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Pandemia de cine

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Después de un año atravesando el desierto ya podemos calificar lo sucedido en cuanto al cine se refiere: el gran desastre. La tan llevada y traída pandemia ha demostrado lo frágil que era el mundo de estas salas oscuras que tanto nos gustan. Estamos a punto de la hecatombe, del final. Los buitres han olido sangre y es la oportunidad perfecta para destrozar lo poco que queda de aquel paraíso. Las plataformas televisivas multiplican los esfuerzos por terminar con el asesinato, y algunos directores y productoras, cada uno a su modo, les hacen el caldo gordo. Las salas, al menos en Madrid, no han permanecido cerradas, y la afluencia ha sido en muchos casos muy parecida a la que había antes de la debacle. Se ha jugado incluso con fuego con el tema de los aforos, en algunos casos excesivos, arriesgados, hemos visto muchas sesiones con el setenta por ciento de aforo, daban miedo. Pero lo que realmente ha habido en realidad ha sido sequía de películas. Mierda e incluso reposiciones por doquier de cosas que en ese momento están pasando por televisión.

cinepandemia2Han caído como lluvia dura los estrenos de muchos productos incalificables que en otras circunstancias no hubiésemos visto, que nos hemos tragado por puro amor al acto de subsistencia de las salas. Pero el desierto ha sido casi absoluto, no nos engañemos. Apenas se han visto estrenos interesantes, ha resultado todos tristísimo. Da la impresión como si las productoras quisieran suicidarse. Aprovechando que el Pisuerga pasaba por esta pandémica Valladolid, han salido algunos a arrogarse el ser adalides y héroes de la salvación de este mundillo, en tiempos en los que muchos se apuntan al carro de la heroicidad. Fuimos con cierta ilusión a ver la cosa en cuestión de Almodóvar, porque no llega ni a cortometraje, y nos emocionó un poco el comienzo con su manifiesto por el cine tradicional junto a nuestra adorada Tilda Swinton, pero el engendro era tal que salimos patidifusos. Incluso, dada la corta duración y la absoluta mierda que habían hecho, bajaron el precio de la entrada. Este “cortometraje” que han nominado al Oscar da vergüenza ajena, es muy de largo lo peor que ha rodado Almodóvar en su vida, y mira que hemos visto de todo. Pensábamos que tras la última película había resucitado un poco, pero nada más lejos.

Vimos también cosas como “Nieva en Benidorm”. La Coixet también se ha apresurado a parlotear y parlotear sobre lo maravillosa que es su profesión, de la que se siente autora, artista y adalid del buen gusto. La película en cuestión, esta al menos sí puede ser calificada como algo así, es una basura que si cualquier otro sin nombre la firmara sería puesto a parir de forma inmisericorde. Coixet se ha hecho ahora imitadora de Kaurismaki y de Jarmusch, pero muy mala imitadora.

Pero recuerdo lo peor de lo peor, en nada comparable con el resto incluso por estar a la altura de la mierda, es la basura más absoluta de Gaspar Noé “Lux Aeterna”, donde ha rizado el rizo de la porquería. Salimos muy cabreados de semejante engendro que debería estar prohibido, cosas así sí que son nocivas y no Pablo Hassel. Colgar a Noé de los huevos del techo de una sala no estaría mal.

cinepandemia33¿Que si hemos visto algo que nos haya gustado? La gran masa ha sido mediocre. Mejor casi ni citar esas decenas de películas sin trascendencia alguna. ¿Excepciones? Pues sí, afortunadamente. Destacaría entre esas pocas “Un acuerdo original”, de Romane Bohringer y Philippe Rebbot. Es una película de 2018 que, quizás a causa de la sequía, fue estrenada en España. La (ex)pareja mezcla cine y realidad en una especie de comedia divertida y simpática. Y sencilla, sin pretensiones filosóficas. Directores y protagonistas de su propia historia en parte real, nos trasladan a su mundo donde el buen rollo no es sinónimo de coñazo ni de aleccionamiento. Otra excepción: “Ane”, de David Pérez Sañudo. Desde luego, aunque con un tema algo desgastado por la mierda de la serie (y mierda de novela) “Patria”, verla vale la pena, Patricia López Arnáiz está muy bien, y no parece, al menos un discurso de buenos y malos al uso.

cinepandemia4Pero ya hace muchos meses que vimos esta peliculita. Vamos a recomendar una, la mejor que he visto durante esta temporada y que, curiosamente, se encuentra ahora mismo en cartel. “Nuevo orden”, de Michel Franco, es una obra salvaje, entretenida, con muy mala baba, y real como la vida misma. Es peligrosa, porque retrata el hijoputismo de todas las capas sociales, donde se salva el individuo, algún individuo, pero donde el resto habitan en un eterno sálvese quien pueda. He leído como algunos sesudos intelectuales insultaban a la película, les he visto afirmar que es un bodrio. Debió irritarles lo suficiente las retinas como para afirmarlo, y eso, para mí, ya es un punto. Irritar y provocar, hepatar, lo busca y lo consigue Michel Franco (vaya apellido tan inspirador, ¿verdad?). Le ha salido un puñetazo en el hígado de la sociedad, de los que duelen. México vive en un caos que vemos con temor desde la distancia. Pero las élites y los aspirantes a serlas son en realidad los mismos chacales a uno y otro lado del océano, y estos tiempos nos han mostrado a las claras que nada es imposible que suceda, que nuestro mundo tiene los pies de barro, y que cuando las barbas del vecino veamos pelar hay que poner las nuestras en remojo.


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Píldoras de cine (XV)

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El cine se nos está muriendo entre las manos. Leo artículos sobre antiguas salas de cine en Madrid y dan ganas de echarse a llorar. Apenas quedan tres o cuatro y allí vamos los cuatro o cinco pirados gilipollas, siempre los mismos. Ente todos la mataron y ella sola se murió. Los que se quejan también tienen gran parte de culpa, los propietarios de los cines protagonizaron una subida exponencial del precio de las entradas durante las últimas dos décadas, y ahora solamente se ve gente en las salas en los días de la llamada “Fiesta del cine”, fiesta de entierro del cine en realidad, y el día del espectador, gracias al precio reducido. En el resto de sesiones año a año vamos viendo menos público, con ligeros espejismos puntuales de películas taquilleras a las que el público idiota acude en masa a las salas de versión original solamente porque ya casi no quedan salas abiertas y los avaros propietarios ya programan cualquier mierda en estos para nosotros adorados cines. Ese público ruidoso y comedor de grasientas palomitas nos molesta y nos hace añorar aquellos tiempos no tan lejanos durante los que teníamos pildoras152que hacer cola para comprar entradas todos los viernes. Para la sesión de las diez de la noche había que acudir un rato antes porque si no te quedabas sin entrada. Ahora la gente acude más a la que llamamos “sesión momia” de las siete y las ocho, y a las diez apenas hay gente. Este vacío humano resulta agradable, pero al mismo tiempo debemos ser conscientes de la lenta pero inexorable muerte que ello representa. Hasta nuestra taquillera favorita, la dicharachera señora de los Renoir de Martín de los Heros, se jubilará a principios de año. Pronto estarán muertos todos nuestros héroes directores, algunos están dando estertores, los últimos coletazos decadentes antes de espicharla.

El cine en decadencia. Las figuras clásicas, chochean, están firmando o mierdas o crepusculares obras en las que se nota que chochean. Hemos visto ejemplos de ello este otoño con Woody Allen y su peliculita blanda y repetitiva, a Eastwood repitiéndose más que la cebolla, a Costa Gavras y su oda telefilm a Varoufakis, a un cine español que se regocija en implementar lo de siempre como novedad, como el prematuramente envejecido Amenábar y su mierda de tópica guerra civil. Amenábar nunca fue nadie o casi nadie, cierto que es una figura inflada artificialmente, a ratos incluso engolado e insufrible. Ahora se sirve incluso del viejo truquito de los actores que siempre están bien para adornar la vaguedad de sus contenidos. En este último caso maquilla su película con Karra Elejalde, que resulta como siempre simpático, pero en el fondo insulta a Unamuno (leed un poco a Unamuno al natural, os lo aconsejo, y dejaros de mierdas grandilocuentes) aunque con muy buenas intenciones, y con Eduard Fernández bordando frase a frase y haciendo más grande de lo que era a Millán Astray, pero está claro que él es un actor como la copa de un pino a la altura de los más grandes y está muy por encima de cualquier papel ridículo que le encarguen.

pildoras154Eduard Fernández además se ha permitido engendrar un monstruo: Greta Fernández. “La hija de un ladrón”, de Belén Funes, es una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos. Es una obra Dardennista pero sin arrastrar el tedio que está comenzando a invadir a la pareja de creadores belgas. Retrata unos personajes a pie de calle, sin maquillajes, con unos ricos matices interiores, sin buenos y malos sino sólo de carne y hueso, y con una actriz sobrenatural empapándolo todo. Greta Fernández interpreta a una niña y a una mujer dura y curtida al mismo tiempo, y resulta maravillosa en todo lo que toca. No es una actriz de las que se estilan ahora, supuestamente bellos animales a la vez que insípidos. Es una intérprete que varía en cada plano su expresión, y a la que Funes ha sacado un enorme partido en su creación. La casta del galgo Greta es clara, incluso en el parecido físico con el padre, en sus claros en sus oscuros, en sus seriedades y en sus sonrisas. Calificarla de bella es quedarse irremediablemente corto.



En el cine español hay vida, alguna luz al final del túnel aunque parezca lo contrario y a veces pensemos que no hay salida, que todo está perdido y muerto en manos de los mismos que se creen por encima del bien y del mal. También hemos visto una obra provocadora y sobresaliente diferente a lo conocido: “Ventajas de viajar en tren”, de Aritz Moreno. Basada en un libro aparentemente inadaptable al cine de Antonio Orejudo, está obra surrealista y rompedora logra la cuadratura del círculo de lo divertido y lo novedoso. Juega con el espectador pero sin empalagar, y le da patadas en los huevos, y lo retuerce, y lo desconcierta aun sin apenas efectismos. Moreno consigue sacar todo el partido a los actores y a la acción sin dejar casi ni respirar al espectador, al que zarandea sin compasión en cada escena con una vuelta de tuerca. Pilar Castro, Ernesto Alterio y Luis Tosar pildoras153bordan sus papeles, pero cabe destacar a un actor que no me gusta nada desde sus tiempos de “Azuloscurocasinegro”, pero que parece algo recuperado en esta película gracias a un rostro perverso que nunca había cultivado antes: Quim Gutiérrez. Ha atravesado un desierto de papeles de guaperas idiota, y aquí crea un monstruo gracias al que se muestra irreconocible y resucita.

Estas dos películas resultan de obligatorio visionado. La gente que se ofenda con facilidad debe ser empujada a ver “Ventajas de viajar en tren” incluso con engaños. En nuestro caso recomendamos fervientemente acudir a verla a una amiga que en otros casos en cuanto follan medio minuto en pantalla o se sacan algún moco o hez corre a la puerta de la sala escandalizada, cosa que nos hace mucha gracia (si lees ésto tú la respuesta es sí, nos mofamos de ello compulsivamente, pero te tenemos cariño y al menos nos acordamos de tí), pero en este caso quizás fue la potencia provocadora enorme de la película la que le impidió mediante su gusanillo puramente salvaje abandonar el barco antes de tiempo, incluso cuando el texto de Orejudo visita territorios como la coprofagia o la zoofilia. La película consigue que huelas el camión de la basura a través de la pantalla, saca los pies del tiesto de una forma extraordinaria.

En el túnel de Martín de los Heros se reúnen los fines de semana cientos de niños haciendo botellón. A veces se les escucha gritar dentro de nuestras salas de cine, que son como un reducto ante la invasión de los hunos. Soñamos con salir con bates de beisbol en imponerles orden. Nuestra taquillera favorita de los Cines Renoir se jubilará dentro de dos meses, y pronto despacharán las entradas máquinas automáticas o directamente autómatas. Al menos pedimos que a los robots les pongan el rostro de Greta Fernández.


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Píldoras de cine (XIV): Blaze

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En este mundo suceden cosas increíbles. Que un hombre muerda a un perro. Que los partidos de supuesta izquierda se pongan en algo de acuerdo. Que digas que eres progresista mientras llevas a tus hijos a un colegio privado. Que los partidos de derechas no roben. Pero hay una cosa mucho más sorprendente: el éxito de las películas de Danny Boyle. Pero en realidad hablo por hablar, porque tiene una fácil explicación, que sois gilipollas y os gusta el pastiche.

pildoras142Danny es de trucos fáciles, como muestra esta película cancionera y fácil, “Yesterday”. Ya en el pasado ha perpetrado otras mierdas, como “La isla”, como la sensiblera y tramposa “Slumdog millionaire”. Solamente me resultó soportable en esa versión limpia de “Trainspoting”, donde se salvaba a pesar de sus imágenes pulcras y una voz en off en la que las parrafadas de Welsh lo sacaban del atolladero. Poco más. Boyle esta supermegavalorado, y premiado. En “Yesterday” elabora un producto prefabricado y estomagante, edulcorado con sacarina sentimental y con canciones que forman parte del imaginario y el inconsciente popular. Yo no soy de los Beatles, siempre tomo parte por los Stones y su sonido de grupo de amigos borrachos, los de Liverpool me resultan petulantes, pero he de reconocer que sus canciones, a base de escucharlas hasta en la sopa, forman parte de la historia de la humanidad. Las tenemos tan interiorizadas que una aceptable versión de cualquiera de ellas llena mucho espacio en cualquier mierda de película, como es el caso. He leído además que tras el montaje inicial cortaron un triángulo amoroso del protagonista, ya montado y todo, porque no funcionaba. Ésto último me reafirma en su acartonamiento total. Busca la risa fácil, la ternura fácil, la solidaridad fácil del espectador idiota, la felicidad fácil final. Todo fácil, para marcar un camino trillado al espectador. Me da ganas de vomitar. Boyle se parece estéticamente a la peor cara del Alan Parker más estéticamente cargante, a esas imágenes que huelen a perfume incluso en las circunstancias más sucias, a esos colores limpios incluso en cualquier suburbio, a esos personajes que nunca son odiosos del todo. “Yesterday” es una puta mierda que me da vergüenza ajena. Pero que seguramente a tí te guste, pazguato. Ahora están de moda los biopics musicales. El de Elton John “Rocketman” en el que un gordo con voz de pito se hace pasar por Elton John, o “Bohemian Rapsody” donde dos señores, uno con bigote y otro con greñas rizadas en la peluquería, insultan a Fredy Mercury y a Brian May sin piedad haciendo play-back de sus canciones. Era imposible para Boyle hacer un biopic sobre los Beatles, porque seguramente el cretino de Paul Mccarntney no le dejaría hacerlo, así que una buena excusa es hacer una película con banda sonora efectista de los Beatles para que el espectador trague una vez más, ahora con un bio-nobiopic. Con vuestro pan os lo comáis. Y con el patético Ed Sheeran haciéndose el interesante, de propina.

pildoras144En contrapunto, hemos visto una maravillosa película relacionada con la música: “Blaze”, de, increíble, Ethan Hawke. Sí, Ethan, ese otrora petulante actor ahora se ha pasado a la dirección. Me contaba hace poco mi amigo Benny del Paso que hace años paseando por París con un amigo (seguramente era amiga y había sexo entre ellos, pero Benny es muy discreto) se encontraron en un bar a Ethan, que le pidieron un autógrafo y que la estrellita hollywodiense les miró con mala cara, de divo para no ir más lejos. Hawke tenía en el pasado toda la pinta de ser un actor gilipollas, pero en los últimos tiempos he visto un par de cosas suyas que me han gustado, quizás sea la vejez. Pues “Blaze”, que trata sobre la vida del cantante de country Blaze Foley pero está a años luz de ser un biopic, es grandiosa. Su música, sus actores, la forma de su acción, su sencillez, su suciedad. Ben Dickey interpreta algunas canciones de Foley de forma magistral y da cuenta de la autenticidad de la vida de éste fuera del glamour y de los superventas, pero mostrándonos su enorme creatividad y naturalidad. Alia Shawkat está también que se sale, la preciosa chica judía con la que Foley vive en un árbol. Pero quien da la campanada es Charlie Sexton, guitarra para diversos artistas americanos, pildoras143incluído Bob Dylan, en la vida real, y que interpreta como una auténtica escultura viviente a Townes Van Zandt, el inseparable compañero en los escenarios, y en las grabaciones musicales más inverosímiles, de Foley. Simplemente genial. La película muestra el espíritu natural de la música, de sus verdaderos creadores, de esas personas de las que algo brota sin un sentido aparente ni dirección y que deben seguir esa corriente vital por pura necesidad, la música como sentido existencial y como muerte más allá de las cifras, de la popularidad y del negocio. Foley y Van Zandt fueron ángeles borrachos, supieron reconocerse y aceptarlo, siguieron voluntariamente ese camino propio que les llevaba directos a la tumba. Si buscas conciertos, vídeos o grabaciones de ambos, resulta difícil encontrarlas, se prodigaron muy poco fuera de sus actuaciones en tugurios de mala muerte, y quien fuese testigo de ello recibió un regalo imborrable. Ángeles borrachos, trovadores para los que lo mejor era vivir en un árbol con su guitarra. Atentos a la voz de Alynda Segarra en las versiones de las trovadas tristes de Foley, y de la voz de la propia Shawkat, que se atreve con una inolvidable canción a dos voces: “Blaze & Sybil's Lullaby”.

Hawke ha conseguido lo que muchos no hacen en una vida entera: dirigir una gran película, una obra imborrable. Y sin recurrir a lo fácil. Quizás ese haya sido el camino acertado. Danny Boyle nunca podrá lograrlo por mucho dinero que gaste en sus olvidables producciones y las pinte de neón y purpurina sentimentaloide. Aunque a Benny del Paso le dieron ganas de darle una hostia a Ethan cuando se lo encontró.


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