Bonifacio Singh: Madrid Sumergida
  • Home
  • Noctámbulos
  • Bonifacio Singh
  • Madrid sumergida

Vida hijaputa (Uzbekistán)

uzbekistan1

Madrid. De noche y de día Madrid. Pasa el tiempo en espiral. Me duelen los oídos cuando hay silencio en Madrid. Silencio atronador. Madrid es un túnel de viento que arrastra el tiempo. Madrid hermanada con Uzbekistán Gente que salta en las fotos. Gente que se hace fotos de los pies. Gente a la que atropellan con el móvil en la mano, mientras hablan con su suegra o con su cuñado, que es la peor muerte que se puede tener, la más indigna, hablando por teléfono y que te atropelle un taxi, o aún peor, un hijoputa de un Uber. Vivimos aquellos tiempos en los que podíamos conducir borrachos. Y no nos pasó nada. Para probar que habíamos bebido nos bajaban del coche y nos hacían caminar por una ralla imaginaria, o guardar el equilibrio con un pie, o tocarte la nariz con los ojos cerrados. Pero podíamos apretar el acelerador borrachos sin la amenaza de arruinarnos. Conducíamos sobre dos ruedas si era preciso. No temíamos a la Guardia Civil y mucho menos a los cretinos enchufados de la policía municipal. Me hicieron soplar por el tubito antes de ayer. Dio cero punto cero. El policía municipal me lo uzbekistan2enseñó como con orgullo. Yo soñaba con sacar una pistola, ponérsela sobre la cabeza y apretar el gatillo. O acelerar a tope para arrasar el puesto de control. Mi barrio fue legendario en los setenta porque dos calles más abajo nació y vivió, poco, El Jaro. Aún quedan casitas bajas en Tetuán, sólo tienes que sumergirte un poco en su lumpen. A mí me envuelve, me protege. En la calle donde vivió El Jaro todavía quedan en pie las fachadas de algunas casitas, sobrevivieron al pelotazo inmobiliario a causa de la crisis. Bendita crisis. Una crisis de vez en cuando no hace mal a nadie.

Nací la semana que el hombre llegó a la luna. A mi madre le hicieron una cesarea, porque yo era un niño enorme. Dicen que pesé seis kilos. Mis padres tenían una tienda en el barrio heredada de mi abuelo. “La bomba” era un mercado al aire libre junto a la puerta de Madrid, donde se pagaban abastos por entrar las mercancías. Empecé a ir al colegio y cuando salía debía esperar en la calle a que mi madre terminase de trabajar para darme la comida en casa. Me sentaba un en escalón con una bolsa de Cheetos. Me compraba una bolsa en la tienda de ultramarinos de enfrente. Me daban una moneda y me compraba aquello que sabía a gloria bendita. Cheetos Matutano. Los degustaba con placer. A veces no me daban el dinero y el tendero, amigo de mi padre, me decía que entrara y me daba una bolsa. Una bolsa de ganchitos. A mí me daba vergüenza no pagar la bolsa. Prefiero los cheetos al caviar iraní o a la puta mierda del sushi.

Dices: “¿Por qué tengo las tetas frías y sudo al mismo tiempo por el cuello?”. Te respondo que es la respuesta de siempre: el tiempo que pasa, sobre tus tetas y tu cuello. El tiempo es un hijo de puta, pero da para componer frases muy bonitas y evocadoras.

Cuando éramos jóvenes teníamos simpatía por la Unión Soviética. Era aquel estado inefable con imagen de ser de acero donde gobernaban ancianos y que se oponía a Estados Unidos, un país que nos caía pero que muy mal. Mi padre leía periódicos viejos que le traían, los compraba para envolver el género. Llegaba incluso el “Mundo obrero” usado, el periódico comunista que era un coñazo de leer. Nos gustaban aquellos viejos que gobernaban con puño de hierro la Unión Soviética. Cada vez que nombraban uno era más viejo y decrépito que el anterior. Breznev, Andropovo, Chernyenko, cada vez eran más ancianos con pinta de borrachos. Hasta que llegó Gorbachov, con su mancha en la cabeza, y su mujer, Raysa, que era fea como pegar a un padre pero que decían que era muy maja. Gorbachov era un tío un poco inocente, que dejó que se la metieran por detrás. La señora Tatcher, esa hijaputa, decía que era un tío simpático, pero Ronald Reagan, el señor ese tan gracioso y tan gañán, no se fiaba del ruso. Se la metieron por detrás a Gorbachov. Luego nos enteramos que la Unión Soviética era una mentira enorme sobre la tierra, que estaban arruinados y que iban en casi todo de farol. Pero nosotros creíamos en la Unión Soviética, que uzbekistan3tenía un himno nacional muy bonito. Cuando vimos a Vladimir Salnikov, que nadaba como un salmón, o como un esturión, ganar los 1500 metros libres y pusieron aquel himno daban ganas de llorar de emoción, porque el himno de España es la puta mierda más grande de la historia de la música, en comparación con aquel himno comunista el de España es un truño te pongas como te pongas.

Las tías con maquillaje me dan dentera, como las macetas rotas. Es una manía. Macetas rotas arrastrando por el suelo como tizas chirriando sobre una pizarra. Me hacen rechinar los dientes. Dentera, dentera. Se pintan los ojos unas para parecer mayores y otras para que creamos que son más jóvenes. Los hombres son superiores a las mujeres en éso, cuanto más mugrientos y más arrugados parecen mejores. Pero las mujeres se ponen máscaras para pasear por las calles. Los ojos los llevan con grandes capas oscuras alrededor para resaltar una mirada interesante que no poseen. Se pintan las pestañas. Se pintan los mofletes. Se pintan los labios, eso es lo que más grima me da, que se pinten los labios. Luego las besas y saben a vaselina. La vaselina para metértela doblada. La vaselina para camuflar heridas en la boca. La pintura, la laca, las uñas postizas. Los tacones. Siempre los tacones. Los tacones me bajan la erección al instante. Los pelos bien cuidados y largos, lavados ocho veces al día, con extensiones. Cuatro capas de pintura para aparentar ser saludables y buenas personas.

Vida,
qué
hija de la gran puta eres.
Vida
hijaputa
hija de puta
de color de
rosa
con olor a mierda.
Mujeres abstemias
El sushi sabe a podrido como
tu coño.
Tu suegra era prostituta
muy barata
en la Casa de Campo.
Y tu mujer es una
gran
hija de puta
que folla con el vecino.
En el krusty krub se la chupa
fenomenal
a Bob Esponja.
No tememos a nada porque no tenemos nada
Espejos vendo, para mí no tengo.
El pasado siempre volverá
el hijoputa.
Vida
qué
hija de la gran puta eres.
Vida
hijaputa
hija de puta
de color
mierda
con olor a rosas.
Juré que sólo brotarían
muertos
de mis cojones
que me exinguiría
en silencio.
Siéntete como te sientas
no como te digan que debes
sentirte
cabrón.
Vida puta
Coprófaga insaciable
degustadora de mierda.
Vida saliendo
de tu culo
a presión,
diarrea de color,
vida para
disfrutarla
cuando me
corro sobre tu cara
mientras te estrangulo
con cartas de amor.
La única
solidaridad
es la puta lealtad
cerda
esa que no practicaste ni dentro del chocho
de tu madre.
Siéntete como te sientas
no como te digan que debes sentirte.
Vida
asfixiada de placer
en la horca,
vida de color de gris.
Vida con olor a pis
de gato
hedor a esquina meada.
Tu maravillosa
vida.
Vida
qué
hija de la gran puta eres.
Vida
hijaputa
hija de puta
de color de
rosa
con olor a mierda.
Uzbekistán.
Madrid.
Samarcanda
espera allí la muerte al
muerto viviente
pollo con almendras
sin pollo ni almendras,
caminando muerto
sin cabeza
como el hijo de la gallina.
Guoper a la parrilla.
Echan sal sobre las calles
anticongelante
antinatural
prefiero la noche
y salir de casa con amor
y un lanzallamas.
Vida
qué
hija de la gran puta eres.
Vida
hijaputa
hija de puta
de color
mierda
con olor a jazmín.
La guerra llegará hasta
Uzbekistán
hasta Samarcanda
y Madrid
ciudades y países patrimonio de los hijos de
puta de la humanidad.
Feminismo patrocinado
por Coca-Cola,
Patriarcado saliendo
de mis huevos
con sabor a Pepsi
hasta su cara
por un túnel de viento
que es un túnel de tiempo
que termina
siempre igual
contigo muerto
fiambre.
Vida, hija de puta.

En el primero A vivía una vieja hija de puta. La llamaban “la bordadora”. Tenía el pelo gris desde que cumplió los veinte años. Sus hijas eran más feas que pegar a un padre. Su marido era un sosías calvo con cara de imuzbekistan4potente al que nunca escuché hablar. Acusaba a la vecina de arriba, testiga de Jehová, de tirar basura a su patio interior, papeles, trapos, pinzas de la ropa y compresas usadas de sus hijas testigas de Jehová. Puede que las odiara por ser testigas de ese Dios, porque ella era atea, porque todas las brujas son ateas. Sus hijas eran unas putas muy feas. Comenzaron a insultar a otros vecinos. Algunos decían que eran gitanas, pero no bailaban flamenco, sólo sucedía que iban muy sucias, sucio el pelo, sucia la piel, sucias se adivinaban las bragas. Eran mujeres antilujuria, imposibles de follar para cualquier humano. Insultaban a los vecinos con cualquier excusa. Cotilleaban rumores sobre los vecinos. No debían follar mucho, quizás no follaban nunca, ni siquiera por el ano. Insultaban también a mi madre. Golpeaban las puertas al pasar, juraban y perjuraban. Un día bajaba mi madre conmigo a cuestas. Yo era un pequeño gran cabrón que nació con casi seis kilos de peso. No volví a crecer. Esperaban las tres a mi madre en el portal. Buscaban gresca, con quien fuera. Mi madre me dejó en el suelo. Las tres la encararon. Mi madre se arremangó. Entonces apareció mi tía por la puerta. Mi tía vivía sola y siempre debía dinero en la tienda de ultramarinos. Mi tía nació en 1916, ahora tendría más de cien años. Mi tía venía a visitarme. A mi tía se le murieron dos hijos de pequeños en la posguerra. Mi tía le atizó la primera hostia a la gitana mayor mientras mi madre dejó inconsciente a otra en el suelo con un pie sobre su cuello y la mano derecha estrujando el cuello de la tercera. Acudieron varios hombres, la policía y una ambulancia, que llevó a la casa de socorro a las tres heridas, magulladas, dos de ellas en estado de semiinconsciencia a causa de los golpes recibidos. Siempre me dijeron que pegara primero y después preguntara, que nunca pusiera la otra mejilla. La casa se pacificó y años más tarde mi madre firmó la pipa de la paz con “la bordadora”, que incluso me regalaba bolsas de gusanitos cuando me veía. Un día abrieron la puerta de su casa y la robaron el dinero que guardaba bajo el colchón, a la antigua usanza. En todo el barrio se dijo que había sido uno de sus yernos. Cuando se hizo muy vieja volvió a su pueblo natal a pasar los últimos años. Su sosías marido murió, y luego ella perdió la cabeza, o eso dicen.

Llaman al timbre del portal. Mi madre lo coge y grita que quién es tan fuerte que se debe escuchar por toda la calle. Contestan que son policías. ¿Policías? Nos preguntamos. uzbekistan5La policía no suele venir por aquí. Puede que sean falsos policías en todo caso. Pasa el rato y llaman a la puerta. Abro. Son cuatro tipos con pinta metrosexual, uno me pone la placa en la cara. Me explica que busca a un vecino, al tapicero del bajo. Sale mi madre y, ante mi asombro, les dice que ya no viene por aquí. Mi madre miente a un policía en su cara. Se nota que miente. Nos piden un teléfono del vecino. Mi madre dice que no sabe si dárselo, e insiste, mintiendo sin rubor, en que el vecino ya no viene por aquí. Que no viene, que no. Los policías se aburren y se marchan con cara de pazguatos. Se dan cuenta de que aquí no se debe preguntar por un vecino que podría tener a alguien descuartizado en un congelador, pero al que hay que proteger por ser vecino, porque el vecino es un cabrón pero es vecino, y tú eres policía. Aquí la policía nunca ha sido muy bienvenida. Es mi barrio. Es Madrid. Y en Madrid las noches oscuras son muy largas, hasta que te largas al cajón de madera que ahora vale casi tres mil Euros para enterrarte. Te venden caoba cuando es contrachapado. Madrid, capital de Uzbekistán. Ésto es Madrid, señor mío. Madrid.

Imprimir

Antártida (El imperio de las ratas)

ratas1

Madrid. En Madrid cada año hace menos frío. Recuerdo aquel frío antártico. Madrid, océano de asfalto glaciar. Madrid Antártida. Creo que comencé a odiar las navidades, la navidad, la puta mierda de la navidad, muy pronto, a muy muy temprana edad, siendo un niño, un mierda de niño. Descubrí muy temprano también a los reyes magos, putos mentirosos, su verdaderas sucia cara. No me producía ninguna ilusión la mentira que son esos reyezuelos ni el gilipollas de papá Noel, ese invento de la Coca Cola, ese hijoputa de rojo. Que les den. Recuerdo que estaba pensando en clase en ellos y de repente vi la luz y me di cuenta de que no existían, todo era una patraña, y yo un gilipollas visionario prematuro, para mi desgracia. Soy así de imbécil, desde que nací. Durante unos años me estuve haciendo el tonto delante de mis padres para no quitarles la ilusión, los pobres. Mi padre se comía una cabeza de cordero en la cena de nochebuena, y una paletilla del mismo animal. Además, también devoraba dos cajas de langostinos, un filete de emperador del centro del pez, la zona más grande del puto animal marino con cuerno, salmón grasiento noruego, una caja de angulas entera, sesos de cordero, tres o cuatro centollos enormes y varios kilos de percebes y bígaros. Todas esas viandas a mi me repugnaban, me daban asco. Él repetía la operación en nochevieja antes de las uvas, como desafiante ante el hambre en el mundo. El día de reyes comíamos empanada y roscón, en cantidades industriales claro, en casa de mi abuela. La empanada gallega de carne me gustaba, y el roscón también, pero la compañía de la hija de puta de mi tía y de mi desagradable abuela amargaban a cualquiera esos manjares, sus caras de cerdas desagradables junto a la de mi prima, que era una gorda fea fan de Elvis Presley. Qué hijas de puta las tres. Nos odiaban. Las odiábamos. Yo sólo disfrutaba cuando bajábamos caminando por la calle Fuencarral hasta su casa y cuando íbamos en alguna nochevieja a casa de algún amigo de mi padre, aunque aquello fratas2ueron pocas veces, pero tengo esas escenas etílicas y dantescas idealizadas. En casa de sus amigos mis padres se emborrachaban y se convertían en las personas más dulces y graciosas del mundo. El hijo pequeño de ellos y yo aprovechábamos entonces que estaban pedo y apurábamos los culos de los vasos abandonados llenos de bebidas de garrafón. Al poco rato nos sentíamos embriagados e invencibles, y corríamos por los pasillos y gritábamos, golpeábamos las paredes, escupíamos por la ventana y no recuerdo que nadie tuviera resaca al día siguiente. Aquella fue la cara agradable de la navidad, cuando la gente se emborrachaba y tras la careta aparecía la verdadera humanidad, la que se choca con los muebles y las paredes, la que se cae al suelo y a la que le da por reír o llorona, o por mearse en el rellano de la escalera. A mi padre una vez le dio alguna bajona de las lloronas, pude verlo, y era su mejor cara, su cara de hombre borracho era la mejor, aunque esa cara sólo saliera una vez al año, por navidad. Borrachos que vuelven a casa como el puto turrón El Almendro, que es una mierda con sabor a plástico, pero caro. Al resto de la navidad la odiaba, a muerte. Comíamos mierda todo el año y esos días nos gastábamos lo que no teníamos para darnos atracones de mierda que ni siquiera me gustaba. Yo prefiero los chetos al caviar. Y había que visitar por cojones a familiares hijos de puta a los que deseaba la muerte el resto de 365 días. Desde muy pequeño aprendí a desear la muerte a la gente. Todo lo que siempre he odiado en la vida estaba presente durante la puta mierda de la navidad. Incluso el gilipollas de Cristo naciendo para luego dejarse matar, el imbécil. También toda esa gente simulando que sonríe y es feliz sobria, como Jesús siendo crucificado, qué subnormal debió ser Jesucristo. Debe ser horrible cuando la familia lejana que vuelve a casa para que los odies, esos que vuelven a la puta casa de sus padres o abuelos a la fuerza para cagarse dentro y hacerse los buenos. Qué hijos de puta. Luego está también que mi padre agonizó durante unas navidades, un bello recuerdo. Y palmó la semana después de reyes. Me desperté un domingo, nos llamaron por teléfono y dijeron que se había puesto mal, pero sabíamos que se había muerto. Fuimos corriendo en el coche. Me pusieron aquella multa de aparcamiento. No la guardé de recuerdo. Aquellas putas navidades las pasé entre los muertos vivientes del hospital, corriendo por los pasillos con la cena de nochebuena y con las uvas de nochevieja. Y los de seguridad haciendo la vista gorda con los familiares de los prefiambres para que entraran todos a compartir la muerte con los de la planta catorce. Maravillosa navidad de mierda. Mi padre no pudo comerse ni la paletilla cordero ni los langostinos entonces, había adelgazado 17 kilos y no tenía hambre. Mi hermana se echó un novio argentino después de su divorcio. Pasó con él la noche de nochebuena, la de nochevieja y la de reyes. Me preguntó que qué me parecía que no fuera al hospital, yo le dije que hiciera lo que quisiera, "haz lo que te salga del coño" pensaba mientras la miraba con una medio sonrisa complaciente y falsa, que disfrutara de tan entrañables fiestas con el puto argentino. Mi madre y yo las pasamos en compañía de los muertos vivientes, las noches de George A. Romero en un hospital madrileño. Mi padre murió el 11 de enero, nos dio un regalo de reyes estupendo, después de ni probar el roscón. Deberíamos haber guardado aquel roscón en una hurna de cristal.

El imperio de las ratas.
Cama ataúd.
Ataúd cama.
Me acuerdo de ti caminando por los montes
me acuerdo de ti comprando en Mercadona
me acuerdo de ti mientras como y mientras cago
me acuerdo de ti cuando ando por el filo
me acuerdo de ti bebiendo alquitrán
me acuerdo de ti en los mejores momentos y
en los putos peores.
Me acuerdo de ti cuando me asomo a mi jodido
precipicio
hay que resistir
me dices
aún sin esperanza ninguna.
Descansar en la cama ataúdratas3
en el ataúd cama.
Me acuerdo de ti en las encrucijadas
me acuerdo de ti comprando en el Alcampo
me acuerdo de ti robando en Carrefour
me acuerdo de ti caminando por Fuencarral
de la mano,
me acuerdo de ti cuando sueño con
violar
a la dependienta de la tienda
de patatas fritas
esas patatas de bolsa
fritas con freidora.
Disfrutar en la cama ataúd
correrse en el ataúd cama.
Me acuerdo de ti comiendo
esas pipas de Israel sin sal que ella
me vende,
y te recuerdo mientras pelo y corto
para freírlas
esas otras patatas fritas
fritas en sartén
benditas patatas fritas
caseras.
Mi corazón palpita por ti
como ellas
sobre la puta sartén
patatas medio cocidas y medio
quemadas,
churruscadas sólo por
un lado y
mezcladas con
salsa brava
Hacendado que
pica pero
no llega a matar.
Ciudad que sólo amaga
con matar.
Ciudad Alcampo
ciudad Carrefour
ciudad tu puta madre
ciudad de marca blanca.
Cama como un ataúd.
Mi padre amaba la cama.
Ataúd cama.
El imperio de
las ratas.

Hay hombres que no pronuncian la x en las palabras. Son hombres de verdad, hombres old scul. Hombres de otro tiempo que van al bar y se calientan las meninges con cañas de cerveza pis Cruzcampo y coñac sin marca, porque les da igual la marca, el caso es cocerse un poco para olvidar el paso del tiempo diario, ese tiempo que quieres que se acabe pero que no se acabe y que ratas4no hay forma de que se acabe pero que no se acabe. Cuando estos hombres dicen algo sexual lo pronuncian sesual, como debe ser. Hombres que sólo practican seso muy de vez en cuando y que el feminismo le suena a mierda cagada a pulso. Que regresan a casa medio cocidos a esperar el alzheimer o el cáncer con la dignidad que pueden o les dejan. Son hombres que te hacen sentir seguro. Hombres que en realidad están lejos aunque sólo me separa de ellos un metro en la barra. Hombres que me hacen caer sobre la lona cuando me entero que éste o aquel se murieron antes de ayer. Como Pepo, que se llamaba José, el amigo de mi padre. Mi madre vio un tumulto en la calle, en una esquina. Se acercó a cotillear y vio que un hombre yacía en el suelo con retorciéndose. Era él. En unos segundos dejó de moverse. Su hijo llegó, reconoció a mi madre, totalmente irreconocible por el paso del tiempo, y se abrazó a ella como si fuera su madre. Su padre había sido camionero, casquero y matarife en la plaza de las Ventas. Era un hombre fuerte, invencible. Nos contaba las peleas que tenía en los bares cuando era camionero. Una noche se peleó con un tipo de mi barrio al que llamaban el gitano. Cuando iba a pisarle el cuello la mujer del gitano lo agarró por el cuello y el susodicho gitano, que era panadero en realidad y de gitano no tenía nada, se levantó, le puso un ojo morado a traición y escapó corriendo dejándole en el suelo agilipollado. El gitano era buena gente, también, sí que lo era, bocazas, pero buena gente. Sus hijos eran buena gente y su mujer también. Y Pepo era muy muy buena gente. Le gustaba ir al campo con mi padre a sitios donde no había nadie, pescaban en ríos donde estaba prohibido, esquilmaban la fauna piscícola sin miramiento e incluso sobornaban a los guardas de ICONA. Se reían mucho puteándoles. Qué oficio más cabrón debía ser el de guarda de ICONA. Recuerdo un refugio de ICONA al que le habían pintado un palo sobre la letra ene para que fuera eñe. Los guardas de ICONA eran guardas de coña. Qué chiste más fácil. Mi padre y Pepo les regalaban botellas para que hicieran la vista gorda. Mi padre y su amigo provocaron la extinción de especies y de paso el cambio climático con el tubo de escape de sus coches. El cambio climático es maravilloso, se gasta menos en calefacción y dentro de poco la playa llegará hasta las afueras de Madrid. Barcelona quedará inundada y se ahogarán todos los catalanes, y cuando naden hasta la orilla les pisaremos la mano cantándoles "puta el Barça y puta Cataluña".

Ciudad silenciosa
con olor a desodorante
barato.
Ciudad de marca blanca.
Ciudad Hacendado.
Ciudad todo a cien.
Ciudad orgullosa
y arrogante.
Soy de Burger King
de Mercadona
de Samsung, de
Alcampo
y del Real Madrid.
Antártida
La Antartida
allí a lo lejos
puede que no existaratas5
la puta Antártida
que sea una gran
mentira
ecologista.
Esa gran masa de
mierda helada
tan helada como
tu coño.
Lo único que tengo claro en
este mundo es que
Isco Alarcón es un
hijo de puta
patizambo.
Antártida es
el nuevo helado de Hacendado.
En Mercadona venden
epidemias de
tristeza
a causa de
la Presión intestinal
colectiva.
Ciudad anciana,
de ancianos
preocupados
por la defecación.
Rugir de aceras
y de anos
ronquidos y rechineo
bruxista
nocturno
ciudad ensordecedora
y silenciosa.
Partido Bruxista
Fascista Leninista
ganará las elecciones.
Nos haremos camisas pardas
saldremos a romper
cuellos y cristales
a quemar sinagogas ecologistas
y de paso el parlamento.
Derritamosla
a la puta Antártida
y
que las playas
lleguen hasta
la puerta
de mi casa.

En la puerta de enfrente de mi piso, el 2ºA, vivía una familia que se habían convertido en testigos de Jehová. La gente los trataba con desprecio. Mi madre hacía comentarios despectivos sobre ellos. Sus correligionarios te paraban por la calle para preguntarte por tu vida espiritual e intentaban colocarte la “Revista atalalla”. A mí me caían simpáticos. Mi amigo Rafa tenía un antiguo compañero que era testigo, y se dedicaba a llamarle desde cabinas telefónicas de madrugada y a gritar cuando cogían el teléfono: “¿TESTÍCULOS DE JEHOVÁ?”. Rafa siempre fue bastante bocazas y cobarde. Mis vecinos de enfrente eran gallegos. Gallegos testigos de Jehová. Tuvieron cinco hijos. Eran pobres, pero amables, siempre muy amables. La vecina de abajo, una bruja hija de puta, los acusaba, sin fundamento, de tirarle cosas por la ventana al patio interior, incluso de lanzar compresas usadas. Una mentira, porque creo que nunca pudieron usar más que trapos para contener el periodo, eran pobres. Los hermanos ratas6hombres testigos de Jehová eran gente simpática. Un día uno de ellos intentó pegar a la vecina de abajo que había insultado a su pobre madre. Creo que ese hermano dejó de poner la otra mejilla y abjuró de su religión, apostató de la testiguez de Jehová. Mi madre seguía mirándoles con cierto desprecio. Cuando se jubilaron, los padres testigos se marcharon a vivir al Sur, a que les diera el sol de Jehová. Venían de vez en cuando. Él siempre me sonreía. Una vez me lo encontré en el portal y se despidió de mí, me dijo que no sabía cuando volvería. El hombre parecía un roble, un roble de Jehová, pero me enteré que unos meses después le pegó en toda la sesera un ictus, que le paralizó medio cuerpo. Sobrevivió unos años postrado, y no lo volví a ver. Sus hijos continuaban viniendo a la casa de Jehová. Gente buena y simpática. Siempre. El padre murió el año pasado. Mi madre les dio el pésame, pero al volver a casa recordó, una vez más, el temita de la conversión en testigos, con un aire de superioridad algo asqueroso, sólo porque ella es pagana cristiana, de esos sin fe que van a misa a cantar las alabanzas al Dios católico, ese hijo de puta. Los hermanos testigos no se pusieron de acuerdo en el reparto de la finca, y la pusieron en venta. Vinieron a despedirse de nosotros. Fue triste. Eran muy muy buena gente. Aún conservaban cierto acento gallego, pura herencia rancia. Le dijeron a mi madre que si le dejaban una llave para echarle un vistazo al piso cuando vinieran los hijoputas de Tecnocasa a enseñar el piso, pero mi madre se negó a ello con cierto aire de ancianita buena pero cabrona en el fondo. Luego cerró la puerta y siguió con los comentarios despectivos sobre el testiguismo blasfemo de Jehová. Los cabrones de Tecnocasa han comenzado a venir con compradores, al calor de la nueva burbuja inmobiliaria. Siempre dejan la puerta del portal abierta, y he tenido que decirle unas palabras a uno de sus agentes vendedores, un ruso, porque me estaba tocando los cojones con ello. Los testigos de Jehová se riendieron finalmente al tiempo, a la historia, al ateísmo inmobiliario y a los hijos de puta de Tecnocasa. Sí, sois unos hijos de puta los de Tecnocasa. Los testigos de Jehová no podían hacerse transfusiones de sangre. Eran como un poco marginados. ¿Quién coño es el cabrón de Jehová? Debe ser un primo hermano de Cristo, putativo, y de Alah el decapitador. Eran buena gente. Os echo de menos, testigos.

ratas7Salen cien mil millones de libros, de películas, de artículos de prensa, sobre el rechazo a la violencia, contra el calentamiento global, contra el racismo, el machismo y contra la xenofobia. Todo el mundo da a la tecla de “me gusta”. Pero como nadie lee ni nadie va al cine, pues eso. La gente sonríe, se ríe, y se afilia a todas estas causas solidarias. Y los artículos, en forma de papel o de coltán caducado, mueren sin uso, en las alcantarillas, comidos por las ratas. El imperio de las ratas, capital Madrid. Madrid capital del imperio de las ratas. Patear las calles de Madrid durante días, semanas, meses, años, lustros y décadas. Vivir como si tuvieras un cáncer terminal durante décadas, caminando como si no tuvieras nada que perder y el tiempo cabrón, el viento sucio y la lluvia casi siempre ácida te acompañaran desde el coño de tu madre hasta la tumba helada de Madrid Antártida.



Imprimir

California (La santa polla)

polla1

Cuando me miro en el espejo veo a un hijoputa, a un débil, a un cobarde, me desprecio. Soy un inútil que no supo ganarse el sustento. La figura deteriorada que veo reflejada me dice que no sabe nada y que le fue imposible aprender lo que debía aprender, por ser gilipollas o por no querer integrarse. No pasaré a la historia dentro del catálogo de personajes ilustres, intachables, ni ejemplo moral para nadie. Aunque tampoco quiero, ni quise éso. En esta vida traté de sobrevivir con las cartas que me tocaron. Puedo asegurarte que no fueron las mejores, pero intenté conservar la vida para permanecer como cimiento, para no causar pena, manteniéndome firme, al menos en apariencia, en todos los momentos en que pude frenar a mi subconsciente sin parecer un escombro. La procesión siempre ha corrido por dentro, pero me propuse no dejarla salir a la calle a compartir el velatorio. Traté de sonreír y de quejarme lo menos posible, intenté en todo lo que me fuera posible ser la carga menos pesada para los míos, a los que traté de brindar mis dos manos y mi compañía, lo único que tengo. Nunca me marché lejos aunque hubo momentos en que deseé tirarlo todo y seguir adelante sin mirar atrás. La memoria me guía, la memoria me lastra. Lo único que pude y puedo prometer es no hacer daño a nadie, y creo que no lo hice. Sólo puedo añadir que al que no le guste que no mire.

California.
Yahvé.
Ya ves.
Eutanasia.
Suicidio involuntario.
Patada en los huevos.
Gritar durante tu minuto de silencio.
polla2Limpiarse el culo.
Me limpio el culo
con tu país
me limpio el culo
con tu bandera
me limpio el culo
con tu
puta religión
con tu cultura
con tu Dios
con tu buen rollo
con la naturaleza
me limpio el culo
con tu familia
con tu tradición
y con tu educación.

California en llamas.
Bruxismo de moda.
Clínicas dentales y veterinarias.
Limpiarse el culo.
Santa polla consagrada
ensangrentada
que te folla
que te comes
la de Dios
la de Aláh
o la del
Dalai Lama.
Viajar a California y
quemar todos los bosques
todos esos putos bosques.
Atar una antorcha a la cola de un burro
y quemar todos esos asquerosos bosques de secuoyas decrépitas
de mil jodidos años
es mi único deseo,
darles por fin un merecido descanso.
Verlos arder
esos bellos bosques
ver salir llamaradas
que lleguen hasta el cielo
como auroras boreales y que
huela a carne asada,
comunas jipis, mansiones y chabolas
todos juntos carbonizados.
Beber la sangre
que sale de mis encías.
Quemar todos los putos
bosques de
California
es ya el único deseo
altruista
humano
que
me queda.

Las llamas llegan desde
California
California drimin,
hoguera
hasta Oregón.
Me limpio el culo
con tu pasado
con tu presente
y con tu futuro
inexistente.
Necesitas a alguien que te quiera
polla3necesitas a alguien a quien odiar.
Necesitas a alguien que te folle
por delante y por
detrás.
Como un perro que reclama la merienda
como un putero en un polígono industrial.
Anuncios de implantes de polla,
aumentos de tetas y cerebro
para feministas.
Me limpio el culo
sobre tu sombra,
sobre tu tumba,
sobre la lápida de tus padres
y la de tus abuelos
me limpio el culo
sobre todos esos mierdas tuyos.
Sobre tu Dios hijo de puta
sobre el trapo ese de tu enseña militar
sobre tu orgulloso blasón
sea del color que sea
y sobre tu madre,
ya sabes que
se la follaron unos cuantos.
Me limpio el culo
con tu tradición
con tus ideas
me limpio el culo con tu razón
y con tu sinrazón,
me limpio el culo con tus lágrimas
de cocodrilo,
con tu nihilismo
y con tu corazón
chapado en oro
me limpio el culo
con la ilustración.
Soy islamófobo
pero te voy a poner
mirando a La Meca.
Quemar todos los bosques
de California.


El piso de abajo. El piso maldito. Mi casa es un 2ºC. El 1ºC está maldito. Maldito. Allí sucedió la historia del gato. Murió la vieja que lo habitaba. Se trasladó allí una pareja. Ella delgada. Él calvo con gafas. Parecían muy acaramelados. Entraron al piso con un gato metido en polla5una caja enrejada. Un gato gris y blanco. Pasaron un par de meses. Comenzaron a escucharse ruidos raros, portazos, y golpes en las paredes. Luego voces. Luego voces más altas. Ella le gritaba, él la gritaba. Y más gritos, más gritos. Y luego golpes. Un día ella escapó y él se marchó. Dejaron al gato en el patio interior. Pasaban los días y nadie volvía a casa. El gato estaba abandonado. Lo mirábamos por la ventana y al vernos nos maullaba pidiendo auxilio. Le lanzábamos agua para que se hiciera un charco y bebiera. Luego el tirábamos boquerones. Un día le lanzamos medio kilo de boquerones en un papel. Aquello comenzaba a oler a boquerones y a meado de gato. El hijoputa del gato maullaba, pidiendo socorro. Pasaron dos meses, el gato bebiendo agua de los charcos y comiendo boquerones que caían del cielo. De repente, un día volvió el calvo con gafas. De su mujer no se supo nunca más nada. Puede que la descuartizara y la lanzara a un pantano metida en una maleta, pero eso son cosas personales y no hay que meterse. Puso el piso en venta y sacrificó al gato, pero sin dolor, mediante inyección letal. Al cabo del tiempo otra pareja habitó la casa. Una rubia de tetas grandes y un calvo. A los pocos meses comenzaron los gritos y los golpes en los muebles, en las paredes, hasta que ella salió un día huyendo. El día de la marmota se sucede una y otra vez en ese piso. Veo a la rubia de las tetas gordas por la calle y pienso en cómo se la debía taladrar ese calvo feo en el piso maldito, y me excito pensando en sus tetas y en su cabellera de rubia puta con aspecto de rusa yonki, aunque ella es una zorra más de Tetuán de las Victorias.

Haz el favor de no gritarme. Si vas a montar una escena, que sea porno. Madrid ratonera. Veo carteles de un festival musical a favor del cambio energético y en contra del patriarcado, todo mezclado. Panda de hijos e hijas de puta que caminan por estas calles, todos hijos de rameras de pago o gratis, todos lo somos. Hombres y mujeres que aspiran sorber semen sin lactosa, sin aceite de palma, semen sin grasas saturadas ni colesterol del malo. Semen sin dióxido de nitrógeno. Semen incoloro, inodoro e insípido. Semen con aromas a madera y a frutas del bosque. Escalivada de semen con un ligero toque a castañas y a boletus. Semen sin gluten, delicioso para celiacos.

Justo debajo del piso maldito de mi casa, en el entresuelo, en el bajo, hay un taller clandestino, taller lou cost, que no paga impuestos. Un taller que lleva ahí treinta años, o más, o desde que el mundo es mundo. Un taller clandestino de tapicería. Cuando trabajan se escuchan golpes y huele como a pegamento Imedio, el olor sube por toda la escalera. Es agradable ese olor. Buen olor. El tapicero está deforme a causa de la adicción al pegamento. Su hermano murió en la habitación de al lado de mi padre, los dos de cáncer de pulmón. Mi padre polla4fumaba Ducados, el hermano del tapicero inhalaba pegamento Imedio, o Supergen, ocasionalmente cuando visitaba a su broder. El puto tapicero, el deforme, cuando llega a su casa echa de menos ese olor. Su mujer le echó de casa una vez, y se cambió a otra, sin problemas, de buen rollo, sin pegarla, al menos que se sepa pero, eso sí, no puede prescindir del pegamento, de inhalarlo, maravilloso y puto pegamento. La gente se queja del olor, pero luego se compadece, al verle la cara de pena que pone, porque el tapicero está deforme. Es un hijoputa deforme, y falso, porque intenta dar pena pero es un cabrón contaminador. No se sabe cómo sigue vivo, ha mutado con el pegamento, con la cola Supergen. Las sillas que tapiza se despegan con facilidad, las deja echas una mierda, porque compra el pegamento que no pega a los chinos, pero huele muy bien y crea una placentera adicción. El tapicero hijoputa del bajo. Hijoputa yonki del pegamento. Toda la escalera huele a pegamento, el olor asciende hasta el cielo y se esparce por la ciudad. Y tu padre coge cáncer, un cáncer de pulmón superagresivo y super rápido por culpa de mi tapicero. Y tú heredas su casa, y luego la vendes, y te vas al campo a vivir con tus hijos y la zorra de tu mujer, que se tira de vez en cuando a su jefe, o sueña con ello, y tienes una piscina, y haces fotos con tu móvil de tu felicidad, pero el olor a pegamento Imedio llega desde la ciudad si soplamos muy fuerte el hijo de puta del tapicero y yo.

Camino por las calles de Madrid, con frío y con calor. Luego vuelvo a mi habitación de paredes acolchadas. Tú también estás para que te acolchen la habitación. Lees Patria. Viajas por el mundo haciéndote selfis. Vives en chalet del extrarradio, con piscina. Tus hijos serán ingenieros, médicos o abogados, y se divierten por Europa con becas Orgasmus. No saben que Europa hace tiempo que ha muerto. Me despierto. Me levanto. Sigo caminando. Se hace de noche. Veo en una calle a un galgo cagando, con su amo, en medio de la carretera. Por la esquina aparece otro galgo, con un ama. Parece que van juntos, pero no. Ella le dice a él que el suyo, el gruñón que lleva un collar rosa para tapar la herida de cuando quisieron ahorcarlo, se lleva mal con los otros galgos, que está un poco traumatizado de sus semejantes. Me alejo. Se escuchan más gruñidos. Madrid.

Santa polla, llena eres de gracia.
Santa polla consagrada, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Santa polla, reina y madre.
Santa polla, el señor es contigo, bendita tú eres.


Imprimir

lanochemasoscura