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Lady Frere: buscando la mar en tierra firme

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Siento nostalgia de los espacios abiertos. Mirar al frente sin que nada ponga freno, ralentice, disturbe mi viaje visual. Busco el equilibrio en la naturaleza no perturbada por la vorágine del depredador del asfalto. Fui premiado por mi osadía. Siguiendo la estela de una institución, que en Europa se ha vaciado de contenido, la Casa del Pueblo, y de uno de los grandes hombres sudafricanos, Chris Hani, me topé con la mar en tierra firme.

Lady Frere posee la nostalgia de los prados abandonados, donde el rayo golpea con una fuerza devastadora dando vida y vigor a este paisaje de suaves líneas y colores monocromáticos. La de la tierra resignada a decir adiós a los que rompen su equilibrio. Sus habitantes fueron arrebatados de sus entrañas, en un pasado reciente, para ser esclavos de las minas de oro en la provincia de Johannesburgo. Hoy la búsqueda de una vida de ensueño perpetua la diáspora. Una migración ininterrumpida desde el siglo XIX que ha desangrado mortalmente sus prados. Los más jóvenes huyen del equilibrio, huyen de sí mismos hacia las grandes urbes, donde encontrar una puerta de entrada a la otra vida, en el que el equilibrio es sacrificado por la vorágine del materialismo.

Viejos y niños son los que quedan. Son ellos los guardianes del santuario, en el que envejecer y crecer es parte del ciclo vital impuesto por la naturaleza. Una árida tierra, mano a mano con un clima extremo, que no permite que nada salga del sudor del campesino, salvo la belleza de lo extremo. No es una excepción, en Sudáfrica sólo el 12% de la tierra en el país es apta para la agricultura, y de ella sólo el 22% es muy productiva.

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La segunda provincia más extensa del país, dos veces Andalucía, sigue siendo la tierra de los Xhosas. Etnia con gran pedigrí político gracias a que dos de los tres presidentes democráticos del país pertenecen a ella. Pueblo que mantiene su ser en este santuario de grandes héroes. Eastern Cape es Chris Hani, Govan Mbeki, Walter y Albertina Sisulu, Oliver Tambo, Steve Biko, y sí, como no, Nelson Mandela, unos pocos de los nombres que nunca habrían que olvidar.

Uno de ellos, Thabo Mbeki, ideó un programa cimentado en los valores y principios de esta tierra. El sentir comunitario y la participación democrática. Mbeki quiso llevar la Casa del Pueblo al pueblo. En un país con una extensión que triplica la de España, y sin embargo con la misma población que la península ibérica, los pueblos aislados del sistema que imponen las reglas del juego son demasiados. Escuchar y participar cuenta.

Cada seis meses el Parlamento empaqueta sus enseres, y durante una semana se planta en una de las nueve provincias sudafricanas, donde no hay hoteles para albergar a los diputados, ni carretera asfaltadas por los que conducir a los que mandan. Los representantes del pueblo son obligados, dos semanas al año, a oír y ver a los que les han dado un mandato para hacer y deshacer. Sus representados hablan. Esperan su turno con la dignidad de los que siempre han vivido de pie, y cuando les toca se dirigen a los que les deben escuchar. Nosotros el pueblo.

Siguiendo al Senado Sudafricano aterricé en Lady Frere. Ahí dónde sólo hay Xhosa, donde Sudáfrica sueña, donde África habla. Ahí donde me topé con la mar que siempre estuve buscando. La tierra que sigue sangrando por el sacrificio de sus héroes.

UKUTSHONA KUKAMENDI(1943) Autor: SEK Mqhayi

El hundimiento del Mendi

Mhla nashiy’ ikhaya sithrthile nani,                      

En ese día que dejaste tu casa, hablamos,           

Mhla nashiy’iintsaposalathile kuni,

En ese día que dejaste tu casa, nos prometimos cuidar de nuestras familias,

Mhla sabamb’izandla, mhla kwamanz’amehlo.

En ese día nos dimos las manos, nuestros ojos lloraban.

Mhla balil’oonyoko, bangqukrulek’ooyihlo,    

En ese día las madres lloraban, los padres gritaban,

Mhla nazishiy’ezi ntaba zakowenu,

En ese día que dejaste las montañas de tu nacimiento,

Nayinikel’imiv’imilmb’ezwe lenu

dejaste los ríos de nuestra tierra detrás

Aitshongo na kuni, midak’ akowethu,

te dijimos, vete de aquí como un hombre de piel oscura,

Ukuthi “Kwelo zwe nilidini lethu?”

te dijimos: “eres nuestro sacrificio”,

Ngesibinge ngantonina ke kade?

Pudimos sacrificar algo más preciado?

Idini lomzi liyintonina ke kade?

¿qué significa sacrificar un pueblo?

Asingamathol'amaduna omzina?

¿No fue dar el novillo de nuestra casa?

Asizizithandwa zesizwe kade na?

¿ofreciéndote por quienes te amaban como una nación?

Ngoku kuthethe ke siyendelisela,

Estamos hablando de verdad ahora; hemos unido nuestras voces

Sibhekis'ezantsi, sihlahla indlela.

Orgullosos somos de ser parte de los que construyen la carretera de la libertad.

AsinguHabheli na idini lomhlaba?

¿De la manera que Abel fue el sacrificio de la tierra?

AsinguMesiya na elasezulwini?

¿De la manera que el Mesías fue el sacrifico del cielo?

Thuthuzelekani ngoko, zinkedama!

¡Ser consolados, todos nuestros órfanos!

Thuthuzelekani ngoko, bafazana!

¡Ser consolados, todas nuestras viudas!

Kuf’omnye kade mini kwakhiw’ omnye;

Alguien tiene que morir, para que algo pueda ser construido;

Kukhonza mnye kade’ ze kuphil’ abanye;

Alguien tiene que servir, para que otros puedan vivir;

Ngala mazwi sithi, thuthuzelekani,

Con estas palabras decimos: ser consolados,

Ngokwenjenje kwethu sithi, yakhekani.

Es como nos hacemos a nosotros mismos.

Lithatheni eli qhalo labadala,

Recuerda el dicho de la gente mayor:

Kuba bathi: “Akuhlanga lungehlanga!

¡Nada cae, sin empezar cayendo!

Awu! Zaf'int'ezinkulu zeAfrika!

¡Awu! Los mejores de África estaban ocupados muriendo!

Isindiwe le nqanawa, 'de yazika,

El barco no podía cargar su preciado cargo,

Kwf'amakhalipha, amafa nankosi,

Estaba resonando en los círculos más cercanos,

Agazi lithetha kwiNkosi yeeNkosi.

Su sangre valiente se enfrentó al rey de los reyes.

Ukufa kwawo kunomvuzo nomvuka  

Sus muertes tuvieron un propósito para todos nosotros

Ndinga ndingema nawo ngomhla wovuko,

Cómo me hubiera gustado haber estado con ellos,

Ndingqambe njengomnye osebenzileyo,

Cómo me hubiera gustado haberme levantado con ellos el día de la resurrección,

Ndikhanye njengomso oqaqambileyo.

Cómo me hubiera gustado brillar con ellos como la estrella de la mañana.

Makuba njalo!

¡Dejadles en paz, entonces!


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