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Tiempos Difíciles (II)

- Ya sé que necesitamos el dinero, mamá, pero no puedo más. No puedo… - el llanto de la joven ahogó sus últimas palabras. Unos pasos por detrás, Zeus se preguntaba con quién hablaba la chica, pues sólo veía que sostenía un objeto plano contra la oreja. ¿Sería una loca que hablaba sola? ¿Debería descartarla como candidata?

Nada más entrar en la concurrida estación de metro, Zeus se dio cuenta de que su forma felina llamaba demasiado la atención. Tras zafarse de una señora que pretendía cogerlo en brazos, corrió a esconderse detrás de una papelera, donde cambió su apariencia por la de una cucaracha. Con la velocidad que le permitían sus patitas, corrió hacia el andén, temiendo haber perdido a la joven. Afortunadamente, el metro iba con retraso y ella esperaba sentada en un banco. Pese a tener los ojos hinchados por el llanto, tenía un rostro hermoso. Zeus se introdujo discretamente en el bolso, que la muchacha había dejado apoyado en el suelo.

Minutos después, el metro hizo su entrada en el andén. La chica se sentó, colocando el bolso sobre sus piernas. Zeus se asomó con cautela por el borde. Curioso artefacto deslizante, se dijo. Muy práctico. Al no ser hora punta, en el vagón no habría más de doce o trece personas, la mayoría de las cuales tenía la mirada perdida en un cacharro plano similar al que la muchacha había sacado nada más salir del bar. A Zeus le pareció de lo más triste. ¿Por qué aquella gente no se miraba a la cara? ¿Acaso tenían miedo los unos de los otros?

Cuando se cansó de analizar a los pasajeros, Zeus se puso a pensar en qué estrategia seguiría para seducir a la mortal. Transformarse en cisne o en toro blanco quedaba descartado, pues la presencia de animales parecía excepcional en aquella ciudad. La idea de la lluvia dorada, que tan discreta le había parecido en un principio, se le antojaba ridícula en este mundo tan árido, tan poco poético. ¿Con qué soñaba aquella gente aborregada? ¿Qué les inspiraba?

Zeus reparó entonces en el periódico deportivo que leía el señor de enfrente. En la portada, un joven bronceado y con el cabello peinado hacia arriba sonreía en actitud triunfal. El mismo chico aparecía en ropa interior en un cartel de publicidad del vagón. Miró la revista que leía la pasajera de al lado. En las fotografías, el mismo joven aparecía paseando por la playa con una mujer demasiado delgada, esquelética para el gusto del dios. Estaba claro: ese… Cristiano Ronaldo… tenía que ser un héroe. Y las mujeres no pueden resistirse a los héroes.

tiempos dificilies ii b

Al cabo de diez minutos, la chica se levantó del asiento y se puso de pie junto a las puertas del vagón. En cuanto éstas se abrieron, Zeus volvió a asomarse, ansioso por encontrar un lugar donde cambiar de apariencia. Al fin, cuando la joven estaba a punto de subir las escaleras hacia el exterior, Zeus vio un rincón que le pareció suficientemente discreto. Saltó del bolso y, en un momento en el que no pasaba nadie, adoptó la apariencia del héroe.

Nada más emerger a la superficie, oyó un grito agudísimo: “¡¡Es él!!” Antes de que pudiera salir corriendo, Zeus se vio rodeado de un grupo de chavales de un instituto cercano, que le miraban con adoración e intentaban tocarle. Por el entusiasmo que mostraban, el tal Ronaldo debía de haber matado a alguna hidra o librado épicos combates. Seguro que los poetas cantaban sus proezas. Entre las cabeza de los muchachos vio a la chica alejarse calle arriba. Sonriendo, se abrió camino y salió corriendo tras ella.

- Eh, oye, ¡espera!

Cuando la joven se dio la vuelta, no podía creer lo que veían sus ojos. Apoyado contra un muro, Cristiano Ronaldo le sonreía seductor.

- ¿Eres tú… de verdad? ¿Y hablas griego?
- Claro. ¿Qué voy a hablar? ¿Hay lengua más melodiosa?
- Pues… Mira, he tenido un mal día. Me voy a casa. Encantada de conocerte.
- No, no, tengo que hablar contigo.
- ¿Conmigo? ¿Pero qué dices? Si no sabes ni cómo me llamo…

Entretanto, los chicos del instituto habían llegado a donde se encontraban. Sus gritos atraían a todos los curiosos que pasaban, que ya formaban un nutrido grupo. Zeus cogió a la joven de la mano y salió corriendo calle arriba.

- Vamos a tu casa, será el único sitio donde podamos hablar tranquilos.

Alucinada, Eleni sólo pudo asentir con la cabeza. Desde luego, estaba siendo un día de lo más surrealista.

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Gente en la conversación

  • Invitado - José Manuel Mercado Navas

    La transformación de Zeus en cucaracha para pasar inadvertido es un sublime expediente que da cuenta, con perdón del insecto de marras, de lo que han cambiado las cosas. Me extraña que Eleni reconozca el griego moderno pero, claro, si se llama Eleni, quizá sea porque el azar haya conducido al Padre de los dioses a conocer a una exilada de la Democracia Helénica. En cualquier caso, significativo y acertado fresco de nuestra desoladora realidad urbana. Miss Morgado, tiene Vd. buena parte del verano para prometernos una nueva entrega. Yo la estoy esperando ya.

    de Getafe, Madrid, Spain
  • Invitado - Anyta Dynamita

    :D :D :D jaaaajajaaaa. Este Zeus Ronaldo promete :D

lanochemasoscura