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¡Salta!

9 muertes stop. Residentes cabreados stop. Exceso uso de fuerza policial stop. No hay agua stop. No hay luz stop. No hay recogida de basuras stop. Protestas legítimas contra responsables políticos ilegítimos stop. Plaga de populistas entre los manifestantes stop. Elecciones 7 de mayo stop. ¿Ukrania? ¿Bosnia? ¿China?. Reseteo. Sudáfrica stop.

Desarrolla stop.

Una fila de hormigas rojas avanza desde el horizonte. Están cada vez más cerca. Decenas de personas siguen con la mirada su llegada, algunos pocos con los brazos cruzados, otros muchos gesticulando con todos los extremos de sus cuerpos. Las hormigas rojas no detienen su paso, tienen una orden y vienen acatarla. Su misión es desalojar espacio público y privado ilegalmente ocupado. Residentes cabreados saben que mañana serán a ellos a los que vendrán a echar de sus casas.

Casas levantadas de la nada en los extrarradios de las ciudades. Esas periferias urbanas sudafricanas, abandonadas por la desidia política y promesas incumplidas, llevan alzadas en armas contra la administración pública desde hace más de cincos años. Su objetivo es conseguir una casa de protección oficial, suministro de agua potable, electricidad en sus barrios, servicio de recogida de basuras, y unos tantos otros servicios básicos de responsabilidad municipal, provincial y nacional. Resultado: hostias a doquier.

El escuadrón de hormigas rojas no tiene un protocolo de actuación escrito, pero su desdén por sus semejantes es tal, que el uso de la violencia física y verbal es parte del modo operandi en que acata sus ordenes. Esta vez no será fácil. El lugar de actuación lleva más de un año en alzamiento popular contra la situación de abandono y abuso de la administración local y provincial. El paso de la plaga de hormigas rojas significa devastación. Lugar Bekkersdal.

Sus residentes están cabreados. La violencia que supura por todos los poros de la sociedad sudafricana brota a borbotones al primer chasquido de dedos. El choque frontal cuerpo a cuerpo deja víctimas. Themba Khumalo cayó sin vida en el asfalto, tras ser alcanzado por el proyectil de una arma legal empuñada por un miembro de las fuerzas de seguridad. Las hormigas rojas cuando se sienten amenazadas, y su misión en peligro, recurren a sus superiores. Despliegue de policías municipales, nacionales, todo lo necesario para proteger la misión. Más víctimas.

Sudáfrica disfruta de muchos cuerpos de seguridad estatal, especializados por tipo de crimen y a los que ponen nombres de animales. Escorpiones, halcones, hormigas rojas. Nombres oficiales creados en la mente de un buen intencionado político que busca siempre el bienestar social de sus conciudadanos. Las hormigas rojas son especialistas en el desalojo. Echar a la gente a la puta calle, y eso significa choque cuerpo a cuerpo con los ciudadanos. Brutalidad policial.

En lo que va de año, contemos un mes y medio, 9 personas han sido asesinadas por manifestarse contra el abuso y negligencia de lo público. Sólo en la provincia de Gaunteng (Johannesburgo) se han registrado 600 alzamientos populares contra administradores corruptos que someten, a los que menos tienen, a unas condiciones de vida anticonstitucionales. “Todo ciudadano sudafricano tiene derecho a tener su dignidad respetada y protegida”, dice la carta magna sudafricana. Un cabreo legítimo frente a la violación de un derecho adquirido. La corrupción sigue.

Mientras, los ciudadanos acaban a hostias con las hormigas rojas, los políticos sudafricanos les siguen. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, militantes de diferentes fuerzas políticas se lían a hostias por rentabilizar políticamente la desesperación ciudadana. Los caza-desilusiones son especímenes al alza, cuya meta es un puesto en la administración y seguir trincando.

El populismo encuentra su hábitat natural en la desesperación ciudadana y la inercia política. Boinas rojas contra boinas negras. Julius Malema, alias Juju, el nuevo Perón sudafricano, cosecha barrio a barrio las frustraciones sembradas durante 20 años de democracia. Juju no esperó a la llegada del escuadrón de hormigas rojas para desalojarle de su palacete confiscado por orden administrativa. Un impago de impuestos le forzó a saltar a la caravana de las desilusiones de sus boinas rojas. Al jefe de las boinas negras, Jacob Zuma alias el Presidente, no le queda otra que mantenerse en el puesto si no quiere, en un futuro no muy lejano, ver la llegada del batallón de hormigas rojas en el horizonte. Alarma naranja en su fortaleza harén pagada con impuestos públicos. Mantenerse en el sillón presidencial es su única salida.

Le siguen de cerca otros caza-desilusiones que con aura intelectual, de buen hacer y buena voluntad, no escatiman medios para alcanzar el objetivo, más puestos institucionales y seguir trincando. A la zaga le siguen millonarios aburridos de lo fácil que es acumular cantidades industriales de millones gracias al partido, soñando con la dosis de adrenalina que implica el juego político, y sentirse héroes y villanos por un tiempo. Ramphele, Sexwale, Rampahosa, más caza-desilusiones que asoman sus chándales por las esquinas del barrio de la desilusión. Un instante, justo el necesario para oír el clic de la cámara. Populista versus populista y nosotros seguimos cabreados.

Residentes cabreados de Brits stop. Autoridades municipales desvían el agua potable de sus barrios hacia las explotaciones mineras de la zona stop. Cantidades desconocidas de Rands acaban en los bolsillos de concejales municipales stop. 2 muertos stop.

Residentes cabreados de Roodepoort stop. Forzados a compartir un lavabo comunitario stop. Sin servicio de recogida de basura stop. La mierda se amontona stop. 1 muerto stop.

Residente cabreados de Sebokeng stop. Corte del agua potable durante meses stop. No hay respuesta de las autoridades municipales stop. Saquean todo lo que se les pongan por delante stop. 1 muerto stop.

A la espera de la próxima víctima sudafricana stop.

 

 

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