer dulce. cagar2Tragan azucar hasta morir y las encuentras extenuadas en el interior. Sueles limpiar de cadáveres las primeras veces el recipiente, pero luego da igual, las hormigas también son proteínas. Ahora quieren prohibirte tomar azúcar. Es el próximo paso, que no tomes azúcar. Luego vendrá el que pagues todo con tarjeta de crédito, exterminarán el papel moneda, por tu bien. También para preservar tu salud no paran de repetirte que el azúcar es el demonio. Cualquier cosa que te resulte placentera van a prohibirla, incluso el sexo sin amor, habrá muy pronto un ministerio que velará porque folles siempre con consentimiento y con sentimiento. Tomarás el cafelito sin azúcar y sentirás que estás salvando al planeta, te hincharás de gozo y ya podrás mirar por encima del hombro a todos esos malvados que siguen fumando, bebiendo, disparando y tomando azúcar. Dentro de poco, cuando observes a alguien que paga con billetes o sucias monedas pensarás que es un defraudador, que tú también eres el estado, que el estado sois todos, y que él te está robando tu libertad de ser bueno. Irás a manifestaciones para salvar a la sanidad pública, contra el cambio climático, contra el maltrato animal. Te sentirás muy bien con todo ello. Hasta dejarás de comer gluten, que te irrita el intestino. Pasado mañana te encontrarán un cáncer, y los médicos te aconsejarán dejarte mutilar, para alargarte un par de años la vida, con mucho dolor, y tú te sentirás bien haciendo avanzar a la ciencia con tu cuerpo. Te dirán que podrías curarte, que hay esperanza. Pero al final irás y te morirás. El azúcar ya no tiene futuro. Ni tú, aunque no lo comas.

Billy se murió sin ver al Galgo. Fueron uña y carne durante mucho tiempo, pero en los últimos años apenas hablaron. Océanos de tiempo. No pudieron reencontrarse. Cuando me enteré de que Billy tenía cáncer de pulmón ya era inoperable, solamente le ofrecían radioterapia sin mutilación. Cuando no hay forma de mutilarte es que te vas a morir, los médicos entonces quieren probar suerte achicharrándote con radioactividad, a ver si te alargan el dolor extremo unos meses y pueden joderte bien para justificar su trabajo, su profesión y los avances de la ciencia. A eso le llaman esperanza. Y Billy palmó y no se vieron el Galgo y él, y solamente unos meses más tarde el padre del galgo se puso muy malito y el hermano de éste le llamó por teléfono preguntándole si era necesario ir a verle en ese momento o si había que esperar a que se muriera, para hacerlo todo más fácil, sin esfuerzo. Mi padre estaba moribundo y mi hermana me llamó por teléfono para preguntarme qué me parecía que fuese de fiesta con su novio de entonces en nochebuena y nochevieja, que se conocían hacía poco y había que aprovechar el tiempo para follar algo. No supe qué contestarle, ni hoy tampoco lo sé, llevo veinte años pensando qué contestarle. El galgo tiró las cenizas de su padre al mar y las del mío están metidas en una descalzadora debajo de mi mesa. El Galgo dice que ha empezado a pasar el duelo de Billy unos meses después, de pronto, pero yo pienso que eso no es más que de repente ha empezado a darse cuenta de que el tiempo corre como Usain Bolt y da vértigo solamente de pensarlo. Vértigo. Prefiero que no me mutilen y morir pronto. cagar3Prefiero el dolor a estar en el hospital. Odio al personal sanitario y los pasillos de esos mortuorios. Por favor, no tantas mentiras de hospital e inmortalidad, hijos de puta. Sin Billy hemos dejado de fumar porros y de beber hectólitros de cerveza, ya no vale la pena sin él. He dejado los porros, pero me dijo que siguiera robando por él. Llegué un día a su casa y había picado la pared para puentear el contador de la luz. Dejó una bombilla al otro lado para que corriera algo la cuenta de Iberdrola y no se mosquearan. Puto Robin Hood. Tu casa era el bosque de Sherwood.

Hace como siete años. Cogimos un avión a Roma en Ryanair. Desembarcamos en el mini aeropuerto barato de Ciampino, la chonera aérea. Cuando cogimos el autobús que llevaba hasta el centro de la ciudad nos metimos como es menester en un gran atasco a la italiana, miré por la ventanilla y vi un cartel con una tía rubia marcando tetas que rezaba: “Giorgia Meloni, Fratelli d¨Italia”. Me hizo gracia, una nueva Cicciolina para vengar a Iliona Staler, aquella ídola feminista. Hice una foto para Billy, porque siempre hemos adorado y admirado a esos políticos pintorescos del estilo putinesco, pena que como no votamos porque nos lo prohíbe nuestra religión no podemos apoyarles en firme con nuestro sufragio. A veces tengo la tentación de votar pero una luz viene hacia mí y me dice, como una zarza ardiendo, “cuidado con lo que haces, que les den por el culo a todos”, y entro en razón y no voto ni a Meloni ni a nadie aunque sea así de especial y maravilloso. Aunque si Iliona se hubiera presentado por Madrid las dudas hubiesen sido muy grandes aun siendo muy muy religioso en lo mío. Ella debería presidir el parlamento europeo y mearse en la boca de todos los parlamentarios. En una película Cicciolina se la chupaba a un caballo.

Llegamos a la bocana de la cueva de Niaux, un enorme agujero en un monte. Nos dieron unas linternas cutres y penetramos hacia el abismo negro. Caminamos un kilómetro y medio por la oscuridad detrás de la guía, una mujer rubia con cierto atractivo que no necesitaba ni encender la luz para manejarse por aquel mundo resbaladizo, se lo sabía de memoria. Anduvimos todo aquel rato y no sentí claustrofobia en ningún momento, me guiaba el culo de la rubia delante como un faro embutido de forma perfecta en unos pantalones del Decathlón, y ella no nos describía las estalactitas por su forma como “la virgen y el niño”, o “San José limándose los cuernos”, sino que permaneció en silencio en medio de toda aquella geología abrumadora hasta que llegamos a un recodo y alumbrando con las linternas pudimos divisar unos animales pintados en la pared. Los bichos habían sido dibujados hacía ochenta mil años y tenían caras burlonas como de persona. De hecho uno se parecía a Billy y otro al Galgo, parecían sonreír.

Mi madre ya ni se acuerda de que las cenizas de mi padre están dentro de la descalzadora. Se sienta en ella sin problema. Y hace un par de años que no quiere ir al cementerio de la Almudena por los santos, porque antes nos obligaba a acudir en tan señalada fecha porque quería que todos vieran que ella había limpiado la lápida mejor que el resto de sus hermanos, ahora que ellos han muerto no le queda ya ninguna razón para hacerlo, porque todo era un teatrillo en realidad. Los huesos que había dentro importaban poco, ahora me he dado cuenta, solamente era imperativo que la lápida brillase y cagar4que las flores de plástico de los chinos que ponía no estuvieran descoloridas, para no quedar mal ante el resto. Mi perra se estiraba encima de la piedra calentada por el sol cuando la llevábamos allí, nos observaba mientras echábamos el mistol y pasábamos la balleta, en una imagen de armonía familiar con la sociedad y la naturaleza.

Billy me contaba que le gustaba sentarse en la taza del water y que se pasaba allí muchos ratos, sin apretar ni nada, no lo necesitaba, simplemente descansando y echando con placer todo aquello fuera, sin prisas, no le gustaban las prisas. En el Water nadie entra a molestarte, allí puedes aflojar tu mierda como capa protectora sin que nadie tenga ganas de venir a contarte su vida, a enseñarte fotos de sus vacaciones ni a hacerse selfis contigo. Cagar es lo mejor de vivir. Cagar un meteorito, cagar trufas, qué más da. A ti te han dicho que tienes el colon irritable porque cagas tres o cuatro veces al día, pero en realidad querían decir que eres irritante a causa de tu colon. Se hace de noche sobre Madrid. Intento dormirme. Me acuerdo de tu cara sonriente. Cierro los ojos despierto. En Madrid siempre hay que tener un ojo abierto. Iliona Staler presidiendo el parlamento europeo. Nada de juegos, Cagar y vivir. Cagar y vivir. Cagar y vivir. Tal vez dormir. Madrid.

Cagar y vivir
todo el tiempo.
Soñar con cagar,
cagar despierto.
Hojas muertas,
gastritis,
colitis ulcerosa,cagar5
insomnio,
la noche ganando terreno al día
cada vez más deprisa.
Tu cara reflejada en un cenicero.
Sin tí no fumaremos más porros
pero te prometí no dejar de robar.
Cohetes espaciales
hacia vuestros culos
para desviar la trayectoria
de la muerte.
Prohibir el azúcar
y el papel moneda.
Cielo sucio y negro.
Salvar el planeta
chupándola como Iliona Staler.
Madrid Francia.
Billy se murió sin ver al Galgo.
Papá, tus cenizas están
todavía en la descalzadora.
Prisa por vivir.
Ganas de cagar
a todas horas.
Colon irritante.
Cada día me cuesta más dormir,
gracias al ardor de estómago.
Hay que aprovechar los días, las horas y los años
para follar lo más posible. cagar6
Nochevieja en el hospital.
Alta voluntaria del mortuorio.
Morir pronto
más que tarde.
No es lo mismo estar cagando
que vivir cagado.
Meloni zarza ardiendo.
Animales
pintados hace cien mil años con
cara burlona de
persona.
Tu casa es el bosque de Sherwood.
Limpiar las lápidas
con Mistol,
pasar balletas por encima de los muertos.
Sentarte en tu taza
a meditar.
Vivir y cagar todo el tiempo.


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Mejor muérete después de comer

muerete1

Madrid. Mi madre se sienta a comer y siempre, todos los días sin excepción, todos los putos días de Dios o de la nada delante de mí, se queja porque no le gusta lo que hay en el plato, o porque no quiere comer tanto, o por ambas cosas a la vez. Siempre pone mala cara, de sufrimiento, ante la comida. Y cuando se da cuenta de que tiene que ceder y meterse la manduca por la boca y tragar, entonces dice su frase preferida: que quiere morirse, que quiere irse ya. Comimos los tres juntos, mi hermana, mi madre y yo. Pedimos una pizza a los pizzeros que han abierto hace poco enfrente en lo que antes era el bar de Antonio y Manolo. Nos hemos vuelto así de vagos. Compramos un sobre de lechuga iceberg, de esa tan artificial y crujiente ya cortada, para acompañar y que el pan de pizza industrial no nos hiciera tanto efecto atrancante en los intestinos. Pizza cuatro quesos, quesos que tienen de queso lo que yo de monje salesiano. Y peleamos un rato para que mi madre se comiera un par de porciones. muerete2Y terminó haciendo como que lloraba, pucheros, lloraba sin lágrimas, porque no quería comerse aquella imitación de pizza ni aquella imitación de lechuga. Llorar sin lágrimas. Es todo un arte. Hace poco me saqué el quinto dan del cinturón negro anti chantaje emocional, soy el Bruce Lee del anti chantaje. Pero sigue impresionándome verla gimotear aunque sea de ese modo, y también escucharla decir cien mil millones de veces al día, tantas como las asesinas estrellas del cielo, que quiere morirse, que quiere irse ya de una vez.

Entre los cinco y los ocho años fui a un minicolegio de esos que había en los barrios de Madrid antes de que abrieran en masa los colegios nacionales, la gran obra de caridad de la transición hacia el lumpen. Los viernes por la mañana nos llevaban a la Dehesa de la Villa y nos soltaban a nuestro libre albedrío en el interior, a hacer lo que nos diera la gana. Pasaban de nosotros, era maravilloso. Los primeros días yo lloraba por el camino, no se sabe muy bien por qué. El colegio lo llevaba una familia de tres hermanos. Donato, el mayor, nos conducía en fila de a dos hasta el parque, y yo lloraba y lloraba, y él me decía que así era mejor, que se ensanchaban los pulmones y que se meaba menos. La Dehesa en primavera se convertía en una sabana de margaritas altas hasta la rodilla. Jugábamos al fútbol en una hondonada y nos peleábamos a pedradas y empujones. La mañana pasaba rápido y me fui acostumbrando y dejé de llorar y se convirtió en mi lugar preferido en este puto mundo. Cuando tengo que escapar me voy allí y me tumbo en el césped y me siento un poco feliz. Es como mi casa. Y cada día me cuesta más llorar. Siempre he llorado más por desesperación que por tristeza. La tristeza se vive por dentro. Las ganas de matar que da la desesperación se arreglan a golpes y a lágrimas.

En tercero de EGB juntaron dos de estos minicolegios y en uno. Pusieron juntas las clases de tercero, cuarto y quinto. Cuando me subieron de curso me sentaron con Javi, que venía del otro mini colegio. Mi padre me preguntó que con quién me habían puesto en la clase, y cuando se lo dije se rio. Todo el mundo sabía que el padre de Javi robaba, sobretodo bancos, sucursales bancarias, a punta de escopeta o de lo que fuera. Y Javi era un tío espabilado, con una sonrisa siempre de oreja a oreja. Durante algunas temporadas su padre llevaba buenos coches y sus hijos buenas ropas, pero en otras lampaban y llevaban los zapatos, los únicos que tenían, gastados. Javi tenía muy buenos puños y muy mala hostia, y siempre me cayó simpático. Años más tarde él le pillaba coca al mismo camello que vendía heroína en la gasolinera del barrio a Antonio Vega. El otro día vi el documental sobre la vida de Antonio Vega y me sentí muy cercano a él, a su soledad, y me acordé de dónde pillaban los dos, allí abajo del todo de la calle. En nuestra clase del colegio había un chico que se llamaba Alfonso que era muy zote, y uno de los profesores, Amiano, que era ingeniero pero daba clases a niños, le pegaba con una correa de cartera en las manos y en la cara para hacerle aprender mejor. Y una vez simuló incluso que le ponía una inyección, con aguja armada con jeringuilla y todo, para acojonarle, y le hizo unos pinchazos por las piernas y los brazos, y Alfonso lloraba a lo bestia, con lágrimas, y se le veía sentir mucho miedo a Amiano, que era un pedazo de hijo de la gran puta al que teníamos miedo. Su hermano Donato también nos daba una hostia de vez en cuando, muerete6y había un tercer hermano, Jose Ramón, que era el director del colegio, y ese no pegaba porque era más pacífico. Y un verano volvieron de las vacaciones, muy morenos, y tuvieron que cerrar el colegio porque todos nos habíamos marchado a los colegios nacionales que habían edificiado nuevos y que eran gratis. Se acabó el negocio. Y los echamos de menos, porque nos llevaban al parque los viernes y no hacían caso cuando llorabas y así consiguieron que no llorásemos nunca más.

Esto de internet es una mierda muy grande, pero tú yo yo nos conocimos aquí. No sé ni cómo ni por qué. En este nuevo mundo de putas pantallas. Y es un amor muy puro el nuestro, porque no nos mueve un fin sexual, que es lo que en realidad mueve el mundo, porque nunca follaremos, porque ni me atraen los tíos absolutamente nada ni en mis fantasías salen nunca pollas. Algo bueno tiene que tener esta dimensión podrida humana de las pantallas y los hierros fritos con ventiladores cuando nos hemos conocido en ella, con lo difícil que es encontrar semejantes que no sean gilipollas y que no te mueva hacia ellos el móvil sexual. Y escucho tu voz por el puto guasap y me siento un poco mejor cuando me invade esa sensación de no poder respirar y de que no hay salida al agujero por ninguna parte. Algo jodidamente bueno tiene que tener ésto, tío, Prieto. Pero da igual toda esta mierda, toda la mierda del mundo. Y somos como Caetano y Gil. No me conformo con menos. Guitarrazos y cantar Tierra. Caminar, un pie delante del otro, un día y otro más, hasta que nos mantengamos de pie. Siempre vamos a ser como los personajes de Pekimpah. Soñamos con salir al tiroteo a pesar de que no haya esperanza de terminar vivos, venganza contra el mundo. Alardeamos de que nada nos importa, de que no tenemos nada que perder, de que nadie por mucho dinero y poder que tenga puede decirnos lo que tenemos que hacer si no nos sale de los cojones. Es un poco mentira y un poco verdad al mismo tiempo. No me conformo con menos que con pegar guitarrazos y disparos sobre la tierra. Fuimos Mar y yo a Marciac y entramos al concierto en aquella carpa que construyen una vez al año entre un maizal y un pequeño cementerio. Marciac. Afortunadamente no conocéis ese paraíso y nosotros sí. Y salieron al escenario Caetano y Gilberto Gil y se pusieron a tocar “Tierra”, o “Terra” para ellos, y solamente con su voz me sentí un poco mejor y lloré por dentro y lloro por dentro para que no me vean. Y el sonido sale por ese campo y cruza el mundo de arriba a abajo y de izquierda a derecha, y de norte a Sur, y el tiempo se detiene. Y no sé por qué me salen esas lágrimas, pero salen. Quizás es porque yo también me encuentro preso aquí dentro y algunas cosas me hacen tener ganas de seguir caminando o respirando, quizás como tú dices, Prieto, que me cuentas que siempre hay un rayito de luz y de esperanza en el hombre. Yo te constesto que no, que no lo creo, pero debe ser que en mi subconsciente continúa alguna bombilla de esa gilipollez verde encendida.

Mi madre no puede abrir la cerradura de la puerta. Y llora otra vez. El marco se ha abombado con el calorazo que hace en Madrid y con las décadas que tiene ya la madera y presiona el cerrojo y mi madre ya está perdiendo toda su fuerza. Primero perdió la sonrisa, ahora poco a poco la fuerza. Y no hay manera. Intento enseñarle a hacer más fuerza, maña, pero no puede. Ahora tiene miedo también de no poder abrir la puerta de su casa y quedarse a dormir en la calle o en el descansillo. Y llamo al cerrajero, que viene y me cobra cien Euros. Llega un chico ecuatoriano. Le doy la mano y me presento. Una de las misiones en el mundo es intentar que los demás pasen un rato agradable a tu lado, incluso a los cerrajeros urgentes. El tipo me sonríe, le cuento la historia de mi madre y la puerta y me sonríe, y lija una y otra vez la cerradura pero continúa estando dura, así más de media hora hasta que se harta y me dice que tenía que haberme cobrado ciento cuarenta en vez de cien como va a cobrarme, y lo dice en serio, pero yo no pienso pagarle más, por lo menos hay que echarle  más cojones para pedírmelo. La cerradura se ablanda al fin y sale mi madre e intenta abrir, y ya le parece más blanda, pero se pone a hacerlo compulsivamente, una y otra vez, sin parar, hasta desesperar al tío. muerete11Le cuenta lo mayor que está mientras gira la cerradura hasta desgastarla y le dice para rematar que ya no sabe por qué está en este mundo, que ya nada sirve de nada. El tipo cobra y se marcha aliviado.Ponemos la mesa para comer y se repite el proceso de no querer deglutir y el de desear morir. Y a la cuarta vez le digo: “vale, muérete, pero mejor después de comer”.

Hay noches en que me despierto, me levanto, y no puedo respirar, y entonces pienso en ti, en ti, y en ti, y se me pasa, y entra el aire en los pulmones otra vez, el sucio aire de mi ciudad que necesito para respirar. Cuando me encontraba preso me eché a correr por tus calles, cubiertas de nubes de hollín, Madrid, y no eres precisamente la Tierra de Caetano, eres dura y muchas veces cruel, pero aunque me haces daño siempre estás dentro de mi quiera o no quiera. Masoquismo de tu asfalto. Cuando me marcho lejos me deshidrato de ti, Madrid, aunque sé que siempre volveré a beber tu agua que da sed. Y te vi aquella vez desde la ventanilla del avión, Madrid, desde tu cielo azul sucio, y te vi tan pequeñina, tan desvalida, con lo grande y fuerte que eres, y juré que nunca te dejaría sola. Prometí que caminaría por tus calles hasta que se acabasen, o ellas o yo, me dije, y prometí no llorar nunca sin lágrimas. Y que siempre diría tu nombre en vano, que siempre lo blasfemaría, como a tí te gusta. Madrid.

Mejor Muerete
después de comer.
Muere y vive
todo lo que puedas.
Algo jodidamente bueno debe tener éstomuerete3
aunque no te lo
creas.
No me gusta ya nada ni nadie
hasta tu nombre me sabe
a mierda.
Llora que así no
meas.
Llanto sin lágrimas,
combustible infinito del mundo.
Correr por el parque
todo lo que puedas
mientras puedas.
No querer comer
ni beber.
Tristeza
maravillosa consejera.
Tu tristeza es la mía
aunque no quiera.
Me deshidrato de ti
porque necesito tragarte
todos los días.
Fuiste siempre
mi único oxígeno
y aire.
Si lloras se te ensanchan los pulmones,
entonces hazlo muy fuerte,muerete5
todo lo que puedas.
Respirar no es gratis
aunque no te lo creas.
Despachar heroína y cocaína en tu gasolinera.
Si dudas mejor no mires
hacia delante,
mejor salta.
Todo es una mierda muy grande
pero estamos en ella.
Un pie delante del otro todos tus días sobre
la tierra.
Si vas a morirte hazlo
después de comer.


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