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Defrauda si puedes

Cuando alguien defrauda y le sale bien es el puto amo.

La Agencia Tributaria me reclama más de 500 euros de la declaración de la renta de 2011. Han sumado mis salarios de mileurista durante los tres únicos años seguidos de mi vida que pude trabajar con un contrato de mierda. A esa cantidad han añadido la indemnización por despido que recibí después de que la empresa nos echara a la puta calle. Yo pensaba que las indemnizaciones por despido no tributaban a no ser que hubieras recibido un importe máximo de 45 días por año... y no es el caso. Pero Hacienda me ha enviado una carta con tono amenazante y despectivo, casi chulesco, en la que pretende abrumarme con terminología barata y burocracia sin sentido para que me cague por los pantalones. Me llaman criminal y chorizo en plan fino, haciéndome sentir casi un prófugo de la ley, ya que me advierten de que podrán tomar las medidas que estimen oportunas para joderme la vida.

Lo que defraudas tú no lo podrá defraudar otro. Así que aprovecha si puedes.

defrauda2Por supuesto presenté la pertinente reclamación, aunque tuve que perder mi tiempo y mi dinero en juntar los papeles que yo creía haber tirado hace años y que, por suerte, María me guardó en su cajón. Perdí una mañana entera en juntar el papeleo y otra en llevarlo a Hacienda y hacer cola alegremente durante varias horas. Eso sí, el trato despectivo les ha salido gratis y ahí no creo que pueda reclamar mucho. Me han insultado y faltado al respeto gratuitamente, hablándome como si fuera a ir a la cárcel. ¿Le habrán mandado alguna carta similar a alguno de los 10.000 aforados? ¿Los miles de políticos imputados por desfalco y corrupción habrán recibido este trato por parte de Hacienda Tributaria? Me imagino a Rodrigo Rato limpiándose el culo con los papeles del juzgado y pensando en cómo crear más paraísos fiscales. O a Montoro descojonándose vivo diciendo que todo va de puta madre, que en España somos la envidia de todos y que nadie ha tocado el gasto social. Y pienso en Urdangarín empalmado, en la infanta sonriente a la entrada a los juzgados, en Felipe VI aferrándose a la corona y en su padre y Bárbara Rey, en Rajoy y sus visitas a barcos de narcos, en expresidentes invirtiendo en el tráfico de armas y en otros expresidentes en consejos de administración de las empresas que de verdad mandan. Pienso en la España de la mantilla y los curas dirigiendo el cotarro. Pongo la tele en blanco y negro y está ahí, ante nosotros: la España casposa de Bertín Osborne, ir de cañas, la ignorancia y el pescaíto frito. El No-Do. Pienso en comidas de concejaluchos en oscuros restaurantes, en Visas Oro, en putas, en farlopa y en cubalibres.

Cuando alguien defrauda está defraudando a Hacienda, y recuerda que Hacienda no somos todos.

Han hecho que salga regalado despedirnos para que tengamos que pagar cuando nos despidan. Por eso nos despiden. Hijos de la gran puta.

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Mis pies son manos atrofiadas

El otro día me quedé mirando fijamente mis pies. Entonces me di cuenta de lo horribles que son. Nuestras manos inferiores han dejado de serlo: se han aplanado y los dedos han perdido su movilidad, convertidos en apéndices inútiles. Las garras se nos han quedado inservibles, transformadas en esas pequeñas durezas sin sentido: las uñas. Los pies son una masa deforme que sostiene nuestro peso sin gracia. Hacen que nos movamos de forma vulgar. Los pies son manos atrofiadas. Los tenemos ahí abajo permanentemente pero no percibimos su fealdad.

Tampoco percibimos que hay seres humanos en cárceles infectas, la agonía de los sidosos, los linchamientos públicos, la mezquindad que está por todas partes ni el peligro que representa cualquier multitud. No somos conscientes de que podrías ser apaleado por cualquier motivo, ni de las madres que se prostituyen para dar de comer a sus hijos ni de los niños-esclavos pakistaníes que Nike y otras marcas explotan en sus fábricas. Ni de las niñas vírgenes tailandesas que los turistas anglosajones compran a selectas empresas de pederastas, ni del talento del yonki que duerme en el cajero ni de los cuatro hijos de puta que desde altas instancias se descojonan de nosotros cada día.

En pelotas delante del espejo sin poder mirar de frente, absorto con la cabeza hacia el suelo. Mis pies son asquerosas manos anquilosadas. Somos criaturas feas, a medio desarrollar. El cuerpo es un templo... del error evolutivo. A medio camino. La nada hecha carne. El margen vacío entre los animales y una entidad superior. En cada hombre hay algo de Dios, pero la divinidad es algo deforme y terrorífico que un día percibimos de repente. Los pies perderán los dedos y se convertirán en una especie de muñones romos, en miembros delirantes. Dicen que el mero hecho de que nos sostengamos de pie simboliza el hito evolutivo de nuestra especie, pero a mí me parece repugnante. Dicen que manos y pies han permitido al homo sapiens convetirse en lo que es. Pero no somos quienes deberíamos ser. Y nuestra deformidad es absoluta si contemplamos un pie.

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El motero rebelde del 3ºA

El rebelde del 3º A me mira raro cuando nos cruzamos en la escalera e intercambiamos nuestros gélidos “hola”. Tiene una Harley Davison con la que sale sólo los fines de semana. Durante el resto del tiempo lo veo conducir su turismo gris hacia su trabajo gris de oficinista gris. Va trajeado y con maletín y lleva su perilla perfectamente recortada, así como un pendiente en la ceja. Para ser un macarra lleva una vida ordenada de cojones. Todos los días lo oigo salir de casa a las siete en punto de la mañana. Cierra, abre y vuelve a cerrar la puerta varias veces y le da unos golpecitos secos cada puñetero día. Debe tener sufrir el Trastorno Obsesivo Compulsivo ese, creo que hacer eso es uno de los síntomas. Yo pensaba que los tipos duros no padecían de esas cosas. Llega a casa siempre a las diez en punto, siempre a la misma hora, ni un minuto más ni un minuto menos. Repite el ritual de la cerradura unas cuantas veces y se encierra hasta el día siguiente. Así todos los días.

El viernes comienza su metamorfosis. Sale a la calle disfrazado, con esa ropa carísima de moteros que venden en El Corte Inglés. Se toma varias cerveza en el bar de abajo de nuestro edificio. Sin vaso, nada de mariconadas. Mira al frente, a un punto indefinido de la barra, su expresión parece decir: “Amo el peligro, no temo a la muerte. Ven a mí, Destino, no te temo”. A veces coincido con él, cuando bajo a tomar un café para leer las ofertas de trabajo falsas del periódico y los anuncios de putas.

“Mulatona Sindy. Guapísima. 180 pecho natural. Francés salibado hasta el final, griego profundo, beso negro. Para caballeros solventes. Sin malos rollos”. Me encanta cuando dicen eso de “sin malos rollos”. ¿A qué cojones se referirán? Me imagino a los puteros de buen rollo, soltando billetes con una sonrisa de oreja oreja después de una buena limpieza de sable.

motero2Mi vecino nunca ojea el periódico, como yo. Sólo habla de motores y bujías con otros rebeldes como él, que surgen de todas partes el fin de semana. Todos rondan la cuarentena y llevan prendas de cuero, barbas y pañoletas. Tienen las motos impolutas, los muy cabrones. Algunos incluso se han hecho tatuajes con símbolos tribales, calaveras y esas gilipolleces. Cuando salen a patrullar las calles en grupo para correr aventuras, cortando el aire sumiso con sus ruidosas máquinas, se sienten poderosos. Piensan: “Joder, qué guais somos”. Road to ruin. Rebeldes de saldo.

El sábado pasado estaba en la terraza del bar desperdiciando mi vida un día más. Con mi chándal del Carrefur manchado de grasa que me queda pequeño. Mi vecino salió del portal perfectamente disfrazado de macarra. Se disponía a montar en su Harley para ir a jugar a las motitos con sus amigos. Me encantó el pequeño pin del Real Madrid con la bandera española en la solapa de su chupa. Dirigió una mirada furtiva hacia mi, con condescendencia y desprecio. Entonces le dije: Born to be wild. Y el muy gilipollas sonrió.

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lanochemasoscura