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Deshielo, deporte y misiles. Así aleja Kim a Seúl de Washington

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La República Popular presiona para que se alcancen nuevos acuerdos con China y Rusia. Y el temor a los misiles y a que se saboteen sus Juegos aproxima a Moon a sus vecinos del norte.

Puede que Trump disponga de un botón más grande y más potente del que tenga Kim Jong-un pero con la apertura al diálogo entre las dos Coreas, ha sido el líder de Pyongyang quien ha lanzado un eficaz misil diplomático que amenaza con romper el ya dificultoso entendimiento entre Washington y Seúl.

deshielo4El manejo de los tiempos ha sido perfecto. Las últimas semanas hemos asistido a un distanciamiento progresivo entre las diplomacias americana y surcoreana. Por un lado, hemos tenido a un presidente Trump cada vez más vocinglero aunque capaz de conseguir que sus exabruptos se vean acompañados por serias sanciones contra Pyongyang. Por el otro, hemos visto a un presidente surcoreano, Moon Jae-in, con una desesperada necesidad de tregua a punto, como está,  de inaugurar las Olimpíadas de Invierno en sus montañas y receloso, como es lógico, de que se las chafen ataques terroristas o misilísticos desde el Norte.

Así que, apenas unos días después de que los Estados Unidos le hayan pedido a la ONU la adopción de nuevas y pesadas sanciones contra el régimen de Kim Jong-un, vemos cómo el líder norcoreano aparece en televisión vestido con chaqueta y corbata en un imprevisto ejercicio de estilismo a la occidental para anunciar que está de acuerdo en que se reestablezca la línea caliente con Corea del Sur, concertar un encuentro con su presidente y participar en sus Juegos de Invierno.

Las tensiones entre Moon y Trump se han acrecentado en estos últimos meses. Por una parte, al millonario de la Casa Blanca se le ha ido cada vez más poniendo cara de perro de lo enrabietado que está por los avances en los tests con misiles de Pyongyang. Por la otra, el presidente surcoreano se ha mostrado cada vez más conciliador recordándole al mundo su poder de veto contra cualquier ataque que las fuerzas norteamericanas con base en Corea del Sur pudieran lanzar contra la del Norte, algo que ha enfurecido a los generales americanos.

Pero es que Moon no debe perder de vista que a él lo han elegido para ocupar la Casa Azul, el palacio presidencial de Seúl, y cumpli, así, una misión diametralmente opuesta a la de su precedente inquilina, la presidenta Park Geun-hye, que acabó sumida en un escándalo de chamanes y tráfico de influencias y considerada como demasiado subordinada a Washington.

deshielo2Es preciso recordar asimismo que el espíritu de la unificación, al que Corea del Sur le dedica un ministerio importante, está más vivo que nunca. Desde posiciones contrapuestas, sin duda: los del Norte sueñan con someter por la fuerza a los filoamericanos del Sur mientras que los del Sur no paran de efectuar todo tipo de cálculos económicos que les permitieran volver a hacerse con el Norte a través de fondos para la reconstrucción, una vez que el régimen acabara hambriento y rendido aunque no víctima de una crisis humanitaria irreversible.

Y puede incluso que esta última circunstancia se empiece a atisbar en el horizonte habida cuenta del último movimiento felino de Kim Jong-un: la inesperada apertura que ha hecho posible que las delegaciones de las dos Coreas se encuentren en Panmunjom, "el pueblo de la tregua", en plena zona desmilitarizada, y que este encuentro haya dado su primer y pequeño fruto: el envío, por parte de Corea del Norte, de una delegación de alto nivel compuesta de deportistas, animadoras, aficionados y periodistas, amén de un equipo de taekwondistas. No podía tratarse, para Corea del Sur, de una mayor garantía para combatir el miedo al posible lanzamiento de misiles o la perpetración de cualquier tipo de sabotaje por parte de Corea del Nore durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno.

deshielo5Pero es que también hay que valorar el clima en el que se ha desarrollado este encuentro pues, a veces, los detalles de lo que ocurre entre bambalinas pueden ser casi tan importantes como los propios resultados. En este sentido, al delegado norcoreano, Ri Son Gwon, le dio por interpretar la circunstancia a través de símiles meteorológicos: "No es exagerado comparar las relaciones intercoreanas con las condiciones climáticas: son tan frías que han helado por completo ríos y montañas." A lo que el ministro de la Unificación surcoreano respondió que, de pequeño, fue campeón de patinaje sobre hielo.

Los Estados Unidos consideran que todo esto no es sino una estafa. Algo que ha recordado la embajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley: "Esto no se arregla con cinta adhesiva. Ni con una sonrisa y una foto. Si no se hace nada concreto para eliminar todas las armas nucleares de Corea del Norte, no nos podemos tomar en serio este diálogo".

Pero es que, además, Trump, con ese estilo suyo tan inimitable, se ha atribuido el mérito de esta apertura al sostener que ha sido gracias a su tono duro que Kim se ha avenido a aceptar el diálogo. Creemos, no obstante, que han sido más eficaces las sanciones aplicadas por China, que redujo sus exportaciones de crudo a través del gasoducto que lo transporta a Corea del Norte provocando así que se hayan duplicado los costes del carburante durante el crudo invierno coreano.

deshielo3Kim espera quizás poder conducir a Rusia y China a renovar su petición de un acuerdo del tipo freeze for freeze o, lo que es lo mismo, bloquear el programa nuclear norcoreano a cambio de una suspensión de las maniobras militares conjuntas americanas y surcoreanas (algo que ya se ha postpuesto a la finalización de los Juegos Olímpicos).

El objetivo puede ser el de retormar las negociaciones conducentes a que los Estados Unidos, China y Rusia ofrezcan incentivos diplomáticos y económicos a Corea del Norte a cambio de que ésta suspenda su programa nuclear. Trump ya ha manifestado al respecto que tal vía le parece inaceptable. Sin embargo, es posible que, hoy por hoy, ya se esté trabajando en este sentido.

<<<Publicado en La Stampa (10/01/2018)>>>

El último guerrillero independentista de la India

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En el nordeste de la India, donde combate el último guerrillero independentista. Guwahati, Assam.

Navegando por la calma del río Brahmaputra, colándonos por entre sus islotes rocosos, avistando un delfín, un rinoceronte o algún mono saltando de rama en rama o esperando que atraque una de esas barcazas repletas de pasajeros, no se nos ocurre pensar en la violencia que conoce el Nordeste indio. Una violencia de la que se habla poquísimo tanto en la propia India como en el extranjero. Y, sin embargo, es precisamente aquí, entre las plantas del té de las plantaciones, a la sombra de los naranjales y en los márgenes de los arrozales donde prosigue el combate secesionista que, guerrillero2en los últimos treinta años ha causado ya más de diez mil muertos. Las siglas de las distintas facciones implicadas son tantas que citarlas aburriría al más pintado. Cada una pelea por lo suyo: la secesión, la autonomía, la independencia, más poder, menos abusos.

En 2012 se disputó un importante partido de fútbol que reuniese a los "ejércitos de la hermandad de los insurgentes". Uno de éstos, en 2016, masacró a catorce personas en el mercado de Balajan mandando a seis terroristas en vespa al escenario del crimen.

Para protestar contra los actos de celebración de la República, hicieron explotar nueve artefactos y lo anunciaron esa misma mañana en una rueda de prensa por boca del fantasmagórico comandante en jefe del ULFA (United Liberation Front of Asom), el Frente Unido para la Liberación de Assam.

"La Fiesta de la República india -tal y como declaró el sexagenario líder Paresh Baruah- ha de ser boicoteada pues sólo sirve para recordar la colonización de nuestras tierras", es decir, los estados del Nordeste: Manipur, Meghalaya, Tripura, Assam, Bodoland, Nagaland y Mizoram.

guerrillero3En ese famoso partido de 2012, Baruah jugó de portero. En un equipo se unieron tres ejércitos: el ULFA, el NDFB (Frente Democrático del Bodoland) y el Consejo Nacionalista Socialista del Nagaland. En el otro, el Ejército Popular para la Liberación de Manipur. Se trataba de volver a compactar un frente disgregado por el Ejército y los servicios de inteligencia indios, un desgaste que forzó a Baruah a enfrentarse, por su lado, con el ULFA originario, conducido por su primo Golap Baruah.

Se trató de unna guerra fraticida que recoge muy bien como telón de fondo la novela La casa de las mil historias del escritor asamés Aruni Kashyap, quien me contó su vida en medio de la lucha de los guerrilleros.

"A partir de los años noventa, el gobierno ofreció dinero y rehabilitación a todos los insurgentes del ULFA a cambio de información sobre los recalcitrantes. Las fuerzas rebeldes, por su parte, ajusticiaron a muchos colaboracionistas. Y el gobierno les facilitó armas a los arrepentidos para que se pudieran defender". En respuesta al ULFA nació, pues, el SULFA, verbi gratia, los Surrendered ULFA, los arrepentidos.

"Fue el comienzo de una guerra civil. Vendettas, represalias directas, ejecuciones sumarias."

guerrilero4"El ULFA golpeaba a las dianas móviles: a los familiares, a los mejores amigos, a la exnovia con la que se había acabado diez años antes. Se trataba, en fin, de lo que se dio en llamar limpieza de Asam. De vez en cuando, se descubría cuerpos en descomposición, una mandíbula, un dedo, dientes. Los cadáveres iban siendo despedazados y sus restos sembrados por los campos de manera a dificultar su identificacion", prosigue Kashyap.

La subsiguiente rendición fue masiva, casi completa. Pero el irreductible Paresh Baruah sigue combatiendo. Y no hay quien le eche el guante.

Ahora, además de la hermandad entre los ejércitos más pequeños, el hombre prepara asaltos y atentados con bomba. Lanza amenazas a los cantantes que cantan en hindi en vez de en assamés. Y la toma también con el cine: un director de cine de Assam le ha mandado un post en Facebook quejándose de que no se estaba proyectando su película en assamés y que se le prefería los ballets hindis de Bollywood.

Inmediatamente, muchos programadores cinematográficos proyectaron la película, aterrorizados con la idea de que sus locales pudieran saltar por los aires.

¿Por qué, entonces, no se le puede conceder más autonomía a Estados como los del Nordeste indio, que tienen una lengua distinta y están geográficamente lejos del subcontinente?

"Está claro: porque Assam posee muchas reservas de petróleo y produce mucho té, porque se trata de un país rico -responde Kashyap-. Pero ocurre que todavía está subdesarrollado. Los que se rebelan tienen motivos. No basta eliminar la estructura de la protesta, hay que ir al origen del conflicto."

En realidad, es lo que están reclamando los rebeldes, que protestan contra la privatización de doce pozos petrolíferos por orden del gobierno de Delhi. Algo que no parece que pueda aprovechar directamente a los assameses.

guerrillero5Pero la situación tampoco se arregla por el papel de estorbo que ejercen los Estados vecinos. En este sentido, si es cierto que Bhután ha desmontado las bases de los rebeldes que se encontraban en su territorio, en el norte de Bangladés y de Birmania la situación es completamente distinta.

Lo que es peor: los servicios de inteligencia indios mantienen que el potente Baruah se ha ido escapando vivo de todo gracias a un visado turístico chino y a un pasaporte de Bangladés en el que figura bajo el seudónimo de Kamrul Zaman.

Se dice que está también en contacto con la inteligencia pakistaní. Y que puede, incluso, que sean los propios espías extranjeros los que le estén impidiendo entregarse y mediar para así evitar que revele las tramas que lo han mantenido en vida y en el poder. Baruah no sería más que un rehén de su propia estrategia y de sus protectores.

Cómo los quinceañeros japoneses combaten la soledad

soledadjapo1Pantallas, láser y desafíos grupales se convierten en antídoto a la alienación.

Mientras que en el resto del mundo las salas de juegos se convierten a menudo en antros donde se trapichea y reina la violencia, en Japón, gracias a una estrategia comercial muy concreta, están viviendo un glorioso renacimiento. En la foto, un grupo de cosplay.

Carlo Pizzati,
Tokyo.

soledadjapo7En los mejores barrios de la capital nipona llaman la atención unos edificios de seis o siete plantas que parecerían de Lego si no fuera por el modo en que resplandecen en las ventanas sus variopintos letreros. Por la planta baja, uno ingresa en la atmósfera de alegre cacofonía electrónica del último grito en videojuegos. Hay quien se entrega a un desenfrenado baile con el que, tip tap, tip tap, intenta golpear platos luminosos en el suelo y quien se ha puesto unos guantes antibacterias (característicos de la obsesión higienista japonesa) para liarse a tortas con una pantalla circular.

En la pantalla van apareciendo flechas y globos fluorescentes que hay que atrapar siguiendo un ritmo. Estos jugadores parecen naúfragos desesperados e hipnotizados llamando a la ventanilla de una gran nave virtual que los rescate de la realidad. Pero no es así. Ni mucho menos.

Durante los últimos años, los jóvenes tokyotas abarrotan, en pleno revival de las arcades, los salones de juegos recreativos que en el resto del mundo se han convertido a menudo en antros donde se trapichea y reina la violencia. Sin embargo, aquí, gracias a una estrategia comercial muy concreta, están viviendo un renacimiento glorioso. Estamos hablando de actividades empresariales que, en Japón, han alcanzado cifras de récord: el mercado de las apps, consolas familiares y videojuegos de salón representa un volumen de negocio de 8 000 millones de euros. Y es que los japoneses se gastan en videojuegos más que nadie en el mundo: 110 euros per cápita al año, lo que representa el doble de la media europea.

Con todo, los datos económicos no explican la importancia social que ha cobrado este fenómeno en el marco de una cultura compleja. Una cultura que le ha regalado al mundo la palabra otaku, que se refiere a ese individuo monomaníaco o socialmente aislado que ha optado por refugiarse en la realidad digital.

soledadjapo2Porque en los salones de Sega, Round One o Taito es donde se puede estar efectivamente solos aunque a la vista del público. Uno se encuentra aislado en el juego pero, simultáneamente, enganchado a la posibilidad de encontrar a alguien jugándolo. Uno vive la sublimación de la típica batalla de los deportes de competición pero también la narrativa de videojuegos como World of Warcraft, algo más parecido a un empleo, una rutina, un progreso cotidiano aunque infinito en el que se se avanza junto a virtuales compañeros de viaje o de batalla.

En el reducido espacio de las viviendas japonesas es difícil encontrar reductos donde instalar consolas para jugar con los amigos. Así que, aquí, el salón de juegos sigue cumpliendo la función de espacio de atracción pública que tenía en Occidente en los tiempos de Space Invaders, Frogger y Pac-Man.

Es así como en el salón Round One del barrio de Ikebukuro se puede observar a jugadoras quinceañeras vestidas con esos reclamos de los años '50 con los que sigue obsesionado Japón: minifaldas que realzan la longitud de las piernas, ombreras y quedadas cosplay por doquier. Niñas que babean de admiración ante un guapo coetáneo que está batiendo un récord. La pantalla se convierte, de este modo, en un espejo en el escudriñarse o a través del cual conocer a otras personas, interaccionar en esta realidad y no sólo como amigos virtuales en las redes sociales.

soledadjapo8Fumihiro Ishiwata, community leader del juego de ritmos Precise lo explica de este modo: "Mientras jugaba para conseguir la puntuación más alta me hice un porrón de amigos. Así es como el gaming se ha vuelto una manera de hacer muchos amigos más que de conquistar cualquier tipo de cima."

Los salones japoneses responden asimismo a una jerarquización que se aprecia también a nivel arquitectónico. Lo explica Umehara, "la Bestia", indiscutible campeón mundial de street fighting: "Te encuentras a los jugadores más experimentados en el último piso. Los menos diestros, en la planta baja. Cuanto más te implicas en este mundo, más ves que vas subiendo de piso en los salones." Literalmente.

En el primer piso están también los simuladores de juegos de azar. Caballos de carreras en 3D por los que apostar galopan dentro de grandes pantallas de alta definición. Es como estar en el hipódromo pero sólo se pierden fichas. En el tercer piso te topas con los simuladores de vuelo. Se asemejan a los que hay en las escuelas de adiestramiento de pilotos y en el interior de sus cabinas, que se estremecen a cada explosión, parece que estuvieran los jóvenes kamikazes de la Segunda Guerra Mundial. Y en el piso de arriba del todo, por fin, los campeones, los que no se andan con chiquitas.

Los videojuegos está ganando adeptos por todo el mundo. De los casi 3 000 millones de personas que tienen acceso a Internet, 1 800 millones son gamers, que llegan a gastarse en el sector 80 000 millones de euros. Los videojuegos interesan a Hollywood desde hace 15 añossoledadjapo4 pero ahora se está trabajando en el desarrollo de películas a partir de aplicaciones. Se encuentra en fase de proyecto un largometraje inspirado en Fruit Ninja y el hijo de Mel Brooks y Anne Bancroft acaba de publicar una novela apadrinada por Majong que está completamente ambientado en la app Minecraft.

Las estadísticas dicen que la llegada de las consolas familiares ha reducido el horario de trabajo de los ociosos [svagati] millenials. Pero hay que saber también que la californiana Activision Blizzard ofrece 50 000 dólares a los mejores jugadores que se exhiben en público. Las empresas promueven el producto. Y los campeones viven de ello.

Mientras tanto, Japón, uno de los países con mayor porcentaje de suicidios entre los jóvenes, cuenta ahora con los videojuegos y los grandes salones (donde también se puede jugar a los bolos y al ping pong) para asumir una función social agregadora y no alienante.

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