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La lotería del la, lo, le (II)

Como lo prometido es deuda, aquí van las tres razones principales que, a mi modo de ver, explican la improvisación con la que, en España, se emplean los pronombres personales objeto.

En primer lugar, el español es la única lengua romance que yo conozca en la que se permite utilizar la preposición a con un complemento de objeto directo. Y ello es, además, obligatorio delante de referentes personales o asimilados expresados por sustantivos o sintagmas nominales :

"- ¿Conoces a la candidata a la la alcaldía?

- Sí que la conozco. Sigo sus intervenciones con interés.

- Pues tiene un discurso ambivalente.

- Ya. Y a su equipo lo nombró a dedo."

lo2Es posible que este empleo surgiera motivado por esa propensión que tiene nuestra lengua a redundar añadiendo elementos de refuerzo. Y que, posteriormente, este uso prepositivo añadido motivado por la voluntad de insistir, se fuera haciendo extensivo a casos como el de la primera frase del ejemplo. En las otras lenguas romances, esta duplicación del objeto directo se puede producir, pero no conlleva el añadido de preposición alguna.

En segundo lugar, podríamos señalar, como se ha puesto de moda hacerlo, a otra 'cooperadora necesaria': la elipse. Este fenómeno consiste en no verbalizar elementos del discurso que se dan por supuestos. Tomemos, por ejemplo, el verbo transitivo pegar. Uno puede pegar una patada o una fotografía en un álbum. Pues bien, los comentaristas deportivos han popularizado usos como el siguiente:

"Messi la pega muy bien con las dos piernas."

Si les preguntáramos por el concepto representado por el pronombre objeto la, nos responderían, obviamente, que se trata de la pelota. A fuer de ser escrupulosos con esta explicación, la frase resultante sería:

"Messi pega la pelota con las dos piernas."

La pelota es un objeto no personal y, por lo tanto, si se tuviera que enunciar, no llevaría preposición. En cualquier caso, a mí se me hace muy cuesta arriba, por mucho que Messi tenga un guante en sus pies, que el jugador pudiera valerse de ellos para tomar la pelota y adherirla a una superficie.

lo6Lo que de verdad estamos elidiendo con la pega no es la pelota sino la patada. Este sí que es el verdadero primer complemento necesario de pegar en este contexto, el auténtico complemento directo. Se trata de pegar una patada (o patadas) a una pelota, como de pegar una torta a alguien. Ese alguien no resistiría las pruebas de certificación que mencionamos en el artículo anterior. Se trata de un objeto indirecto que, lamentablemente, coincide en su enunciación con lo que sería un objeto directo en otro tipo de frases (amar a alguien).

"Messi le pega muy bien con las dos piernas" sería, entonces, la frase gramatical.

En tercer lugar, lo que podría explicar los -ismos en el uso de los pronombres personales objeto tendría que ver, ya en el ámbito de la Sociolingüística, con la propensión del hispanófono a, digámoslo así, 'sexualizar' la relación significante-significado. Quiero decir con ello que nuestros compatriotas, cuando se expresan en su lengua madre, tienen tendencia a no soportar (o a aguantar cada vez menos) que los términos (cuando corresponda) no dejen claro si hablamos de un masculino, de un femenino o de un neutro. Es en este ámbito donde lo políticamente correcto vehiculado por políticos mediocres e iletrados está convirtiendo el español en la lengua romance más 'igualitaria'. Los ejemplos son múltiples:

*Miembra, *presidenta, *arquitecta, *azafato, *jueza, españoles y españolas... Pronto, imagino, llegarán más: *estrello, *astronauto, *artisto [profetizo que llegará el día en que los hombres reclamarán su identidad lingüística] ...

lo4Así que, en este sentido, para que no quede ninguna duda de a qué género o qué identidad sexual tiene nuestro complemento (la claridad y la transparencia también se imponen), pues se emplea la para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual femenina (*La dije que se estuviera quieta), le para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual masculina singular (*A Raúl no le trago), lo para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual neutra singular (*A este coche, lo das una mano de pintura y se queda como nuevo) y los para pronombres objeto (directo e indirecto) de identidad sexual masculina y neutra plural (*Los dimos una paliza, que ya no nos volvieron a molestar). He ejemplificado los casos incorrectos para no saturarlos a Vds. con los correctos (las formas objeto directo).

En cualquier caso, como ya apunté al inicio de estas lucubraciones, me siento cada vez más como un último de Filipinas. Dentro de unos años, nuestros académicos, como acostumbran, certificarán el deceso de la norma que defiendo y buscarán abrazar otras farolas.

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