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¿Creencia o religión?

 

¿Si a usted le preguntan si cree en la reencarnación su respuesta es…?

Un alto porcentaje de personas responde afirmativamente frente a esta pregunta.

¿Es usted católico?

Si ambas respuestas han sido positivas, tiene usted una contradicción en sus creencias. Pues no se puede ser católico y creer en la reencarnación. Pues los católicos creen en la resurrección de los muertos, en un sentido totalmente diferente y no en la reencarnación del alma.

No se preocupe, está usted dentro de la norma general. La explicación para esta contradicción es tan sencilla como la diferencia entre religión y creencia.

Las creencias se acuñan normalmente en los primeros años de nuestra infancia, donde llegan las preguntas del tipo… ¿Qué hay detrás de la muerte? Y donde nos planteamos el más allá.

religion2La idea cíclica de reencarnarse es una de las más manidas dentro de la infancia y lo que hemos aprendido entonces luego cuesta no aceptar que es cierto. Durante esas etapas, el aprendizaje es de tipo oral, pasa de unos a otros, como los chistes de Jaimito que todo el mundo se sabe y nos enseñan en los primeros años. Son cuentos agradables, que nos sorprenden positivamente y que enseguida asimilamos como parte de nuestras creencias porque así nos conviene para cerrar una serie de preguntas de difícil respuesta.

Con el tiempo, y la cultura religiosa católica, adoptamos otra serie de creencias sobre las que ya teníamos de tradición oral, y las superponemos aunque esto nos lleve a discordias intelectuales o de fe por comparación.

Lo que a usted le está pasando es que tiene creencias, más que religión.

La religión, no consiste en creer o no en algo, sino, en cumplir religiosamente una serie de tareas que una institución le impone o sugiere, si prefiere esta palabra más amable.

¿La cuestión es porque creer más en lo que nos dice la religión que en nuestras propias creencias infantiles? Las segundas, por cierto, no conllevan obligaciones y son más naturales, no por ello mejores, ni peores.

Lo cierto, es que no hay mucha diferencia entre la creencia de un tipo o de otro, porque ambas son cosas que nos han contado otras personas, que a su vez les contaron a ellos a lo largo de los años y que damos por ciertas y las creemos. No hay una base científica en ello, son simplemente creencias. Es cuestión de fe o dicho de un modo más coloquial, confianza ciega, el aceptarlas para nosotros o descartarlas.

Si alguna vez le han contado algo, que a su vez alguien le contó a esa persona, y así sucesivamente, hasta que el mensaje le llega a usted, podrá observar, que el mensaje original no es a veces ni parecido a lo que le llega. Algo así como el juego del teléfono escacharrado. Pues cada persona aporta parte de su personalidad a aquello que cuenta, y deja detalles que la memoria no recuerda bien, completándolos, ampliándolos o restándole información al mensaje original.

Intuya pues, que un mensaje que llega desde el siglo I, hasta nuestros días debe ser al menos algo impreciso en lo que cuenta. Y esto siendo generoso en la formulación de esta frase anterior.

religion4Está bien, no se me ha pasado por alto, que el mensaje ha sido escrito, y no hablado. Pero tenga en cuenta que incluso se sabe que alguno de los apóstoles no sabían leer y escribir, y que supuestamente escribieron cartas. Me dirá que alguien las escribió por ellos, y que simplemente hicieron de instrumento o vía para desarrollar el mensaje.

Hace no mucho ocurrió, que un traductor en la UE o en las naciones unidas, el lugar es lo de menos, decidió intervenir en vez de traducir, contestando lo que sentía al político, en vez de limitarse a transliterar a las dos partes que debían hablar. Podría haber llevado a un gran conflicto entre países si no fuera porque se dieron cuenta. Pero lo interesante de este hecho es que ilustra perfectamente la idea, de que aquellos textos escritos por traductores no tenían por qué decir lo que se suponía que el redactor dictaba, pues al fin y al cabo el que lo redactaba no tenía manera de comprobar que aquello estaba bien, pues no sabía leer. Debía fiarse. ¿Quién escribió la biblia? Traductores directamente de Dios o eso nos han contado. Otro cuento más y otra creencia más.

Admitamos que todo es impreciso, y no nos desviemos de lo que nos interesa.

Creer no es ni más ni menos que aceptar aquello que nos apetece de lo que nos cuentan. Yo solo digo, que si se ha de creer, deberíamos elegir entre todos los posibles cuentos que nos dan, pues hay muchas opciones posibles. Tantas como religiones y creencias.

Pero lo curioso, es aquellos que deciden no solo creer en algo que les han contado, sino que además adoptan una religión y desde ese mismo momento se ponen a seguir ciegamente por fe, una serie de reglas complicadas y nada naturales que les obliga a tener ritos persistentes como el de no comer carne los viernes en una determinada época del año. Pero lo más sorprendente de esto, no es que no coman carne. Lo sorprendente, es que existe otra norma que dice que si pagas un dinero a cambio, puedes comer carne los viernes durante esa época del año.

¿Es entonces un cuento o un juego? A mí me recuerda al monopoli cuando pagabas para salir de la cárcel y no tenías que esperar 3 turnos.

En el fondo no es muy diferente de las creencias infantiles como la de la reencarnación. Solo que parecen más maduras y fiables porque nos las han inculcado más tiempo y de manera más insistente.

Lo que también me pregunto, es si un hindú o indio, pensaría que su creencia es infantil si leyese este texto. Seguramente no, y probablemente, la defendería a muerte ya que es su creencia desde siempre.

Lo que habría que preguntarle al hinduista, es qué pensaría él, de salvarse simplemente al arrepentirse en el último momento, ya que ellos creen en el karma y el posible mal o bien que hayas hecho a la humanidad a través de toda tu vida.

Sea como fuere, creo que la pregunta que hay que hacerse es… ¿tengo una creencia o adopto una religión?

Si recuerdan los textos anteriores, deberán saber que no solo existen estas dos opciones. Pues lo que acabo de hacer es plantear un dilema de falsa verdad. Existen otras posibilidades, como la de no creer en nada, no creer en algo, creer, adoptar una religión, adoptar varias religiones, o incluso adoptar varias religiones y varias creencias.

Usted decide pero que no le cuenten cuentos, cuéntelos usted.

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Los 7 pecados capitales (II): "Desvelando secretos"

Adan y Eva. Soberbia. Un mundo en copyleft.

Para los que no conozcan la historia, Adán y Eva vivían en el paraíso, en el cual tenían todos los dones y no necesitaban nada más. Solo había una premisa… “no comer la fruta del árbol prohibido”. El tiempo pasa y Eva, decide coger la manzana y comer del fruto con el consecuente destierro del paraíso y la pérdida de todo.

El mayor peligro para la iglesia y en general para cualquier sistema de gobierno es el conocimiento por parte de sus súbditos. La manzana representa el saber, el conocimiento.

Eva y Adán,  deciden comerla, y como le pasa a Alicia en el país de las maravillas todo cambia, empieza a crecer, a tener una visión y lo más importante, ¡muchas preguntas!.

Crecer por dentro debido al conocimiento lleva a la soberbia, a la propia interpretación de la vida, la biblia, los libros, la forma de vivir esa vida y muchas otras cosas. Por eso, es tan peligrosa la soberbia.

Ha sido representada de muchas formas en el arte, y casi siempre con simbolismos.

En Lohemgrin, la ópera de Wagner, lo encontramos de manera soslayada, en el personaje de Elsa, curiosamente también mujer, cuando le pregunta a su marido el gran secreto que guarda y ella ha de conocer. Si este se lo revela entonces todo su mundo perfecto desaparecerá.

“El paraíso”, por analogía, es un estatus en que nos colocan aquellos que nos gobiernan.  Supuestamente todos vivimos en un paraíso particular y estratificado, la sociedad de clases, la sociedad religiosa o la sociedad capitalista, a veces todos ellos a la vez,  donde echamos la culpa de lo que nos pasa a la suerte y los logros o desgracias acumuladas a lo largo de nuestra vida. Hasta cierto punto es cierto, pero no del todo, pues también están aquellos que regulan y dirigen el propio sistema. Los que lo inventan y los que lo manejan o manipulan a su antojo. Es decir, los gobernadores del sistema.

En cada periodo u ocasión de la historia habrán sido unos u otros diferentes. Según haya sido la lucha por el poder de cada época.

La iglesia usa el símbolo del pecado como manipulación y la soberbia como el peor de los pecados, porque es el único pecado que en sí mismo cuestiona la existencia de Dios. Lo aborda en su personaje principal, el demonio, que es desterrado al infierno por hacerse preguntas e intentar desafiar a la autoridad. Este ejemplo,  es tan explícito en sus consecuencias,  porque es sin duda, el mayor peligro que existe ante un sistema de control, rebelarse contra él.

Una institución como la católica, no podría soportar, que alguien hiciera demasiadas preguntas del tipo…  “¿Por qué tengo que creer que lo que usted me dice es cierto?”
La única respuesta posible es… “porque hay que tener fe”, pero lo que en realidad están diciendo es… “Porque si no crees en lo que te digo entonces se me desmonta el chiringuito, dejo de controlarte, de ganar dinero y lo más importante PIERDO EL PODER sobre mis súbditos, la sociedad que tengo alienada y me he fabricado durante tanto tiempo”.

Plantearse si el sistema funciona y no acatar los preceptos, simboliza morder la manzana o comer la galleta. Es el conocimiento y el crecimiento personal, el que nos lleva a identificar el sistema en el que estamos inmersos y nos manipula. Por eso somos soberbios.

El único objetivo de ese sistema creado, “ese paraíso”, es ganar poder respecto a la población y dominarnos bajo unas pautas o premisas falsas, pero que generan un amplio beneficio de poder a unos pocos.

En la edad media, la iglesia usaba el conocimiento, la información, como símbolo de su poder y no educaba a la población, pues manteniéndola en la ignorancia y en el analfabetismo podía controlarla más fácilmente. Hoy en día se sigue operando desde los gobiernos o instituciones influyentes, lobbies, en la educación. Pues cuanta más ignorancia haya, más difícil será cuestionarse el propio sistema. Es decir, el metaconcepto.

Me gustaría intentar explicar lo que significa este metaconcepto y el poder que tiene simplemente esta idea.
Metaconcepto sería el conjunto de pautas organizativas para crear un sistema de control de masas.

En el caso de la iglesia, estas pautas, vienen representadas por los 7 pecados capitales y otra serie de normas, que estamos obligados a seguir para vivir en el paraíso de la ignorancia y ser supuestamente felices pero en realidad Inocentes, niños desde su perspectiva fagocitadora cual Saturno devorando a sus hijos.

Podríamos crear nuevos sistemas simplemente cambiando la metaconcepción.

Así encontramos sistemas de gobierno diferentes en función de las pautas que se sigan para alienar a la población.

Sistemas diferentes al religioso es por ejemplo el capitalismo, donde se basa todo en el valor de las cosas. Incluyendo a las personas dentro de este concepto de valor.
Sistemas dictatoriales, donde opera la ley del más fuerte y todo a través de una jerarquía piramidal.

Sistemas comunistas, donde la idea es que el grupo controle al grupo.

Y muchos otros sistemas conocidos.

La cuestión es pues, que premisas se imponen al planteárselo y después como se plasman en el segundo nivel de concreción. Cuando se vuelven operativas las leyes que lo rigen.

La mayoría de los sistemas, funcionan con una materia prima, y alguien que la consume.

En muchos casos, esta materia prima es la humanidad, y los consumidores son los depredadores que han creado el sistema para aumentar su poder.

En teoría, y ya desde los griegos, cualquier sistema de gobierno es válido siempre que se utilice en beneficio del pueblo y para el pueblo. Pero lo cierto, es que todos estos sistemas están viciados en su metacontenido. Pues no son ni más ni menos que sistemas de control o mejor dicho de manipulación.

También en teoría, podríamos crear un sistema que no fuera para controlar sino para crecer y que se autorregulase para que no se viciara o corrompiera. Un sistema que se controle así mismo y no a las personas. Sería un sistema igualitario y buscaría el beneficio de sus integrantes por cómo está montado, y no por quien lo dirige.

Sistemas de este tipo, no encajan con el poder de unos sobre otros. Y como en el caso de la soberbia, no conviene que se sepan o se conozcan, pues nos haría más justos y más libres.

Por todo lo expuesto, la soberbia siempre ha sido el mayor de los pecados, porque lo que en realidad encierra, es el conocimiento y la oposición a la autoridad. (Eclesiástica, militar, policial, jurídica, etc)

Un rey deja de ser rey en el momento que nadie le escucha y se queda sin súbditos.

Un cura, que no cala con su doctrina, es una religión muerta, que no convence.

Una idea sin nadie que la respalde, desaparece, aunque esa idea sea Dios o el dinero.

Las prioridades a la hora de definir el sistema cuando se fabrica marcan pues la pauta.

Si lo importante no fuera “el valor de las cosas” el dinero no tendría importancia.

Si no usáramos “el valor del poder”, no habría poderosos y débiles.

Si no usáramos “el valor de las clases sociales” no habría mejores y peores.

Podríamos buscar nuevos valores en los que asentar el nuevo sistema.

“El valor de las personas”,  “El valor de la vida”, “El valor del conocimiento”, “El valor de la justicia”, “El valor de la libertad”, “El valor de la ayuda”, “El valor de la dignidad”, “El valor de la verdad”, “El valor de la felicidad”.  

Y así una serie de valores transformarían la sociedad en otra cosa que no tenemos ahora.

No se debería implantar ningún valor, que fuera en contra de los derechos fundamentales de las personas, ni que buscara manipularlas.

Deberíamos programar un mundo en modo copyleft y no en copyright.

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Cuestión de Tiempo

cuestion de tiempo

El último fin de semana del mes de marzo, cambiamos la hora. Dicen que para ahorrar energía y tener más horas de luz para trabajar.

Modificar el tiempo tiene sus consecuencias en nuestros ritmos biológicos, y nos cuesta un periodo de adaptación mayor o menor según seamos de sensibles.

¿Alguna vez se ha parado a pensar en este convencionalismo que nos ayuda a vivir el día a día?

No deja indiferente y está lleno de curiosidades.

Según parece dividimos la tierra en 24 zonas horarias, lo que significa, que dependiendo de dónde nos encontremos tenemos un tiempo particular.

Esto crea ciertas paradojas divertidas, pues hay un lugar en la tierra donde la diferencia horaria son +12 horas respecto al meridiano de Greenwich o meridiano 0 y otra donde son -12 horas. Es decir, que en algún punto de la tierra pasamos del +12 al -12 o viceversa en solo 1 hora.

Imaginemos por tanto, que no queremos celebrar la navidad, ya que a algunos les disgusta… o incluso el cumpleaños.

El día 24 de diciembre lo disfrutaremos por entero, pero situándonos estratégicamente, podríamos pasar del 24 al 26 sin pasar por el 25. Esto es… Situarnos el día 24 en la zona horaria del meridiano -12 horas y coger un avión hacia el +12 horas a las 11 de la noche. Si hacemos que el trayecto dure 1 hora, justo cuando lleguemos serán las 00.01, del día 26 y no habremos celebrado la navidad técnicamente hablando.

Si lo hacemos en sentido contrario, podríamos hacer que el cumpleaños dure más de 1 día.

Ahora el proceso es el inverso. Nos situaríamos en la zona horaria +12 durante todo el día, y justo cuando vaya a cambiar, pasamos al meridiano -12 y dispondremos de un nuevo día entero de cumpleaños. Es decir, dos días enteros celebrando el mismo día.

¿No les recuerda al día de la marmota?

Otro lugar interesante, o debería decir lugares, pues son dos con las mismas cualidades, es el polo norte y polo sur, donde convergen todas las zonas horarias y meridianos, lo que hace que sea siempre todas las horas a la vez. Ya no hay excusa para comer en cualquier momento, pues no nos pueden acusar de picar entre horas, aunque claro, bien es cierto, que en realidad picamos entre horas al mismo tiempo que lo hacemos a la correcta. Y es posible que se pregunten en este instante, como se mide ahí la hora. Pues bien, lo que normalmente se suele hacer es llevar la hora de salida del lugar de origen, es decir, si viajamos desde España, la hora española.

Podemos decir, que existe, por así llamarlo un tiempo biológico y uno relativo respecto al resto. Si viajáramos en sentido contrario al giro terrestre o a favor, y con una velocidad constante, podríamos vivir siempre de noche o de día o hacer que los días durasen mucho menos de 24 horas, pudiendo ver el amanecer muchas más veces que el resto de los mortales en nuestra corta existencia. Eso sí, manteniéndonos siempre en movimiento. Los vampiros ya tendrían resuelto esto del amanecer que los convierte en polvo.

En otro punto, tenemos el tiempo espacial, que nada tiene que ver con el amanecer, pues en el espacio, siempre es de día o de noche, según se mire. Y tenemos ambas cosas al mismo tiempo. Solo depende de lo alejados que estemos de una estrella. De ahí, que diferenciemos entre reloj y cronómetro. Pues en el espacio debemos usar este segundo método de medida, ya que nos indica más razonablemente como pasa el tiempo a nivel astronómico.

Por último hacer mención a los instrumentos de medida, particularmente me gustan la clepsidra, el reloj de arena y el de sol.

¿Se han planteado alguna vez, por qué un reloj tiende a tener esfera circular y de dónde viene que sea así?

Y otro reto…

¿Cómo medirían el tiempo, si estuvieran en un planeta desconocido y no supieran sus ciclos?

Suponiendo que no lleven ningún tipo de artilugio para medirlo.

¿Y si tuviera dos soles?

Si no lo saben ahora mismo adivinarlo es solo cuestión de tiempo.



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