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Píldoras de cine (VI)

pildoras61

Calificaciones:
0 Irritante, encrespante. Para pazguatos.
N Mala a secas, con algún factor salvable, ya sea por el autor o por parte de la acción.
NN Buena a secas. Visible y recomendable.
NNN Obligatoria, ya sea por sí misma o por su autor. Podría llegar a imprescindible...
NNNN Imprescindible. Obra maestra. La hostia en bote.

Taller de escritura, de Laurent Cantet. Fuimos a verla recordando la más que notable “La clase”, con la que este autor gavacho nos maravilló en su día, aunque casi me gusta más en “El empleo del tiempo”. Ambas citadas películas son claras como el agua en su forma y en sus argumentos, dejan fuera de cámara lo justo para interesar. Pero en este “Taller de escritura” Cantet me ha fallado un poco. Puede ser que yo estuviera un tanto gilipollas esa tarde pero, aún siendo una película fácil de ver y que a ratos interesa, no pillo su argumento ni lo que quiere decir a cerca de sus protagonistas. Me deja frío. En cuanto a guión no la entiendo, en cuanto a imágenes no me aporta prácticamente nada, y los actores se pierden un tanto entre tanta falta de información al espectador. El equilibrio entre lo explícito y lo intenso, lo oculto y lo visible, que Cantet lograba en “El empleo del tiempo” aquí se ha perdido. Un autor interesante, pero una película fallida. N

 

pildoras63Desobediencia, de Sebastián Lelio. Me cargó un poco su anterior película tan premiada. A este señor le gustan los conflictos interiores causados por el entorno social, es megafan. No hay mucha sonrisa en su cine, sólo buenos y malos bastante marcados. Los entornos que describe no tienen doblez algunos, por eso, aunque sus películas son aceptables, me resultan algo acartonadas. “Desobediencia” está construida en tonos fríos y grises, y contiene alguna que otra imagen destacable. Alguna que otra, no muchas. Da la sensación de buscar cierta trascendencia en cuanto a los temas, grandilocuencia. Sus personajes no sonríen ni aún cuando parece que ríen. Nunca me ha gustado lo más mínimo Rachel Weisz, quizás precisamente por eso, por una especie de afán en sus papeles de ser siempre tan supermaravillosa, cosa que no veo por ninguna parte. Rachel McAdams sí que puede salvar una película sólo con su rostro, siempre sobresale por encima tanto si es ángel como si saca su cara algo salvaje. Me cansa tanto el rollo julio ortodoxo como el rollo bollo, en realidad en muchas ocasiones se les utiliza para pontificar sobre temas, para crear clichés de lo bueno o de lo malo. Para mí lo bueno lo malo siempre están atravesados por una escala de grises que aquí no existe ni por el forro. La película me resulta pesada por eso, porque cuando los buenos son pintados como tan buenos, y tan atormentados por ello, me gusta que los malos les jodan. Los judíos de Schindler tienen que ser siempre maravillosos o jodidamente cabrones. Me gustan las escenas de sexo con lesbianas, se sobrentiende que cuando no son camioneras, pero en este caso, y aún saliendo Rachel McAdams en el polvo, hasta esta clase de sexo resulta un coñazo en pantalla. Lelio no me va nada de nada. Igual vais a verla y salís sintiéndoos muy bien porque sois muy buenos y admiráis a la gente oprimida, pazguatos. Con vuestro pan os lo comáis. N y ½

pildoras62Basada en hecho reales, de Roman Polanski. A veces tengo que soportar necedades al salir de ver películas. Me dicen en la puerta que es una copia de “Misery”, y que esta que hemos visto es muy mala y que la que cito muy buena. Debo carcajearme para mis adentros un poco para no herir, porque manda cojones comparar a este director octogenario casi con cualquier cosa, a este tipo curtido en mil batallas y en mil mierdas del que todavía no he sido testigo de una obra que no sea, como poco casi sobresaliente.  Polanski siempre es interesante, incluso ahora que atraviesa  un claro ocaso de la senectud. En este caso, también despierta la curiosidad. Cierto que la película tiene reminiscencia a algunas con tema parecido, a clichés y a escenas usadas miles de veces, pero ésto es más que nada para reírse en vuestras caras de pazguato, cosa que también me hace disfrutar. La verdad es que me hizo gracia de verdad cómo este superviviente polaco guiña el ojo al espectador, creo que deberé echar un vistazo a Delphine de Vigan a ver si encuentro esa misma mala leche en el texto en que se ha basado. Emmanuelle Seigner me gusta así, decadente, a pesar de que tan sólo con 51 años se la ve excesivamente cascada. Me gusta mucho más Eva Green, que ha conseguido sacar un registro de mala por encima del que utilizaba siempre de chica guapa atolondrada. Polanski ha utilizado esa especie de subgénero titulado “nada es lo que parece” un tanto fácil, pero le ha aportado sorna. La película termina y, en vez de limitarse a un final con sorpresa, o a uno feliz o a uno triste y abrupto, deja la historia completamente abierta con la imagen de fondo de Green como en una adivinanza que el espectador debe resolver, o no, una que hace preguntarnos sobre si hemos visto terror típico o simplemente ego y rareza dentro del mundillo de la escritura, del que también se trasluce cierta caricaturización por parte de De Vigan. Me surgen más preguntas ahora que durante la película. Y en eso precisamente es en lo que tiene éxito, en que le veo cierta trascendencia posterior. Salimos del cine y veo hasta malas caras entre mis alrededores, cosa que me alegra. Pues os jodéis, pazguatos, si no sois capaces de ver más allá de vuestra nariz es única y exclusivamente vuestro problema. Espero que Polanski sea capaz de durarnos al menos una o dos películas más. Y que sigan reclamándole en Estados Unidos por estupro. Y que os siga molestando un poco. NNN


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