a propos

Walter White

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Walter White. Yo no soy muchode series, os podéis meter por el orto si queréis Netflix y HBO, ambas juntas, y decirme qué se siente. He visto algunos de estos engendros por capítulos, pero no en exceso, sinceramente prefiero los programas aunque sean catalogados como basura, incluso Sálvame Deluxe o como se llame ahora. La ficción la limito a la sala de cine. No soy de pasatiempos, soy de mirar un poco más hacia dentro. Sí soy un pedante que no se conforma con nada, un gilipollas con pretensiones filosóficas.

Si nos ceñimos a las series de ficción, destacaría, antes de conocer a Walter White, únicamente tres de ellas: “Yo Claudio”, “Los Soprano y “The Wire”. Más allá sólo hay mierda, vacío y pretenciosidad. Ni que decir tiene que son muy escasas las series españolas que considero sólo pasables (que no vomito al verlas) y que no se pudren con el paso del tiempo. La antigualla romana de la BBC sobre la infecta familia julio-claudia debería ser de obligatorio visionado en las escuelas primarias, aunque en su día era casi considerada porno porque salía alguna teta que otra y alguna orgía romana que otra. Casi lloro cuando me enteré de la muerte de James Gandolfini, walter2no lo hice porque los hombres en mi mundo no deben plañir, pero casi, ese puto gordo y su familia eran geniales. Y algunas escenas de “The Wire”, de sus personajes pululando por el árido Baltimore como zombies de la existencia humana, constituyen uno de los espectáculos más grandes a los que puedes transportarte mediante una pantalla. Pero luego está Walter, Walter White. Walter White. Walter es otra cosa.

Me la recomendó un amigo al que en un principio no dí crédito, posiblemente porque él es un amante de todo lo que le suena a lisérgico. La impresión externa que me daba “Breaking bad” era de fuegos artificiales, de tópicos sobre yonkis, de policías y traficantes coñazo, y a mí no me va lo superficial aunque sea espectacular y entretenido. Pero nada más lejos de lo imaginado. Debajo de esa capa, que Vince Gilligan dibujó tan maravillosamente como un cómic gigantesco (el conjunto podría dar lugar a unas cuantas tramas más, casi sin final), estaba Walter White, pero también la mirada de la muerte. La muerte, el factor fundamental que dibuja y condiciona la vida de cada uno, de todos. Por mucho que huyáis de ella está ahí y es un agujero negro, no es el país de la piruleta, es el vacío, idiota.


Resulta evidente que el personaje de Walter fue construído sobre la marcha, sobre la carne, los huesos y las cenizas interiores de Bryan Cranston. La transmutación del actor resulta prodigiosa, creo que nunca podrá separarse de él, que ya son uno sólo. Además Cranston ha conseguido hablar con la mirada, y no precisamente de temas poco trascendentes, walter3lo que le da doble valor. La serie deja abierta a la opinión del espectador una mirada profunda hacia el interior del verdadero ser humano. El que sólo vea diversión y droga es que es idiota, yo estaba equivocado, aunque hay tantos estúpidos y pazguatos por el mundo.... La trama está magnificamente resuelta hasta crear personajes secundarios únicos, pero no se queda ni mucho menos sólo ahí. Y desde luego no puedo dejar de citar a Mike Ehrmantraut, ese ninja único, ese samurai al que por suerte podemos seguir disfrutando en la precuela “Better call Saul”, que en este momento estoy visionando y que me está aportando aún más noticias sobre el talento de Vince Gilligan y compañía, enormes....

Walter va descendiendo hacia las profundidades de su ser hasta liberarse casi por completo de las obligaciones morales, acercándose al yo más individual, al meollo, al humano puro que no crée en nada ni en nadie. Deja paulatinamente de escuchar a la conciencia socialmente cincelada en su mente, en nuestras mentes, para pegar un puñetazo en la mesa gritando “hasta que suceda, aquí mando yo”. Destierra al espejismo. En realidad no es que se vuelva malo, lo que hace es despojarse del bien y del mal, de la eterna lucha por ser bueno, por representarse ante sí mismo como buena persona, por salvar al prójimo. ¿Existe el prójimo aunque sea dentro de tu grupo o familia, o es sólo un invento más para sobrevivir?

Nacemos y se nos domina, es un proceso de doma y atocinamiento, se nos inculca que formamos parte por un lado de una especie, por otro de un país o un grupo social y, finalmente, de una familia. Pero esta estructura no tiene nada detrás, no es más que algo reductible al absurdo, un sistema basado en sí mismo, no hay instinto, la sangre no manda, walter5las órdenes las dicta el propio yo, casi siempre disfrazado porque no puede autocontemplarse, se esconde para no asustarse ante sí mismo y ante la nada. El horror manda, necesitamos una barrera protectora ante la visión nuestro retrato de Dorian Gray colgado en la pared. Walter escapa en primer lugar de lo colectivo entregándose a la excusa de lo familiar, pero finalmente deja de someterse ni siquiera a ello, se desliza hasta el fondo de la sima. En el momento final se transforma en pura individualidad, en puro deseo y es consciente ante el propio espejo de la  nada que lo posée, de la falta de sentido más que el que por sí mismo pueda darse. Todos los muros pueden derribarse si no se tiene nada que perder, y el último paso es la liberación de la muerte gracias a su propia presencia, absoluta e inevitable, a asumirla sin reparos gracias a la eliminación de las excusas deterministas y finalistas. Aún así, Gilligan deja el grifo abierto, la luz encendida al final. A pesar de que Walter se entrega y consigue observarse desde fuera, la serie deja una puerta abierta, un resquicio, el engaño existencial siempre subyace, en todos nosotros. Existe cierta luminosidad en la verdad como para entregarse a beber la cicuta socrática, el veneno del autoengaño. Asumir el final es el mayor de los triunfos y la mayor condescendencia hacia el resto, pero desde la casi consciencia.

Walter es capaz de matar y de saltarse la ley. ¿Qué es la ley cuando nadie te ve? La capa de invisibilidad se la da, de forma redundante, mirar a la cara a la negra parca. ¿Qué desearíais hacer si os diesen dos meses de vida? Confieso que me gustaría asistir a mi propio entierro, e incluso sobrevivir, convertirme en un espectro y vivir la vida eterna, y aparecerme en sueños velando por los míos. Pero al final me iré por el sumidero, por mucho que me engañe el río me llevará hasta el mar, como a Walter. Y nada mejor que disolverse en un instante que ir apagándose poco a poco. Repito otra vez que nadie gana, sólo se tarda más o menos en perder. Polvo y sombras somos. Aunque el señor White, aunque suena a tópico, ya es eterno. Nos vemos en “Better call Saul”, no creo que dejen de caer en la tentación de volver, aunque sea por unos instantes, a recurrir a Walter. Walter. Walter. Walter White. Walter White. Walter se levantaba todos los días para darles una patada en los dientes. Corre, intenta que todo se haga cuando tú digas que se haga. ¿Willy Wonka? ¿Walt Whitman? No, Walter White, estúpido.

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