Bonifacio Singh: Madrid Sumergida

Raíces y hologramas

Era pleno agosto, pero el sur de Francia vivió una especie de invierno glaciar transitorio veraniego. Aunque en realidad estábamos pasando unos días en la alta montaña del Sistema Central, digamos que el frío era algo lógico, con explicación. Aquella mañana me sentía raro, con los pies congelados, algo que casi nunca me sucede, nunca tengo frío. Aparcamos el coche y subimos a pequeños pasos hacia el Puy Marie. Siempre te digo que camines como si fueras una niña, que todo es cuestión de ritmo, de no subir demasiado tus pulsaciones, de no petar en el intento. Mis pulmones son como dos odres, reconozco que algo más grandes de lo normal, los tuyos como dos pequeños bolsillos alojados debajo de las tetas. Mi padre y mi abuelo murieron por cáncer de pulmón, y seguramente yo también lo haga dentro de no mucho tiempo. Cuando alcancé el punto más alto del monte, miré hacia abajo y te vi allí, con la cara casi amoratada, algo desencajada. Hacia el otro lado, la niebla comenzó a levantarse, dejando un claro entre las nubes de plastilina blanca. A lo lejos, a mil y pico de kilómetros, tras enormes llanuras y montañas, pude vislumbrar Madrid. Desde cualquier punto del planeta veo Madrid, incluso cuando duermo o cuando sueño despierto.

Madrid está construído sobre roca dura debajo de toda una capa vegetal, animal y mineral, no es más que un monte árido en medio de un páramo. Lo que hay encima, cemento, madera y carne, existe sólo circunstancialmente, es todo un holograma. Asciendo cualquier montaña y cuando lo veo latir a lo lejos me doy cuenta de que es una simple ilusión, producto de mi imaginación, de millones de imaginaciones que lo habitan o lo han habitado, no es más que una paja mental Jungiana. Mis antepasados, mis dos tribus llegaron desde lugares distantes. Unos llegaron desde lo más frío, los maragatos, un pueblo maldito del norte que practicaba una insana consanguineidad. El otro pueblo en el que me reconozco es el de los carpetanos. Sé que pertenezco a ellos porque un día introducirán mis cenizas en una urna y la única joya que conservaré entre ellas serán pequeños cantos rodados de río. Una vez profané una de sus tumbas y hundidas en el suelo pude ver esas riquezas, sin valor más que para ellos, esas piedras redondeadas por el rodar que escondían entre el óxido de sus huesos requemados. Creo que es una especie de metáfora de amor profundo a la tierra.

Una parte de los míos se instaló a principios del siglo pasado en la calle Fuencarral, cerca de la Gran Vía. Los otros en la calle Galileo, pero más tarde se trasladaron al entonces territorio frotnerizo de Tetuán. Nos hemos ido separando poco a pocoAparte de esos últimos mohicanos y morriqueños que son mi sangre el resto de los que flotáis ahora por Madrid no sois más que una numerosa y familia política. Nunca me han gustado las familias políticas, que son un poco como “amigos a la fuerza”, o sea, entelequias.

hologramas2He tenido unas cuantas parejas estables, soy monógamo múltiple. Tras algunos encontronazos con sus allegados sanguíneos, pensé que lo mejor es que pagasen justos por pecadores, y mantener las distancias con ellos. Tengo claro que debo comportarme de forma agradable en su presencia, sin polémicas ni que la mala hostia que me caracteriza salga a flote, hay que convivir pero sin forzar ni fomentar las habituales relaciones artificiales. Pero que corra el aire, que fluya la cosa a mis espaldas, que cada culo viva su vida, su existir no es asunto mío si no se me tocan los cojones. Es una indiferencia casi imposible, un trabajo de Sísifo que nunca llega a ser perfecto.

Puede que aún no te hayas dado cuenta, pero eres totalmente impotente ante el tiempo, ante el paisaje y ante las personas. No se echan raíces en los hombres y en los paisajes que atraviesas, tus surcos a la larga no hieren la roca ni marcan veredas, son ellas los que se instalan en tu interior. La imaginación y la memoria son los motores del planeta, las manecillas que marcan la historia del mundo de los humanos. El paisaje interior se construye con tiempo y se grava a fuego y fuerza en la retina. Las personas dejan surco a base del tesón y el coraje de nuestra imaginación, que necesita sentirlos, pero que es incapaz de seleccionarlos, nuestra mente no es una oficina de selección de personal, es más bien una institución abandonada al estilo del INEM. Somos “amigos a la fuerza” de nuestra esencia. Sólo el flotar silencioso pero imperturbable del reloj cincela a la persona, que simplemente se mantiene a flote a ver qué pasa esperando la ola que la sumerja. Madrid aturde, Madrid suena como los Stray Cats, y entre Phantom, Setzer y Lee Rocker son capaces de hacer, ellos tres solos, mucho ruído.

Los miro, los observo, y meterme en su cabeza es fácil. Es como si calentara su mantequilla con la mirada y después me introdujera dentro de ellos atravesándoles como un cuchillo. Hace unos meses fui a renovarme el DNI. "La foto no es válida", me dijo la chica oficinista con aire de ofendida. "Pero si es de hace poco tiempo", respondí con una ridícula mentira. Hacía mucho que no me miraba al espejo, de repente mi cara se reflejó en un charco y me dí cuenta de que había encanecido diez años. Entonces salí de la oficina a comprar aquellas gafas que prometían dejar ver en el interior de las personas, ofrecían los mismos servicios que el rayo verde pero a la inversa. El chino del bazar me ofreció unas que no llevaban cristales. Decidí entonces comprar unos prismáticos, y empecé a mirarte con ellos puestos del revés. No hubo manera de solucionar nuestro tremendo ataque de miopía de visión interior. Tempus fugit.


Añadir comentarios

Gente en la conversación

  • Invitado - José Manuel Mercado Navas

    En plena sobremesa venérica, entre primero y segundo, me encanta reconocerme entre los que no abren veredas sino que transitan por las vías por las que la tierra nos invita a conocerla. Mis tesoros más preciados son conchas de caracol huecas y plumas caídas.

    de Getafe, Madrid, Spain
lanochemasoscura