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Casillas

casillasLa Rádio Televisão Portuguesa emite un programa radiofónico semanal llamado O esplendor de Portugal. Se trata de una tertulia moderada por Rui Pêgo, periodista portugués, en la que se convida a tres representates de comunidades extranjeras (una española, un brasileño y un italiano) a que se manifiesten sobre la actualidad de nuestro país vecino.

Pues, bien, Ronaldo Bonacchi, el italiano, refirió el otro día una sabrosa anécdota vivida en primera persona. El tertuliano había acudido a un ambulatorio. Cuando llegó, las salas de espera estaban abarrotadas y la explicación dada por los empleados del centro culpaba el atasco en la gestión de las consultas a una caída del sistema informático. En plena confusión, a alguien se le ocurrió encender la televisión que presidía la dependencia en la que se encontraba nuestro tertuliano. Justo en ese momento, el señor Bonacchi acertó a oír que desde el electrodoméstico se decía : “¡Portugal entero está indignado!” e, inmediatamente, pensó: “Pues sí que debe estar indignado, la frase no ha podido llegar en mejor momento: crisis económica, crisis demográfica, crisis del estado de bienestar… ¡Ya era hora de que la gente mostrara masivamente su malestar!”. Todo se le vino abajo cuando, desde la televisión, siguió la frase: “(…) ¡Hay una conspiración para que Cristiano Ronaldo no se lleve el Balón de oro!”

Si, al leer el título de este artículo, habéis pensado, en primer lugar, en el futbolista,  me confirmáis en la sensación de que nos encontramos en un avanzado estado de asunción de la irreversibilidad del proceso de embrutecimiento generalizado al que estamos siendo sometidos.

Las casillas a las que aludo son aquéllas en las que solemos meter a los individuos según sea el tenor de la primera opinión que les escuchamos y que nos impiden sacar algún provecho de lo que aún están por decir.

Si nos atenemos a lo que acabo de manifestar, en este primer artículo para La noche más oscura, he podido entrar y salir de un mínimo de dos casillas.

Mi propósito, en este espacio que se me brinda, es reivindicar lo incasillable, adjetivo que ha tiempo ha dejado de usarse por escasear los referentes a los que asociarlo.

Gracias, de antemano, por darme otra oportunidad (o dos…).



 

 

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