Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
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Apnea del miedo

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Madrid. Sarampión. Neumonía. Rubeola. Escarlatina. Viruela. Peste, negra o blanca, a tu elección. Paperas. Gripe española, gripe asiática, gripe de su puta madre o del cabrón de su padre. Neumonía. Fibrosis pulmonar. Linfoma de Joaquín y de no Joaquín. Moquillo. Tosferina. Leismaniosis, los perros también juegan a este juego. Solo escuchar por las noches el ruido de los ronquidos de mi padre en la habitación de al lado me hacía sentir seguro. Apnea del sueño y del miedo.

apnea2Mi hermana y yo pasamos casi todas las enfermedades contagiosas para los niños posibles. Dormíamos en la misma habitación hasta que ella se marchó porque se casó. Nos pegábamos todos los males y hasta los piojos, porque la cabeza de mi cama dama en los pies de la suya. Mi madre llegó a pasar incluso la viruela en la postguerra. Tiene marcas en la tripa junto a las cicatrices de dos cesáreas. Voy a un supermercado y robo un par de paquetes de mascarillas FPP2. Vuelvo a casa. Me tumbo en la cama y pongo la tele. Noticias sobre cómo Zelenski se mide la polla con Putin. Sobre el precio de la gasolina. Sobre políticos de aquí y de allá haciendo como que quieren salvarte. Derechas e izquierdas. Pienso en Norberto Bobbio. Pienso en cinturones de explosivos anudados a mi cintura. Y en mis manos en tu cintura. Pienso en que si me diagnosticaran un cáncer terminal no deberían dejarme entrar en ningún mitin político, del color que sea, ni en el Camp Nou. Cambio de canal. Ponen “Hoosiers”. Es una película que habla sobre “el milagro de Milán”. Pero ese Milan estaba en Indiana, no en espaguetilandia. Un pequeño colegio gana el título de baloncesto estatal. Gene Hackman, que ya nació viejo, se liga a Barbara Hershey, que estará buena hasta en el ataúd, de cuerpo presente, y que a los treinta y pico estaba cañón. Recuerdo otra película, “El ente”, en la que una presencia del más allá le arrancaba la ropa y la obligaba a un coito salvaje tras otro sin que nadie pudiera evitarlo. También sale Dennis Hopper en la película baloncestística. Hace de alcohólico, de padre derrotado. Sus registros son siempre de borracho, de drogadicto o de loco, en este caso le da al frasco más de la cuenta. Pero el cabrón tiene siempre humanidad interprete a quien interprete. Le dice a su hijo que ninguna escuela tan pequeña ha ganado el campeonato estatal, que salga ahí y que acabe con ellos, con los bigardos del colegio grande. Pero en realidad no se refiere a todos esos, que son unos negratas de más de dos metros que amenazan con aplastarlo, sino que le sugiere entre lineas que gane para joder a todos esos blancos hijos de puta que le han hecho siempre la vida imposible en su pueblo solamente porque no quería ser como ellos. Yo tampoco quiero ser como vosotros.

Mi madre era pequeña y flaca, pero podía soltar golpes duros. Una vez que la intentaron robar metió una tremenda hostia con la cadena de la perra al ladrón y luego lo persiguió corriendo por la calle con el puño manchado de sangre. No tenía miedo, en la guerra vivió bajo las bombas, casi en el frente. Pero tiembla en la mesa mientras come delante de mí porque ahora teme no recordar. Ya casi no se acuerda de quién es ni de quién fue, ya ni sabe quienes fueron todos ellos. Ellos. Los suyos. Toda esa riada humana que se largó. Le tiemblan la cuchara y el tenedor como si tuviera el baile de san Vito. Es triste verlo, ver el miedo. Tifus. Difteria. Malaria. Artritis. Fascitis. Artrosis. Artritis. Cirrosis. Hepatitis. Cardiopatía. Infarto de miocardio. Dermatitis seborreica. Psoriasis. Disipela, mata o pela, decían los antiguos. Te han colocado dos muelles en el cuore y todo el mundo te dice que no pasa nada, que la vida sigue, pero no es así, son solo mentiras piadosas, vas a estar jodido hasta el día que te mueras, escucha la falsa piedad e intenta creértela, por tu bien, por tu cordura. Creer en toda esta mentira cuando no hay salida ni solución.

apnea3Cuando tenía tres años tuve una extraña enfermedad. Fue una reacción a la penicilina. Se me llenó el cuerpo de llagas, por todas partes. Tengo alguna marca en los pies y en la espalda todavía. No me acuerdo de nada de ello. Tenía tres años. Mi madre me contaba que me puse como en coma durante mucho tiempo. A partir de los cuatro años sí recuerdo casi todo nítidamente, pero nada de antes de la enfermedad. Algunos días me dieron por muerto. Pasaron los meses. Solamente podían aliviarme el dolor con pomadas. Mi hermana lo sufrió especialmente también. Es siete años mayor que yo, y tuvo que apechugar con que yo absorbiera toda la energía de la familia. Un día, mi tía Antonia le dijo a mi madre: “parece que hoy está mejor”. Y mejoré. Y sobreviví. Resucité de entre los muertos. Mi hermana siempre me vio desde entonces como un rival, como un vampiro de atención. Nunca hemos tenido una gran amistad. Distancia generacional o como quieras llamarlo. Vivimos en planos de la realidad diferentes. Pero es que yo vivo también en un lugar diferente a tí, y a tí también, aunque estés ahí al lado, fui consciente de ello desde la primera vez que me vi en el espejo. Siempre admiré a mi hermana. Consiguió magníficos trabajos desde joven. Era la típica imagen de triunfadora. Pero no lo era tanto. Nunca dio con la tecla de la gente. A mí se me da mejor el trato con las personas. Es algo con lo que se nace pero que no da dinero, y además no me gusta ejercer ese superpoder, me estresa. De repente un día me quité la venda de los ojos y me dí cuenta de que mi hermana había desaparecido por completo de mi vida, de que era una persona extraña. Su marido perdió un millón de Euros e intentó suicidarse, y ella entonces desapareció del todo dentro de sí misma. Ya no está. Ya no queda nadie en mi familia. Se han ido todos. Mi madre también se ha marchado. Se pone a gimotear porque no se acuerda de las fechas de los cumpleaños. Solamente recuerda su número clave de la tarjeta de crédito. Yo podría reconocer a mi hermana por los ojos en una foto entre un millón de personas. Los ojos inconfundibles de mi padre, y los míos. Me empecé a dar cuenta de que mi padre no era tonto después de que muriera. Mi padre sabía situar muchas cosas en un mapa, y guiarse por el mundo sin mirar el puto guguel ni vuestros gepeeses. Sabía donde estaba el mar Adriático, y eso que apenas fue al colegio. Yo creo que incluso sabía situar Ucrania en un mapa, no como tú, ni como tú, ni como la mayoría de los que hablan de la guerra de Putin contra Zelenski en los telediarios, que no saben dónde está el mar Negro ni el agujero negro de su propio culo. Se me daban bien los mapas, porque me gustaban los atlas. Yo podía decir todas las capitales de los países del mundo y situarlos en un mapa. Y también puedo recordar la voz de mi padre cuando me levanto cada mañana para poner un pie delante de otro y sobrevivir.

apnea4Uno de nuestros compañeros de clase faltó a clase durante todo el primer mes de curso. Luego apareció, y nos contó que había cogido el tifus en su pueblo, por el agua contaminada de meados de los animales. Estuvimos otro mes sin acercarnos a él por miedo al puto tifus. Él llevaba un mugriento aparato corrector en los dientes, seguro que de allí había brotado el tifus, no de los animales. Su pueblo no estaba en Indiana. El niño baloncestista de un pequeño pueblo del interior cateto de los Estados Unidos de la mierda de América soporta los gritos de Gene Hackman, éste cada vez más excitado por Barbara Hershey, muy empalmado se le nota según pasa el metraje, y mete la canasta final y su equipo gana. Pero luego no le fichará ninguna universidad, se joderá y tendrá que quedarse en el puto pueblo de mierda trabajando de dependiente o de camarero esclavo, al estilo Daniel Prieto, y se convertirá en el borracho del pueblo, como su padre Hopper, que es el pirado del pueblo pero al mismo tiempo el más noble y el más majo. Cambio de canal. Un equipo de fútbol de monjas patrocinadas por El Vaticano juega en el patio de un colegio, controlan el balón de puta madre, y el papa va a verlas jugar, porque dice que a él le gusta el fútbol porque es hincha de San Lorenzo de Almagro, pero en realidad va a mirarlas para luego, con esas bizarras imágenes grabadas en la mente, masturbarse en el baño de su residencia de Castelgandolfo. En la Complutense había un equipo de fútbol sala de lesbianas que seguro que nos hubieran ganado por goleada. Me caían muy bien aquellas bollo. Ratzinger sigue vivo, y seguramente también se hace pajas, o se las hacen a cuatro o seis manos algunos monaguillos a los que atrae invitándolos a merendar hostias con burundanga. Cambio de canal otra vez. Ponen “Flashdance”, donde sale Jenifer Beals haciendo roles de hombre pero siendo la mujer más guapa del mundo. Nani Moretti se hacía pajas viendo esta película, hasta el papa de Roma se tocaría viendo a esta chica en la tele.

Mi hermana ha desaparecido, pero podría reconocer sus ojos entre los de un millón de personas. Veo sus ojos en una foto. Lo que fuimos y no volverá a ser, porque el tiempo corre hacia delante sin forma de pararlo. El tiempo no se arrepiente. Encefalopatía espongiforme. Horquitis. Mielitis. Bursitis. Sífilis. Neurosis. Meningitis. Hidrocefalia. Colon irritable.

apnea5Aguantar la respiración y el miedo. Hay una única misión en la vida de todos: ayudar a atravesar el miedo a los demás. El miedo, los momentos en que la vida da miedo. No hay fórmula exacta para lograrlo, solamente se puede permanecer al lado de alguien y rezarle a la nada para que se pueda aprender a sobrellevarlo. Apnea del miedo, no respirarlo, el miedo es como gas sarín. Jugábamos a churro va. Me había tocado hacer de mula de carga. Entonces Jose saltó y me dio una patada en la cabeza, sin querer queriendo. Quedé agilipollado al instante. La ceja comenzó a sangrarme a borbotones. En el baño, me colocaron un esparadrapo sujetando el trozo de carne. Me enfadé con Jose y le dije que le iba a partir la boca. Estuve semanas sin hablarle. Luego volvimos a ir a los bares juntos a jugar a las máquinas. Todavía tengo tu marca en la ceja. Moriste a los dieciséis pero yo llevo tu huella en mi cara, puedo verla, puedo verte, cada vez que me miro por la mañana en el espejo. Lo mismo que veo a mi padre, y a lo que fue mi hermana, sus ojos, y a mi madre, y seguiréis vivos mientras yo ponga un pie delante del otro por las calles de Madrid, aunque sea en mi puta sesera lo estaréis. Subo una colina de escombros en medio de un paisaje desértico, yeseras del sur de Madrid, pero, desde arriba de la montaña artificial de mierda, de repente veo sobresalir un inmenso campo rojo de amapolas. Dice Mercado Navas que crecen donde no se echan fertilizantes, en las lindes y en las tierras valdías o abandonadas, en los descamapados comanchería de las afueras de Madrid. Estar sólo, Respirar. Apretar los dientes. Correr sobre tu reseca superficie, hacia ningún lado, Madrid.

Sabes que nada
tiene remedio.
Aguantar la respiración
y el miedo.
Aguanta,
pero
es triste verlo.
Sus ojos siempre están ahí.
Linfoma de Hodgkin
o de Joaquín.
Sífilis, paperas, sarampión y cáncer.
Cartillas de racionamiento
de vida.
Apnea del sueño y del miedo.
Condena a muerte sin necesidad de prisión.
Los barrotes te los pones tú de serie.
Fraga camino de Palomares
folló con tu abuela
y podrías ser su bastardo.
Encefalografía espongiforme
tiene tu hijo de nacimiento.
Hijos de los hombres,
hijos de los cerdos.
Carretillas de Viagra en tu habitación
que no hacen ningún efecto.
Polla valdía.
Eres viejo y
asqueroso,
y sabes que nada
tiene remedio.
Apnea del sueño y del miedo. apnea6
Sus ojos siempre están ahí,
mirándote.
Tu mujer se masturba hasta pensando
en Zelenski,
ese enano cabrón ucraniano,
mientras Chanel baila en tanga
para el Batallón del Azov.
Luchas por un mundo libre
de fertilizantes, colorantes y conservantes,
y por tu vida.
La acerería de Azovstal está en tu
cuarto.
Túneles sin final y sin salida
llenos de heridos sin futuro.
La ciencia solucionará todo
menos tu muerte.
Campos de amapolas naciendo de
excrementos de cerdo.
Ratzinger sigue vivo
y pelea contra Mazinger Z,
el robot más hijo de puta del mundo.
Guerra sin cuartel de dibujos animados
que se destripan
con una sonrisa.
Enfermedad asesina
diosa de tus noches insomnes.
Jennifer Beals bendito sea tu nombre
en tu culo encomendamos nuestro espíritu.
Bendita sea tu voluntad,
muerte,
así en la tierra como en el infierno.
Peste, cáncer y difteria
de vida,
siempre mirando al cielo.
El pan nuestro de cada día
quítanoslo para que no nos engorde.
Y líbranos del bien
y del odio.
Aunque encajes bien todos los golpes
es triste verlo.
Sus ojos siempre están ahí.
Aguantar la respiración,
apnea del sueño y del miedo.
Sabes que nada
tiene remedio.


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Los muertos primero

muertosprimero1

Madrid. El Borussia Monchenglaghbach resistió todo el partido nuestras acometidas encerrado en su área. Aguantaban los golpes agarrándose a las cuerdas del cuadrilátero. Habíamos perdido por cinco a uno en la ida. Alemania estaba helada, pero aquí el hielo da calor. Soportaron el acoso durante todo el partido, pero al final cedieron, aplastados por la cretina masa que somos. Teníamos que demostrar que podíamos gritar más que ellos. Estábamos roncos y nos sabía la boca a sangre. Cuando cayó el cuarto gol la avalancha me bajó por lo menos diez filas hacia el césped, aplastado. Nos abrazamos y gritamos. Allí seguimos esperando. Pasaron los años. Derribamos la portería del fondo Sur y Karembeu metió un gol de puntera sin apuntar que rebotó en el palo y entró llorando. Si los goles no entran llorando es que no son goles. Aunque se nos ha olvidado llorar, ya casi no me sale por tristeza, solo por ira o desesperación.

muertosprimero2Ahora quieren cobrar a la gente por saltar de un puente, sin goma elástica y sin colchoneta debajo. En el viaducto de Bailén pusieron unas barreras de metacrilato en teoría para que la gente no pudiera suicidarse. Por los laterales no resulta difícil burlar estas estúpidas barreras que lo único que consiguen es no dejar ver bien Madrid. Una vez pasábamos por debajo de este puente de los suicidas y había alguien tapado por una sábana espachurrado en el suelo. Era un doble para escenas difíciles al que durante el rodaje de la película “Canícula” le midieron mal la cuerda de la que dependería, o pendería, su vida. La cortaron demasiado larga, y se estampó. Fue una casualidad que lo viéramos. Lo mismo que aquella vez que vi a una anciana atropellada en la calle Francos Rodríguez. De debajo de la manta sanitaria brillante que la tapaba sobresalían un charquito de sangre y un brazo con una bolsa de la compra de la que escapaba también la cabeza de un pollo, muerto como ella. Me impresionó, se me grabó en la retina. Pasé rápido por la acera para divisar la escena lo menos posible mientras una muchedumbre se arremolinaba a repartir morbo en sus seseras. Me recordó a la imagen de Jose que vi en el periódico, boca abajo, ahogado, sacado del Tajo por la lancha de la Guardia Civil.

Billy se llamaba Gabriel. Le gustaba disimular, hacerse el tonto. Lo vi hacerse el dormido cuando una chica se le acercó para llevárselo al huerto. “¿Se ha ido ya?”, nos preguntó a mí y al Galgo cuando ella desapareció por la puerta, e inmediatamente saltó de la cama y se puso a fumar y beber. Iba a lo suyo, nunca quería molestar ni que lo molestasen, no necesitaba a nadie más que a sí mismo. Me dijo antes de navidades que nos veríamos, pero, como siempre, puse su afirmación en cuarentena. Pensé que lo mejor era dejarle que él apareciera, como a él le siempre le apetecía hacerlo, por sorpresa. Cuando le apetecía venía y nos tomábamos unas docenas de cervezas y nos fumábamos una enorme cantidad indeterminada de porros de maría o hachís que él siempre llevaba encima. Incluso en los días en que no tenía un duro en el bolsillo Billy era capaz de invitar a todo sin pensárselo. Entonces recordábamos mil batallitas, porque el tío era gracioso. Nos parecíamos en que no nos molestábamos por casi nada, y, aunque él decía que era creyente, en el fondo no creíamos ninguno de los dos en dioses ni en nadie. Billy se llamaba Gabriel. muertos primero3Lo de Billy se lo puso al parecer una prima suya con la que cometió incesto, o a lo mejor otra prima suya con la que pudo cometerlo pero que no lo hizo por puro azar, porque era capaz de multiplicar los panes, los porros y los peces, y de follarse a cualquier tía que se le cruzara. Con el paso de los días tuve mis dudas, como siempre, siempre el como siempre, de que apareciera. Pensé en dejarlo a su libertad, así, cuando nos encontráramos, la cosa nunca sería forzada. La libertad como cadena. No nos llamó. Esperé hasta el siete de enero para enviarle un mensaje, para no obligarle a una visita. Me respondió con un wasap, me dijo que había pasado por Madrid a ver a sus padres, pero muy poco tiempo, volando. Siempre volaba a ras de suelo, como un pájaro o un Dios, que en realidad son la misma cosa. Se hizo el silencio durante unas semanas, un silencio extraño. Nos llamó un mes más tarde, de repente. Nos contó en crudo que tenía un cáncer de pulmón con metástasis, que había soportado dolores fuertes de espalda todo el invierno y que, tras mucho darle la brasa, los suyos habían conseguido que fuera al médico. Escuché sorprendido el ruido de fondo de un mechero, me dijo que se estaba encendiendo uno de los últimos. Le dije, mintiéndole a la cara, que había esperanza, que había que jugar el partido hasta el final, que la cosa se cronificaría tras el tratamiento. Él sabía de sobra que yo le estaba mintiendo y me contestaba que sí a todo, lo hacía para no herir. Nos despedimos hablando de Karim Benzemà, nuestro tema favorito en los últimos tiempos, sus carreras suicidas por la M-40, sus regates y goles imposibles. Fue la última llamada. Continuamos enviándonos mensajes durante ese mes en que en la tele elogiaban el carácter de Vladimir Putin como filántropo pacifista y el de Karim como follador de moras. Lo escuchaba con la voz cada vez más apagada. Aguantó unos días el fuego de la radioterapia, lo soportó solamente para ayudar a los suyos a seguir viviendo, hasta el último aliento abrasador. “Qué bien atraviesas el fuego, hombre Dios”, le dije en el penúltimo mensaje. Y en el último le conté cómo Luka Modric se escapaba corriendo de siete tíos como si jugara en el parking del hotel de refugiados cuando era pequeño. Billy dejó de respirar. Billy se llamaba Gabriel.

muertosprimero4Día del padre. Día de la madre. Día del niño. Día de los enamorados. Día de la mujer trabajadora. Día del hombre hijo de puta. Día mundial contra el cáncer de colon, de próstata, de mama, de pulmón, de hígado, de páncreas, de polla, de coño. Día de la curación mundial. Día de la inmortalidad. Día sin IVA en Mediamarkt. Día de aguantar la respiración todo lo que puedas sin ahogarte. Putin llegará desde los Urales y se follará a tu madre. Y a ella le gustará, porque tendrá el primer orgasmo de su vida. Mi madre se levanta de la cama y llora porque no recuerda cómo se hace la tortilla de patatas. Se levanta como sonámbula, me despierta intentando que me dé un ataque al corazón, zarandeándome, chillando, son las cuatro de la mañana. Le digo que vuelva a acostarse pero me responde que está asustada, que no se acuerda de cómo hacer la comida, que quiere morirse, que quiere marcharse de una vez. La escucho gimotear debajo de su manta. Me tumbo en mi cama y trato de bajar las pulsaciones.  Tengo las mandíbulas apretadas y los hombros contraídos hasta casi no dejarme respirar. Pienso en caminar por Madrid en la oscuridad, cuando no haya nadie por las calles. Poco a poco me voy relajando. Me duermo. Nunca recuerdo lo que sueño ¿Queda algo ahí fuera? Sí, estás tú, Madrid.

Billy se llamaba Gabriel.
Cobrar a la gente por saltar de un puente.
Muerte, alégrame el día.
Follar debajo de un paso de semana santa.
El Borussia de Monchenglaghbach
encerrado en su área hasta el minuto noventa
para al final siempre perder.
Molto longo 90 minuti en el Bernabéu Vida,
y aprender a decir que no
como la más difícil de las carreras universitarias.
Estudiar es para vagos.
Mandarte a tomar por culo
es aprender física cuántica.
La certeza es la peor prisión,
caminar sin zapatos sobre brasas y pinchos
resulta mucho más fácil
que estamparte un no rotundo
en tu puta cara.
Atarse al cuerpo una goma elástica
y saltar al vacío
sabiendo que es demasiado larga
o no queriéndolo saber.
Nietzsche volviéndose loco
de cordura.
Barrera antisuicidas de metacrilatomuertosprimero5
que cualquier cojo saltaría.
Metralletas sin balas
fusiles con flores en el cañón.
Putin follando con tu madre
consiguiendo que tenga su primer orgasmo.
Agarrarse a la vida sin querer hacerlo
con uñas y empastes dentales podridos.
Dentistas y veterinarios
inundando las ciudades de clínicas de saldo.
Seguro médico con tarifa plana para perros, gatos y hamsters.
Tu padre en un geriátrico drogado con pegamento Imedio o Supergen.
Soñar con volar,
vivir reptando,
pasar el tiempo aprendiendo a decir que no
sin que salga de tu boca más que un
sí bwana Vida.
Kunta Kinte siempre se la chupa al amo,
se traga todo el lefazo con sabor a whisky y miel.
Atrapados a la fuerza entre tu enredadera ecológica de
alambre de espino.
Calentamiento global
en tu culo
que solo con verlo pone las pollas como piedras.
Meterte el menhir y verte jadear
es el paraíso.
Quimioterapia penalti Panenka.
Karim Benzemà todavía no estaba
cuando el Borussia de Monchenglaghbach ya se encerró en su área,
90 minuti molto longo en el Bernabéu Vida
para terminar siempre perdiendo.
Comer chorizo por el día durante el ramadán.
Hacerse pajas bajo un paso de semana santa
después de haber bebido y esnifado lo suficiente.
Siempre es tarde,
la dicha no suele ser duradera ni buena.
Colocarse para no recordar lo gilipollas que eres.
Cobrar a la gente por saltar de un puente.
Muerte, alégrame el día.
Billy se llamaba Gabriel.


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Cucharadas de tiempo

cucharadas1

Madrid. Mistificar Madrid. Lo que ellos quieren es que te quedes en casa la mayor cantidad de tiempo posible, hasta que tu tiempo se vuelva siempre un presente continuo, que no transcurra, que se pare corriendo al mismo tiempo a toda velocidad, a la de la luz si es preciso. Que gastes la menor cantidad de luz, de gas, de plástico, de papel, que cagues lo menos posible, que no bebas mucha agua, que si es preciso mees dentro de tu propia boca, que respires lo menos posible para que no les agotes el planeta que quieren disfrutar. Que no desgastes su suelo. Que no sueltes ventosidades, pero que si lo haces porque no hay otro remedio las envases y se las cedas gratis para contribuir al buen uso de las energías renovables y de la economía circular. Quieren que no memorices nada, que no recuerdes nada, que solamente veas, pero que no fijes la mirada ni una milésima de segundo. Quieren que cuando te mueras te incineres a lo bonzo. Quieren convencerte de que eres inmortal para que cuando te lo ordenen saltes sin pensártelo por la ventana, no por un precipicio, porque ese es un espacio natural solo destinado a ellos para el ocio sano en la naturaleza. Eres muy malo, y ellos te lo van a hacer saber. Eres un hijo de puta, ya deberías haberte dado cuenta.

cucharadas2Mi padre conducía muy bien. Pude verle conducir sereno y borracho, pero siempre bien, y seguro. Lo hacía deprisa cuando se podía ir deprisa, y despacio cuando no se podía de otra forma. El caso es que siempre llegábamos a los sitios, incluso a los más recónditos. En aquellas antiguas carreteras y caminos aprendimos a arrancar el coche empujando y tirando fuerte del embrague, soltándolo de golpe. Lo más importante de todo cuando conduces es mantener la distancia de seguridad, porque los demás son unos hijos de puta, son el enemigo. Él me decía que conducir era pensar que cualquier de alrededor te podía hacer una megaputada, y que había que estar siempre prevenidos. Mi padre blasfemaba mucho al conducir, se cagaba sobretodo en Dios y en su puta madre. Yo creo que en el fondo sabía que nadie le escuchaba ahí arriba, nadie le escuchaba porque ahí arriba todo está vacío. Distancia de seguridad infinita con Dios. Durante los meses más duros del Covid las iglesias no cerraron, y aunque sobre el papel había límites de aforo para entrar en ellas los curas no limitaban la entrada en los templos, porque cuanta más gente más euros en el cepillo, y daba igual un contagio más o menos si echaban dinero, mejor era un Euro en el cesto que un viejo en riesgo. Pero todo es debido a lo mismo, a que blasfemar es como cagar en un avión, es soltar la mierda y que no vaya a ninguna parte, que salga por un tubo hacia el infinito, sin destino, y la mierda puede que se disipe en el aire por la fuerza del viento o que caiga, poco a poco, en tu boca.

Amundsen dejó aposta varado su barco en el hielo para aprender a sobrevivir en él. Se quedó dos inviernos a sobrevivir allí en compañía de los inuit, que le enseñaron a restregar con piel de foca los esquíes para que rulasen bien por la nieve. El creía que aquello era una mierda, porque lo que quería era llegar al paso del Noroeste y a los inuit eso les importaba una mierda, ni tenían conciencia de que aquel lugar existía. Tras dos años Amundsen llegó hasta Alaska por el Norte y se inventó la importancia del paso aquel hacia ninguna parte. Tiempo después se marchó al Polo Sur y se dio cuenta allí de lo importantes que eran las mierdas que le habían enseñado los inuit. Se dio una vuelta con sus perros y encontró las tiendas de campaña del gilipollas de Scott con él dentro congelado, porque Scott no sabía ni qué mierda eran los inuit ni el hielo, era solamente un petimetre inglés que confiaba en Dios y no restregar los esquíes con piel de foca muerta. Las mierdas que cagó Scott antes de morir están todavía allí congeladas unas encima de otras como testigo de su hazaña. Echaron unos documentales en la tele cuando era pequeño sobre Amundsen y me quedé maravillado de los huevos que tenía. Montó en un dirigible para intentar rescatar a un compañero y debió pegarse una gran hostia y morir, o igual aterrizó en medio del polo y se quedó allí para no tener que volver a disfrutar de vuestra compañía. Pensar en eso, en quedarme a vivir en el polo yo solo me produce placer, pero siempre me daría por volver a Madrid, yo tendría morriña de Madrid y volvería, porque donde me han enseñado a caminar por el sucio asfalto y por los descampados como los inuit lo hicieron con Amundsen por el hielo.

cucharadas3En Tetuán de las Victorias, en la calle Marqués de Viana, había un mercadillo, un rastro, un poco más pequeño que el de cascorro. Los domingos por la mañana íbamos a allí. Los gitanos vendían ropa una década pasada de moda y fruta medio pocha, y había una churrería en la que nos comprábamos dos porras cada uno y nos las comíamos, y después íbamos a limpiarnos las manos de grasa en la ropa que vendían en cajones o en las fundas de los discos o en los libros, porque también había puestos que venían discos baratos de música cutre y libros que nadie leía. Roberto vendía cintas pirateadas allí. Compraba cintas vírgenes baratas en M.F Discos y discos originales, los gravaba los unos en las otras y vendía el producto a buen precio. La policía municipal hacia la vista gorda, porque siempre han sido unos vagos, en toda época. Y Roberto se sacaba un dinerillo y tenía los discos gratis. Pero tenía muy mal gusto para la música. Eso sí, le gustaba el disco “Kick” de INXS porque en la portada salían unas letras muy guays y un patinete, y eso le debía parecer muy a la moda, pero tenía en el fondo unos putos gustos asquerosos. INXS a mí me parecían una puta mierda, pero luego, mucho tiempo más tarde, me di cuenta de que el drogata de su cantante, Michael, era un colgado como nosotros y que de vez en cuando salían de sus sesera y de sus huevos cosas aceptables, pero ya era demasiado tarde porque el tío se había suicidado, se había escapado por la puerta de atrás como nosotros muchas veces deseábamos hacerlo. Una vez le compré a Roberto una cinta de La Polla Récords, que todavía tengo, pero el disco se lo había prestado su primo. Después hicieron un túnel debajo de la calle, un túnel de esos a ninguna parte que no sirven para nada agujereando Madrid, y aprovecharon para trasladar aquel rastro a otra parte, porque allí íbamos mucha mugre y casi nada era legal, y debía molestarles. Les moléstabamos nosotros, Roberto y los gitanos, siempre les vamos a molestar y si no lo hacemos, si no te molestamos, dínoslo para intentar aplicarnos más en hacerlo, porque nos gusta joderte.

Están reformando el bar de enfrente. Hace cuarenta años vi cómo llegaban Antonio y Manolo, pegaban una capa de pintura al local y se ponían a despachar cañas, cafés y vinos. Estuvieron así durante cuatro décadas, casi sin descansar. Cuando se retiraron intentaron alquilarlo a otros, pero no funcionó, y ahora van a hacer pisos en el local. Las inmobiliarias compran ahora los locales, las tiendas, los bares, para hacer pisos, pisos para pobres, en bajos comerciales. Bajos con una única ventana a la calle, rectángulos como ataúdes con tarima flotante y baño con efecto lluvia todo ello de las calidades más bajas pero lo suficiente como para que sobrevivas en ellos hasta que te mueras por un módico precio de alquiler. Allí los pobres se meten y viven como las ratas, como lo han hecho siempre, sin rechistar, hasta que llega el Dios cáncer y los mata, y entonces se alquilan a otro pobre y así hasta el infinito. Es la cultura del supermercado y de las franquicias, porque ya no va a haber tiendas ni bares, y beber y follar lo vas a hacer después de trabajar en casa. Y si no follas te haces pajas y ya está. Todo en una perfecta igualdad social, sexual y de género, dentro de un mundo justo donde cada uno tenga una vivienda digna. Las inmobiliarias llenan los buzones de propaganda de venta y alquilar de pisos, pisos ataúd para que vivas y te mueras dentro, todo en uno, posibilitando que el tiempo ya no exista y en tu placer mezcles futuro y presenta sin necesidad de distinguirlos.

cucharadas5Quedé con Gaspar para que me invitara a ver el partido contra el Shacktar Donetsk, ironías actuales del destino, el equipo del santo Donbass. Quedamos en la puerta de su antigua casa. Y también estaba la puerta del colegio abierta. Yo siempre había dicho que solamente entraría al colegio si era para quemarlo cont todos dentro. Pero me dijo que venga, que pasásemos a echar un vistazo al antro, y accedí, un poco por los putos viejos tiempos. Accedimos por el orto del colegio. Y sentí el mismo asco de siempre y al segundo volví a tener esas ganas de salir de allí corriendo o de quemarlo hasta los cimientos. Gaspar no entiende aquello de que yo los odie tanto porque él está más acostumbrado a ver aquello allí delante, pero mi casa estaba más lejos y allí dentro es cierto que no pasé ni un minuto en años ni siquiera de paz, siempre viví con el deseo aquel de matarlos a todos. Dentro había una pequeña colonia de curas pederastas que escapaban allí a alojarse huyendo de otros colegios en los que se habían pasado varios pueblos de la raya tocando y follando culos jóvenes. De la existencia de ese grupo de hijos de puta me enteré años más tarde de salir de allí, los veíamos puluar por el patio mirando lascivamente pero no nos lo imaginábamos, y también me enteré de que habían violado a uno de mi barrio que vive aquí al lado y ahora tiene cincuenta años. Intentaban hacer lavados de cerebro a los que iban a su centro de enseñanza, pero en algunos casos conseguían el efecto contrario al síndrome de Estocolmo. Yo soy la persona del mundo que conoces menos propenso a adicciones, porque nunca he creído en absolutamente nada, y eso me protege contra ese síndrome de estar secuestrado y porculeado y sentir placer con ello, y por el contrario siempre he sufrido el síndrome de odiar estar con la gente y de querer quemar los templos que dedican a sus inexistentes dioses. Aunque he de reconocer que sí que estoy secuestrado por Madrid. Barrotes de humo y asfalto. Y si me abrieran la puerta no sabría hacia dónde ir, volvería adentro con las orejas gachas.

A través de toda la maravillosa capa de hollín Madrid grita al cielo, late hacia las estrellas brillantes y asesinas que dan y quitan la vida. Madrid, salvaje y poderosa. Madrid, calles eternas que nos enterrarán y olvidarán. Mistificar Madrid. Madrid.

Cucharadas de tiempo.
Siempre que me marcho
podría ser un hasta nunca.
Prefieres ser culo de león que polla de ratón.
Vivir es volar sin paracaídas y
por mucho que te digan,
que te lo juren,
nadie pondrá un colchón debajo cuando saltescucharadas4
por la ventana.
Ocúpate tú de poner tu cuerpo
y yo lo haré con todo el resto.
Procura guardar
la distancia de seguridad
conmigo
si no quieres follar.
Intentaré sobrevivir
por ti
todo lo que pueda,
todo lo que me dejen
mis pies,
mis huesos
y estas calles
tan sucias
y tú mantente así,
oliendo mucho a sudor
y mintiéndote todo lo que sea necesario,
solo te encargarás de eso
por si alguna vez sucede.
Cagarse en Dios
y en la puta virgen María.
Blasfemar es como cagar en un avión.
El consejo mundial de la ciencia ha descubierto que el centro del universo gira alrededor
de tu culo
y quieren meterte un palo para ver mejor
cómo giran las estrellas
sobre sí mismas.
Observación de ortos y supernovas.
La muerte corre detrás de mi madre
como Usain Bolt. cucharadas6
Pogromo contra los viejos.
Arriaga ya no se habla con Iñárritu.
Tu coche no es un OVNI supersónico pero
los fantasmas sí que existen
aunque no me dieron nunca miedo porque la
noche de los muertos vivientes está en mi propia casa.
Abrir la ventana para ventilar
porque hace un frío polar de verano ahí fuera.
La mejor librería para tu libro es
tirarlo al contenedor de vidrio,
porque hay que salvar al planeta
de toda esta mierda, de tu basura.
Buzones llenos de propaganda
de inmobiliarias que
venden
pisos ratonera y tumbas
para pobres.
Planeta Tierra, ataúd intergaláctico
con preciosa vista a las asesinas estrellas.
Cucharadas de tiempo.
Siempre que me marcho
podría ser un hasta nunca.


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lanochemasoscura