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Cosas que influirán en el referendum sobre el Brexit

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Cena con amigos y conocidos, una noche de mediados de junio en Londres. Brexit. Inevitable que se insinúe en la conversación una palabra que reproduce el sonido de un desgarro. Britain exit. La Cool Britannia se despide y se va. Brexit.

Son muchas las teorías expuestas por los comensales. Algunas, propias del sentido del humor autóctono; otras, más serias. Todavía hay mucha gente que no ha decidido si votará. Incluso los menos sospechosos podrían animarse a dejar tirados a sus primos del otro lado del Canal de La Mancha. Sin embargo, al final, el elector británico se tendrá que enfrentar sólamente a dos miedos contrapuestos.

¿brexit2Cuál de los dos se impondrá definitivamente en el referendum del 23 de junio, el miedo a la inmigración o el temor al salto al vacío económico?

El fútbol. Un señor culto e informado pero al que han obligado a dejar de ver su partido de Eurocopa al final del primer tiempo, está convencido de que, si Inglaterra pierde, habrá entonces más posibilididades de que ganen los partidarios del Brexit. Si gana, los indecisos votarán permanecer en Europa.

La lluvia. Si el día de marras llueve, dice otra comensal, el nacionalismo antieuropeo se saldrá con la suya. Los brexistas están más motivados y más mobilizados que los unionistas europeos. Si llueve, los primeros irán a votar de todas formas. Los europeístas y los indecisos, en cambio, es más probable que se queden en casa.  A alguien nada sospechoso se le escapa:"¡Podremos, por fin, hacer lo que nos venga en gana en política exterior!". Se le recuerda que, al fin y al cabo, Downing Street ha hecho siempre lo que le ha parecido y ello antes y después de la desgraciada apuesta de Tony Blair por invadir Irak con su amigo George W. Bush.

brexit7Los fontaneros de Yorkshire. Un cirujano de Oxford cuenta que, hasta cumplir los 18 años, creció en un ambiente de clase medio-baja. Antes de que él se matriculara en dicha universidad de la élite, sus amigos de la época se hicieron fontaneros, albañiles, operarios. Se trataba de gente que no se podía permitir grandes proyectos, que era feliz donde estaba y con lo que tenía. Cuando se dieron de bruces con la competencia de los jóvenes polacos que cobraban menos y estaban disponibles a cualquier hora para cualquier tipo de reparación o emergencia doméstica, empezaron a perder trabajo, dinero y seguridad. Pero es que, además, según el cirujano, ¡los polacos (ellos y ellas) son guapos! Con lo que el miedo y la envidia estaban servidos. Esta tierra fértil se la disputan el UKIP y Boris Johnson, quien esgrime en televisión un manojo de productos de la huerta diciendo: "¡Nuestros espárragos serán igual de deliciosos sin Europa! ¿Qué digo? ¡Serán incluso mejores!"

brexit4La mayoría silenciosa. La persona más seria de la mesa avanza otra teoría. Hay, en realidad, una mayoría silenciosa según el anfitrión. Se trata de aquéllos que no hablan del Brexit, que no quieren ni oír hablar pero que, puestos ante la eventualidad de un cambio profundo, simplemente se acobardan. Y no porqué teman que Escocia, en una Gran Bretaña deseuropeizada, reclame otro referendum para intentar unirse a Europa como nación independiente. Ni tampoco porque la  mayoría silenciosa sepa que tan sólo 200 libras esterlinas van cada año y por persona del Reino Unido a Europa. Lo que no justificaría ningún temor a un posible eurodespilfarro sobre todo porque muchos agricultores y gandaderos británicos saben muy bien que esas mismas 200 libras esterlinas vuelven a casa en forma de subvenciones a sus granjas y demás industrias agro-alimentarias. Y, en fin, tampoco, porque esta mayoría silenciosa sepa que la mitad de los productos británicos se exporta a la Unión Europea.

Tampoco hay más datos embarazosos que puedan convencer a la mayoría silenciosa para que se quede en Europa: al menos 30 000 ciudadanos británicos reciben su subsidio de paro en algún país de la Unión Europea. Los parados birtánicos residentes en las naciones brexit8europeas más ricas son más que los parados de éstas que viven en el Reino Unido. Con todo ello no se puede sino concluir que, hoy por hoy, quien más sale ganando al cambio es el propio Reino Unido y no Europa.

En realidad, es la mediocridad del ciudadano medio lo que mantendrá a Gran Bretaña en Europa. Su miedo a la novedad, a la incertidumbre. El no saber a qué atenerse. Sabedor de ello, el premier David Cameron le sopla a esa piel sensible: "¿Estamos de verdad seguros que la paz y la estabilidad de nuestro continente estarán garantizadas más allá de cualquier duda? ¿Merece la pena correr este riesgo?"

No, responde el anfitrión, que es autor de novelas históricas de éxito en las escuelas británicas y que sostiene que lo que puede salvar a la Unión es precisamente el hecho de que el ciudadanao medio, por temor al cambio, preferirá dejar las cosas como están. Keep calm and carry on. Pero dentro de Europa. Inshallah, como diría el nuevo alcalde de Londres.

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