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Fiesta

Pistoletazo de salida: 8 de enero. Una carrera de 400 metros lisos de fiestas. Velocistas entrenados durante 364 y un día para romper todos los récords de los predecesores velocistas fiesteros. La calidad de los participantes rompió todas las previsiones, y fue difícil discernir quién metía el pie delante del resto de los velocistas, una disputa que no fue resuelta hasta la llegada a la meta, bien entrada la mañana del domingo. Fin de la carrera y Jacob fue el velocista triunfador en su orgiástica corte.

Horas antes de la carrera se precipitaban los atletas hacia los puntos cardinales del transporte aéreo del país. Los mozos de equipaje del aeropuerto de Johannesburgo no daban a vasto. Kilos de maletas de marcas extranjeras, imposibles de pronunciar en Sotho o Khosa. Kilos de metales preciosos extraídos por manos lánguidas de extranjeros sin nombres. Kilos de ropa para expresar su dogma: look at me, I have the power. Kilos de exceso de equipaje para participar en la carrera.

fiesta2El nuevo rico africano de la gran ciudad de Johannesburgo, donde el dinero fluye por los túneles de las viejas minas de oro que perforan cada una de sus calles, ha volado a Ciudad del Cabo con sus tarjetas de visita. La ciudad del viejo rico. Dinero, dinero, dinero reconvertido en lujo para golpear al que ose mirar. Quienes les miran son esas generaciones de viejos colonos que desconocen qué es vivir sin dinero, dinero, dinero. Que no entienden su pasado, presente, y futuro sin lujo. Herederos versus oportunistas. Pasado versus presente. Todos ellos confluyen en la meca del lujo en África y en el mundo: Camps Bay.

Puños alzados, telas tricolor en alza. Negro, verde, y amarillo. Rostros transformados por litros de botox, cuerpos contorsionados por litros de champaña francés, caras desencajadas por litros de carcajadas de éxtasis,  litros de dinero, dinero, dinero. Exceso de ministros, exceso de millonarios, exceso de presidentes de paraestatales, exceso de dinero, dinero, dinero. Es la gran fiesta de cumpleaños del ANC. 103 velas. Y en la rancia ciudad del dinero viejo todos han entendido quiénes son los nuevos amos del mundo, las nuevas caras de los proxenetas del lujo.

Junto a ellos, una comparsa de muertos de hambre se han desplazado a las estaciones del transporte por tierra para ver en directo la carrera. No cargan kilos de exceso, pero beben litros de alcohol casero. La jornada de 36 horas en un tren da para mucho. Hombres, mujeres, niños, antiguos militares del ANC en tiempos del exilio, que comparten su lealtad al partido del joven Jacob. Todos hacinados entre kilos de acero para agasajar al rey del ANC. Las broncas que acaban a puñetazos, son ineludibles. Hay hostias que acaban en visitas de hospital en el camino. Pero cuántos partidos políticos en el mundo pueden vanagloriarse de cumplir más de 100 años. Todo vale, viva el ANC, viva Jacob. Viva. El sonido del canto de una moneda de oro en el suelo de mármol anuncia el fin de fiesta.


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