decine

Relatos salvajes

Una película formada de varios relatos de humor cínico, donde el único nexo de unión que se encuentra entre ellos es el Karma.

En la mayoría de los casos todo aquello que hacemos nos será devuelto.

Normalizada de violencia en un tono satírico-humorístico, las historias nos van envolviendo en un panorama caustico donde la única solución aparente es la violencia contra nuestra propia especie. No pasen por alto este detalle y la normalidad con la que vemos el producto resultante.

Critica voraz a la sociedad y hacia el individuo en un bien desarrollado marco de historias a cual más intensa y bien interpretada.

Reparto multicolor, sin demasiados actores conocidos, pero bien interpretados.

Destacar su guion ocurrente y fresco que hace muy corto y ameno su visionado.

Acento argentino.

¿El fin justifica los medios? Vean la película altamente recomendable y me cuentan…


Imprimir

Sacro GRA

No he estado nunca en Roma, Italia no es mi país favorito, y por mucho que tratan de convencerme a cerca de las maravillas de la supuesta “ciudad eterna” no consiguen atraer mi interés. Roma me suena a cartón piedra, como el resto del país en el que siento como en ningún otro sitio que “perro come perro”. Pero “Sacro Gra” no habla de la patria chica de Rómulo y Remo, no, ni por asomo. Al principio de la película hay una declaración de intenciones. El autor quiere referirse a una parte que todas las ciudades tienen y en las que el turisteo y el gafapasteo no repara: la sempiterna autopista de circunvalación. Muy acertadamente la caracteriza como “los anillos de Saturno”. Roma es Saturno, devorador de su hijo, pero ahora fagocitado por sus propias larvas interiores. Como las larvas parásitas que se comen el interior de las frondosas palmeras.

Alrededor de la “Sacro Gra” sobreviven unos habitantes parecidos a los desheredados que la Tyrell Corporation no dejaba salir del pútrido planeta debido a su imperfección, los que sobreviven en los márgenes. Roma es esa Tyrell Corporation, decadente, pero lo que hace es no dejarles entrar a su supuesto centro, paraíso terrenal del esnobismo y de una supuesta maravillosa cultura antigua. La Roma imperial obligaba a enterrar a sus muertos en los márgenes de las vías exteriores, tal como ocurre ahora. Todo lo que no se quiere ver allí es desterrado.

gra2Todas las grandes ciudades tienen su circunvalación, a modo de frontera y de muralla. A su alrededor habita todo tipo de fauna, lumpen que aspira a acceder a su interior y que admira en la distancia lo que tan cerca, pero al mismo tiempo tan lejos, está de ellos. La urbe nunca los aceptará. Los de dentro y los de fuera quieren ser aspirados por la fuerza centrífuga de la ciudad, se aferran a esa gravedad para no salir despedidos hacia el exterior. Cada ciudad es un planeta que gira alrededor de una estrella, y por ella pululan una serie de elementos fugaces que se diluyen entre el paisaje polvoriento a veces y húmedo otras, entre el frío y el calor, entre la nieve y la lluvia, como actores secundarios en la acción de la catarata de asfalto que siempre fluye.

Las carreteras son los nuevos ríos, igual que los televisores sustituyeron a las hogueras y que las ventanas a medio abrir que ocuparon el lugar de los cielos estrellados. Viendo esta “Sacro GRA” a mi lado se durmió mi acompañante. Un señor de cierta edad que se sentaba a mi lado y yo no nos perdimos ripio de lo que salía en la pantalla. Su mujer, sentada más a la derecha, se quejaba de aburrimiento y de sueño. “Vámonos, papá, tengo sueño”, no paró de decirle. Pero parece ser que a él y a mí nos gustan esas fieras cotidianas que habitan en el extrarradio. “Blade Runner” puede suceder a muy pocos kilómetros del Foro Romano, del gran Coliseo o de la cuidad de pecado de El Vaticano. La nevada cae sobre el cementerio humano, se suceden las estaciones entre las luces de freno de los coches, y la Sacro GRA brilla somnolienta sobre las ruinas de lo que pudo ser y fue, y sobre el espectáculo de lo que es.


Imprimir

Borgman

Desde el primer minuto, Borgman suelta un tufo extraño, desconcertante para el espectador al uso, ese lerdo que está acostumbrado a reír o llorar cuando se lo ordenan. Borgman está destinado precisamente a él, al lelo, a tomarle un poco el pelo. Me cansan sobremanera las gentes que acuden a las salas para gafapastas que yo frecuento y se ponen a radiar la película al de al lado de ti como si fueran Matias Prats Senior, o los que sueltan carcajadas de autoafirmación cuando todos ríen, o más bien cuando parece que habría que reír. Borgman no sigue la corriente, Borgman no va donde va Vicente, que es donde va la gente. Borgman sigue un principio fundamental que produce desazón a las masas bienpensantes: “todos somos unos hijoputas en la intimidad”. Esa actitud vital no debería hacer gracia, no, no debería.

Las víctimas iniciales, fugitivos habitantes del bosque, resulta que, transcurridos pocos minutos, se transforman en verdugos. Más bien, todos son verdugos, todos lo somos en el interior de nuestras cochiqueras. Se trata simplemente de conquistar territorios y de defenderlos, así es la puta vida. Borgman tiene el encanto de que todo lo que crees que va a pasar sucede, pero esa previsibilidad no te molesta. La mafia Borgman no te hará descansar eternamente con cemento en los pies, sino que te lo colocará en la cabeza para que duermas el sueño eterno del revés, la Borgman es una hermandad de nueva creación, estilo ndranghetta, pero con una estética muy superior gracias a su cutrerío y sobretodo a su desvergüenza.

borgman2Borgman se desenvuelve en medio del ambiente pseudo burgués como pez en el agua. Es capaz de caminar detrás de sus víctimas sin que éstas se den cuenta, en una gran parodia del panoli que protagonizaba la película “Hierro 3” de Kim-Ki-Duk. Borgman no busca, como en ese citado caso, narrar una historia entre sensibilidad y gilipollismo que haga sentirse afortunado al espectador, no. Borgman utiliza su estrambótica munición para dar leña al mono humano, para que todo sea creíble gracias a que es increíble, para socavar los cimientos de la familia, para dinamitar el orden mediante el surrealismo y el absurdo. Todos hijoputas, todos absurdos, una perfecta metáfora de la vida, sin disfraces ni sentimentalismos baratos, dadaísmo violento, porque la existencia, quieras o no quieras, en cuanto miras detrás de su cartón, no es razonamiento cuadriculado y fijo, sino puro dadá salvaje. Y el que no la conozca que la compre, pero casi todos compran como burra a precio de purasangre.

Los cadáveres se anclan en el lago mecidos por la leve corriente, y los Borgman nadan a su alrededor, una poética imagen. Los niños aplastan la cabeza de los enemigos de Borgman sin piedad. Las chicas guapas se dejan convencer fácilmente por el ejército de Borgman, sólo hace falta prometerlas un caramelito para que se sienten a tu lado, para que deseen que Borgman o alguno de sus acólitos les eche el casquete de su vida. El fin justifica los medios para llegar a ningún lugar con sentido.

Observando las aventuras del inefable sádico Camiel Borgman, convertido ahora en ídolo para mí, uno piensa en todo momento que su autor nos está observando por una rendijita. Da la impresión de que detrás de bambalinas hay una mente retorcida con muy mala leche riéndose de nosotros. El autor convierte lo que podría ser un ágil corto en largometraje, rizando el rizo mediante un “porque sí”, carcajeándose de cualquier posible trascendencia, de cualquier valor o estereotipo, del bien y del mal. Quizás es que el bien y el mal son en sí conceptos absurdos dibujados con tiza sobre la línea recta de la existencia, y cualquier ráfaga de viento se los lleva, porque esa línea puede que no sea siempre el camino más corto entre dos puntos. Pero quién sabe. Con Borgman en tu entorno la vida es una tómbola. Quiero un Borgman en mi vida, quiero que vosotros tengáis uno, quiero ser Borgman como garrapata en vuestras chozas, cabrones. Quiero tener una casa en el bosque escondida bajo las hojas. Borgman. Borgman, dales duro.


Imprimir

lanochemasoscura