benny

Rojo

La visualización de una carcasa roja en el teléfono móvil de un alto dignatario sudafricano es una entelequia que me tiene desvelado, puesto que sigo negando el poderoso influjo que despliega sobre mis sentidos las tormentas invernales en el cabo. Rojo, color atomizado a la nada en los tiempos que exhalo. El miedo a su poder sobre mujeres y hombres no decae. Caen presidentes, caen héroes, caen villanos, pero las oscuras fuerzas, conscientes de su influjo, nos siguen imponiendo miedos, inseguridades, verdades absolutas que acaban perpetuándose intocables a lo largo del tiempo y el espacio.

Un teléfono rojo me cautiva. Peter Sellers habría dudado descolgar ese móvil de última generación, a pesar del magnetismo de su color. Quién es ése, merecedor del objeto de mi deseo, perturbador de mis fantasías coloristas. Él es Cyril Ramaphosa, el flamante nuevo vicepresidente del recién estrenado gabinete de Jacob Zuma. Líder sindical durante los años moribundos del régimen apartheid, jefe de las negociaciones del ANC durante la transición, y nuevo oligarca en democracia gracias al programa de Black Economic Empowerment, sufragado por el partido en el poder, su partido. Los tentáculos de su imperio pasan por minas de oro y platino, cadenas alimentarias, energía, medios de comunicación, y McDonald Sudáfrica.

El Sellers sudafricano va camino a la cumbre sin perder su sonrisa y lasciva mirada al otro lado de sus anteojos. Desde su nueva posición en la administración del joven Jacob, Cyril está jugando a ser el malabarista de los rojos nubarrones que se asoman por el horizonte. Finiquitar el apartheid político 20 años atrás, pero no las dinámicas heredadas del viejo régimen autoritario en las relaciones sociales y económicas, tiene su coste político.

No importa el número de víctimas que asoman en su cuarto oscuro. Él quiere ser el siguiente presidente del país, y espera en la retaguardia a que las aguas se calmen par dar el salto final. La espina por no suceder en la presidencia a Mandela sigue clavada. 20 años de espera para extirparla es un largo trayecto para un corredor de los 100 metros lisos.

El rojo ha entrado en choque para quedarse en la Casa del Pueblo. Sellers no está solo. Rojo es el color del uniforme parlamentario de un nuevo partido que se ha alzado con un 6,35% de los votos en las últimas elecciones sudafricanas. Los 25 diputados del Economic Freedom Fighters han elegido el rojo como estandarte, sucumbidos por su magnetismo. Uniformados con monos rojos, claman revolución y el fin del imperialismo capitalista y de los privilegios de la minoría blanca, en todos los foros abiertos en el país.

rojo2Gritan ladrones de tierra a los latifundistas afrikáners en la Casa del pueblo, y fuera de él. Las contrapartes no responden, callan, saben que algo hay que temer de los que anuncian expropiaciones de tierra sin pasar por caja, nacionalización de bancos y minas. Ellos dicen hablar en nombre de los mineros, los campesinos, las trabajadoras domésticas, los camareros, los guardias de seguridad, los desempleados, y son muchos.

Los nuevos uniformados rojos no han dejado de marcar la agenda política en la nueva legislatura sin poseer un entramado mediático que los protejan y los hagan presentes en las sobremesas de las casas sudafricanas. Ellos son el enemigo de aquellos que han estado cómodos con el gobierno que ha seguido la estela económica marcada por organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La ideología monetaria impuesta por el consenso de Washington se resiste a alzar el vuelo de estas tierras secas de ilusiones, y ahora nos movemos al ritmo impuesto por las turbulencias.

Malema, la nueva promesa roja, triunfa en el púlpito del pueblo, alzándose victorioso ante el foro de políticos libertarios convertidos en burócratas complacientes para mantener el escaño otros 20 años más. Mientras, al otro lado, el Sellers sudafricano no deja de mirar su objeto de deseo rojo, preguntándose si sólo será necesario esperar pacientemente a que la cómoda vida parlamentaria engulla a los nuevos pregoneros de la revolución sudafricana, o habrá que abrir la hucha y regalar 25 de sus búfalos a millón y medio de euros por cabeza. El tiempo lo dirá.


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Gente en la conversación

  • Invitado - José Manuel Mercado Navas

    Tiempo de reacción de los sudafricanos: 20 años. Tiempo de reacción de los españoles: 39 años. Eso sí, les llevamos un mundial de ventaja...

lanochemasoscura