estela

La Torre Eiffel

-El catorce. Uno, cuatro. El veintidós. Dos, dos. El cuarenta y siete. Cuatro, siete.

Diana tachaba con ansia cada número salido del bombo que coincidía con los que estaban en sus cartones.

Llevaba algo más de tres horas en aquella sala, tachando un cartón tras otro...Y todavía no le había tocado absolutamente nada. Siempre se le adelantaban a la hora de cantar línea o bingo.

Cada viernes repetía la misma rutina. Salía del trabajo a la hora de comer. Llegaba a casa y se hacía un sandwich de jamón y queso que se comía frente a la televisión, viendo el programa rosa de turno. Después se duchaba, se vestía y se maquillaba, en lo que empleaba algo más de una hora, se sumergía en colonia y se calzaba unos tacones y salía de su casa rumbo al bingo que había unos metros más abajo de su calle.

Allí se pasaba las horas muertas, hasta que salían los primeros rayos de sol. A veces mucho más tiempo.

Pedía los cartones siempre de cinco en cinco, y los regaba con varias copas a lo largo de la noche.

No era el mejor de los planes de fin de semana, pero realmente no tenía nada mejor que hacer.

El resto del fin de semana, una vez se levantaba de la cama, se lo pasaba fantaseando sobre cómo sería su vida si hubiera tenido más suerte. Si hubiera tenido un trabajo mejor, si tuviera más dinero, si conservara aun a sus amigos, perdidos por el camino, a sus pocos familiares ya fallecidos, a alguno de sus amores pasados que no llegaron a cuajar...

-Noventa y seis. Nueve, seis. Cincuenta y dos. Cinco, dos.

eiffel2Una de sus fantasías más recurrentes era que viajaba a París. En ocasiones viajaba acompañada, pero muchas veces lo hacía sola. No le importaba, puesto que estaba en París, la ciudad que siempre había querido conocer. Solo le hacía falta tener algo de dinero para poder cumplir ese sueño...Pero su trabajo y sus varias deudas que debía pagar con su escasa nómina no se lo permitían. Si al menos tuviera algo de suerte con el bingo...

-Ochenta y cuatro. Ocho, cuatro.

Aunque nunca había visitado la ciudad, la conocía perfectamente. Había leído mucho sobre ella, guías de viaje, libros basados en la ciudad...Y había visto en la televisión muchas películas y reportajes con su ciudad favorita como protagonista, por lo que sabía perfectamente como sería su viaje.

-Setenta y uno. Siete, uno.

Viajaría en avión, en uno de los más grandes. Puede que en primera clase, eso todavía no lo había decidido, pero tampoco era algo que le preocupara demasiado.

Se alojaría en un hotel de cinco estrellas en el centro de la ciudad, en una espaciosa y moderna habitación con vistas a la catedral de Notre Dame, donde cenaría cada noche en el balcón mientras se deleitaba contemplando el monumento iluminado.

-Veintiséis. Dos, seis.

Por las mañanas desayunaría en una cafetería en el Barrio Latino. Tomaría un café con leche en una taza blanca, humeante. Unos días lo acompañaría con cruasanes, y otros con panecillos de chocolate. Mientras, leería la prensa del día que amablemente le ofrecerían en el local. Le era indiferente no saber ni una palabra en francés, con ver las fotos que acompañaran a las noticias le sería suficiente.

-Treinta y cinco. Tres, cinco.

Visitaría el Louvre tres o cuatro veces, todas las que le diera tiempo. Así se lo podría recorrer de arriba a abajo y no dejaría un solo rincón sin conocer.

Quizá visitara también el museo d'Orsay, dependería del tiempo que tuviera.

-Cincuenta. Cinco, cero.

eiffel6Subiría la colina de Montmatre, donde emplearía varias horas en pasear, empapándose del ambiente bohemio y artístico de la zona. Compraría algún lienzo para decorar las paredes de su casa, no muy grande para no tener luego problemas con él en el aeropuerto, y poder llevarlo como equipaje de mano para que no se rompiera durante el vuelo.

Luego bajaría andando hasta el centro de París. Pasearía por las amplias avenidas donde estarían esperándola el Moulin Rouge, la Ópera, el edificio del ayuntamiento...No le importaba las distancias que sabía que había entre ellos, pasearía despacio, disfrutando de todo lo que le ofrecía la ciudad, empapándose de su cultura, su ambiente, dejando que se hiciera de noche para poder ver las calles iluminadas...Ya descansaría luego en el hotel, dándose un baño caliente y relajante, que le haría renovar fuerzas para el día siguiente.

-Sesenta y tres. Seis, tres.

Otro de los días recorrería lentamente los Campos Elíseos. En ocasiones, ese recorrido se lo imaginaba en Navidad, con multitud de puestecillos blancos que ofrecían todo tipo de artilugios para comprar y regalar, además de multitud de ofertas de comida rápida y dulces típicos de la época. Los árboles estarían repletos de luces, y caminaría hacia el Arco del Triunfo dejando que sus pies se hundieran en la nieve.

-Doce. Uno, dos.

Por último, no podía olvidarse del mayor reclamo, al menos para ella, de la ciudad. Subiría a la Torre Eiffel miles de veces. De día para contemplar la ciudad en todo su esplendor, de noche para verla iluminada, al amanecer y al atardecer para apreciar el contraste de los rayos del sol en los monumentos y edificios...

Subiría a la parte más alta, donde dejaría que el viento la despeinara. Luego bajaría a un piso inferior para después volver a subir, porque le gustaría más la visión que tendría desde arriba.

La última noche que pasara en la ciudad cenaría en uno de sus restaurantes, en el más caro.

Sería el último y más bonito recuerdo que se llevaría de la ciudad.

-Cuarenta y nueve. Cuatro, nueve.

-¡Línea!

-Han cantado línea.

Otra vez que se le adelantaban. Tenía uno de los cartones con prácticamente todos los números tachados, pero no había completado ninguna línea.

-Cincuenta y uno. Cinco, uno.

Era inútil fantasear. Sus sueños parisinos eran inalcanzables. Nunca conseguiría amontonar la suma de dinero que le permitiría realizar ese viaje.

-Ochenta y dos. Ocho, dos.

Nunca saldría de aquel bingo, ni daría un aire nuevo a su vida. Estaba condenada a tachar números sobre un cartón para el resto de su vida.

-Treinta y tres. Tres, tres.

Era mejor ser realista y dejarse de imaginar cosas que nunca podrían suceder...¿O a lo mejor sí?

-Sesenta y siete. Seis, siete.

-¡¡¡Bingo!!!-Gritó levantándose de la silla con un fuerte impulso.-¡Bingo! ¡¡Bingooooo!!

Era increíble. Lo había conseguido. Había conseguido un bingo.

eiffel4Se acercó a la mesa donde estaba la encargada del bingo tambaleándose, iba casi como en un sueño. En su cabeza se sucedían los pensamientos: El avión, el café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...Por fin podría realizar su sueño.

Presentó su cartón a la encargada para que comprobara que estaba correcto.

El avión, el café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...

La encargada dio su visto bueno al cartón. Era real, había ganado.

No sabía cuánto dinero sería, pero estaba segura de que sería lo suficiente para poder cumplir su sueño. Llevaba ya varios años pasando las noches de sus viernes en ese lugar, y había visto a muchos ganadores llenándose los bolsillos de billetes.

Esta vez era ella la que se los iba a llenar.

La encargada le indicó que se acercarse con el cartón a una ventanilla, donde podría cobrar el dinero que había ganado, o canjearlo por su equivalente en cartones.

El avión, el café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel.

Se acercó a la ventanilla. Estaba muy nerviosa y la mano, con la que asía fuertemente el cartón, le temblaba muchísimo. Se sentía a punto de desfallecer.

El café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...

La chica de la ventanilla recogió el cartón y le dio la enhorabuena.

-Has ganado mil doscientos cincuenta y tres euros.-Le informó.-Enhorabuena, es uno de los mayores premios que hemos dado nunca.

Sonrió al escuchar esas palabras. Parecía que toda la suerte que se le había negado a lo largo de la vida se había concentrado en ese cartón.

El café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...

-¿Quieres el premio en efectivo, o lo prefieres en cartones?

El café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...

-Si lo quieres en cartones, no hace falta que los cojas todos ahora, te los podemos dar a lo largo de la noche, o darte un crédito para que te lo gastes en varios días.

El café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...

eiffel5-También te podemos dar una parte en cartones y otra en copas.

El café en el Barrio Latino, el hotel con vistas a Notre Dame, el Louvre, el lienzo de Montmatre, la Torre Eiffel...

-Entonces, ¿qué hacemos? ¿En efectivo o en cartones?

La Torre Eiffel, la Torre Eiffel, la Torre Eiffel, la Torre Eiffel, la Torre Eiffel, la Torre Eiffel...

-En cartones...Y en copas, por favor.

 

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Gente en la conversación

  • Invitado - Bonifacio

    Estela, yo conozco a uno que sin duda elegiría las copas y los cartones, pero de tabaco: Billy.

  • Invitado - José Manuel Mercado Navas

    Se está Vd. revelando como una fina conocedora de la insondable alma humana. Enhorabuena, Sra. De Mingo.

    de 28815 Fresno de Torote, Madrid, Spain
  • Invitado - Armas

    Al final dan más compañía los cartones y las copas de ginebra de garrafón que París, es una cuestión de elección.

lanochemasoscura