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Mapas

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No tengo hijos y los hijos de mis allegados son ya lo suficientemente talluditos para no servirme de ejemplo. Así que no tengo ni la más remota idea del ámbito en el que los niños de hoy darán muestra de su prodigiosa capacidad de retener datos. Imagino que lo de conocer más de doscientos tipos de saurios es agua pasada. O lo de coleccionar figuritas con los animales de la granja.

mapas8El caso es que, en mi niñez, la monomanía erudita infantil podía versar sobre la vida y milagros de los futbolistas (cuyos cromos coleccionábamos), los soldaditos de plástico (que teníamos que pintar y disponer en el campo de batalla), las distintas colecciones de imágenes sobre países y culturas extranjeros y qué sé yo qué otras cosas. Se jugaba mucho en la calle y había poco tiempo de 'recogimiento' si no era el dedicado a hacer los deberes.

Mi pasión eran los mapas. Recuerdo la impresión que me produjo el regalo de Mi Primera Enciclopedia, de Larousse. Un libro de grande, de tapas gruesas y no muchas hojas que aún conservo. En él, se trataba de dar una visión resumida e ilustrada con unos dibujos preciosos de los distintos pueblos que habitan la Tierra y de la manera en que viven y la explotan. La sencillez y el colorido, la alegría y la harmonía que transmitían las ilustraciones me llevaron, sin duda, a querer saber más sobre esos territorios tan diversos.

mapas2El hecho de haber vivido ya en tres países distintos cuando tan sólo tenía siete años y haber viajado tanto en coche por ellos había también puesto a mi alcance mapas de carreteras de esos que se desplegaban y se tornaban auténticas e inarbacables sábanas que luego sólo se podían volver a plegar de una sola manera. Me encantaba mirar por la ventanilla y contemplar los paisajes que atravesábamos. Campos de cultivo, montañas, ríos, pueblos y ciudades. Fronteras. Cambios constantes. Hubo una época en que mi hermana, a quien todo esto le sentaba en el fondo muy mal, preguntaba cada dos por tres en los desplazamientos: "Mamá, ¿esto también es España?".

Pero yo a lo mío, a entregarme a la tarea de comparar lo que 'decía' el mapa con lo que yo iba descubriendo desde los asientos traseros. Y, en casa, a seguir abriendo atlas y todo tipo de planos (de ciudad, de edificios...). Me fascinaba el modo en que se consignaba simbólicamente el espacio que ocupamos. La 'mentira' que hay en la consignación de proporciones (los pueblos, los ríos, las carreteras están siempre sobredimensionados en la cartografía).

mapa9Me acuerdo de que mis compañeros de segundo de EGB creían que el mundo se acababa donde lo hacían los límites de los mapas de España (físico y político) que teníamos en el aula. Y me preguntaban: "¿En Francia hay árboles?". Y yo, erre que erre: a relacionar toponimia y tipo de poblamiento con territorio. Me encantaba fijarme en las zonas limítrofes y en las transiciones de todo tipo. Cada vez que podía disfrutar de una experiencia directa, se trataba de anticipar o de corroborar a partir de los detalles del paisaje natural o humano lo que ya me había adelantado el mapa de turno.

Esta curiosidad transversal, este goce intelectual fundado en el poder ir encajando las piezas de un inmenso puzle bidimensional, los he ido desarrollando a lo largo de mi vida. Me ha interesado siempre saber dónde estoy en el espacio y en el tiempo. Disfruto de ser capaz de descubrir conexiones entre ámbitos que parece que poco tienen que ver. No me interesa la especialización. Prefiero las visiones de conjunto. Vamos, que me gustan los mapas.

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Gente en la conversación

  • Invitado - MISS MORGADO

    Algo me olí cuando vi el enorme mapa (¿de Grecia?) colgado en la pared de tu salón. Yo también adoro los mapas, especialmente los de las ciudades. El momento en que te das cuenta de que ciertos barrios de una ciudad, que conocías aisladamente, están conectados con otros que creías más lejanos, sigue siendo mágico...

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