estela

Paseo en bicicleta

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Cerró momentáneamente los ojos, para poder sentir con mayor intensidad el viento fresco que le rozaba la cara. Le encantaba aquella sensación, casi tanto como sentir las gotas de lluvia sobre el rostro...Aunque en esos momentos prefería que no lloviera, no quería empaparse.

Abrió de nuevo los ojos. No podía mantenerlos cerrados demasiado tiempo, si no quería tropezar con cualquier obstáculo imprevisto en el suelo.

Apenas usaba la bici pero, cuando lo hacía, lo disfrutaba al máximo. La sentía como una prolongación de su propio cuerpo.

Ese día, tras volver a casa del trabajo algo más pronto de lo habitual, había decidido dar un paseo. Sin rumbo fijo, dejándose llevar, sin tener en cuenta las dificultades del terreno.

Con los primeros pedaleos había llegado, casi sin esfuerzo, a la zona boscosa donde ahora se encontraba, gracias a un pequeño sendero, poco transitado y plagado de sombras.

bicicleta2Tras sobrepasar los primeros árboles, la pendiente del sendero se inclinaba sensiblemente.

Venciendo un primer impulso de pereza, que por una milésima de segundo le tentó a dar media vuelta, apretó la pedalada y se dispuso a subir hasta la cima de la pequeña colina que se encontraba frente a ella. Finalmente, se le hizo menos duro de lo que había podido suponer en un primer momento, a pesar de que los últimos metros, con una pendiente algo más pronunciada, había tenido incluso que ponerse de pie para poder impulsarse con todo su cuerpo.

Pero el esfuerzo había merecido la pena. El paisaje desde la cima de la pequeña colina era increíble, su vista abarcaba casi toda la pequeña ciudad en la que vivía, con los tejados iluminados por el sol, que todavía se resistía a ocultarse en el horizonte.

Apenas se dio unos segundos para deleitarse con el paisaje y dejar que su respiración se normalizara. Quería descender antes de que se enfriaran sus músculos.

Se deslizó suavemente cuesta abajo, dejando una vez más que la brisa acariciara su cara, llena ahora de sudor, y solo pisó más fuerte los pedales cuando la pendiente comenzó a suavizarse, para no perder la velocidad que había alcanzado en el descenso.

Pronto llegó otra vez a terreno llano.

Estaba ya algo cansada, por lo que se planteó si volver por el mismo camino, lo que suponía volver a subir y bajar la colina, o dar un rodeo en terreno llano, pero teniendo que recorrer algún kilómetro de más.

Entonces miró a su derecha y se encontró con la mirada del chico.

Guapo, alto, con buen físico y ojos verdes de mirada profunda. No era la primera vez que se lo encontraba. Coincidía mucho con él en sus escasas escapadas con la bici, pero nunca habían hablado. Se limitaban a intercambiar alguna mirada fugaz y a recorrer algún kilómetro juntos, pero poco más.

bicicleta7Quizá, algún día, si seguían coincidiendo, terminarían por entablar alguna conversación, entrecortada por el esfuerzo de los pedales.

Sin dejar de mirarla, el chico apretó el paso y comenzó a subir la pendiente de la colina, así que, sin pensárselo dos veces, fue tras él.

El chico tenía muy buena forma física, por lo que subía a un buen ritmo que costaba seguir, pero no se daba por vencida. Ése tenía que ser el día.

Le estaba costando horrores seguirle el ritmo, pero estaba decidida a no dejarlo escapar.

Llegó a la cima casi sin aliento, pero sonriendo porque allí estaba él, bebiendo agua para evitar la deshidratación. Él también estaba sudando debido al esfuerzo.

Cuando llegó a su nivel, a pesar de que le faltaba el aliento, abrió la boca dispuesta a saludarle, pero no le dio tiempo. Antes de que pudiera decir nada, el chico, mirándola de reojo, salió disparado colina abajo.

No tuvo más remedio que ir tras él.

La bajada, esta vez, se le antojó algo dura. El chico no dejaba de pedalear a toda prisa por lo que, si quería alcanzarlo, tenía que hacer lo mismo.

Cuando llegó abajo, él estaba esperándola, nuevamente bebiendo agua y secándose el sudor que brotaba de cada poro de su cuerpo con una toalla.

Lentamente, recuperando sus pulsaciones normales, se acercó hasta a él.

Había llegado el momento, ya no se le podía escapar. A no ser que fuera ya la hora de...

bicicleta5- ¡Muy bien chicos, hemos acabado!. Vamos a estirar.

La voz del monitor la hizo volver a la realidad.

El sendero que se adentraba en un bosque espeso, colina arriba, desapareció repentinamente, y ante ella se materializó una sala, prácticamente en penumbra a excepción de lo que parecían unas luces de discoteca, llena hasta la saturación de bicicletas estáticas ocupadas, todas ellas, por hombres y mujeres, altos, bajos, gordos, delgados...Bañados en sudor y prácticamente sin aliento tras los kilómetros que habían recorrido sin moverse de allí, afanándose en estirar al máximo todos sus músculos para evitar unas más que probables agujetas, en medio de un ambiente excesivamente cargado.

Miró al chico de al lado. Tampoco era ya el adonis que le había acompañado en la última subida y bajada, si no un cincuentón que se afanaba cada clase en bajar una barriga cuyo principal problema era el exceso de cerveza, y que cada vez que iba a clase se sentaba a su lado, mirándola continuamente de arriba a abajo, sin que le abrumara lo más mínimo el hecho de que podría ser su hija.

- Perfecto chicos -volvió a felicitarles el monitor-. Mañana más.

bicicleta6Limpiándose el sudor, e ignorando las palabras de su compañero de fatiga, que se empeñaba, cada vez de forma más patética, en establecer algún tipo de amistad con ella, se bajó de la bici y salió de la sala.

Mañana más, había dicho el monitor...No sabía si mañana podría ir nuevamente a la colina, o quizá, quién sabe, a una colina nueva, o a la sierra, o a un pinar, o cerca de un lago o de un río, o a un pueblo escondido...

Esperaba que sus obligaciones laborales no le impidieran salir mañana otra vez de paseo con la bici. Le encantaba sentir el aire en su piel mientras pedaleaba.

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