daniel

"Soy escritor"

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“Soy escritor”, me dijo aquel tío mientras terminaba su chupito. Yo repasaba los cubiertos y lo escuchaba. "Me han ofrecido 300.000 euros por mi último libro. Es una maravilla. La gente llora al terminarlo, una verdadera pasada. Yo le pego a todo: historia, novela, relato. Me dieron un huevo de premios, mira en Internet, busca mis novelas..." Hablaba como un culo caga mierda: a borbotones, por espasmos. Se calmaba, luego volvía a la carga con más fuerza y después se relajaba de nuevo. Y lo que contaba era como mierda... peor que mierda. Era su ego que en vez de escapársele por el culo, por donde debería hacerlo, le salía por aquella boca porcina que redondeaba aquella cara de besugo, de idiota total. La mierda solo olía mal, pero aquellas palabras sin embargo penetraban en el cerebro de las personas que escuchaban, involuntariamente, y se quedaban allí un tiempo. Algo terrible. "He donado lo que gané con mis último libro a los pobres, me lo pidieron y lo hice encantado. Yo soy así. Mi padre fue diplomático y mi abuelo intelectual galleguista y a mí el dinero me sobra: tengo una empresa con siete empleados. Tengo dos coches y una moto. Vivo la vida a tope". Intentaba distraerme preparando algún café, aunque por desgracia el local estaba casi vacío a esa hora.

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El cielo se yergue sobre mi cabeza y abajo percibo el trino metálico de las ciudades. Doy una vuelta completa sobre mí mismo y me elevo más allá de lo azul sobre las nubes. Negror. Inmensidad. Pienso en ti con visión cósmica. Te quiero pero sé que es inútil en la inmensidad. Coños penetrados. Supernovas. Agujeros negros. Agujeros del culo. Dios observándolo todo, Dios observándote mientras te haces una paja. Esclavos que trabajamos en bares sin que a nadie le importe un cojón. Campos de concentración en polígonos industriales. Putas que se venden en todas partes y todos somos tan felices. Niñas violadas que son después cómodamente lapidadas acusadas de adulterio. Indigentes a los que les prenden fuego en cajeros.


escritor4“A mí es que se me ocurren unas ideas de la hostia. La gente me dice: «¿Pero cómo coño se te ocurren esas cosas?». Y yo les miro, sonrío y les contesto que por eso soy escritor”. ¿Cómo se podía ser tan gilipollas? Parecía que todo fomaba parte de un programa de cámara oculta en el que me estaban grabando. Aquel infra-ser representaba todo lo que yo despreciaba. Era feliz en su miseria, en su egoísmo que creía generosidad, en sus gilipolleces que consideraba geniales. Era un completo subnormal. Tenía varios libros publicados, había algunos tíos aún más subnorales que él que los compraban... e incluso algunos retrasados que los leían.

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Me meto en las cañerías por las noches, con las escolopendras y las arañas. Fosas comunes. Psicópatas que torturan a sus víctimas hasta la muerte. Homicidios y gente malvada por todas partes. ¿Cuántas niñas filipinas cuesta un Ferrari? Recetas de muffins de chocolate. Campañas contra las matanzas de gatitos. Niños del Isis matando de un tiro en la cabeza a su primera víctima arrodillada. Es la guerra, siempre es la guerra. Los actores del cine español, esos esnobs que se creen tan antisistema. Putos burgueses de mierda. Hablamos de revoluciones y libertad desde nuestras cómodas casitas. Y algunos gilipollas incluso se creen escritores.

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