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Negacionismo

negacionismo1Sudáfrica sufre de un mal de difícil cura. Una particular manera de afrontar los problemas que vienen de frente. El negacionismo. La inmensa mayoría del país mira a otro lado. Ciudad del Cabo sufre una negacionismo2de sus sequías más graves en su historia. Tras tres recurrentes años secos en el que los pantanos han ido, poco a poco, reduciendo su capacidad de almacenamiento de agua potable, nos anuncian que estamos a 90 días del día cero. El día en que se cerrarán grifos y tendremos que personarnos en uno de los 200 putos de recogida de nuestra ración diaria. 25 litros por persona al día. En la futura ciudad sin agua somos cuatro millones de personas.

En plena resaca veraniega y con temperaturas altas, los capetonianos andan con caras de estupor porque la CNN, la BBC y aljazeera informan de que la cuidad será la primera en la historia que se quedará sin agua. No dan crédito. Qué quieren decir, el agua sale del grifo. Las peticiones para que se reduzca al mínimo el consumo de agua tampoco han tenido éxito. Chapuzones en piscinas, duchas matutinas y vespertinas. Nada ha hecho bajar el ritmo de dispendio negacionismo3de agua en el verano austral. Aquí no pasa nada. Quedan casi tres meses de la llegada del día cero y nada se sabe de ese día. Nada.

En la línea marcada por el espíritu negacionista característico de Sudáfrica, esta semana el ayuntamiento, que en el país es la entidad encargada de la administración y distribución del agua, ha puesto en marcha un nuevo servicio para hacer frente la crisis de sequía que estamos viviendo. Un mapa interactivo de consumo de agua. Esencialmente, un mapa para espiar al vecino y calibrar cuánta agua está usando en sus fiestas veraniegas. Pero como en casi todas las aplicaciones relacionadas con la recogida y conexión de datos, no es de fiar. Primer dilema, los datos están sin actualizar y el resultado es equívoco. El mapa puede convertirse en un servicio de mala hostia y apuntar al culpable con data erróneo. Peligroso. Bajo el mismo prisma de desviar la atención y negar la realidad. El ayuntamiento publicó, unos cuantos meses atrás, la lista de derrochadores de agua en la ciudad. Las direcciones se publicaron en medios locales, y estos se personaron en el patíbulo para denunciar que sufrían de filtraciones, goteras, escapes en las tuberías negacionismo4de responsabilidad municipal que pasaban por sus propiedades. Y que a pesar de denunciarlo, el ayuntamiento había tardado dos meses en arreglarlo. Al final resultó ser el ayuntamiento, el gran derrochador de agua de la cuidad. En su estrategia de desviar la atención del problema el día cero.

La cuesta de enero viene siempre acompañada del desembarco de europeos turistas que  buscan disfrutar del veranillo que queda por delante en la provincia. Quién piensa en el día cero. Hoy los grifos se abren con chorro de agua. Incompetencia. Corrupción. Populismo. Oportunismo político. Todo una serie de conceptos vienen a la cabeza estos días en que se repite la misma cantinela. El día cero es ineludible pero autoridades locales, provinciales y nacionales siguen trabajando duro para borrar de la mente ese día. No sabemos qué nos deparará ese día, solo un hecho incuestionable, ese día el grifo no se abrirá con chorro de agua. Pero aquí no pasa nada.

La compañía

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En el hemisferio sur las fiestas cristianas de navidad se desvanecen junto a puestas de sol que miran a la Antártida. La luz de verano se diluye en las luces navideñas con el solsticio de verano. Hace calor. Villancicos ideados entre olas de vientos helados en el hemisferio norte resuenan en altavoces de centros comerciales donde resguardarse de las altas temperaturas. Sólo la proximidad de la Antártida nos recuerda la sensación de frío al entrar en contacto con las bajas temperaturas del mar atlántico. Estamos a las puertas de navidad y sin espíritu navideño. El mes de diciembre anuncia las vacaciones estivales. Se cierran fábricas y se llenan las carreteras. Sólo una minoría es abocada a reuniones familiares para cantar villancicos y adorar al recién nacido niño Jesús. La gran mayoría ya tiene planificado el verano y qué hacer con los 30 días de desconexión laboral.

compania2Sudáfrica es rico en festividades religiosas. Se celebra todo y nada en particular. El abanico de creyentes religiosos en el país pasa por una mayoría de usuarios del cristianismo que representan el 86% de la población. Sólo el 5.4% mantienen las creencias precoloniales de origen africano. Casi el 2% de la población profesa su devoción al islamismo, por detrás anda el hinduismo con casi un 1%, mientras que el judaísmo se reduce a un 0.2% de la población. El litoral continental, en el sur de áfrica, transformó la fisionomía de su pueblo y el conjunto de creencias que les identifica con la llegada de los primeros colonos. Los ritos animistas de los pueblos indígenas fueron solapados con nuevas cosmovisiones del mundo lejano procedente de oriente y occidente. El islam, el cristianismo, el hinduismo, el judaísmo fueron desembarcando en el litoral del Cabo con la llegada de la Compañía holandesa de las Indias Orientales. El mapa poblacional resultante en la zona sureña del país es multicolor, con sudafricanos descendientes de Malayos, indonesios, Indios, europeos, y los pueblos autóctonos Khoikhoi y San.

Compania3El imperio de la Compañía holandesa se construyó a partir del desarrollo comercial que unía oriente y occidente. La red comercial de transporte de mercancías y personas transformó para siempre el sur de África, y en particular su centro de operaciones. El Cabo de la Buena Esperanza. La posición geográfica de Ciudad del Cabo, en el circuito marítimo de los barcos de la Compañía, conllevó, primero, un asentamiento para el abastecimiento de los barcos que realizaban la ruta oriental del continente africano camino hacia el sudeste asiático y el continente Indio. Un cruce de caminos en la red del imperio comercial de la Compañía. Poco después, se construyó el centro penal más importante del imperio marítimo ultramar de La Compañía. Convictos, exiliados y esclavos desde Europa, sureste asiático e India, desembarcaron en la colonia del Cabo sin interrupción hasta la intrusión colonial de Inglaterra.

La edificación del infierno en África para los condenados en lugares del lejano oriente y Europa. Una imagen, tras desembarcar en el centro penal de la Compañía del Cabo, hacia olvidar la belleza del litoral vista desde el mar. Un patíbulo, construido en lo alto de un montículo en el que los cuerpos de los ejecutados se abandonaban a su alrededor, era la puerta de bienvenida de los recién llegados. Una inequívoca advertencia de que su nuevo hogar no era un lugar donde empezar desde cero para los convictos, esclavos, exiliados transportados a la fuerza hasta estas tierras. Bienvenidos al infierno. La colonia de la Compañía subsistía con mano de obra esclava. Desde el este de África, Madagascar, las islas de Mauricio y Reunión, la compañía suministraba mano de obra esclava. El Cabo se convirtió en un vivero multicultural compania4y multireligioso de convictos, exiliados y esclavos transportados por los barcos de la Compañía a través de su red comercial de oriente a occidente. En los tiempos dorados del imperio de la Compañía, los que profesaban el islam triunfaban entre el grupo de exiliados, convictos y esclavos que eran forzados a recorrer miles de kilómetros desde sus tierras asiáticas de origen a África.

La actual provincia del Cabo Occidental mantiene su enseña de identidad de los tiempos en que la Compañía reinaba en estas tierras. No sólo las facciones en las caras de los habitantes de la provincia muestran la lejanía de procedencia de sus ancestros, su afiliación religiosa al islam nos recuerda que ellos son los descendientes de los pueblos de oriente que la Compañía deportó al Cabo. En la provincia del Cabo Occidental existe la mayor concentración de creyentes musulmanes en el país, algo más del 5% de la población. El islam es reivindicado, por la mayoría de ellos, como un emblema de identidad y diferenciación, pero han desechado las reminiscencias de su condición de convictos exiliados y esclavos de la sociedad de la Compañía. Un arco iris de religiones, lenguas, colores de piel invaden la provincia del Cabo Occidental. Estamos a las puertas de la festividad navideña y sólo los vientos que recorren los 4.000 km que separan la Antártida de Ciudad del Cabo invitan a venerar la llegada del niño Jesús.


Zimbabwe

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Es domingo. Inusitado el encuentro con hombres en monos trabajando con alegría y celebrando una caída. Sudáfrica alberga una de las comunidades más numerosas de ciudadanos de la antigua Rhodesia. En los años 80, primero llegaron zimbabwenses de origen europeo, huyendo de la declaración de independencia y el primer gobierno nativo. La entrada del siglo XX forzó a miles de zimbabwenses a cruzar la frontera del vecino país sudafricano, buscando trabajo para alimentar a las familias dejadas en su tierra. Por las calles del país sudafricano es fácil toparse con ciudadanos del país vecino. Más de dos millones residen y trabajan aquí. Este domingo, un acto militar a unido a todos ellos en la fiesta de la esperanza. Volver a tener una posibilidad de construir una vida digna en las tierras de sus ancestros.  Nos llegan imágenes de hombres y mujeres de todas las generaciones en las calles de Harare, capital de Zimbabwe, alzando sus brazos en agradecimiento al acto militar que ha desembocado en la caída de uno de los líderes africanos más longevos en el poder. Robert Mugabe. Agradecen su salvación a los militares. Los mismos que han saqueado las cuentas bancarias y las tierras de este país, y que, sólo tres meses antes, infligían sin resquemor represiones violentas a los que osaban levantarse contra el régimen.

Mugabe se va. No por la puerta principal sino por la puerta de atrás. La ambición de un hombre de los tiempos de la descolonización ha errado en su estrategia de salida. Aquella que le permitiese mantener los honores y las riquezas atesoradas durante los 37 años de reinado dentro del partido que le catapultó como héroe nacional, el ZANU-PF. El mismo partido que lo encumbró presidente de gobierno y le permitió aparecer con feroces colmillos dictatoriales con los que atemorizar a su pueblo.

La esperanza es un estado de ánimo que nos controla, a veces, y no nos deja ver con claridad lo que estamos presenciando. Mugabe es un viejo de 93 años. El cansancio y el hastío, acompañado con un ego que ha escalado exponencialmente con la ayuda de un grupo de aduladores que se han beneficiado de estar cerca del líder, han podido con el líder del movimiento de liberación zimbabwense. Su mujer y una facción dentro zimbabwe2del partido conocidos como los G40, número relativo a la edad de sus miembros a pesar de que algunas de sus estrellas andan por la cincuentena, han forzado la maquina en el tiempo y lugar inapropiado.

Zimbabwe ha sucumbido a un golpe de facción partidista. El camino de la sucesión de líderes longevos de partidos únicos es siempre difícil, sin la presencia de brillantes estrategas del complot y de las alianzas. Imprescindibles para triunfar. Siempre hay una facción que pierde y una facción que vence en estos procesos. Pero siempre pierde el pueblo al que someten a una vida mísera y violenta. El partido sobrevive y el régimen se perpetua si sus facciones juegan bien sus cartas. Una generación de jóvenes, que han conseguido ganarse la simpatía y el apoyo incondicional de la primera dama, Grace, ha estado jugando en contra de la antigua oligarquía militar, veteranos de la guerra de independencia que lucharon junto y por Robert Mugabe. El botín, un país que fue la envidia y modelo económico del continente hasta que una expropiación de tierras forzosas llevó al país a una deterioración y devastación financiera y económica. Sus gobernantes, y el partido que los sustenta, han saqueado la riqueza del granero de África, como era conocido el país en los tiempos dorados de su economía.

La miseria a la que han sido condenados los ciudadanos de este país fue contagiosa. Mugabe se convirtió en la sombra oscura de lo que fue. Su familia en avariciosos, caprichosos personajes que han dado cancha a todo tipo de noticias de color negro. Lujo, sexo y muerte. Los hijos y la mujer de Bob son temidos por sus excesos en hoteles, restaurantes, y tiendas en los países vecinos. En el último viaje de Grace a Sudáfrica, la primera dama de Zimbabwe tuvo que ser rescatada y protegida con su inmunidad diplomática para no tener que hacer frente a los jueces sudafricanos tras la denuncia de agresión de una modelo que se encontraba en la habitación de hotel de su hijo. La chica acabó en el hospital tras un breve encuentro con Grace y sus guardaespaldas.

Excesos de la familia del hombre que fue amado por sus conciudadanos y acabó convertido en la causa de todas las agonías de su pueblo. El mismo que hoy celebra con júbilo su caída con la esperanza de una futura vida mejor. La maquinaria de propaganda funciona bien. Pero la realidad puede ser otra. En los procesos de sucesión de líderes africanos en regímenes de partido único, una salida pacífica y silenciosa es una anomalía. Estos últimos años hemos visto caer a Gadafi, a Dos Santos y ahora a Mugabe. Héroes de la descolonización africana que han salido por la puerta de atrás. Perdiendo, unos la vida, otros todos los honores y riquezas atesoradas durante años de expolio nacional. Es el cambio de era. Los longevos gobernantes que se resisten a renunciar al poder son forzados a abandonarlo por facciones que luchan en guerras internas de partido. Mientras que los regímenes autoritarios que han sustentado a esos líderes en el poder, apoyándose en facciones ganadoras dentro del partido, perpetúan su sistemas de gobierno en sus países. Está vez, Mugabe ha errado en la elección del caballo ganador.

El movimiento de jaque que ejecutó con la sustitución del vicepresidente Emmerson Mnangagwa por un joven de la facción de los G40, fue rentabilizado por la facción de los barones veteranos del partido para asestar un jaque mate a Mugabe. Mnangagwa levanto el puño del ejercito. El golpe de efecto, movilizando al ejercito por las calles de la capital, la detención dezimbabwe3 varios ministros de la facción del G40, así como la invitación al presidente y su mujer a no abandonar su palacete presidencial, ha sido suficiente para hacer entender al viejo veterano que su reino ha terminado y es el momento de volver a las barracas.

Todo ello ha sido posible con cierta tranquilidad social gracias al apoyo de los partidos de la oposición y asociaciones civiles. Las manifestaciones ciudadanas han sido animadas por los partidos en la oposición y activistas sociales que han respaldado este golpe de facción del partido ZANU-PF. ¿Cómo?. Los partidos de la oposición fueron cooptados por el régimen tras la aplicación de la estrategia política diseñada por el Mugabe de 2007. Su inclusión en el Gobierno fue un acto brillante del gran estratega de partido, Bob, para paliar su efecto en la movilización social, y en el rechazo del régimen por los países vecinos.

Las artimañas políticas de Bob han cimentado el camino por el que los militares han llegado al patíbulo de su ejecución política, sin oposición y crítica alguna. Victoria. El líder de los insurrectos, Mnangagwa, ha estado al lado de Bob desde los años de la independencia de Zimbabwe, en abril de 1980. Y allí se quedó hasta el día de hoy, siempre a la sombra del gran estratega. Temido por el grupo étnico Ndebele. Director de orquesta de la masacre de esa comunidad en los primeros años del gobierno de Mugabe. Viejo veterano de guerra de la independencia que comparte con Mugabe la misma urticaria por los sistemas democráticos, donde es necesario ejercitar la transparencia y rendir cuentas a los electores, los jueces, y los legisladores. Un hombre de continuidad que ha asestado un golpe de efecto para perpetuar el poder del partido y sus vasallos en el país. Ese mismo hombre, hoy es la esperanza de Zimbabwe.


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