Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
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Enola guei (líbranos del bien)

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Enola guei
líbranos del bien
así en la tierra como en
el sucio cielo.
Sobresales un poco
de la
mierda,
eres la puta del
iceberg.
Rechinan las bisagras
de la ventana
y en el metro washapean
los cuerdos.
Camino varios kilómetros
hasta el centro de tu cara
y el viento me entra por las
perneras
de arriba a abajo,
de abajo a arriba,
hasta congelarme los
huevos.
Enola guei,
líbranos del bien,
hace años que no nieva
en Madrid,
y casi no recuerdo tu cara
ni tu voz,
y las rimas no riman,
nunca han rimado
beibi.
Veo zapatos
de tacón
bajo las niñas tapón
feministas,
devoradoras de sushi
y
pizzas congeladas
recalentadas,
Enolay guei
líbranos de la
comida
de polla
precocinada.
Camino tus calles
y como y cago
y como y cago
y como y cago
Enola guei,
y sueño que lo hago
en su cara
un sueño precioso
por cierto.
Le pusiste el nombre
de tu puta madre
a tu bombardero,
cabrón Tibbets
en vez de llamarlo
Bernarda
como el bonito coño
de esa señora
anónima,
y tu zorra
progenitora
se llamaba Enola
la tía
hortera.

Despertar.

Sol, fa, fa, sol, do, re ..... Sol, fa, fa, sol, do, re .... Sol, fa, fa, sol, do, re ..... SOL, FA, FA, SOL, DO, RE, ...SOL, FA, FA, SOL, DO, RE, ...

Mi cama chirría. Bajo unas podridas láminas de plástico, pegadas al somier con cinta aislante, hay todavía unos muelles de hierro que chillan cada vez que me muevo. Miro el reloj de la cadena de música y ya son las doce y diez de la mañana. Un martes cualquiera. Ya casi nunca pongo el tocadiscos, todo es mierda de MP3, afortundamente gratis, porque os lo va a pagar vuestra puta madre pudiéndolo conseguir por la patilla. enola2Cada día que pasa cuesta más levantarse de la cama, porque hay menos que perder y ya casi nada importa. Pero como un resorte salto a abrir la ventana. Hace sol, como casi siempre, sol sucio, bruma, vaho de nitrógeno y anhídrido carbónico. Huele como a fresa de ambientador de inodoro mezclado con sal. Levanto la persiana un poco más y miro hacia el exterior. La carnicería halal sigue vacía. Ayer miré a las dos de la mañana desde la misma ventana y la carnicería estaba todavía abierta. Me tumbo. Leo un poco a Karl Ove, poco para que no se gaste, porque aún queda mucho para que le publiquen lo próximo. Luego leo de otro par de ladrillos de otra gente. Afortunadamente siguen ahí, viviendo, aunque muchos estén ya muertos.

Vivo rodeado de octogenarios. Mi madre habla por teléfono con mi tío, ya nonagenario. Él le cuenta que ve bichos corriendo por las paredes, que la contaminación entra por su ventana hasta no dejarle respirar y provocarle picores nocturnos, picores nocturnos, picores nocturnos... que no le dejan pegar ojo. Bajo las escaleras. Mercadona establece el nuevo orden mundial en mi calle. Me cruzo con Maruja, que no me reconoce, y con Angelita, que tampoco. Angelita está casi calva. Su marido murió tras una larga agonía con la memoria completamente perdida y entre grandes dolores. Sus hijos jugaban conmigo de pequeño. Eran un poco hijos de puta. Me negaron el saludo durante años a causa de que un día me negué a jugar con ellos porque hacían el vacío a uno de mis amigos, uno que hace décadas que no veo, el hijo del tendero. Jugábamos al fútbol con una pelota de tenis o con una hecha con papeles y cinta aislante, y las porterías eran las ruedas de los coches.

Superbazar Jing (que se lee Ching). Alimentación Radu, de Raduciou. Frutería sin nombre. Y otra, y otra, y otra. Peluquería Ismail. Alimentación y frutos secos. Alimentación y frutos secos. Y otro, y otro, y otro, y otro más. La verdad es que soy bueno para tenerme como vecino, porque el noventa y nueve por ciento del tiempo no me apetece verle la cara a nadie, y cuando se la veo intento que sea por el menor tiempo posible. Lo malo si bueno, dos veces breve.

enola4Mi padre se comía en nochebuena de entrante una sopa de marisco. Después una cabeza de cordero, una paletilla de cordero, una caja de gambas, otra de langostinos, una bandeja de ensaladilla rusa, un filete de emperador de veinticinco centímetros de diámetro y tres de grosor y una caja de angulas. A mi no me gustaba ni una sola de esas viandas. Compraban turrón del duro y del blando, a mi me gustaba el de chocolate Suchard o el de Lacasa, y si compraban una tableta de éste no lo partían hasta la misma noche de nacimiento del señor, no te podías partir ni un trozito antes de esa fecha.

Enola guei, líbranos del bien.

Compro pasta fresca rellena en Mercadona. Y tres latas de Steinburg. Y galletas de chocolate que no saben a chocolate. Y tiramisú con la mayor cantidad de conservantes posible. Mi hígado ha mutado y suelo sentir ardor o nauseas, o ardor y nauseas, casi todas las mañanas. Luego estalkeo a unos cuantos gilipollas en twitter. Se trata de molestarles. Es un gran deporte. Molestarles, molestarles, molestarles, molestarles. Es fácil encresparles cuando no crees ni en el blanco, ni en el negro y ni siquiera en el gris. Sembrar cizaña me hace reír. Basta con llevar la contraria un rato por la derecha y otro por la izquierda, un rato por la derecha y otro por la izquierda.

Una compañía inglesa ofrece puestos de limpiadora a 52 Euros la hora. Un muy buen sueldo. El trabajo es cojonudo: hay que limpiar apartamentos yendo en pelotas. La suciedad es lo que menos importa en este caso, las limpiadoras, cuanto más guarras, mejor. Alcanzarán un share elevadísimo, que superará a los partidos a muerte entre Messi y Cristiano Ronaldo. Y la HBO rodará una serie con limpiadoras desnudas. Limpiadoras desnudas. Limpiadoras desnudas. Limpiadoras, desnudas. Escucha: limpiadoras desnudas. LIMPIADORAS, DESNUDAS.

Mi madre ha olvidado cómo hacer croquetas con la carne del cocido. Va olvidándolo, poco a poco, todo. Debe ser delicioso. Y congela el puré y los filetes de pollo hasta que saben a congelador. Delicioso. Delicioso. Delicioso olvidar.

Mateo Kovacic corre como un jabalí desvocado. Su cuerpo es más ancho que largo. Salva siempre la distancia entre dos puntos mediante una linea recta, a través del espacio más corto. La única forma de pararlo es con una hostia. El taconazo de Fernando Redondo en Old Trafford. Redondo lanzándole hierba a la cara a Simeone mientras le dice: “comé”.

En verdad no hay esperanza, ninguna. Lo mires por donde lo mires, no la hay. Jódete que no la hay.

enola6Me tumbo sobre la cama.  Pongo la tele. Están muy felices porque son las elecciones americanas y todos dicen que ella va a ganar al hijo de puta. Me quedo adormilado. Me llamas por teléfono. Son casi las dos de la mañana. Me dices que ella va a machacarle, imagino tu sonrisa. Te digo que me voy a acostar en cuanto me acabe esta Steinburg. Pero me desperezo y miro los resultados por estados. Te digo que no, que en Florida no van empatados como dicen por la tele, sino que él gana por unos cientos de votos. Me escama la cosa, no parece que todo sea tan feliz. Y entonces comienza la remontada, en cadena. Y empiezo a ver que las caras les están cambiando. Ferreras y su chica ponen cara de pedo. Íbamos ganando dos cero. En la ida habíamos perdido cinco a uno en Monchenglachbah, o como se llame. Estaba nevando. Gordillo metió un gol con cara de croqueta congelada. Cabíamos cien mil y pico en el Bernabéu. De repente el fondo tembló y yo bajé varias filas sin poner los pies en el suelo. Pocos minutos más tarde metimos el cuarto gol y el cielo retumbó. Volvemos a las elecciones yankis. A las cuatro de la mañana los tertulianos no salían de su asombro. Donald había dado la vuelta a la tortilla. Donald es un pedazo de cabrón, él lo sabe, y esas caras de decepción sobre vosotros resultan impagables. Ahora manifestaros un rato mientras me descojono. Lo tenéis muy claro, y no puedo decir que os felicite por ello. Salud y saludos. Me levanté por la mañana después de haber ganado la Copa de la UEFA y las elecciones americanas. Se siente uno cojonudamente viendo esas caras, viendo esas caras, viendo esas  caras, VIENDO ESAS PUTAS CARAS. Viendo esas caras.

Enola guei.
lanza tu amor consecuente sobre nosotros.
Así en la tierra como en el sucio cielo.
Amén y
que
os den.

Quizás esta noche duerma bien, o quizás no. Quizás llegue un ángel exterminador, o quizás no. Quizás sí, quizás NO. Madrid.

SOL, FA, FA, SOL, DO, RE, ...SOL, FA, FA, SOL, DO, RE, ...Sol, fa, fa, sol, do, re ..... Sol, fa, fa, sol, do, re ..... Sol, fa, fa, sol, do, re... .. .

Sueño.


La masa cómoda

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Me niego a participar en manifestaciones con gente al lado que las llama “mani”, o “manifa”. Para asistir a cualquiera de estos acontecimientos sociales de masas deberían hacer pasar a todo el mundo un simple test: el que gane más de treinta mil Euros brutos al año no debería poder participar. Y soy muy laxo con la cifra.

“Yo no hago huelga porque tengo que trabajar para dar de comer a mis hijos”. En la masa cómoda siempre tenemos una excusa. La de más peso que esgrimimos suele ser que mantenemos a algún que otro vástago putativo, un bien que está por encima de todo el resto porque Dios lo dijo. La masa cómoda siempre se apresta a tener hijos porque el reloj biológico es algo con lo que se viene de serie al nacer. Y el que contradiga al reloj es un raro o un hijoputa, o las dos cosas. Cuando un integrante de la masa cómoda llega a la mediana edad, o sea, a la edad del no tener acceso a follar más que con su cónyuge, adopta una frase que lo transporta automáticamente a su lugar en el mundo: “a mí lo que más me gusta es estar con mis hijos”.

masa33Venimos al mundo con un impermeable puesto. La cultura cae como una lluvia dura sobre nuestros lomos. El agua cala cualquier chubasquero por muy fuerte que sea su tejido. Lo importante en realidad es la capacidad para transpirar que tenga el chubasquero, para que nuestro cuerpo consiga expulsar la humedad sobrante, la que queda mugrienta dentro del chambergo. La masa cómoda se  cala hasta los huesos y sonríe con cara de gilipollas mirando al cielo, la vida es maravillosa incluso cuando llueve a mares.

Los pupitres de las grandes empresas, de los bancos, de las redacciones de los medios de comunicación de masas, de las compañías de seguros, están llenos de masa cómoda. Por la mañana abominan de los sindicatos y su convocatoria de huelga. “Los sindicatos están obsoletos, se comportan como las doce tribus de Israel”,  afirman, y vive Dios que es cierto. Por la tarde, al salir de trabajar, acuden a la manifestación a gritar contra el sistema. Recorren un par de paradas de metro y luego vuelven satisfechos para casa; de camino intentan parar a cenar en su restaurante de sushi favorito, pero está cerrado por miedo a que les rompan el escaparate. Las wiffis de los Iphones que la masa cómoda lleva a la manifestación consiguen levantar un halo de radiación que llega hasta Plutón. Si todos twitteasen, washapeasen  o Facebookeasen a la vez el manto terrestre podría perforarse hasta las antípodas. Muchos de ellos tienen suficiente coltán en su casa como para fabricarse con él una dentadura postiza. Pero sostienen que el sistema es una mierda. “-¿Dónde hay un cajero automático?. -¿No será para quemarlo?. - No, joder, es que he salido de mi ático sin efectivo, me siento como desnudo…”.

La masa cómoda quiere cambiar el mundo, cambiar todo para que se quede como está, porque en el fondo es maravilloso el sistema piramidal de préstamos bancarios. No hay ni uno dentro de la masa cómoda que no abogue por un mundo con hipotecas baratas. Compartí pupitre durante un año con Jesús López. Era el pequeño de nueve hermanos, siempre iba vestido con un raído chándal azul marino y olía a sudor seco. Todos los días cogía uno de los balones de fútbol del colegio y  lo pateaba por encima de la valla. A la salida lo recogía y se lo llevaba nadie sabe a donde. Al acabar el curso no quedaba ni un balón en el colegio. Él no los quería para nada, pero tuvimos que dejar de jugar al fútbol. Con dos o tres mil tipos como él la masa cómoda iba a ir bien jodida por el mundo, les patearía bien el culo, serían como un ejército compuesto por varios miles de Eric Cantona sacando todos el dinero del banco al mismo tiempo. Espero que Jesús no haya muerto de sobredosis o por un disparo de la policía. Discúlpenme, quise decir putos maderos. En el Dios de la desigualdad planetaria confiamos. Queremos más gurús y menos hombres. El tercer mundo es jodidamente aburrido, allí todo el suelo es rústico, no hay parcelas edificables en las que invertir el dinero de la masa cómoda.

masa2La masa cómoda vive preocupada por no poder recargar la batería del móvil. Y si follan siempre es con amor. “He adelgazado dos kilos en un mes y luego he cogido cuatro”, dice la masa cómoda. Salieron a la calle a pedir pan y coltán, y de paso quemaron unas cuantas calorías sobrantes. La masa cómoda sabe mucho de ontología fundamental, de filosofía política, de física cuántica y de teoría de cuerdas, pero cuando les pides ayuda para arreglar un grifo que se sale te dicen: “llama a un fontanero”.

La segunda regla para identificar a la masa cómoda es el tamaño de su hipoteca. A cualquier persona que haya firmado una hipoteca superior a los cien mil Euros no debería permitírsele asistir a una manifestación. Una vez más soy muy laxo en este aspecto. Tampoco vale protestar por comprar terrenos rústicos hipotéticamente recalificables. Si eres tan estúpido como para hacerlo y no asumes el riesgo que conlleva tampoco tienes derecho luego a quejarte. El desconocimiento de la norma no permite su incumplimiento. Si eres tan idiota como para visitar la boca del lobo no pienses que luego podrás huir a llorar a tu casita construida con paja o con barro, mascachapas de la masa cómoda. El sistema capitalista está fundamentado en el riesgo y la desigualdad por encima de todo, así que si nos pilla el toro no vengamos luego con pamplinas.

Mi padre se despertaba de la siesta sobresaltado por los gritos de mi abuela, que le instaba a cortar las malas hierbas de la huerta. Aquello parecía una selva, y deslizar la guadaña resultaba bastante fatigoso. Sueño con él blandiendo la guadaña para cortar las piernas a la masa cómoda. Para cambiar el sistema tendríamos que tener muy presente que habría que renunciar a tener un cortacésped, deberíamos irremisiblemente retornar al método arcaico de segado mediante la guadaña, aunque luego dolieran los riñones. Pero no seamos ilusos, contando con la masa cómoda no hay posibilidad de dar la vuelta a la tortilla, sólo sería posible volver a cocinarla desde el principio confiando en que creciera una nueva especie de patata mutante. La masa cómoda es como un tubérculo blandurrio con el que el huevo cuaja muy mal.

En diciembre de 1930 un tendero neoyorkino acudió a una sucursal del Bank of United States a reclamar sus ahorros. No se fiaba ni un pelo de aquellos motherfuckers. Se cabreó mucho cuando los chupatintas y lacayos del banco trataron de convencerle para que no sacase el dinero con infectas excusas. Se largó de muy mala hostia, y a mediodía el muy cabrón propagó el rumor de que ese banco no tenía un chavo de sus ahorradores, que en la puta caja fuerte sólo atesoraban telarañas. Aquella tarde varios miles de personas de la masa cómoda rodearon aquella chonera financiera pidiendo que les soltaran sus cuartos. En veinticuatro horas quebró. Fue la chispa que provocó la quiebra del ochenta por ciento de los bancos yankis, que cayeron al vertedero como fichas de dominó, se disolvieron como un pedo en el agua: en el exterior sólo olió mal durante unos instantes. El sistema capitalista es pirámide con los cimientos de barro, con las vigas maestras sólo sustentadas por los delirios de grandeza de la masa cómoda, un engañabobos, nunca mejor dicho. Y la masa cómoda puede destruir y autodestruirse, es más inestable que la nitroglicerina, todos sus integrantes llevan el maletín nuclear bajo el brazo con el botón rojo a punto de ser pulsado. Miopes de nacimiento incapaces de ver más allá de su nariz.

masa2Las chicas de la masa cómoda se sienten seguras sobre sus zapatos de tacón mientras sueñan con ser madres maduras a los cuarenta, nunca es tarde para perpetuar la maldita especie. Fantasean con  practicar alguna profesión liberal y arrimarse a un supuesto gurú que se diga a si mismo de izquierdas, a ser posible soso, calvo y gordo; si el tipo atesora esas cualidades resulta poco peligroso para ellas. La basura blanca ultracatólica del medio oeste norteamericano es con creces más progresista que esta clase de masa cómoda. La basura blanca planta nabos, vive en aparcamientos de caravanas o roba los coches de la masa cómoda, que se caga en los calzones ante ellos. La masa cómoda necesita reclutar muchos lacayos policías que reciten de memoria aquello de: “yo sólo hago mi trabajo”. La masa cómoda nace con la única pretensión de trabajar por cuenta ajena, si no se sienten como los huerfanitos de Dykens. “Feliz el que, alejado de los negocios como en otro tiempo los mortales, paternos campos con sus bueyes ara sin rendir a la usura vasallaje…”, les grita Horacio, un tío no se sabe si nacido entre la basura blanca o la negra.

A ver, sí, es lo que estás pensando. tú seguramente eres parte de la masa cómoda sin saberlo, solamente lo intuyes porque eres idiota. Ponte delante de un espejo, cierra los ojos y dí tu nombre tres veces. Ábrelos de nuevo y si vomitas directamente al verte es que, por unos segundos, dejaste de pertenecer a la masa cómoda. Pero será algo efímero, sólo por unos instantes, porque el humano lleva de fábrica, otorgada por Dios, una autodefensa infalible contra el horror: el ser gilipollas.

La muerte os sienta tan mal

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El tanatorio de la M-30 es como un inmenso muro de Facebook. Pasar un ratito allí es asistir en vivo y en directo a la representación social humana más teatral. Tras la muerte de una persona, de cualquier persona, no me imagino a más de otras tres, o a lo sumo cuatro o cinco, a las que su falta provoque algún tipo de agujero interior. El resto es pura representación tragicómica, superyo al más puro estilo red social, discursos vacíos que pretenden la pena más burda o la alegría más idiotamente chisposa, cuando lo que realmente apetece es meterse en el agujero y cagarse en la reputa madre que inventó este mundo.  El tanatorio antiguamente era la droga que sustituía a Twitter o a Facebook, incluso es posible que el fatuo de Zuckerberg se inspirase en los pasillos requetecontaminados por luz fluorescente de este antro de la muerte para crear su mefistofélico invento. En esas habitaciones, en las que se exhibe a los fiambres de cuerpo presente maquillados como puertas a través de un ojo de buey, se conjugan falsos ropajes, superficialidad y ego, todo por toneladas, y buenos deseos lanzados como eructos al aire o elogios hacia quien en realidad te importa o te importó un puto carajo. Siempre me gustó observar desde la última fila sin ser visto, como en “El estudiante de Salamanca”, a toda esta fauna arrastrada inconsciente por la corriente vital. muerte2En cierto modo allí me sucede lo mismo que en las redes sociales: observo y río, pero también me asqueo y prefiero borrar de mi horizonte a todo aquel al que no quiero odiar al ver lo que realmente le gustaría llegar a ser. Los humanos se ven a sí mismos como gurús reflejados en el espejo cóncavo del callejón del gato; las gordas se ven supermodelos, los bobos listos y a algunos incluso les da por creer que todo tiene un sentido. Todavía queda una última fase en el big-bang virtual: convertir Facebook en una gigantesca esquela en la que expresar el amor eterno por los muertos, en la que escribir tus mejores frases hechas de pésame para que vean lo buenísimo que eres. Aun me pregunto por qué junto al botón “me gusta”, expresión de la máxima felicidad humana (¿hay algo más maravilloso que contar que hoy has cagao blando y que tu cuñado o tu suegra pongan “me gusta”?), no hay otro que ponga “asco”.

Cuando el payaso Miliki palmó, el coro virtual comenzó a decir cosas como “puso una sonrisa en nuestra niñez”. Facebook y Twitter ardieron, se llenaron de inmensas muestras de gratitud hacia el simpático clown amante de esas inocentes criaturas conocidas como niños, que años más tarde crecerían para ser potenciales clientes de los discos horteras que trataba de vender al gran público este señor. A la juventud siempre le ha encantado el circo por los valores tan sanos y enrollados que representa, por ese olor a caca que embelesa siempre levitando como un trapecista alrededor de la carpa circense, ese hedor provocado por los excrementos de los animales supuestamente salvajes que pueblan sus espectáculos y por los artistas que mean al lado de sus infectas autocaravanas. La gran mayoría de los que se mostraban consternados ante tal óbito payasil no había nacido cuando los payasos eran estrellas de la tele en blanco y negro, y otros ni siquiera se acuerdan de su programa. Pero todos lloraban mucho. Yo recuerdo que había una parte de aquel invento, “la aventura”, en que el cabronazo de Fofó se reía de una forma surrealista de todos los valores que representaba el orden social, el buen hacer y la laboriosidad. Luego, para rematar, cantaban algunas canciones en su mayoría bastante reaccionarias y políticamente correctas, todas con bonito mensaje subliminal (impagables “Susanita tiene un ratón” y “Así, así que yo la vi…”) muy acordes con la asquerosamente meliflua personalidad de Milikito (aunque esa es otra larga historia…). Es posible que el cabrón con patas del grupo, el ideólogo del desbarajuste gracioso, fuera Fofó, porque cuando éste murió los payasos de la tele comenzaron a perpetrar un espectáculo cada vez más denigrante en el que colocaban a trabajar a todos sus familiares, que en la mayoría de los casos no tenían ni puta gracia. Finalmente cada uno se fue por su lado y Miliki y su simpático hijo Milikito se dedicaron a exprimir la gallina de los huevos de oro de la nostalgia hasta casi estrangularla. Curiosa semblanza la de esta saga familiar con la actual de los Borbones, también tan graciosos y campechanos. muerte44La familia Aragón acabó peleándose a brazo partido por el legado y la fama cosechadas en el pasado, a hostia limpia literalmente, en un nuevo espectáculo televisivo mucho más atractivo que el que protagonizaron sus padres. “Payaso come payaso”, podrían haberlo titulado. En Facebook no suele haber peleas familiares. Todo el mundo es buenísimo allí, incluso los que se odian o se han puteado a muerte toda la vida. “Qué bonita foto, tu hijo está precioso”, pueden afirmar aunque el tierno infante sea más feo que pegar a un padre con un calcetín sudao.

En la puerta del tanatorio siempre hay dos moros gorrillas. Normalmente no doy calderilla a esta clase de salvajes empleados, los miro con cara de mala hostia y punto. Pero estos dos moros, no sé por qué, suelen tratarme como si fuera uno de sus semejantes y me dan un sitio siempre en toda la puerta. La mezquita central está a apenas cien metros. Allí reparten cus-cus barato y mochilas con explosivos. Los peculiares aparcacoches funerarios me dan conversación cuando entro y cuando salgo. Debe ser por la cara de satisfacción que llevo en los ojos cuando huyo del lugar, que es un sitio del que vivos y muertos desean marcharse lo antes posible, aunque todo Dios trate de disimularlo. Hay gente que ríe mucho en el tanatorio para amortiguar el miedo que tiene a morirse. Miedo algunos, porque el resto, esa mayoría ruidosa que fuma compulsivamente sobre las barandillas con vistas a la M-30, no piensa ni en que poseamos la vida eterna ni en que seamos un pedo en el viento, no piensan a secas. Piso el acelerador. Madrid está extrañamente frío aunque sea ya casi mitad de mayo, la noche huele a agua mezclada con ozono troposférico. Las sombras caminan con las manos en los bolsillos entre una oscuridad primaveral que ya huele a verano. Madrid es de color gris, casi negro, por mucho que lo traten de pintar de colorines. Madrid está hecho de gente con la piel dura, de animales extranjeros llegados a la fuerza desde otras latitudes, enjaulados en barcos de esclavos. Las urracas blancas y negras anidan sobre los eucaliptos importados de las antípodas. En Madrid casi siempre hace o mucho calor o mucho frío. No necesito mapas ni gepeeses para guiarme, me dejo llevar por la marea de las calles hasta casa. Pongo la radio. Ando rodando por esta ciudad desde hace ya muchos años, y sé que ella ha robado el alma y la fe de muchos hombres. Música de cañerías sobre el asfalto congelado. Pleased to meet you, Mick, pleased to meet you, Keith; hola don Pepito, hola don José….


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