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La compañía

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En el hemisferio sur las fiestas cristianas de navidad se desvanecen junto a puestas de sol que miran a la Antártida. La luz de verano se diluye en las luces navideñas con el solsticio de verano. Hace calor. Villancicos ideados entre olas de vientos helados en el hemisferio norte resuenan en altavoces de centros comerciales donde resguardarse de las altas temperaturas. Sólo la proximidad de la Antártida nos recuerda la sensación de frío al entrar en contacto con las bajas temperaturas del mar atlántico. Estamos a las puertas de navidad y sin espíritu navideño. El mes de diciembre anuncia las vacaciones estivales. Se cierran fábricas y se llenan las carreteras. Sólo una minoría es abocada a reuniones familiares para cantar villancicos y adorar al recién nacido niño Jesús. La gran mayoría ya tiene planificado el verano y qué hacer con los 30 días de desconexión laboral.

compania2Sudáfrica es rico en festividades religiosas. Se celebra todo y nada en particular. El abanico de creyentes religiosos en el país pasa por una mayoría de usuarios del cristianismo que representan el 86% de la población. Sólo el 5.4% mantienen las creencias precoloniales de origen africano. Casi el 2% de la población profesa su devoción al islamismo, por detrás anda el hinduismo con casi un 1%, mientras que el judaísmo se reduce a un 0.2% de la población. El litoral continental, en el sur de áfrica, transformó la fisionomía de su pueblo y el conjunto de creencias que les identifica con la llegada de los primeros colonos. Los ritos animistas de los pueblos indígenas fueron solapados con nuevas cosmovisiones del mundo lejano procedente de oriente y occidente. El islam, el cristianismo, el hinduismo, el judaísmo fueron desembarcando en el litoral del Cabo con la llegada de la Compañía holandesa de las Indias Orientales. El mapa poblacional resultante en la zona sureña del país es multicolor, con sudafricanos descendientes de Malayos, indonesios, Indios, europeos, y los pueblos autóctonos Khoikhoi y San.

Compania3El imperio de la Compañía holandesa se construyó a partir del desarrollo comercial que unía oriente y occidente. La red comercial de transporte de mercancías y personas transformó para siempre el sur de África, y en particular su centro de operaciones. El Cabo de la Buena Esperanza. La posición geográfica de Ciudad del Cabo, en el circuito marítimo de los barcos de la Compañía, conllevó, primero, un asentamiento para el abastecimiento de los barcos que realizaban la ruta oriental del continente africano camino hacia el sudeste asiático y el continente Indio. Un cruce de caminos en la red del imperio comercial de la Compañía. Poco después, se construyó el centro penal más importante del imperio marítimo ultramar de La Compañía. Convictos, exiliados y esclavos desde Europa, sureste asiático e India, desembarcaron en la colonia del Cabo sin interrupción hasta la intrusión colonial de Inglaterra.

La edificación del infierno en África para los condenados en lugares del lejano oriente y Europa. Una imagen, tras desembarcar en el centro penal de la Compañía del Cabo, hacia olvidar la belleza del litoral vista desde el mar. Un patíbulo, construido en lo alto de un montículo en el que los cuerpos de los ejecutados se abandonaban a su alrededor, era la puerta de bienvenida de los recién llegados. Una inequívoca advertencia de que su nuevo hogar no era un lugar donde empezar desde cero para los convictos, esclavos, exiliados transportados a la fuerza hasta estas tierras. Bienvenidos al infierno. La colonia de la Compañía subsistía con mano de obra esclava. Desde el este de África, Madagascar, las islas de Mauricio y Reunión, la compañía suministraba mano de obra esclava. El Cabo se convirtió en un vivero multicultural compania4y multireligioso de convictos, exiliados y esclavos transportados por los barcos de la Compañía a través de su red comercial de oriente a occidente. En los tiempos dorados del imperio de la Compañía, los que profesaban el islam triunfaban entre el grupo de exiliados, convictos y esclavos que eran forzados a recorrer miles de kilómetros desde sus tierras asiáticas de origen a África.

La actual provincia del Cabo Occidental mantiene su enseña de identidad de los tiempos en que la Compañía reinaba en estas tierras. No sólo las facciones en las caras de los habitantes de la provincia muestran la lejanía de procedencia de sus ancestros, su afiliación religiosa al islam nos recuerda que ellos son los descendientes de los pueblos de oriente que la Compañía deportó al Cabo. En la provincia del Cabo Occidental existe la mayor concentración de creyentes musulmanes en el país, algo más del 5% de la población. El islam es reivindicado, por la mayoría de ellos, como un emblema de identidad y diferenciación, pero han desechado las reminiscencias de su condición de convictos exiliados y esclavos de la sociedad de la Compañía. Un arco iris de religiones, lenguas, colores de piel invaden la provincia del Cabo Occidental. Estamos a las puertas de la festividad navideña y sólo los vientos que recorren los 4.000 km que separan la Antártida de Ciudad del Cabo invitan a venerar la llegada del niño Jesús.


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