Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
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39 chinos muertos

chinosmuertos1

Madrid. Me gusta pasear por las calles poco iluminadas y concurridas de noche. Hay una calle que a la gente no le gusta pisar. Está en medio de ninguna parte, entre el parque del Oeste y la Estación del Norte. Está ahí para que nadie pase por ella, porque en esa ladera apartada a la espalda de todo está el Albergue de San Isidro, donde van a pernoctar las escorias más arrastradas de Madrid. Van borrachos, van negros, van tullidos, van enfermos jomles sin casa y van yonkis y exyonkis a los que nadie quiere. Los coches pasan a toda velocidad por la calle para no verlos. Los coches deben pasar con cuidado, porque la escoria cruza sin mirar, sin miedo, la carretera, sin ningún miedo a la velocidad de los coches o de las balas, y se les puede atropellar si vas distraído conduciendo hablando por el móvil o guasapeando. Paso por allí y siempre están los mismos, hasta que se mueren. Sentados en el bordillo, meando en las tapias. Los negros se agrupan con los negros, los yonkis con los yonkis. Uno suele poner un cassette a todo volumen con flamenco del malo, y nadie protesta, no hay casas alrededor y nadie protesta por el ruido o por el olor a meado. En la calle de arriba está La Rosaleda del Parque del Oeste, y en la de abajo la Estación del Norte, pero la escoria nunca baja por allí o sube por allí, permanecen vegetando borrachos o drogados en esa calle larga del albergue. Me gusta pasar por allí. Me miran como si miraran al hombre invisible. Me gustan. Un día vi follar a una gorda borracha con un yonki apoyados sobre una barandilla de piedra, fornicaban a plena luz del día sin importarles quién miraba. Igual él le había pagado a ella cinco Euros por el polvo y a ti te parece una relación de poder de ésas que dices cuando te pajeas la mente. Ellos me caen bien y tú me pareces gilipollas. Ellos no tienen miedo, y tú sí, y quieres que los demás lo tengan como tú.

chinosmuertos2Sé muy poco de mis abuelos. Sólo llegué a conocer a mi abuela paterna, pero nunca sentí nada por ella, si acaso asco cuando palmó. Mi abuela materna murió casi al mismo tiempo que yo nací. De mi abuelo paterno conozco algunas fotos, y sé que vivió en Madrid durante la guerra, y que no era de ningún bando. Y luego sé que murió de cáncer de pulmón, o de fibrosis pulmonar o algo así, a mediados de los años sesenta, antes de nacer yo. Y que era bastante tacaño, pero que iba a su bola. Sé que era duro con mi padre. Mi padre trabajó desde los doce años con mi abuelo hasta que éste se murió. De mi abuelo materno no conozco casi ni su cara. Murió a los sesenta y pocos años de un derrame cerebral. Dicen que empinaba el codo. Cultivó la tierra, tuvo una posada en el pueblo, y luego reparaba camiones y coches en Madrid. Durante la guerra tuvo que escapar al monte, porque decían que en la república ponía el himno de Riego en la gramola cuando pasaban las procesiones por la casa. Escapó por la puerta del corral cuando vinieron a matarlo. Dicen que las marcas de los tiros siguieron allí hasta que tiraron al casa. También dicen que mi abuelo no se marchaba de casa durante los bombardeos, que se quedaba allí porque le daba igual volar por los aires, y porque pensaba que el índice de probabilidades de que le alcanzara una bomba era muy baja. Escapó corriendo al campo pero un año más tarde no se sabe si lo cogieron o se entregó y lo metieron en la cárcel. Condenado a muerte. Luego conmutaron la pena por treinta años. Y el 7 de octubre del 45 Franco claudicó ante los aliados y dieron una amnistía general. Mi abuelo salió del talego tras siete años y como le habían expropiado hasta los calzoncillos se vino a Madrid a trabajar, y a beber, y a beber y a trabajar, reparando camiones, o coches, y trasportando arena de los ríos para las obras de las casas del nuevo Madrid de después de la guerra. Mis tíos hicieron algo de dinero en Madrid y empezaron a votar al PP, y decían que Franco al final había sacado de la cárcel a mi abuelo. Mi abuelo siguió bebiendo y trabajando, y dicen que no se hablaba casi con mi abuela, a la que había preñado diez veces y con la que había tenido ocho hijos vivos y dos muertos. Un día a principios de los sesenta le dio un derrame cerebral. Nunca lo conocí. Hay una tapia en mi barrio que sigue en pie que él construyó. Me gusta pensar que no se escondía durante los bombardeos. Yo tampoco lo haría.

Al Bagdadi debería haberse suicidado en la cumbre del clima, con todos dentro. Se lo han cargado antes de tiempo. Tengo un sueño recurrente donde Mark Zuckerberg es secuestrado y torturado. Le sacan la piel a tiras hasta dejarlo en los huesos, pero con vida, como en la escena sádica del libro de Murakami. Murakami también es sádico, aunque no lo parezca. Después irán a por Llef Bezos, le arrancarán los ojos mientras grita desesperado ofreciéndoles dinero pero no tendrán piedad los asesinos y se los echarán de comer a los perros. Ojos con sabor a almendras caramelizadas. Ojos con sabor a chicharrones de Galicia de los que me trae Daniel Prieto. Chicharrones para no morir de inanición, chicharrones hasta ahogarme. Mi madre comenzó a decir croquetas en vez de cocretas. Ese es el mayor signo de decrepitud, la corrección gramatical. Veo una mariquita paseando por el cristal de la chinosmuertos3ventana del baño durante días. Bajo a la compra y traigo productos sublimes de Mercadona: fideos Yum-Yum y cerveza Black. Cuervo con sabor dulzón como a pis. Me gusta el cuervo que han pintado en la lata, y el “1895” como si fuera el año de creación que han dibujado debajo del grajo negro. Paseo por los pasillos de Mercadona, pero mi lugar favorito son los de el Alcampo por las tardes justo antes de cerrar, entre las nueve y las diez de la noche, cuando ya queda poca gente, cuando los que vamos sólo lo hacemos para pasear acompañados por las latas, las botellas y los envases.

Mi tío Pedro era un tipo que llevaba siempre una sonrisa puesta en la boca debajo del bigote. Me contaba que entrenaba con Fred Galiana, el boxeador aquel del que sólo conozco el nombre y dos o tres fotos que he visto en internet. El padre de mi tío era del PSOE, el partido ese de traidores, cobardes e hijos de puta, era un personaje conocido en ese puto partido, y cuando terminó la guerra tuvo que salir huyendo. Se marchó a Francia, dejó tirada a mi tía y a su hijo en España, pasando hambre. Tuvieron pocas noticias de él. Cuando murió Franco el tipo volvió del exilio. Estaba enfermo. Regresó sin un duro. Se alojó en casa de mi tío. Mi tía, la hijaputa de mi tía, decía que aquel viejo cobarde le daba asco. El viejo cobarde y otros viejos cobardes que habían vuelto de la mierda del exilio se postularon como candidatos de esa mierda de partido, y los nuevos traidores que mandaban tras la transición democrática, joder qué gran mentira de expresión, les contestaron que allí no había nada que rascar. Se presentaron a las elecciones con otro partido que refundaron, el PSOE histórico, manda cojones histórico, y naturalmente no sacaron una mierda de escaño. El viejo murió al poco tiempo. Mi tío hacía reformas. Comercios y casas. Estaba especializado en decorar farmacias. Tenía un despacho cerca de la calle Fuencarral. Mi tío seguía siendo simpático. Soñaba con que su hija, mi prima, fuera muy lista, muy muy lista. Un día se enfadó cuando le gané al ajedrez dos veces seguidas. El a ratos también se creía muy listo, pero era simpático. Entonces nos enteramos de que habían empezado a irle mal los negocios. No llevaba dinero a casa y empezaron a pasar hambre. Desaparecía muchos días seguidos. La hijaputa de mi tía estaba que trinaba. Cuando lo veíamos lo notábamos más delgado, cada vez más, cada vez más. Flaco. Un tío antes corpulento y fuerte que ahora estaba flaco. No traía dinero a casa. Entonces mi padre bajaba a casa de la hijaputa de mi tía con bolsas de comida. A veces iba yo con él. Mi prima era lista, y gorda y fea, o corpulenta como mi tío, y no tenían dinero para pagarle los estudios, porque a mi tío ya he dicho que le iba mal, y habíamos empezado a escuchar por el centro que era un timador, que cobraba las reformas de las farmacias, o el anticipo, y no aparecía a hacer las obras, que llevaba dos años haciendo éso porque no tenía dinero para pagar a los obreros. Mi prima era la más fea, pero aprobaba los exámenes de ingeniería, y mi padre le pagaba la matrícula y les llevaba comida, todas las putas semanas. Entonces mi tío se quedó ya muy flaco, y volvió a casa. Estuvo unos meses en que volvió a casa, ya no desaparecía, se pasaba todo el día en aquella oscura casa interior del principio de la calle Fuencarral. Era una casa de las que tienen el water en la cocina, tienes que cagar mientras tu madre hace la comida. Mi tío había vuelvo a casa, bak jom, pero muy flaco. Tenían un coche muy viejo y se fueron de vacaciones a la casa del pueblo. No follaba con mi tía, pero eran felices. Debía ser muy difícil follar con mi tía, porque era muy hijaputa. Una vez dijo que yo la había disparado con la escopeta de perdigones en el pueblo. Yo sólo la había apuntado, soñaba con pegarle un tiro en la cabeza, pero no lo hice, por desgracia. Y a la vuelta de las vacaciones volvieron en el vetusto coche a casa y en la carretera de La Coruña volcaron, porque conducía la gorda fea y lista de mi prima, y mi tío, que iba de copiloto se clavo en la cabeza por la ventanilla un testigo de kilómetros de la carretera. Mi tía fue al despacho de mi tío y descubrió fotos de tías en pelotas hechas con Polaroid, y cintas de cassette donde mi tío decía borracho que en cuanto su hija se hiciera mayor se iría con su otra familia, con la que tenía otra hija. Se escuchaba por el barrio que pobre mi tío, que era simpático pero que iba con todas las putas de Madrid. No follaba con mi tía, pero se ve que sí con otras, y hay que alabarle el gusto. Mi padre lo odiaba, porque siempre se había olido la tostada sexual de mi tío. Mi madre seguía diciendo que mi tío debió ser un putero y un cabrón, pero que le caía mucho mejor que mi tía. Y mi padre tuvo que seguir bajando comida todas las semanas a su casa y pagando los estudios de mi prima hasta que ésta encontró trabajo. Y entonces la hijaputa de mi abuela se hizo muy mayor, casi cien años. Y murió, un día, sentada en una silla. Y mi padre fue al notario y descubrió que mi abuela había cambiado el testamento y que le dejaba casi todo a la hijaputa de mi tía. Mi tía la había llevado al notario unas semanas antes. Creo que mi tía sigue viva, en algún lugar de Madrid. Mi madre dice que es una hija de la gran puta, y que mi abuela también lo era. Y que mi tío era un putero, pero que era simpático y que ser simpático es lo mejor que se puede ser aunque se sea un cabrón fornicador. Cuando estaban enterrando a mi tío llegó un tipo con un cactus muy grande y lo introdujo en la tumba. Sabemos que tenía una hija bastarda, al menos una, y debía ser mucho más guapa que la pavisosa gorda de mi prima la ingeniera. Mi tío era majo.

Morir por guasap. Retransmitir la muerte por guasap. Contarlo a toda la familia y amigos, cómo duele, cómo jode, cómo te vas apagando, en vivo y en directo, o en muerto y en directo. Todos diciendo lo tristes que están, poniendo emoticonos con caritas con lágrimas, todos tratando de explicar lo bueno que eras, escribiendo jaculatorias a tu muerte mientras cagan en el water. Un grupo de guasap con toda la parentela, putativa incluida. Alguno se equivoca y cuelga las fotos de las vacaciones sin darse cuenta, o dándosela, otro tontea con su prima hermana en el grupo, y cuando ella le manda una foto de sus vacaciones en Bangladesh él se masturba mirándola. chinosmuertos4Y tú te mueres, pero eres feliz, porque la muerte no debería ser triste según las teorías de los grupos de autoayuda de internet, y los demás comen sandwiches de rodilla en la sala del tanatorio donde hablan de fútbol y guasapean, y algunos hasta se tiran pedos de esos que no suenan pero que huelen a muerto mientras te miran fiambre por la ventanita.

Me gustan las putas y los borrachos. Los puteros son sólo una pobre gente con ganas de follar, Karim Benzemá es putero y es muy buena persona, aunque le gusta pisar el acelerador a fondo a veces en exceso. Tú no pisas el acelerador ni follas, eres racional, y bueno, y todo éso. Al menos los puteros follan, tú tienes cara de hacerlo poco y mal, aunque no es nada de extrañar sabiendo la cara que tiene la persona con la que compartes cama, aunque ésto es un juicio de valor, como cuando tú dices que ser puta es malo, y yo te escucho tus teorías tontas y me das pena, pero no digo nada por educación, por no molestarte. Un mundo gobernado por putas. Ai jav a drim. Joder, sería cojonudo un mundo así. Con puteros de ministros. Aunque hay puteros que ya lo son, lo curioso es que tú les votas y estás en contra del oficio de sus madres. El oficio, dicen, más antiguo del mundo, y yo añado que el más noble. No hace falta eFePé de segundo grado para ser puta, sólo un coño, esa es la ventaja. Aunque todo se podría estudiar y crear un máster para perfeccionar el follar, a ti te hubiese venido de puta madre aprender éso en vez de toda la mierda que te enseñaron. Tus hijos tienen másteres rimbombantes, y caros, en su curriculum, pero este curso sería mucho mejor, y más rentable, y respetable, y haría mucho más bien a la sociedad que cualquier mierda que ahora imparten en esas universidades. Podrían impartir varios idiomas en el máster de puta, y financiar viajes de Erasmus a Amsterdam para perfeccionar el coito y los idiomas. Putas multilingües y cultas, con mucho mundo. Escuchar teorías feministas sobre juegos de poder del patriarcado se queda en una mierda al lado de estudiar para puta, esa es la verdadera ciencia. Y además resultaría más divertido que esas otras mierdas, follar puede ser divertido aunque no te lo creas, follar en realidad no es para tanto, no es un acto tan metafísico como tú dices. Un mundo lleno de putas en libertad, esa sociedad utópica perfecta nada distópica sería maravillosa, una gozada. Ya estáis tardando en rodar una serie sobre ésto, para HBO o Netflix, aunque los gilipollas del mundo se pondrían de uñas por su inmoralidad, pero lo que nos íbamos a reír no iba a tener precio viéndoles el jepeto asperger de acelga. Hay futuro para las putas, hay futuro, lo hay, porque además sus hijos mandan ahora en la política, y tú los votas, porque la democracia es maravillosa, tu democracia, pero una dictadura de putas y puteros sí sería un mundo ideal, un mundo cojonudo. Así que no me vayas diciendo que hay que acabar con las putas. Prueba a follar con una, igual cambias de opinión. Yo diría que, viendo tu percal, seguro que te marcharías.

Noto un golpe en mi costado. Son las cinco menos cuarto de la mañana, lo veo en el reloj de enfrente al despertar. Otro golpe. Es mi madre que me golpea. Enciende la luz y me dice que se muere. Mi madre es como Pedro de “Pedro y el lobo”, y nunca podré saber cuándo viene de verdad el lobo. Me hace dudar, ni siquiera funciona esta vez el decirle que voy a llamar a una ambulancia para calmarla por puro miedo al ridículo. Dice que se muere, que se muere, que se muere. La tumbo en la cama, casi a la fuerza, dice que la cabeza le va a estallar. Llamo al 112. Les explico mientras escuchan sus lamentos casi a gritos por el auricular. Tras unos minutos de conversación absurda me dicen que mandan una ambulancia. Mi madre se pone cada vez peor, dice que no puede respirar. La mantengo tumbada e intento que no se asfixie, que  trague aire y lo expulse acompasadamente. Llaman al telefonillo, a las seis menos cuarto de la mañana, los de emergencias. Llegan una enfermera y una médico. Y bingo. Resulta que la médico es una entre un millón, un ser de luz. La presencia extraña tranquiliza a mi madre, que resucita de un tirón. Alien de los años treinta resurrección. Tiene la tensión normal, las pulsaciones normales, la temperatura normal. El diagnóstico es claro: tiene miedo a morir. Charlo un rato con la médico de urgencias que me dice que para qué coño mi madre toma todas esas pastillas, que si fuera ella le quitaba la de la tensión y el omeoprazol, que es un veneno que dicen que provoca Alzheimer, porque el estómago, los jugos gástricos y el cerebro están mucho más relacionados de lo que creemos. La acompaño hasta el portal. Nos despedimos en la puerta de la ambulancia, me dan ganas de quedar con ella más tarde para dar un paseo y hablar de ésto y de aquello. Hay personas con las que es mejor hablar incluso que follar. Pero no volveremos a vernos nunca. La ambulancia se marcha. Hace fresco. Las calles de Madrid ya están puestas, como cada día, las colocan cada mañana de madrugada, las calles no se irán a ninguna parte, permanecerán inmóviles ahí, eternas, inmutables con su olor a hollín y a pis, mientras tú y yo tratamos de calmar el miedo a morirnos cada día, intentamos aguantar el tipo y parecer erguidos, hasta que al final nos vayamos al otro barrio más o menos asustados, incluso aterrorizados. El barrio de al lado, el de la muerte, también está en Madrid. Madrid solitaria de madrugada. Madrid fresca presagiando calor. Madrid víctima y verdugo. Madrid atestada. Madrid aterrada queriendo parecer valiente. Madrid.

39 chinos muertos en un camión frigorífico.
39 putas enterradas en el polígono industrial Cobo Calleja
aún por encontrar
sus hijos son candidatos al congreso
el próximo domingo.
Al-Bagdadi se suicida como un
héroe
en la cumbre del clima. chinosmuertos5
Matar dragones.
Cataluña es como la franja de Gaza
y tu coño como la Antártida ardiendo.
No quiero ser un jubilado
que baila salsa,
prefiero morir con dolor,
dolor y sombras.
Nunca he ido de putas, nunca
pero
tu mujer me llamó una tarde
mientras se hacía una paja metida en el baño
caliente.
Sueño con un mundo lleno
de putas
y borrachos y con
escalar el Everest cotidiano
inhalando no oxígeno sino
gas butano de bombona.
Echábamos mercromina a las chicas en la Coca-Cola
en vez de burundanga
por ver si era verdad eso que decían que se
excitaban
pero todo era mentira.
Ya no hay mercromina en
las farmacias.
No te fíes de nadie
no te fíes de mí.
39 chinos muertos
39 putas muertas en un polígono industrial
aún por encontrar
lloradas por sus puteros
enamorados
y por sus hijos
candidatos al senado el
domingo próximo.
Madrid me habla cuando camino
sobre su lomo,
es mejor que follar y que comer
es como correr volando.
Morir por Guasap
resucitar en Instagram,
matar a Zukerberg en directo por feisbuc.
El día que nos conozcamos
físicamente
te decepcionarás,
porque aunque tengo grande la polla
en comparación con un chino
soy de un color sucio de carne y hueso
en toda su plena mugre.
39 chinos muertos en un camión frigorífico,
39 putas muertas en un polígono industrial
aún por ser halladas
sus hijos llorarán su desaparición mientras
juran sus cargos de ministro,
secretario de estado o
simplemente de asesor de gabinete ministerial,
todos ellos tienen una madre puta muerta aún sin encontrar su cadáver.
Me conocerás, nos conoceremos y
te acostaré sobre una cama de omeoprazol y rosas y
me ayudará algo el clonazepam
para darte placer en sueños
narcotizada.
Dios omeoprazol.
Rey ibuprofeno.
Príncipe paracetamol.
Zarina Burundanga.
Llamar al 112 por un ataque de ansiedad
pensando que es un ataque al corazón, jart atac.
Si te excedes con el clonazepam velaré tu sueño hasta el cementerio
y cerraré la sala del tanatorio para que no entren
todos esos hijos de puta que detestas,
para que no pasen a llorarte y a comer
los sandwiches de Rodilla que traerá tu familia
para el deceso
pagados a 2 Euros con cincuenta céntimos la unidad.
Retransmitir la muerte
por Guasap
la tuya o la de
39 chinos en un camión frigorífico
o la de 39 putas enterradas en un polígono industrial chinosmuertos6
aún no encontradas
madres no de
39 eurodiputados sino
de muchos más porque
esas putas con hijos políticos
suelen ser muy fértiles.
Volar todos los bancos de semen del mundo.
Volar la cumbre del clima
con todos dentro.
Al Bagdadi,
Al Zarqawi,
Al nosequé
Al nosecuantos
Mohamed Atta,
Bin Laden,
putos héroes
que nunca fueron de putas
o al menos eso decían.
La tierra fue creada sin duda por un
hijo de la gran puta
bastardo sádico
que
nunca te deja ver cuándo es
el final del camino.
Debes saber que el momento en que todos se largan lo hacen para
no volver.
"La muerte viene"
grita Pedro en el cuento de
"Pedro, el lobo y la muerte".
39 chinos muertos en un camión frigorífico
39 putas muertas enterradas en el Cobo Calleja
aún no encontradas
se toman la revancha porque
sus hijos serán elegidos este domingo para el congreso
de los diputados.

<para Eva Santos del Cuervo>


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Homo Hijoputens Aspergerensis

hijoputens11

Madrid. Me levanto. Me asomo a la ventana. Son las doce y media de la mañana. Me han despertado los ruidos de la aspiradora de una nueva vecina al otro lado del tabique. Vecinos ruidosos en pisos de alquiler carísimo que no les deja margen casi ni para comer. Las paredes son de papel, de pan mascado. Se escuchan los eructos y las ventosidades. Se te escucha masturbarte. También a ella le escucho hacer ejercicios gimnásticos guiados por un programa de ordenador que regurgita órdenes con una voz chillona femenina y una música insoportable que juntas le ordenan que suba bien el chichi hacia arriba, “vamos, con ganas”, para que fortalezca el suelo pélvico, para que folle bien, para que abrace durante décadas bien las pollas con la vagina. Miro su nombre en el buzón. Pronto no habrá buzones, como ya no hay puestos de periódicos, los hijos de puta están ya a punto de matar los diarios de papel. En su momento ya acabaron con la revistas porno, pero eso nos ahorró toneladas de dinero mal gastado, aquello sí que fue útil, no ésto. La vecina sigue con lo suyo, ahora fortaleciendo tetas, “aprieta la pelota hasta que las sientas endurecerse”. La estalkeo en internet. Trabaja cuidando ancianos y escribe poesía sensible. Una editorial ha intentado timarla prometiéndo editarla a cambio de pagar los cien primeros ejemplares a un módico precio. Es vegetariana y cuelga fotos de sus plantas en Instragam. Cuenta en Feisbuk que no le gusta ir al médico porque cuando va el puto cabrón siempre le dice que todos sus males se deben a la mala alimentación. Puto médico carnívoro. Toso un par de veces. Tengo la boca pastosa. La Steinburg es veneno puro. En el bar de enfrente hay un cartel que dice “cerrado por vacaciones”, pero ya lleva mes y medio cerrado. De repente veo que el dueño asoma y quita el cartel. Cuelga otro que reza “Cierre por cese de negocio. Gracias a todos por estos 40 años”. Hace cuarenta años los vi llegar. Eran dos hermanos andaluces. El anterior dueño del bar tenía cáncer, se había quedado muy delgado, lo regentaba junto con su hermana. Traspasaban el negocio. Llegaron los dos hermanos, pagaron la cantidad estipulada, pintaron un poco el bar y a la semana siguiente lo cambiaron de nombre y reabrieron. Jugábamos en la máquina que tenían, costaba cinco duros. Teníamos mucha maña y la partida nos duraba media hijoputens2mañana o media tarde. Allí dentro, y dentro de otros bares, crecimos. Los primeros años no cerraban ni en agosto, trabajaban siete días a la semana trescientos sesenta y cinco al años, los bisiestos trescientos sesenta y seis. Por el bar pasaron borrachos, cuerdos, locos, extranjeros y españoles, ladrones, yonkis, okupas, gente corriente, locos, voceras, alcohólicos que no hacían eses. Hubo peleas en él cada cierto tiempo, gilipollas dándose de puñetazos de vez en cuando, salíamos a la ventana a ver cómo se derribaban unos a otros. De vez en cuando también les reventaban un cristal y entraban a robarles cuatro botellas y cuatro jamones. Tenían un menú barato y dicen que bueno, porque habría que ser gilipollas para comer en el bar de enfrente de tu casa en Madrid. Yo salía a la ventana en verano por la noche y veía cómo él se tiraba una hora hasta que reventaba el premio de su máquina tragaperras para que al día siguiente los ludópatas de turno no se lo llevaran. Era una de las tareas para ganar dinero en la suma de muchas pequeñas cantidades. Los del bar hicieron dinero, se compraron coches caros y pisos, pero todo el mundo decía que vaya oficio más cabrón, que no debían disfrutar la pasta porque no tenían tiempo, que había que tener muchos cojones para trabajar en aquello. De vez en cuando había ruido por la noche por culpa de los borrachos, pero nos acostumbramos a ellos tanto que nos sentimos raros sin escuchar de fondo esas voces roncas y descerebradas. Sus hijos trabajaron también temporadas en el bar, pero todos salieron huyendo de aquella esclavitud. Colocaron el cartel de cerrado por vacaciones pero sin poner fecha de vuelta como otras veces. Algo olía raro. Cambiaron el cartel por un decir adiós así, sin anestesiar. Paso por la puerta y algunos panchitos me preguntan si sé el teléfono de los dueños, que quieren alquilar el bar. Les digo que no. Lo tengo por ahí apuntado de pero les digo que no. Me levanto por la mañana y el bar está cerrado. Me despertaba el ruido de los desayunos, el berrido del camarero de detrás de la barra chillando “media barrita con tomate”. Los gitanos búlgaros ladrones de coches echarán de menos el bar, porque estos últimos años eran los reyes, se toman el vodka con RedBull allí que les sabía como si estuvieran a orillas del mar Negro.

Hace un par de meses fuimos al cine a ver una películita que han sacado sobre la matanza de Utoya. En ella Breivik, un demonio paranoico descendido a la tierra desde las profundidades de su propia mente, que en realidad es muy parecida a la tuya, asesinó a sangre fría a una multitud de niños y niñas que asistían a un campamento juvenil en Noruega. Toda aquella juventud a la que a cambio de escuchar discursos y dejarse lavar el cerebro dejaban follar en idílicos paisajes naturales se encontró con un loco armado hasta los dientes. En la película tratan de que sientas lo malo que es Breivik, que llores un poco, que te sientas mal si no lloras. Sí, él es un cabrón asesino, pero mi sentimiento va por otra parte, qué le vamos a hacer. No entiendo cómo un partido político puede organizar campamentos adoctrinadores para adolescentes, y encima llamarse laborista, y pretender un bien social. Lavando cerebros. Tú aquí, en Madrid, votas a la izquierda, sigues las elecciones como si fueran un partido de fútbol entre buenos y malos, resulta divertido. Protestas porque el hombre se está cargando el medio ambiente, me dices lo superguay que es la niña esta Greta, la de la cara de vegetal asperger. Llevas a tus hijos a un colegio concertado regentado por curas pederastas a varios kilómetros de tu casa en coche todas las mañanas parano mezclarlos con el lumpen proletariado salvaje inmigrante que habita en el colegio de enfrente de tu casa, con la excusa de que sean bilingües. Protestas contra Trump por su política migratoria, te parece un monstruo, pero te da miedo que tus retoños se mezclen con los panchitos y cabrones de los moros. Trabajas para una multinacional o para alguna de sus filiales y te vas a comprar un BMW eléctrico en cuanto puedas. Y te escandalizas cuando la marea sube en exceso y echas la culpa a los neoliberales neocons hijos de puta. Gilipollas. hijoputens3Que vale, que sí, que esos neocons son unos hijos de puta, lo mismo que tú, cabrón. Si pudieras le apagarías cigarrillos en la cara a Greta Thunberg, porque en realidad te da un asco que te cagas, pero tienes que decir en público que te cae bien porque es una pobre niña con asperger, la hija de puta desagradable.

Ya no echan en la tele películas de Tarzán. Las nuevas ecologeneraciones no saben quién era Johny Weismuller, y se escandalizarían si vieran a la mona Chita hacer cucamonas mientras cabalgaba a lomos de Tántor el elefante aplastando negros sobre las faldas del Monte Mutia. Los gaboni eran unos cabrones simpáticos, pero siempre morían, y el puto Tarzán era racista, fascista y patriarcal, pero Llein no pensaba lo mismo cuando le metía dentro todo aquello que se adivinaba bajo la piel taparrabos de leopardo. Weismüller mataba rinocerontes blancos de verdad durante las películas, por deporte, y nadaba muy rápido el cabrón de él. Johny era el verdadero Tarzán, no todos esos maricones que pusieron luego a imitarle, incluído el exmarido de la zorra de Tita Cervera. Johny se comportaba con los negros como Breivik con los jóvenes del partido laborista noruego.

Homo Hijoputens
mantente en forma.
Sé bueno.
Estudia matemáticas
que sirven para contar
mierda.
Haz algo que te ayude a vivir
y a defecar.
Ejercicio cardiovascular de
follar.
Dormir.
Descansar.
Levantarse por la mañanahijoputens6
salir a hacer la compra
la puta compra
sobrevivir
o no sobrevivir
esa
es la cuestión.
Dejar que tu perro cague en la acera y
no recogerlo si no te ven.
Intentar no hablar con nadie ni
cruzar la mirada,
balbucear.
Saludar.
Babear.
Tumbarse
descansar
no hacer los deberes
ni las paces
joder por joder.
Preocuparse por
nada.
Ejercicio cardiovascular
de follar.
Por los siglos de los siglos.
Soy un personaje de Ken Loach
viviendo dentro del retrato de
Dorian Grey.
Golpea como una mosca
vuela como un elefante
antes de morir,
ya no reponen las películas de Tarzán
porque Johny Weissmuler era un puto racista
y se volvió loco en el
hospital y
no dejaba dormir a sus vecinos de cama
gritando uauauauauauuauauauauuauaua
el hijoputa
lo hacía aposta.
Pongo un disco a todo volumen en el que Robert
Plant
plagia a varios negros
lo pongo para joder a la vecina de al
lado.
Todos necesitamos el viento en la espalda
al menos de vez en cuando.
La selva
humana.
El paseo arbolado más bello del
mundo
está en los pasillos de Lidl o
de Mercadona.
Evacuar
sin Evacuol.
Descansar.
Descansar todavía más.
Descansar y descansar.
Descansa un poco
hijo de puta.
Volar a ras de suelo sobre
meados de perro
sin taparse la nariz,
Madrid huele a todo ese pis
reconcentrado,
llevar a los niños al colegio
a treinta kilómetros de distancia
y luego votar
a Podemos
un domingo cualquiera después de bajar
a por el pan y de
practicar la natación
mientras se te escapa un poquito
de meado
en la boca del vecino de la corchera de al lado
durante el saludable desarrollo de ese tan estimulante deporte.
Ejercicio cardiovascular de
follar.
Dormir y luego
contar tus sueños
a alguien que finje escucharte.
Relajarte en
las Bahamas
o en Bali,
o en Benidorm con tu
puta madre.
Luego, practicar alguna, otra, maravillosa y saludable
actividad.
Submarinismo
o follar con menores que dicen que son mayores
de edad.
No sé si soy una persona o
un perro
para tí.
Ejercicio cardiovascular
de follar
todas las noches
y las fiestas de guardarhijoputens8
o por lo menos insinuar
que lo haces.
Procrear.
Babear.
Abastecerse.
Soñar con matar a
Greta Thunberg.
Piratear Hbo y
sentirse mejor.
Imitar a Lleims Gandolfini
taponándose las arterías hasta explotar
y gritar
como Jonhy Weismuller en su
manicomio.
Despertar a los vecinos
haciendo mucho ruido.
Levantarse.
Hacer gimnasia hasta asfixiarse.
Hacer crossfit con la polla.
Caminar.
Llevar a tu hijo
chino
al colegio.
Llevar a tu marido o a tu mujer
al psicólogo
para que sea feliz.
Feliz de verdad.
Hijos de puta felices.
Descansar.
Abastecerse de recuerdos
que no has vivido.
Ejercicio cardio-
vascular
de follar
al menos en sueños.
Tu padre no era el papa de Roma
ni presidente del gobierno
ni nada de nada,
era un puto mierda
como los demás
por mucho que tú lo vieras gigante.
Tu padre era gilipollas.
Tu padre no era Pedro Sánchez
ni siquiera el hijoputa chepudo de Pablo Iglesias,
no llegaba ni siquiera a ser esa
puta mierda.
Soñar con que se muere
Íñigo Errejón.
Pronto te quitarás todo el peso
de
encima
para morir ya sólo te
queda
bailar salsa con jubilados
montar en globo y
que te den por el culo.
Bailes de salón con Johny
Weissmuller mientras
grita uauauaua. hijoputens9
Vacaciones en el monte Mutia
con una oenegé.
Submarinismo en el triángulo
de las Bermudas
para luego contarlo a alguien
que finge escucharte.
Enrrollarte con un gaboni
mientras te clava su lanza
de carne.
Descansar.
Un armario y tres cajones
con tu ropa
es todo lo que quedará por quemar de

dentro de poco.
Hombre aeróbico contra hombre anaeróbico.
Ejercicio cardiovascular de
follar
hasta reventar.
Gota fría que cae torrencial del cielo
gota caliente que sale de mis huevos.
Homo Hijoputens Aspergerensis.

Hace veintitantos años fui a trabajar a una excavación prehistórica. Prehistórica es un decir, porque allí no había huesos humanos por ninguna parte, sólo restos de antiguos elefantes enterrados en el lodo, como si les hubiese caído un meteorito de repente o hubiesen muerto de aburrimiento. Elefantes muertos por todas partes. O antepasados de los elefantes a los que los paleontólogos ponen otros nombres más rimbombantes para justificar sus sueldos. Los que dirigían la excavación soñaban con encontrar huesos humanos que asociaran a todos aquellos animaluchos muertos con algún hijo de puta humano matándolos. Pero nada de nada. Nos levantábamos a las seis de la mañana para acarrear toneladas de tierra pero sólo salían elefantes. De vez en cuando algún gilipollas gritaba que había encontrado alguna piedra tallada. Normalmente eran una puta mierda, hijoputens4pero de aquellas cosas aquellos aficionados a las pajas mentales deducían toda la historia humana, adivinaban que los hombres eran muy buenos y trabajadores y que habían conseguido hasta nuestros días una gran evolución en el pensamiento. Ja. Los directores de mi excavación rivalizaban en presupuesto con otras, eso les jodía, porque en algunas otras habían encontrado los huesos de humanos de los que deducían teorías maravillosas sobre nuestros antepasados. Con ellos eran capaces incluso de saber cuántas pajas se hacían al día y se tenían almorranas internas o externas. Las teorías sobre linea evolutiva del llamado Homo Sapiens han cambiado tantas veces como pelos tiene en el pubis. Primero decían que el Neandertal era precursor del cabrón del Sapiens, pero luego que no, que ni habían coincidido, y poco más tarde dirían que follaban entre ellos, y se inventaron otras especies en cuanto era necesario para que aquello cuadrase y también para que el presupuesto de sus investigaciones no mermase. Cada año encuentran restos de especies nuevas que hay que encuadrar como sea en todo este rompecabezas absurdo. Los cabrones en realidad no saben nada, les gusta hacerse los sabios y los majetes, pero hace tiempo que se dieron cuenta de que no se sabe una puta mierda más que la que es resultado de unas cuantas pajas mentales y unos cuantos análisis de heces petrificadas y de huesos. Una y otra vez se encuentran con una hostia en toda la cara en contra de sus teorías. Lo único claro es que la verdadera especie que late dentro del hombre es el Homo Hijoputens Aspergerensis. Es un homínido hijo de puta que vive dentro de la mente de Greta Thunberg y de Anders Breivik por igual. En realidad son el mismo hijo de puta con diferente cara, desagradable cara. Se nos reconoce a todos por la cara común de cabrones que ha traspasado los siglos y los milenios imperturbable, del Australpitecus Pajillerus, pasando el testigo por el Homo Joputa Hábilis al Homo Heidelbergiesne Cabronis, y del Homo Neandertalis al Homo Hijoputens Aspergensis.

Cada uno tiene un plan hasta que recibe la primera hostia en la cara. Yo vi aquella noche el combate entre Tyson y el gordo “Buster” Douglas. El cementerio de canelones negro aquel le metió dos o tres hostias al bueno de Maik que lo dejó tieso. Pero es que el pobre exdelincuente y campeón del mundo estaba preocupado porque la zorra de Robin Givens y su madre le estaban esquilmando su fortuna y además no le dejaban follársela, y no podía concentrarse en dar de hostias a aquel puto gordo con tantos problemas sobre su lomo. Estaba mejor en el Bronx robando a punta de pistola en la calle que siendo millonario y aguantando a aquel par de putas. Su suegra le estaba jodiendo bien y era mejor parar el combate y volver a casa para hostiarlas a las dos, si era preciso las tiraría por la ventana, pero pum, de repente Lleims “buster” Douglas fue y le pegó dos hostias bien dadas como sólo las sabe dar un gordo acorralado, lo mandó la lona y ahí se fueron a la mierda todos los planes de Maik, que era un poco gilipollas, hasta él lo reconoce. Fue una noche de febrero del 90. Mirábamos por la ventana, hacía frío, derrotaron a Mahijoputens5ik el invencible. Visto y no visto, todo se fue a la mierda. Con el tiempo, tarde o temprano, todo se va a ir por el retrete, tenlo presente. Salgo otra vez a la ventana ahora. El bar sigue cerrado. No puedo evitar que me dé pena. El vecino de encima del bar en su primer piso podrá descansar un poco tranquilo hasta que llegue otro tabernero quién sabe desde dónde. Al vecino le dio hace poco un ictus, pero sobrevive, y su mujer tiene alzheimer y la pobre lleva peluca porque no le queda casi pelo. Ahora enfrente hay abierta una frutería que regenta una mora con velo negro hasta los pies esclava de su señor. También hay una peluquería que atiende un moro homosexual que corta el pelo a muchos moros, una carnicería halal a la que nunca entra ningún cliente, y una tienda de alimentación, preservativos, caramelos, patatas fritas y herramientas de los chinos. Se ven repartidores dominicanos y ecuatorianos trabajando a dos Euros la hora en bicicleta, unos Euros que luego invierten en apuestas en las casas de juego, y cuando pierden todo le quitan el bolso a las señoras, roban móviles o le arrancan los pendientes de oro a la carrera a alguna anciana. Y hay un puticlub barato con esclavas en cada esquina. Que venga Greta a decirles a todos ellos que no viajen en avión para salvar al hijo de puta de su planeta Tierra, planeta mierda, ese que los parió a todos por el culo. Se hace de noche como cada noche en Madrid. No pasa el tiempo o pasa como un misil a reacción. Se abren y cierran bares como si fueran quasares que marcan el imperturbable reloj cósmico. Todos somos igual de gilipollas, de cabrones y de hijos de puta en Madrid. Todos por igual. Igualdad y fraternidad en el hijoputismo. Madrid, siempre con problemas. Madrid cabrón, no utilices tus juegos conmigo. Madrid.


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Ejército yonqui (Madrid-Chernobyl)

yonqui1

Madrid tiene síndrome de Diógenes. En Madrid el aire arde como en el desierto del Sahara. Cuando sopla del Sur te abrasa la cara. En las noches de verano buscas la más mínima brisa. A las doce de la noche el termómetro marca treinta y ocho grados. Cuando la temperatura supera a la de tu propio cuerpo la sensación es de no poder respirar, y entonces no sabes si la asfixia te la provoca el tiempo o el calor. Mis padres compraron dos colchones de muelles de ochenta de ancho. Dormíamos en dos camas mueble perpendiculares que recogíamos por las mañanas. Antes de los muelles descansábamos sobre goma espuma. Se hacía un hueco sobre ella como un sarcófago con la forma de nuestros cuerpos. Los muelles fueron una bendición, como dormir en la puta Zarzuela. Un colchón era más blando que otro y también se fue deformando como los antiguos, el mío. Te tumbabas sobre él y te hundías hasta el fondo abisal. Mi hermana se casó joven y heredé su cama perpendicular a la mía y su colchón, algo más duro. Cerramos una cama mueble para siempre. Los muelles del somier fueron cediendo con el tiempo. yonqui2Compramos unas lamas de madera que pegamos con cinta aislante atravesadas imitando a las láminas del somier de comfort que anunciaba en la Teletienda. Con los años el forro del colchón comenzó a ceder y a romperse, a salirse los muelles hacia fuera. Yo le hacía agujeros y le metía trapos para recuperar el mullido, pero al cabo de unos días los muelles volvían a brotar en plan hijoputa. Eran espirales rematadas en puntas como de aguja. Me despertaba por las mañanas con algún puntazo en las piernas o en el cuerpo, el colchón me atacaba, parecía un puercoespín. Pensaba muchas veces en comprar un colchón nuevo, pero me parecía un gasto demasiado grande, un dispendio económico, un lujo para mi puta pobreza. Veía anuncios en la tele que decían que si tu colchón tenía más de cinco años ya no tenías colchón, no añadían “hijo de puta” a la frase, pero se sobreentendía. Mi colchón tenía casi veinte años, y vida propia, me apuñalaba por la espalda por las noches. Nunca me había meado sobre él, aprendí a contener mis esfínteres desde muy pequeño, a cerrarlos a cal y canto ante las amenazas de entrada y de salida, pero el colchón se vengaba de mí lacerándome como a Jesucristo. Pero, a pesar de todo, al llegar a casa me tumbaba boca abajo, cogía la postura, y mi cama de pinchos era el puto paraíso. Ahí fuera estaba el infierno, pero sobre mi cama podía refugiarme de toda la mierda del mundo. Dí la vuelta la colchón, pero el paño estaba tan gastado que los muelles salían por todas partes. No podía resistir más. No tuve más remedio que comprar uno nuevo por internet, el más barato que encontré, de ochenta centímetros de ancho para que cupiera en el hueco de mi jaula. Llegó el nuevo. Esperé a la noche para bajar el viejo al contenedor de basura. Cuando bajas un colchón a la calle usado en Madrid todo el mundo va diciendo que te has meado, que por eso lo tiras. Lo dejé al lado de los cubos de basura, que olían a mierda podrida como siempre en Madrid, recé una breve oración por él y me subí a casa. Abrí una Steinburg y salí al balcón. Brindé por él, era un cabrón, pero había sido mi cabrón. No pasaron ni cinco minutos cuando apareció un rumano por la esquina, lo vió y se lo llevó al hombro. Me tumbé sobre mi flamante cama nueva. Ya no era lo mismo aquel jergón, pera bien y para mal. Pasó el tiempo, que todo lo jode y lo pudre, y mi cueva refugio se tornó en prisión, y ahora quiero salir de aquí pero no puedo, hay unos barrotes invisibles que me lo impiden. El colchón nuevo está ahí y, poco a poco, se está deformando, convirtiéndose en ataúd o en sepulcro antropomorfo. Y fuera hace un calor de perros, como siempre en Madrid por estas fechas. Salgo al balcón, pero no corre ni una brizna de aire seco. Sudo como una fuente sobre mi cama durante esas noches mágicas abrasadoras del Madrid del verano.

Madrid, tengo síndrome de Estocolmo de tus calles. En mi calle vivía una familia de carboneros. Vendían esa mierda que ardía para ganarse la vida. Pero llego el momento de su extinción. Empezaron a pasar hambre, ya nadie compraba carbón, las estufas comenzaron a ser eléctricas o de Butano, menuda modernidad. Quitaron el fogón de mi casa y pusieron una lavadora automática. Los carboneros se tuvieron que echar a la calle, a vender coca. Dos de los hijos de la carbonera vendían coca, el mayor y el pequeño. El pequeño jugaba muy bien al fútbol y era muy inteligente. Jugó un par de partidos con mi equipo y se aburrió. Regateaba muy bien. Cogían las armas y se iban a vender coca y hachís a Malasaña. El hermano mediano, El Palillo, se enganchó. Cuando yonqui3hicieron bastante dinero se marcharon. Robaban también por las casas y las tiendas. A mi padre también le robaron. Hicieron un agujero en el cierre y se llevaron las cosas justas para pasar las navidades. Eran simpáticos, e inteligentes. Robaban lo justo, vendían mucha coca por la ventana de su casa y por la calle. Cuando juntaron dinero suficiente se marcharon de Madrid, dicen que a Murcia. El hermano mediano estaba enganchado y se quedó aquí. Vendieron la casa y él se quedó okupándola. Empezó a robar por las casas y por las tiendas. Lo pillaban pero no le hacían nada, era El Palillo, no era mal tipo, pero necesitaba heroína y cocaína para sobrevivir. Se coló por entre las rejas de la ventana pescadería de lo flaco que estaba, robó un caja de salmonetes pero se le cayeron por el tejado al huir. Cuando ya no le quedaba nada por robar le dio por las puertas de aluminio de los portales. Las sacaba de los pernos y se las llevaba a la chatarrería de Marqués de Viana, donde las vendía al peso, y luego se las chutaba. Así hasta que sólo quedó la puerta de mi portal. Le sorprendieron varias veces intentado arrancarla, pero mi puerta tenía un enganche en la piedra del suelo de varios centímetros, y los yonkis son muy fuertes, como Supermán casi, pero muy vagos, y cuando la cosa lleva demasiado tiempo se marchan. La puerta sigue ahí, el palillo dicen que murió de SIDA en La Paz, dicen, porque yo creo que es inmortal y se habrá trasladado a Murcia con su familia, donde su hermano mediano seguirá siendo tan inteligente como era. No, creo que de su familia estarán casi todos muertos, y que El Palillo descansa en guerra, que no en paz, que sus cenizas seguramente fueron esparcidas por algún yonki por algún sucio parque de Madrid.

Madrid te hace padecer un permanente síndrome del puto Stendhal. El plaza era amigo de un amigo de mi padre. Trabajaba de paleta. Trabajaba de lo que podía. Se vino un par de veces de pesca con nosotros, pero no pescaba, sólo reía. Estábamos en un bar y entró un tío en pantalón corto. Él me dijo: “mira, una libélula”. Era gracioso, siendo gracioso se nace, no se hace uno. Mi padre le encargó la obra de nuestra tienda nueva. Mi padre se jugaba todo nuestro poco dinero. El Plaza le dio un presupuesto, llegó a nuestra casa y se lo dio, se sentó en el sillón del comedor y lo entregó solemnemente, pero yo le veía sudar bajo su seriedad impostada. Mi padre le dijo que no tenía tanto dinero. El Plaza hasta había pensado poner pegada en el centro del techo una concha enorme de una caracola que habíamos pescado en Galicia. El Plaza soñaba. Mi padre le dijo que bajase el presupuesto. El Plaza lo bajó. Mientras trabajaba estaba contento, siempre sonreía. De todo el mundo era sabido, era de dominio público, que el piso en el que vivía dos manzanas más arriba, un piso de cuatro habitaciones enorme en una finca con portero, se lo había comprado una señora veinte años mayor que él con la que se había liado con el consentimiento de su mujer. Isabel, su esposa, era simpática, y tenían un hijo también simpático, como su padre. El negocio de paleta pegó un bajón a principios de los noventa. El Plaza sólo tenía su piso, pero dinero casi ni para comer. Seguía sonriendo pero lo pasaba mal. Le propusieron un negocio. Llevar un paquete. Era un cubo. Llevar un cubo de un sitio a otro de Madrid, caminando, cinco kilos de cubo. Aceptó. A mitad de camino le paró la policía, El cubo iba lleno de coca o de heroína, qué más da. Lo metieron en prisión preventiva. Salió, por sorpresa, a los pocos meses, abochornado. Casi no salía de casa, todo el barrio murmuraba. Me caía cada vez más simpático. Me hubiera gustado ir a su piso y presentarle mis respetos, él se hubiera reído un rato, siempre reía, pero con risa de verdad. Vendieron el piso y se fueron los tres a vivir a la costa a un lugar indeterminado. Le habían hecho trabajar de señuelo en una entrega, bochornoso, pero luego le debieron pagar bien. Antes de marcharse mi padre me dijo que estuvo con él, que le contó lo mal que lo había pasado pareciendo gilipollas con el cubo, pero que no había otro remedio. Le dieron el parné y se marchó, ahí os quedáis, y me gustaría que siguiera vivo, pero no creo.

Hace poco leí que El Jaro era del Atleti. Lo leí en Twitter a un gilipollas amante del postureo del Frente Atlético, uno de esos que se va vanagloriando por las redes que mató al hincha del Depor tirándolo al río y al que la policía le hace la vista gorda. El Jaro era el jefe, o el más conocido, y El Becerril era su amigo inseparable de confianza, el tipo con el que cometió todos los robos/asesinatos/violaciones que perpetraron en los años setenta. Héroes ladrones y violadores de barrio. También estaba El Chércoles en la banda, y ese creo que sobrevive en una de esas calles del Tetuán profundo, que es como la Fosa de las Marianas pero con calles, profundidades donde sobreviven el Ictiosaurio y el Plesiosaurio y se aparean entre ellos aunque durante el cretácico fueron enemigos acérrimos. El Becerril era hijo de un héroe de Belgrado del Madrid. Eran del Madrid, gilipollas, hasta la médula. yonqui4El Becerril tenía una mano destrozada por un tiro, y siempre llevaba gorra porque decían que tenía otra marca de bala en la cabeza. Su padre jugó medio tiempo en Belgrado con un tobillo roto ante el Partizan en aquella eliminatoria que fue una encerrona que pasamos por los pelos. Eran todos del Madrid y de Madrid. Becerril padre murió en los ochenta y su hijo no mucho más tarde, dicen que de SIDA, siendo general de cuatro estrellas del ejército yonqui. El Patton de los yonquis hijo del héroe de Belgrado.

Veo en la tele que en el antiguo Barrio Belmonte un tío cuarentón empastillado a matado a otro cuarentón empastillado a la vuelta de una noche de empastillados. Dice en el periódico que uno a otro le dijo: “conmigo te has equivocado del todo” antes de apuñalarlo varias veces. Unos en el barrio dicen que el muerto era de una familia excelente, otros que se lo estaba buscando y que era un pirado, que el viernes había cobrado en la obra en la que trabajaba y que no había vuelto a casa, y que nunca más iba a volver a casa, que era domingo por la noche y no lo echaron de menos hasta que no llamó la policía contando el suceso. Íbamos a jugar al fútbol a un campo en Saconia los domingos por la mañana y atravesábamos el Barrio Belmonte, ahora lleno de viviendas unifamiliares de semilujo, antes de casas bajas, y veíamos a los yonkis hacer cola en la puerta de alguna de las casi chabolas esperando a que les vendieran algo. Ya éramos mayores y ellos ya no eran un ejército bien armado, ya no les teníamos miedo, porque de una hostia podías matar a varios de lo flacos que estaban. La heroína ya no les hacía efecto y perdieron los superpoderes de correr todo el día sin cansarse y pelear hasta la muerte sin sentir dolor físico, mental ni moral. Todos esos yonkis tienen ahora una madre anciana superviviente, que va contando cuántos hijos perdió por la droga al primero que se encuentra por la calle. Algunas perdieron incluso varios por la chuta, o eso dicen, para fardar. Madres de la droga.

Los pecados no se redimen en la iglesia
ni se redimen en casa.
Se redimen en las calles
y tú lo sabes.
Madrid síndrome de Diógenes
Madrid síndrome de Estocolmo o de Stendhal
heroinómano,
Madrid hola y adiós.
Ya no sabremos nunca
lo que hubiera pasado entre
nosotros
pero da lo mismo,
la razón es ciega
la lealtad es cobarde.
Madrid a cuarenta grados a
la
sombra.
Sorbiendo el aire
que abrasa congelado.
Madrid
verano
recuerdos casi podridos
años ochenta
Ejército yonqui bajo el puto
sol,
enfarlopados
enheroinados
porque
“puestos de caballo” suena a muy maricón.
Pilotos suicidas muy colgados
compitiendo en una Fórmula1
con coches robados,
santos hijos de puta que
no sentían
los terremotos
ni la ola
de
calor.
Ejército donde todos eran
generales,
Pattons, Zhukovs o Von Mansteins
yonkis,
brigada del chute que salvó al mundo
de la superpoblación.
yonqui6Los pecados no se redimen en la iglesia
Ni se redimen en casa.
Se redimen en las calles
y tú lo sabes.
Ejército yonqui
invadiendo
las Ardenas
en un genial movimiento de
chuta y de hoz,
metiéndose picos y
violando mujeres
sin remordimientos
como las
hordas mongolas del valiente Zhukov.
Ejército violento y revolucionario
de Robespierres sin guillotina
ni
cinturones de explosivos
ni tanques
ni submarinos
batallón de castigo
que mantuvo el orden desordenado en las calles,
gestapo añorada de la jeringuilla
infectada de SIDA
en tu cuello.
Los pecados no se redimen en la iglesia
ni se redimen en casa
se redimen en las calles
y tú lo sabes.
Debo convencerme de que
no eres transparente.
De que no soy un cuchillo
caliente
en tu mantequilla.
Debo pensar a la
fuerza
que todo lo hijoputamente humano
de lo que veo es sólo producto
de mi
imaginación
de cabrón.
Dar de comer a un pobre
o matarlo
en el fondo da lo mismo.
Los pasos de cebra ya no son de
cebra,
les quitaron el blanco para no resbalar.
La rueda gira y gira como una
apisonadora
sobre tí y sobre mí,
nunca sabremos lo que
pudimos ser
en
Madrid
Chernobyl.

Se fueron extinguiendo, poco a poco. Quedaban cuatro o cinco vivos. Peo fueron muriendo. Ya no eran lo que fueron ni daban miedo a nadie. No quedaba nada ya de aquellos temibles yonquis sentados en bancos. De aquel ejército yonqui. El ejército más potente que ha existido en la Tierra, más que Isis, más que los mongoles violadores de Zukov, más que Von Manstein en las Ardenas. Ejército yonqui en el que todos eran generales de cuatro estrellas. Me acuerdo de ellos cuando veo “Ladrón de bicicletas”, el final trucado por la censura de esta película, con la voz en off de un cura añadida que decía sin venir a cuento: “ahora se tienen el padre al hijo y el hijo al padre, dándose la mano como esperanza de un futuro de amor entre las personas con cristiana solidaridad”. Ellos también eran del ejército yonqui.

En la puerta de los Cines Renoir había un tipo yonqui. Formaba parte de esa especie ya en vías de extinción. Yo me hice protector de la especie. Al principio le gritaba cuando se ponía muy pesado, pero luego nos hicimos amigos. Me recordaba a ese otro yonqui barbudo que recorría la calle Bravo Murillo de arriba a abajo pidiendo “veinte duros para un litro” a todo el que se lo cruzaba, y a veces tenía éxito ante la gente a la que sorprendía, hasta que le dieron de hostias y desapareció quién sabe dónde. yonqui5Pues este otro chaval y yo desarrollamos una amistad extraña. Es a la única persona a la que he dado dinero, a la que yo no he robado. Él hacía su papel victimista, pero sabiendo que yo no le creía, y yo interpretaba al tipo que le creía, aunque él sabía que no. Nadie quería ni tocarlo, caminaba sucio, llevaba el pelo largo mal cortado como cortado con hoz, como yo, pero yo no escurría el bulto ante sus abrazos, me sabían bien, y le daba cincuenta céntimos o un Euro, una fortuna para mí. La gente a veces le compraba hamburguesas en el Burrikín, pero creo que no se las comía, él pedía para chutas y para abrazos, pero sobretodo para lo primero, a mí no podía engañarme. Me abrazaba una y otra vez cuando me veía por la calle, y yo le daba algo de dinero, yo que soy casi tan pobre como él, y eso nos hacía felices, y creo que él sigue vivo, pero ya sólo se pasa de vez en cuando por el lugar, por este Madrid nuestro que ahora se parece cada vez más a Chernobyl poco antes del accidente.

Me asomo a mi balcón a tomar el caluroso fresco. Una yonqui superviviente camina a toda velocidad por la calle. Casi cincuentona, desdentada al ritmo de Usain Bolt. A pleno sol. Va con una camiseta de hombreras y unos pantalones cortos raídos. El viento sur sopla que abrasa, cuarenta grados a la sombra. Son las tres y veinticinco de la tarde. Un tipo medio borracho descansa bajo la sombra de un toldo verde reseco, sobre la mesita de fuera de fumar de un bar, la ve y le dice “¿no tienes calor?”. Ella le responde a voces de yonqui, con garganta seca cazallera, sonriendo: “quiero ponerme morenita”. Lo repite tres veces, hablando a trompicones, mientras repta por el asfalto a toda velocidad. Él le contesta: “¿Quieres que te ponga crema?”. Descansando en la esquina, en cualquier esquina, con la maleta con todo lo que te queda en la vida en la mano. Descansando en una esquina o sobre un colchón de púas. Descansando sobre la espalda de Madrid. Madrid. Madrid Chernobyl.

<para Benny, para Gernika y para Suit Llein>


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