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Haber

En la triste clasificación de los errores más sonrojantes cometidos por el hablante medio de español figura en segunda posición (tras el calamitoso uso de los pronombres personales objeto) empleos del verbo 'haber' como los siguientes:

"*Haber si te atreves a llevarme la contraria."

"*Han habido dos motivos principales que explican esa derrota."

haber2El primero, abunda en los comentarios de los lectores de la prensa deportiva en línea. Confunde la perífrasis 'a ver' con el infinitivo 'haber' y no es más que otro síntoma de que la lógica lingüística no preside el uso que la mayoría hace de su idioma.

El segundo es un catalanismo. Ya se habrán dado cuenta Vds. de que buena parte de los periodistas y otra no desdeñable de políticos que gozan del favor de los medios son catalanes. El hecho de que, en esta clase, se vayan incorporando cada vez más hablantes de castellano que no lo han utilizado como lengua de trabajo o de estudio en la escuela catalana hace que cada vez más la lengua de Cervantes se vea influida por las reglas y los materiales del catalán.

El catalán es la única lengua romance que yo conozca en la que se ha producido la regularización empobrecedora consistente en otorgarle al verbo 'haber' un sujeto que no es sino su objeto directo. De esta manera, el 'haber' catalán es una especie de 'existir' castellano. Los castellanohablantes, muy aficionados a estas asimilaciones envilecedoras de la lengua, hemos abrazado e inmediatamente adoptado este catalanismo que está en la onda de otros fenómenos similares (la institución de la pasiva refleja y la 'sexualización' pronominal y léxica, entre otros).

En latín, avere significa 'tener' y tenere significa 'retener'. Queda claro que esta significación explica que, con el tiempo y en las distintas lenguas derivadas del latín, avere haya derivado en verbos transitivos (se tiene algo) o auxiliares de construcciones transitivas (no en las lenguas romances ibéricas, donde 'haber' es el único auxiliar -transitivo e intransitivo- para formas compuestas).

haber4Este valor transitivo de haber lo podemos percibir muy claramente en sustantivos como 'el haber' (en expresiones como 'el haber y el debe') o 'los haberes' (los recursos económicos).

¿Por qué, entonces, '*han habido motivos' si podemos sustituir 'motivos' por su pronombre objeto directo correspondiente, 'los' ('los ha habido', en contraposición con 'ellos han existido')?

¿Por qué, entonces, '*habrán motivos' si decimos 'hay motivos'?

'Hay motivos' y 'existen motivos' tienen significados parecidos pero sus construcciones son radicalmente distintas. Con 'haber', 'motivos' es objeto mientras que con 'existir' es sujeto.

Il y a des motifs, Ha motivos, hay motivos, una vez más, para preocuparse.

La lotería del la, lo, le (II)

Como lo prometido es deuda, aquí van las tres razones principales que, a mi modo de ver, explican la improvisación con la que, en España, se emplean los pronombres personales objeto.

En primer lugar, el español es la única lengua romance que yo conozca en la que se permite utilizar la preposición a con un complemento de objeto directo. Y ello es, además, obligatorio delante de referentes personales o asimilados expresados por sustantivos o sintagmas nominales :

"- ¿Conoces a la candidata a la la alcaldía?

- Sí que la conozco. Sigo sus intervenciones con interés.

- Pues tiene un discurso ambivalente.

- Ya. Y a su equipo lo nombró a dedo."

lo2Es posible que este empleo surgiera motivado por esa propensión que tiene nuestra lengua a redundar añadiendo elementos de refuerzo. Y que, posteriormente, este uso prepositivo añadido motivado por la voluntad de insistir, se fuera haciendo extensivo a casos como el de la primera frase del ejemplo. En las otras lenguas romances, esta duplicación del objeto directo se puede producir, pero no conlleva el añadido de preposición alguna.

En segundo lugar, podríamos señalar, como se ha puesto de moda hacerlo, a otra 'cooperadora necesaria': la elipse. Este fenómeno consiste en no verbalizar elementos del discurso que se dan por supuestos. Tomemos, por ejemplo, el verbo transitivo pegar. Uno puede pegar una patada o una fotografía en un álbum. Pues bien, los comentaristas deportivos han popularizado usos como el siguiente:

"Messi la pega muy bien con las dos piernas."

Si les preguntáramos por el concepto representado por el pronombre objeto la, nos responderían, obviamente, que se trata de la pelota. A fuer de ser escrupulosos con esta explicación, la frase resultante sería:

"Messi pega la pelota con las dos piernas."

La pelota es un objeto no personal y, por lo tanto, si se tuviera que enunciar, no llevaría preposición. En cualquier caso, a mí se me hace muy cuesta arriba, por mucho que Messi tenga un guante en sus pies, que el jugador pudiera valerse de ellos para tomar la pelota y adherirla a una superficie.

lo6Lo que de verdad estamos elidiendo con la pega no es la pelota sino la patada. Este sí que es el verdadero primer complemento necesario de pegar en este contexto, el auténtico complemento directo. Se trata de pegar una patada (o patadas) a una pelota, como de pegar una torta a alguien. Ese alguien no resistiría las pruebas de certificación que mencionamos en el artículo anterior. Se trata de un objeto indirecto que, lamentablemente, coincide en su enunciación con lo que sería un objeto directo en otro tipo de frases (amar a alguien).

"Messi le pega muy bien con las dos piernas" sería, entonces, la frase gramatical.

En tercer lugar, lo que podría explicar los -ismos en el uso de los pronombres personales objeto tendría que ver, ya en el ámbito de la Sociolingüística, con la propensión del hispanófono a, digámoslo así, 'sexualizar' la relación significante-significado. Quiero decir con ello que nuestros compatriotas, cuando se expresan en su lengua madre, tienen tendencia a no soportar (o a aguantar cada vez menos) que los términos (cuando corresponda) no dejen claro si hablamos de un masculino, de un femenino o de un neutro. Es en este ámbito donde lo políticamente correcto vehiculado por políticos mediocres e iletrados está convirtiendo el español en la lengua romance más 'igualitaria'. Los ejemplos son múltiples:

*Miembra, *presidenta, *arquitecta, *azafato, *jueza, españoles y españolas... Pronto, imagino, llegarán más: *estrello, *astronauto, *artisto [profetizo que llegará el día en que los hombres reclamarán su identidad lingüística] ...

lo4Así que, en este sentido, para que no quede ninguna duda de a qué género o qué identidad sexual tiene nuestro complemento (la claridad y la transparencia también se imponen), pues se emplea la para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual femenina (*La dije que se estuviera quieta), le para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual masculina singular (*A Raúl no le trago), lo para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual neutra singular (*A este coche, lo das una mano de pintura y se queda como nuevo) y los para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual masculina y neutra plural (*Los dimos una paliza, que ya no nos volvieron a molestar). He ejemplificado los casos incorrectos para no saturarlos a Vds. con los correctos (las formas objeto directo).

En cualquier caso, como ya apunté al inicio de estas lucubraciones, me siento cada vez más como un último de Filipinas. Dentro de unos años, nuestros académicos, como acostumbran, certificarán el deceso de la norma que defiendo y buscarán abrazar otras farolas.

La lotería del "la", "lo", "le" (I)

Más de cuarenta años de democracia; millones y millones de pesetas y euros llovidos sobre las enseñanzas pública, privada y concertada; becas; formaciones a distancia; multiplicación universitaria; tecnologías de la información y la comunicación. Para nada. El español de la madre patria sigue adoleciendo de su mal más característico: el uso impropio de los pronombres personales objeto. Para que nos entendamos: aquí no hay quien consiga emplear de manera correcta la, lo y le.

Sepan Vds. que, de entrada, esto se me antoja un ridículo de colosales proporciones ante nuestras lenguas hermanas: el francés, el portugués, el italiano, el catalán, etc.

En ellas, los usos indebidos de los pronombres objeto correspondientes son muy minoritarios y automáticamente asociables a hablantes que no las tienen como lenguas madre. Para que se hagan Vds. una idea de lo que quiero decirles, piensen en la obscenidad en el yerro que podría constituir, en español, atribuir un pensamos a un .

loteria4Pues, bien, no hay minuto de oralidad que transcurra, no hay párrafo que se escriba que desafíe lo que acabo de denunciar. El desbarajuste es tal que hasta se podría dibujar un mapa lingüístico de España en el que los distintos territorios estuvieran caracterizados por su particular propensión a cometer uno de los tres errores. Por ejemplo, en el País Vasco y en el Norte de Castilla y León se es leísta; en Madrid, se es laísta; en Extremadura, loísta. Y los profesionales de los distintos medios de comunicación, los políticos y todos aquéllos que se ganan la vida con la palabra dan cada vez más vergüenza a este respecto.

Pero ¿qué es eso de ser leísta, laísta o loísta (cuando no se es, incluso, las tres cosas a la vez)? Pues, simplemente, utilizar de manera equivocada cada uno de esos pronombres personales. Se lo explico.

Los verbos que empleamos pueden ser copulativos (de significación muy reducida, como, por ejemplo, ser), transitivos (de significación algo mayor, como, por ejemplo, decir) e intransitivos (de significación, digámoslo así, plena, como, por ejemplo, bailar). Los pronombres personales objeto están para representar a personas o cosas en las frases donde figuran los tres tipos de verbos citados y, concretamente, dentro del predicado (es decir, el grupo de palabras que generalmente están en relación directa con el verbo).

loteria2La (las, en plural) y lo (los, en plural), son pronombres personales objeto directo. Quiere ello decir que representan de manera escueta (un monosílabo) a una persona o una cosa (femenina y masculina, respectivamente) referidos con anterioridad y lo hacen dentro del predicado de un verbo transitivo. Completan de manera necesaria la significación de dichos verbos. Si se opera una transformación pasiva de su oración, ellos son los que se vuelven los sujetos (pacientes o pasivos) del verbo en su forma pasiva, tornándose el antiguo sujeto en complemento agente. Ahí van unos ejemplos que ilustran lo que les acabo de contar:

- Me dió una patada sin querer.

- Ya, pero ¿te la dió o no te la dió al final?

El delantero golpeó de cabeza el balón y lo alojó en el fondo de la portería. Sus compañeros, alborozados, lo abrazaron.

El balón fue alojado en el fondo de la portería. El delantero fue abrazado por sus compañeros.

Lo puede representar también a un atributo (un adjetivo o bien un grupo de palabras que dependan de un nombre) dentro del predicado de un verbo copulativo.

- Isabel La Católica fue una reina piadosa y lista.

- No te engañes, que no lo fue.

loteria3Le, les representan a una persona o a una cosa (masculina o femenina) referidos con anterioridad pero no completan necesariamente a su verbo ni pueden convertirse en sujeto paciente o pasivo como resultado de una transformación pasiva.

- ¿Qué tal María? ¿Sigue en el hospital?

- ¡Qué va! Le dieron el alta a los pocos días.

El alta le fue dada a los pocos días. Se la dieron a los pocos días.

Queda pues, claro, que la aplicación virtuosa de la regla depende de un ejercicio de reflexión fundado en una mínima competencia lingüística. Ni la una ni la otra parecen caracterizar a la gran mayoría de los hablantes españoles. Creo que hay más explicaciones pero no los quiero cansar a Vds. y me las reservo, si les parece bien, para el próximo Cafrelengua.

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