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Un día perfecto

Fernando León de Aranoa es un bigardo de pelo fosco y rostro osco al que a veces nos hemos encontrado cuando acudimos a presentaciones de exposiciones en el Museo Thyssen (somos unos putos esnob de la peor calaña), a esas a las que vamos gratis gracias a algunas triquiñuelas para comer panchitos, beber cervezas gratis (dan cervezas de lata vertidas en un vaso) y a observar al famoseo paleoprogre y a los gañanes de la facultad de historia del arte haciéndose los interesantes. Fernando deambula siempre por allí con rostro serio, como ensimismado, un poco con cara de mala hostia. Da la impresión de ser un hombre algo tímido. Fernando es como Chuck Norris, nunca sonríe a la cámara, lo tiene realmente difícil para hacerse selfies sonrientes, aunque mira, no le veo con el puto palito ese de mierda retratándose.

perfecto6A mi me gusta mucho su película “Barrio”. No me gusta por su carga supuestamente social, esa parte de su filmografía es la que me da algo de grima (como me sucede con casi todas las filmografías y con todas las muestras de cualquier arte, eso me da asquete), sino por esas viñetas de cómic que son sus personajes, me encantan esos jovenzuelos héroes vagabundos recorriendo el Madrid desolado. Su cine atesora muchas veces poderosas imágenes e incluso, de tarde en tarde, sentimientos individuales profundos. En su película “Un día perfecto” han vuelto algunos de esos momentos. A mi me gusta mucho más lo individual que lo colectivo, o lo colectivo visto desde el punto de vista individual, pero Fernando cae muchas veces, a través precisamente de ello, en el lado contrario, en la demagogia y la palabrería del humanista de salón. También me gusta mucho “Familia”, por el hijoputismo que destila, por ese Juan Luis Galiardo tan cabrón, por esas tetas entonces lozanas de Elena Anaya, pero desde allí ha pasado ya mucho tiempo....

“Un día perfecto” es una película amable enmarcada dentro de un entorno supuestamente hostil, un truco algo fácil para despertar la simpatía. La guerra de los Balcanes, tantas veces representada, toma aquí por un rato la dirección de la comedia. Para ello se sirve Fernando de dos personajes de Hollywood de carne y hueso que siempre funcionan delante de la cámara, una pareja que con el tiempo y el trabajo ha labrado en nuestros cerebros de mosquito una pátina de simpatía y solidez. Por otra parte, es un viejo truco el de los personajes simpáticos corriendo por medio de los zambombazos.

Nos guste más o menos, no podemos negar que Benicio del Toro puede llenar una película por sí sólo. Siempre en su papel de tipo americano de habla hispana resulta agradable y gracioso. Incluso cuando hace supuestamente de malo, Benicio viste a los personajes con el claroscuro de la simpatía (recientemente me hizo mucha gracia interpretando al sádico, pero gracioso al fin y al cabo, Pablo Escobar). Benicio es un follador nato y siempre interpreta a ese macho fornicador que imaginamos que es en realidad. No tiene más vuelta de hoja. Es uno de esos actores que basta con que salga en pantalla para que nos sintamos bien con él al lado, haga lo que haga. Tampoco puede negarse que se ha encasillado y encasquillado un poco en esos estereotipos de bueno y gracioso.

perfecto2Por su parte, el gigante Tim Robbins realiza algo parecido pero a su también personal manera, a través de su camino personal. Sus personajes son siempre seres inocentes, de mirada desvalida, frágiles dentro de su fuerza física. Tim lo explota muy bien, sabe salirse por esa tangente, acercarnos a su lado e identificarnos con el hombre sin rumbo y perdido que todos pensamos que somos. Aquí lo borda más que en otras ocasiones, personifica muy bien el absurdo humano, la humanidad en sí misma, la fragilidad del individuo dentro de la corriente general que lleva a la masa hacia el mar de la muerte. La esencia del hombre es, básicamente, palabreria barata, qué menos que divertir y divertirse con ella.

Los dos protagonistas soportan una road-movie bélica basada en un argumento algo endeble y ya más visto que el TBO. La antigua Yugoslavia ya pasó de moda, ahora lo petan Siria y el satánico ISIS dándose de hostias con armas previamente compradas a "occidente" (cómo suena eso de occidente, joder). Pero, como ya he dicho, hay algo de vez en cuando en las imágenes de Fernando León que funciona. Quizás esos cuerpos colgando de sogas a merced del viento, quizás esos valles desolados, quizás esta vez los protagonistas no parecen tan acartonados como Javier Bardem en “Los lunes al sol”. Quizás, quizás, quizás....

perfecto4Las moralejas suelen buscar la belleza y el dejar algo supuestamente útil en la memoria del espectador. Aquí trata de decirse que sólo el tiempo y la lluvia torrencial curan las heridas, que el hombre es incapaz de solucionar los propios problemas que crea porque se maneja por su vida con mapas imperfectos, que sólo funcionan en la teoría, pero no sobre el terreno. Sobre las ruinas de lo que dejamos otros construyen ciudades y paisajes para que paulatinamente el viento y el hombre los destruyan, una y otra vez. El eterno retorno, las generaciones perdidas, las batallitas del abuelo, todo huele siempre a la misma mierda sea el lugar o el tiempo que sea. Sigamos a las vacas a través del campo de minas, el instinto es mucho más valioso que la filosofía en medio del caos.


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