benny

Estrellas

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Mis ojos están secos, sólo hay polvo en mis pupilas. El visionado de mi pueblo se ha difuminado hasta convertirse en una pantalla negra. Los últimos vientos de verano irritan mis ojos, intento lagrimar para reconfortarlos pero no lo consigo. La sequedad del verano tardío de Malawi no quiere abandonar mis ojos.

estrellas4De camino al exilio, al lugar donde me esperan un hijo y un marido. Vuelvo al país donde he formado mi propia familia. Soy una inmigrante en el camino hacia la frontera. Ando, con la esperanza de que nada y nadie refrenará mi marcha. Mi viaje empieza en Malawi y termina en Sudáfrica. Soy una madre en el camino hacia el hogar de acogida donde nació mi hijo, donde encontré al hombre que acompaña mis sueños.

Estoy en marcha. No hay contratiempos en el camino por tierras de Malawi, Zimbawe. Y por fin Beitbridge. Después de una marcha de un día vislumbramos el puente que une Zimbawe con Sudáfrica. El hombre que inició la marcha junto a mi, desde un mismo punto de origen, está delante de mi. Esperamos en medio de la multitud. El delante, yo detrás, entre muchos otros que han alcanzado el paso fronterizo más concurrido al sureste del continente africano. Una guarida de forajidos llena de estrellas errantes. El hombre que inició la marcha junto a mi, se adentra en territorio sudafricano mientras alguien me retiene contra mi voluntad en suelo de Zimbawe.

estrellas6La turba me engulle. No veo nada, pero siento los golpes de una masa despersonalizada que hace crujir mi cuerpo. No puedo moverme. No puedo ver al hombre que inició la marcha junto a mi. El llanto estalla dentro de mi. Una pantalla negra ciega mis pupilas, pero siento las manos intrusas dentro de mi. Mis ojos se abren, pero me resisto a ver esa cara frente a mi que muestra el cuchillo con el que quiere arrancarme el dinero que llevo escondido en mis entrañas. El llanto me impide ver con claridad los rasgos faciales del hombre que quiere arrebatarme el ahorro de tantos meses de trabajo. Y se ha vuelto a desvanecer en la masa.

No puedo moverme, no puedo avanzar, sólo mi mente viaja a los bosques cercanos donde dicen hay cadáveres descuartizados de estrellas errantes que escondían las monedas en sus entrañas. Nadie sabe con certitud si eso es verdad. Pero a quién importa, todos temen ir al bosque. Mi cuerpo sigue en la frontera de Beitbridge, abro los ojos y mis pupilas vislumbran al hombre que inicio la marcha junto a mi.


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