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La historia de la noche (VII)

7. La llamada

Todo había empezado unas veinticuatro horas antes… Ahora se encontraba delante de una niña y se estaba comiendo su corazón.

Marvin, era su nombre artístico, por llamarlo de algún modo.

Medium a domicilio Marvin Volensko, titulado por la Universidad de Ciencias Paranormales de Stonehenge (UCPS), con registro mercantil 868/F situado en un domicilio particular de la ciudad de Oviedo.

Contaba con un consultorio telefónico de los que echan el tarot las veinticuatro horas del día, que simplemente dirigía pero que no tenía que atender personalmente y le reportaba ingresos suficientes para sobrevivir holgadamente. También era dueño de otra línea paranormal, donde le llegaban casos especiales de apariciones, exorcismos y sucesos extraños en general, pero que sonaba mucho más de vez en cuando y que atendía personalmente. Alguna vez incluso descolgaba el teléfono para hacer colaboraciones en algún programa de radio o televisión. Pero Jiménez del Oso le había hecho mucho daño en este sentido.
Su relación con el cuerpo de policía había sido algo turbia ,pues solo se le consultaba en casos raros, y la mayoría le consideraban un farsante, un cuentista o un saca cuartos. Le habían detenido alguna vez por timo, aunque las causas se habían sobreseído todas. Pensaba con convicción que si alguien quería pagar por algo en lo que deseara creer ese no era su problema.

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La historia de la noche (VI)

6. Por los viejos amigos

Estoy solo. En esta apestosa habitación rodeado de gente, estoy letal y completamente solo. Más solo que la una, salvo que detrás de la una va la dos, y detrás de mi no quedará absolutamente nada. La puta número uno se ha quedado dormida con su boca roncando a dos centímetros de mi polla flácida, la puta número dos se hizo un par de rayas hará una hora y todavía come techo en la cama de al lado. La número tres y la cuatro se han liado y ya llevan dos horas de traca traca, no se cansan las jodías insaciables, tienen que tener el chocho de cuero, yo a estas alturas ya habría sacado la fusca y habría corrido a tiros a todos los presentes, pero no, ellas siguen y siguen... Sus jadeos y gemidos son como un sonsonete que ya casi ni percibo, alguien se dejó encendida la tele en el canal lésbico y me está entrando sueño. Las mataría sin follármelas ni nada, solo por el gusto de no escuchar su matraca. Ese puto siciliano me ha puesto en bandeja una orgía de órdago, y yo solo quiero que me dejen en paz.

- ¿Recepción, dígame?
- La 214, traigan una botella de Cardhú y unas Pringles, y lo cargan a la tarjeta.
- Señor, me temo que el servicio de habitaciones acabó hace una hora...
- Señorita, no me toque los cojones. Como si lo sube usted misma, y ya de paso me la chupa un rato.

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La historia de la noche (V)

5. No necesito a nadie

- Entro en el bar y veo a ese cachas impresionante tras la barra. Me voy hacia él y le pido un gin-tónic con pepino y jengibre. El tío me dice que qué ginebra quiero, le señalo la Citadelle. Se estira para coger la botella de la vitrina y veo unas espaldas y un culazo que quitan el hipo. Me pone la copa y me dice: “¿Entonces te pongo el pepino?”. Le respondo: “desde que he entrado estaba pensado en eso, pónmelo aquí”, y me señalo la boca.
- Joder, Candela, eres grande contando chistes de camioneros. Veo que estás mejor.
- Sí, por suerte hace más calor y tengo menos dolores. Me siento vieja. ¿Qué tal Marga?
- Bien, ayer tenía mejor ánimo. Pero la quimio ya sabes, te deja jodida.
- Dila que me llame mañana. Igual me paso a tomar un café con ella el viernes.
- ¿Te vas ya?
- Sí, termino lo que estoy haciendo y me marcho a comer.
- Podría ir contigo. Recuerda todo lo que te he dicho. Mucho cuidado y si ves que la cosa se pone fea te abres.
- No hace falta que vengas, César, te podría ver alguien y reconocerte, además prefiero estar sola. Voy a ir a correr un rato, hoy no me duele el pie, me relajará, necesito desconectarme.

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