cafrelengua
  • Home
  • Noctámbulos
  • Mercado Navas
  • Cafrelengua
  • La lotería del "la", "lo", "le" (I)

La lotería del "la", "lo", "le" (I)

Más de cuarenta años de democracia; millones y millones de pesetas y euros llovidos sobre las enseñanzas pública, privada y concertada; becas; formaciones a distancia; multiplicación universitaria; tecnologías de la información y la comunicación. Para nada. El español de la madre patria sigue adoleciendo de su mal más característico: el uso impropio de los pronombres personales objeto. Para que nos entendamos: aquí no hay quien consiga emplear de manera correcta la, lo y le.

Sepan Vds. que, de entrada, esto se me antoja un ridículo de colosales proporciones ante nuestras lenguas hermanas: el francés, el portugués, el italiano, el catalán, etc.

En ellas, los usos indebidos de los pronombres objeto correspondientes son muy minoritarios y automáticamente asociables a hablantes que no las tienen como lenguas madre. Para que se hagan Vds. una idea de lo que quiero decirles, piensen en la obscenidad en el yerro que podría constituir, en español, atribuir un pensamos a un .

loteria4Pues, bien, no hay minuto de oralidad que transcurra, no hay párrafo que se escriba que desafíe lo que acabo de denunciar. El desbarajuste es tal que hasta se podría dibujar un mapa lingüístico de España en el que los distintos territorios estuvieran caracterizados por su particular propensión a cometer uno de los tres errores. Por ejemplo, en el País Vasco y en el Norte de Castilla y León se es leísta; en Madrid, se es laísta; en Extremadura, loísta. Y los profesionales de los distintos medios de comunicación, los políticos y todos aquéllos que se ganan la vida con la palabra dan cada vez más vergüenza a este respecto.

Pero ¿qué es eso de ser leísta, laísta o loísta (cuando no se es, incluso, las tres cosas a la vez)? Pues, simplemente, utilizar de manera equivocada cada uno de esos pronombres personales. Se lo explico.

Los verbos que empleamos pueden ser copulativos (de significación muy reducida, como, por ejemplo, ser), transitivos (de significación algo mayor, como, por ejemplo, decir) e intransitivos (de significación, digámoslo así, plena, como, por ejemplo, bailar). Los pronombres personales objeto están para representar a personas o cosas en las frases donde figuran los tres tipos de verbos citados y, concretamente, dentro del predicado (es decir, el grupo de palabras que generalmente están en relación directa con el verbo).

loteria2La (las, en plural) y lo (los, en plural), son pronombres personales objeto directo. Quiere ello decir que representan de manera escueta (un monosílabo) a una persona o una cosa (femenina y masculina, respectivamente) referidos con anterioridad y lo hacen dentro del predicado de un verbo transitivo. Completan de manera necesaria la significación de dichos verbos. Si se opera una transformación pasiva de su oración, ellos son los que se vuelven los sujetos (pacientes o pasivos) del verbo en su forma pasiva, tornándose el antiguo sujeto en complemento agente. Ahí van unos ejemplos que ilustran lo que les acabo de contar:

- Me dió una patada sin querer.

- Ya, pero ¿te la dió o no te la dió al final?

El delantero golpeó de cabeza el balón y lo alojó en el fondo de la portería. Sus compañeros, alborozados, lo abrazaron.

El balón fue alojado en el fondo de la portería. El delantero fue abrazado por sus compañeros.

Lo puede representar también a un atributo (un adjetivo o bien un grupo de palabras que dependan de un nombre) dentro del predicado de un verbo copulativo.

- Isabel La Católica fue una reina piadosa y lista.

- No te engañes, que no lo fue.

loteria3Le, les representan a una persona o a una cosa (masculina o femenina) referidos con anterioridad pero no completan necesariamente a su verbo ni pueden convertirse en sujeto paciente o pasivo como resultado de una transformación pasiva.

- ¿Qué tal María? ¿Sigue en el hospital?

- ¡Qué va! Le dieron el alta a los pocos días.

El alta le fue dada a los pocos días. Se la dieron a los pocos días.

Queda pues, claro, que la aplicación virtuosa de la regla depende de un ejercicio de reflexión fundado en una mínima competencia lingüística. Ni la una ni la otra parecen caracterizar a la gran mayoría de los hablantes españoles. Creo que hay más explicaciones pero no los quiero cansar a Vds. y me las reservo, si les parece bien, para el próximo Cafrelengua.

Añadir comentarios
  • No se han encontrado comentarios
lanochemasoscura