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Reflejo en el tren

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No acostumbro a entrar a lugares vacíos. Me siento cómodo en mi soledad colectiva, universal y generalizada, indiferente e inadvertida.
Asiento 25, compartimento 2, vagón 1. En este caso he optado por la intimidad. Los viajes traen consigo un tintineo constante, una serenidad ruidosa. Tan sólo tengo la  oportunidad de elegirlo de forma ocasional. El tren siempre tiene un tinte melancólico en mi vida.

Hace un rato que ha pasado el revisor. Internamente tenía la esperanza de que me tocara viajar solo en el vagón pero, sin embargo, en el último momento llegó un chico muy apresurado, que trajo como compañero un ente que mi nariz no dejó de percibir durante todo el viaje.

Comienza a anochecer a medida que salimos de la ciudad. Cuando parecía que ya me había acostumbrado, el nuevo compañero de viaje se quita las zapatillas y se sienta en posición de descanso. Su olor corporal se envalentona.

reflejo2Rostro calmado, mirada sencilla. De complexión ligeramente regordeta, gorra rapera,  con barba morena y larga. Una vida más. En un primer golpe de vista no destaca por feo ni guapo,  listo ni tonto, bueno ni malo. Incluso se me había pasado por la cabeza que también fuera un turista español que estuviera de ruta hacia el Atlas, en razón de la mochila que traía, pero pronto se puso a hablar por teléfono en el idioma de Al-Allah.

La iluminación de las vías en las estaciones de paso no deja ver mucho más sobre el horizonte. De repente comienza a rebuscar entre sus cosas desperdigadas sobre la mochila para sacar un Mac sin funda, una bolsa de frutos secos y un móvil unido a otro aparato que parecía ser una batería externa.

¿Qué es lo que hace que una persona se convierta en peligrosa?

Según pasa el tiempo me voy forjando en el oficio de mentira sutil, de la explicación condicionada y el juicio subjetivo. A medida que aparecen pruebas convincentes se desata un proceso interno opuesto para la desestimación de las mismas, que lleva consigo una desesperación por llegar a una mínima conclusión.

A primera vista no lo catalogaría de peligroso puesto que es una persona más en su entorno habitual, pero no estoy seguro de sí tendría el mismo juicio viviendo la misma situación en un país cristianizado.

¿Cuánto tiempo necesitas pasar con una persona para conocerla realmente?

Teniendo en cuenta este preciso momento, un minuto podría ser indiferente y descartado, inexistente. Y sin embargo, en cualquier momento podría decirle que quitara el aire acondicionado, o podría compartir los frutos secos conmigo, o podría pasar cualquier cosa sin importancia que diera pie a una conversación trascendental cuyo recuerdo pasaría a ser atemporal, eterno.

¡Cuántas conversaciones mantenidas con desconocidos me vienen a la mente! Por extraño que parezca, el hombre por naturaleza es sociable, pero tiende a compartir sus puntos de vista desde el más absoluto anonimato. Difícilmente te vas a sentir juzgado por alguien que acabas de conocer pero al mismo tiempo es revelador hacer partícipe a otra persona de tus pensamientos más íntimos para que cobren vida por sí mismos. Si no se compartieran, bien pudiera tratarse de una alucinación transitoria, un sueño que nunca hubiera ocurrido.

¿Qué es lo que más me intriga, su vida o la mía misma?

Desde el otro lado de su pantalla, el chico probablemente me está mirando de reojo, pero yo apenas lo percibo porque estoy demasiado concentrado escribiendo estas líneas. ¿Acaso él no se preguntará, con más curiosidad incluso, qué es lo que yo estoy escribiendo con tanto énfasis?

reflejo3¿De dónde vienes y a dónde vas?

No hay nada más frustrante que el miedo a empezar por no saber cómo va a terminar. Poco importa el destino realmente una vez se ha comenzado el camino.

Su tono relajado y despreocupado me hace pensar que este viaje para él es un retorno a su entorno más cercano, su lugar de partida.

Tarde o temprano y después de constantes incursiones al mundo abierto ambos llegaremos a ese lugar sin nombre propio que estábamos buscando, consciente o inconscientemente: vivir experiencias intensas con nueva compañía, entorno de trabajo agradable, encontrar a esa persona con la quien formar una familia, descubrir nuevas  aficiones o intereses.

Precisamente la búsqueda constante de este destino que no se llama Casablanca ni Rabat, Marrakesh ni Madrid, es lo que me hace estar hoy aquí.

He decidido montarme en este tren sin conocer el punto real de llegada puesto que no se acaba esta noche. A veces el argumento más simple es el más convincente. Era el último tren del día y ya había pasado demasiado tiempo en la ciudad de la que provengo.  

¿Saliendo de la crisis?

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Poco queda para el gran día. Mañana es la presentación final y el miércoles se comunicarán las plazas para cada uno de nosotros. Afortunadamente no he salido mal parado de las calificaciones, con lo que si sale al menos una plaza disponible en mi ciudad y, por tanto, puedo optar a ella, espero conseguirla sin mayores sorpresas.

Mientras termino de dar los últimos retoques para preparar la presentación final me envuelve un sentimiento de liberación. ¡Atrás quedan estos dos largos años de clases! Estoy harto de que me digan mis amigos de la cuadrilla que a mis 30 años pasados ya es hora de dejar de estudiar y ponerme a trabajar de una vez.

crisis2Y tienen razón.  Cuando acabas el colegio y toca decidir qué quieres hacer después, es relativamente fácil continuar con los estudios. Ahora, por el contrario, mis prioridades son diferentes. Quedar para tomarme unas cervezas con un amigo que hace tiempo que no veo trae siempre consigo hablar de los preparativos de su boda, la reforma de la casa que se acaba de comprar o conocer a unos ojitos risueños que acaban de dar a luz.
Después de esperar durante años, en tan solo un par de días llegará. Espero poder asentarme en breve y comenzar una nueva etapa en la que ya no tenga que calcular el tiempo que tardo en arreglarme por las mañanas pensando tan sólo en mí.

Todavía tengo varias dudas sobre cuál es la plaza por la que finalmente me decantaré.  A este nivel el matiz es prácticamente inexistente pero, tal como está estructurado el sistema, es evidente que, si en algún momento asciendo, cosa que por suerte o por desgracia en mi empresa se obtiene hasta cierto grado por antigüedad si todo sigue como hasta ahora, es posible que me encuentre con un techo incapaz de franquear.  

Como técnico especialista me he formado y entrenado durante estos últimos años para tener una capacidad crítica a nivel operativo y estratégico sobre mi área y he sufrido, junto con todos los compañeros de mi promoción, los cambios recurrentes de planes de estudio a lo largo de la vida de estudiante.
En medio de este conjunto de reformas educativas perfectamente acompasadas con los cambios políticos de turno, en cuanto me incorpore a mi puesto lo que viviré serán las diferencias latentes entre estas reformas de las últimas décadas frente a los criterios de selección y formación tradicionales de los responsables que todavía hoy toman las decisiones de peso: hijos de padres que trabajaban en la empresa, afinidad política, cercanía geográfica, simpatía con las decisiones con la gerencia de la época; requisitos basados en contadas excepciones en criterios técnicos y profesionales.

De unos años a esta parte se habla constantemente de la necesidad de hacer cambios que hagan que la empresa sea más competitiva, tenga unas capacidades alineadas con la nueva realidad tecnológica aplicable a todas las áreas, con lo que se nos ha integrado en mayor o menor medida este nuevo grupo de profesionales especializados.

crisis3Compañeros, hemos tocado fondo. Nuestro conocimiento y compromiso es ampliamente reconocido. Punto. A partir de ahí, pretender que las viejas estructuras organizativas sean modificadas y se adapten hasta las escalas superiores que reducen el poder de decisión de las categorías profesionales tradicionales es, a día de hoy, una utopía. Es importante seguir haciendo elogio de esas épocas brillantes en las que por poco que se hiciera, como éramos los únicos en el mercado, se conseguían logros inalcanzables en estos días de competencia voraz. Los jóvenes nunca llegaremos a ese nivel.

Teniendo en cuenta que los hilos de las marionetas todavía están controlados por las mismas manos, sería necesario que la crisis siguiera haciendo estragos para conseguir romper definitivamente la brecha hacia un nuevo modelo.

Al menos yo he conseguido ocupar un puesto a nivel nacional sin limitaciones lingüísticas regionales, ni he sufrido discriminación de género como criterio de selección. He tenido suerte.

Definitivamente, me voy a decantar por mis intereses y prioridades personales. A día de hoy tiene poco sentido pensar en lo que vendrá en la próxima década. Esperaremos para ver cómo va evolucionando la situación. Confío en vosotros, compañeros, porque cada día somos más y conseguiremos que la racionalidad pueda ocupar un asiento en los comités de dirección. Por el momento voy a darme prisa con las últimas diapositivas. Un vaso de leche y a dormir. Mañana me espera una guerra.

Oferta de secretaria de dirección, convocatoria cerrada

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- Cariño, los compañeros de pádel han reservado una pista de pádel el viernes ¿Crees que te dará tiempo a venir un poco antes para quedarte con los niños?, se escucha de fondo entre el sonido del grifo y el ruido de platos chocando entre ellos mientras Jose friega los cacharros.

"Si Freddy está pidiendo que le incluyamos estas piezas es porque Alicia al final no ha mandado la cotización revisada de los repuestos como comentamos.  ¡Esta tía hace lo que le da la gana!. Creo que tengo a mano la ultima versión. Lo reviso en un segundo y se lo envío antes de que se acabe el día en Ecuador'', pienso mientras dejo el móvil en la mesa y me levanto para buscar el portátil, despacito para no despertar a Rubén y Ana que acababan de dormirse.

Jose se calla esperando mi respuesta, pero, al verme levantar, cierra el grifo y se queda mirándome fijamente.

oferta3- ¿Y qué me has dicho entonces que hay que comprarle a los niños?, le pregunto entrecortada, porque no me acordaba de lo que me había dicho.

- Cariño, esto no puede seguir así. Acabas de reincorporarte al trabajo, no puedes estar todo el rato pendiente del móvil. Las cosas no se han hecho como te hubieran gustado mientras estabas de baja, pero la empresa tampoco se ha ido a la quiebra. Como sigas así se te va a cortar la leche muy rápido como con Ana.

Jose tenía razón. Lo había vuelto a hacer. Supongo que es la misma sensación que tiene un fumador cuando enciende un cigarrillo después de haber hecho el propósito de dejar de fumar. Agaché la mirada, bajé los hombros y me desplomé sobre sus brazos.

A día de hoy, todavía no entiendo cómo he llegado a esta situación. Desde luego que no me apetece ni lo más mínimo estar pendiente a todas horas del móvil. Ha llegado un momento que ni siquiera me siento bien cuando contesto a estos mensajes de trabajo porque siempre siguen quedando muchos más pendientes. Pero lo sigo haciendo porque me he comprometido a ello.

Lo peor de todo creo que es que siquiera me gusta mi trabajo. Soy una persona metódica y ordenada, o al menos a mi manera. Todas las tareas tienen sus procedimientos establecidos. Si no es así, me gusta tener iniciativa para crear nuevas pautas.

No entiendo cómo puede ser tan complicado que la gente adopte estos procedimientos para que yo pueda controlar fácilmente cómo se ejecutan las tareas en cada momento. Siempre tiene que haber algún imprevisto.  

Cuando yo empecé a trabajar no me importaba quedarme horas extra. Lo importante era que la documentación estuviera bien trabajada y se mandara a tiempo. No necesitaba ninguna motivación especial. Tan sólo quería que mi trabajo fuera correcto y me empeñaba a fondo para conseguirlo.

Me desconcierta pensar en cuáles pueden ser las razones para que mis recursos, los miembros de mi equipo, tengan problemas para mandar la documentación a tiempo y entreguen el material incompleto. Al final soy yo la que tiene rendir cuentas de su trabajo y necesito tenerlo todo bajo control, aunque ya no puedo supervisar por completo todas las tareas como me gustaría.

oferta2Supongo que ahora, además, mi dedicación pesa un poco más porque con mis hojos no es sólo mía, ha dejado de ser la prioridad principal en mi vida.

Todavía hoy me planteo por qué acepté la responsabilidad de liderar un equipo de trabajo, con lo cómoda que estaba cuando conocía la forma de llevar a cabo las tareas que venía realizando de forma habitual. Por mucho que lo intente, nunca se puede controlar 100% el resultado.

A mí me pareció adecuado que contrataran a un responsable para que trabajara en el departamento técnico con el compañero que entró conmigo porque en ese momento ni él ni la empresa entendían que estuviera capacitado para una responsabilidad mayor. Sinceramente, yo tampoco creía estarlo. Sin embargo, si me lo ofrecieron y si lo rechazaba tenia la impresión de que podía perder la confianza que tanto trabajo me había costado ganar. A día de hoy, con los comentarios y acciones que se han ido sucediendo, creo que ese argumento era correcto. Hay veces que la presión social es más fuerte que la motivación propia.

Según pasan los años me voy dando cuenta de que ese sentimiento de encrucijada entre lo que haces y lo que te gustaría hacer, pese a lo que cabría esperar, va en aumento. Entonces toca que hacer frente a nuevas situaciones: asumir errores críticos en la ejecución que condicionan volver a comenzar de nuevo con un mismo proyecto, defender nuevas ideas o presupuestos para implementar nuevos procesos planteados por el equipo de las que no estoy convencida por completo, pero sobre todo superar el reto de gestionar personas, con diferencia lo más complejo de cuantas tareas pueda ejecutar.

En estos años he hecho frente a situaciones insoportables, he sofocado rebeliones, he logrado mantener el orden. Poco a poco el equipo fue creciendo, y a su vez el control pleno se difuminó. A día de hoy tengo un equipo nuevo, todos los que empezaron conmigo ya no están, a veces por su incompetencia para el puesto, otras porque según su perspectiva, decidieron cambiar por algo mejor.
 
Creía que los desencuentros eran por razones personales de cada uno de ellos, pero me he encontrado con que con mi nuevo equipo estoy viviendo las mismas situaciones, con lo que me cuesta culpar a la gente oferta6que me ha abandonado de la problemática diaria, como lo hacía siempre. Ahora, otras personas han hecho este relevo, están sufriendo la misma presión, tengo que controlar todo a costa de lo que sea.

Pasa el tiempo y la gente se va, compañeros con los que has trabajado codo a codo en los momentos más críticos. Se esfuman sin más, y pierdes su pista, para siempre. No son familiares con los que siempre te vas a juntar en la cena de navidad, ni vecinos que ves con frecuencia a la vuelta de la esquina. ¿Qué sentido ha tenido tanto consenso y esfuerzo por hacer las cosas juntos?

Sería mucho más feliz si pudiera dedicarme a ser secretaria de dirección, como al principio, aunque para el jefe sigo haciendo el mismo trabajo. Al menos así no llevaría a cuestas estos desencuentros.

- Cariño, los compañeros de pádel han reservado una pista el viernes a las 8. Espero que te de tiempo de venir porque esta semana eres tú quien va a ir a jugar, afirmó categóricamente Jose.

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