Bonifacio Singh: Madrid Sumergida

Me vale

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Hay una parte de ti, en mi. Y lo sabes. Me quito la ropa, duermo, amanece, me despierto, me pongo de pie. Hay una parte de mi, en ti. Y lo sabes. Respiro, o no sé si sueño que respiro. Anochece. Me quito la ropa, duermo, amanece, despierto tarde, me pongo de pie a duras penas. Hay una parte de mi, en ti, e imagino que de ti, en mi. Trato de no respirar para no hacer ruido y pasar de puntillas, sin molestar ni ser reconocido. Duermo con la ropa puesta, me levanto, miro alrededor. No fumo. Trato de respirar, pero no me sale del todo bien.

Todos ellos soy yo. Todos ellos y ninguno. Sois muchos y sólo uno.

Guitarrista zurdo que no necesita aprender.

No hay quien pueda contigo
ibuprofeno
has derrotado a Gelocatil
en mala lid
la puta cerveza Hacendado
tiene demasiado alcohol metilico
hijos de perra valencianos
con supermercados.

Los Guns and Roses fueron un grupo que tenía algo especial, a medio camino entre lo macarra y lo heterogay, pero con un toque de sucios drogatas tatuados. Axl Rose es un gilipollas, eso lo saben a simple vista hasta los sordociegos, y le dio por meter pianos estúpidos en sus canciones, le dio por ser bonito y suave para quitarse la fama de cocainómano violador. Se las ingenió para echar al resto, y cagarlo todo. Ni siquiera fue por pasta, fue porque es gilipollas y un ególatra incapaz de ver sus arrugas del tiempo cuando se mira al espejo. La cagó, la cagó y la cagó. Por mucho que miro por aquí y por allá no encuentro buenas versiones de Sweet Child o´mine. Es posible, muy posible, que Axl tenga que morirse para que otros puedan cantar esa canción sin cagarla tanto como él cuando echó a Saul Hudson de su lado. Gilipollas, gilipollas, gilipollas, pero único. Gilipollas.


El hijo del trapero va camino de los cien años. Por favor, señor Douglas, o Issur Danilovich Demsky, no se baje del burro todavía, o al menos tarde un poco más. Lonely are the brave.

Rick Harrison ya lo decía:
Chumlee come demasiadas
aceitunas folladas
con jalapeño.
Annie Clark
zorra anoréxica
blasfemando contra Cobain
¡aporrea tu guitarra!
porque me gusta que no tengas
ni puta idea de tocar.

vale2Levántate y anda. Es una orden atea. Levántate de una puta vez y camina. Primero un pie, después el otro. ¿Ves qué fácil? Y ahora trata de mantener la linea, el equilibrio. Parece una gilipollez, pero no es tan sencillo. Camina, anda, brilla en la oscuridad si es necesario, blasfema, no parpadees. ¿Ves lo que hay al fondo? Mejor que no lo veas.

Escucha, está ahí.... tienes que tratar de escucharlo sin fin y hasta el puto fin. Escucha, escucha, escucha, joder..


Me he propuesto escribir un libro
cada día
para que sea muy gordo
gordo, gordo,
y abrirte
de par en par
la cabeza con él
de un sólo golpe.
Novoselic toca el acordeon
putamente mal
pero me gusta
mucho más que tú
y tu cara
porque todo son excusas
cuando naces, vuelas
y te mueres.



Forrábamos los libros de religión con fotos de mujeres desnudas, bien abiertas de piernas. No guardábamos rencor, sólo queríamos matarlos con dolor.

Nunca llueve a gusto de nadie. Necesitaba tu sombra para crecer.

vale4No, no llevo tatuajes, gilipollas. No llevo tatuajes. Lo mejor es el sonido que se escucha de fondo. Escucha, escucha, intenta escucharlo. Give it away now, give it away now... escucha, escucha, trata de escucharlo. Está ahí, en el fondo, en el fondo del estanque, en el fondo de la piscina, no sé si puedes oírlo, pero tienes que intentarlo. Igual es que no puedes, escucha, está ahí.... tienes que tratar de escucharlo sin fin y hasta el puto fin. Escucha, escucha, escucha, mantra tibetano o de su puta madre. Escucha, escucha, escucha, joder...

Eres muy hijoputa
porque te marchas,
te esfumas
y yo no puedo hacer nada
más que comer y beber Hacendado
a través de los tiempos
mientras veo naves ardiendo
más allá de Charleville-Mezieres
entre recuerdos de infancia
y putas en el arcén.

Te odio, te amo, con las dos palabras podría estar diciéndote lo mismo sin decir nada. Sin hacer nada.

A John Frusciante se le cayeron todos los dientes. No le hacen falta dientes. El mundo de las bocas operadas. Prefería el tiempo de los dientes torcidos. Fundas de plástico. Prefería los dientes postizos de oro. Me colocaré un diamante falso en mi colmillo torcido para que me lo arranquen en la morgue. Se tarda en parir todo ésto, se tarda, y duele. ¿Vale la pena? No lo sé, no es fácil la respuesta. Sólo sé que duele y que se tarda, y que cuesta sudar sangre.

Poder sucumbir por las noches
sólo, en el paraíso
todo está oscuro
luz de la oscuridad
salvación
al otro lado de la muerte
perdidos en el espacio interestelar de las estrellas de la nada.


En el año 2030 se consiguió por fin saber que a la medicina siempre le sería imposible conseguir la vida eterna. Junto a tal hallazgo, se confirmó también que la carne roja provocaba indefectiblemente cáncer, y que reducía unos diez años la vida de cada persona que la consumía. Sin embargo, durante los mismos experimentos se supo que los que no comían carne roja vivían diez años más que el resto, pero perdían la memoria por completo durante el transcurso del primer año y medio extra.

vale5El día de todos los santos, el primero de noviembre, es la frontera entre el invierno y el verano en Madrid. Esa noche comienza siempre el frío, nadie sabe por qué, pero es el día clave para que el hielo empiece a rascar la piel. Fui al cementerio con mi madre un par de días antes, para no aguantar atascos. Hacía quince años que yo no iba allí, a la ciudad de los muertos de La Almudena. Atravesamos Madrid por los túneles y los puentes hasta llegar a la calle de Alcalá. Luego tomamos la avenida de Daroca, mal llamada avenida por su estrechez, la avenida de los muertos. Llegamos a la puerta del recinto tétrico. Estaba todo como yo lo recordaba, aunque mi memoria ha hecho lo posible por olvidar el lugar. Entramos por un lateral. Seguimos la calle principal, esa sí que es una avenida de verdad. De repente, mi madre se dio cuenta de que no se acordaba de dónde estaban las tumbas. Paramos el coche en una calle y comenzamos a caminar. Se puso nerviosa, estaba acostumbrada a que la llevase alguien que sabía el itinerario de memoria, yo no era un buen guía. No es un lugar excesivamente desagradable, simplemente, su subsuelo, está lleno de huesos podridos. Recuerdo el sonido de la tierra cayendo sobre los ataúdes, el silencio brutal roto por alguna lágrima, de cocodrilo o no. Recuerdo la forma mediante la que, sin palabras, el enterrador dice a la gente que aquello se ha terminado, que ya pueden marcharse a sus casas. Al final, mi madre se tranquilizó y recordó dónde estaba la tumba. 288 126A. Limpiamos la lápida con un trapo del coche. Colocamos las flores de plástico a las que previamente cortamos las puntas con unos alicates. La pequeña urna de cristal que contenía las fotos de mis antepasados hace años que fue destruida por algún niño necrófilo ateo de los que a veces pasan las tardes por allí. No conocí a mis abuelos, murieron atnes de que yo naciera. Allí está también enterrada mi tía. Volvimos a coger el coche y fuimos a la otra tumba, la de mis abuelos paternos. A ella sí que la conocí, pero la vida me llevó a sentir indiferencia por ella. A él, que murió con sesenta y tres años, nunca llegué ni a olerlo. Pero llevo su nombre en mi carnet de identidad. No pusimos flores, sólo vimos lo abandonada que estaba la tumba, por el aspecto debía de hacer más de un año que nadie aparecía por allí. Cuando mi padre vivía íbamos siempre en coche el cementerio. Llevábamos a mi perra, que se subía en la lápida a tomar el frío sol de la primera mañana de noviembre mientras colocábamos las flores. Las flores del cementerio son siempre de plástico. Mi madre y yo nos montamos en el coche y volvimos por donde habíamos venido. Las cenizas de mi padre están debajo de mi mesa.

Me vale
me vale con escucharte
de vez en cuando
me vale
con rozar tu voz.
El hielo arde y
el fuego hiela
en Madrid
intento no mentirte
no quiero engañarte.
Me vale
me vale con caminar sus calles
oler su ruido
de vez en cuando
me vale
me vale con soñar
y despertar sin recordar.
Me vale
si tú eres valiente
y yo soy cobarde
pero el tiempo corre,
me vale
me vale con que no te marches
antes que yo.
Prometo aparecer en sueños
prometo volver
de vez en cuando
a rozar el hielo
que arde
y el fuego que hiela
y caminar sus calles
oliendo el ruido,
me vale
con que no te marches
antes que yo.

Lo mejor de todo es dejar que caiga la noche sobre Madrid, poco a poco. Entonces te paras a escuchar los gritos, el sonido, los chirridos. Madrid ensordece en el silencio. Escucha, escucha.... allí a lo lejos estás tú, y yo aquí suspendido en la nada, y medio sordo. Madrid merece unas cuantas misas ateas, unos cuantos agujeros en las aceras para tropezar. No mires al suelo, intenta caminar descalzo. Escucha. Está ahí fuera. Lo mejor de todo es esperar a que caiga la noche sobre Madrid sin tener la certeza de si el maldito sol se volverá a ocultar por el oeste, desear cada día que se largue para que aparezca la oscuridad sobre el silencio que deja sordo de Madrid.

Escucha, está ahí.... tienes que tratar de escucharlo sin fin y hasta el puto fin. Escucha, escucha, escucha, joder...Deja que a tu papá le duelan los oídos, y también a tu mamá. Respira, mira por la ventana y búscame allí a lo lejos, puede que yo esté despierto ahí en medio, en este momento, dentro de la oscuridad de Madrid.


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Gente en la conversación

  • Invitado - Kropotnik

    ¡Oir, oír! ¡Qué manía con oír! ¡Señor, yo soy sordo! Si al menos hablásemos del gusto... una buena sepia a la plancha, eso si que da para escribir unas líneas, pero el oído solo genera cera y problemas... Haga caso a un anciano...

lanochemasoscura