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Cadáveres exquisitos: Sal Mineo

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El riesgo del oficio de convertirse uno mismo en espectáculo,
a largo plazo, es que también acabes comprando una entrada.
Thomas McGuane

El 12 de febrero de 1976, se encontró el cadáver del actor Sal Mineo acuchillado en un callejón de Hollywood Boulevard. Se desconocen las causas del asesinato. Según la policía, hay hipótesis que apuntan a un ajuste de  cuentas por deudas con drogas, según los tabloides, podría tratarse de un crinen pasional. mineo3Lo cierto es que nadie parece estar seguro de nada, salvo el  echo de que el actor Sal Mineo, contaba con 37 años edad  en el momento del crimen. En sus sus bolsillos se encontró una cartera de piel con la foto descolorida de una mujer entrada en años, los inspectores pensaron que se trataba de su madre y poco después, cuando el cuerpo palidecía en la morgue, lo confirmaron. Se armo una buena en la puerta del deposito de cadáveres, pues el señor Mineo que había permanecido en el olvido de la prensa sensacionalista por más de una década, súbitamente volvía a ser noticia de primera página. El espectáculo de los paparazzi desgañitándose frente a los agentes que montaban guardia, era grotesco. Todos se preguntaban, al menos todos los que recordaban al señor Mineo, que había podido pasar. Cómo era posible que alguien cuyo nombre había brillado antaño en las marquesinas del Kodak Theate junto a los d James Dean y Natalie Wood, se viera envuelto en un percance de dimensiones tan turbias. ¿Pero qué sabemos de Sal Mineo?

Según su biografía autorizada, el actor en sus inicios sufrió un infancia problemática y, tras ser expulsado del colegio, se dedico a vagabundear por las calles con sus amigos y cometer pequeños hurtos. Por aquel tiempo la rúbrica del joven Mineo, encajaba más con la de un delincuente juvenil que con la de un efebo inocente como Platón, el personaje lacónico y tímido al que dio vida en la película por la que pasaría a la historia del cine; Rebelde sin causa. Dirigida por Nicholas Ray,le valió al actor su primera nominación al Oscar, se lo arrebataría un maestro del oficio como Jack Lemmon. Aunque la derrota no amedrentó al joven actor, pues era consciente del salto cualitativo que había realizado desde las sucias calles de Brookyn, a la eclosión definitiva en el star system de Hollywood. Se vaticimineo2naba un futuro prometedor, pero a menudo Hollywood concede apenas un único traje a sus actores, con la obligación de lucirlo hasta el delirio. Las costuras del traje de Sal Mineo, estaban echas de personajes atormentados, marcados por un destino trágico. El fatídico desenlace nos lleva a pensar que el actor acabo por no saber distinguir entre el interprete y el personaje. Llego a tal punto su desencanto con la industria que, con el tiempo, no le importo demasiado ver su nombre convertido en carnaza de tabloides sensacionalistas. Generando revuelo tras revuelo al dejarse ver en compañías poco recomendables bien entrada la noche, a la caza de hustlers de mirada lubrica con cartel luminoso 24/7 en la entrepierna. Hay quien dice que los taxi-boys (nombre coloquial que utilizan los jóvenes que realizan la prostitución masculina) de los Ángeles, lo llamaban cariñosamente Platón. Y hay quien dice también, que había noches en las que el actor representaba al susodicho, pasajes de la película con una voz profundamente afectada y con tanta vehemencia, que en ocasiones los chicos acababan por dejarle dormir en sus cuartuchos alquilados. Pareciera que el actor vivía anclado en un libreto de Tennesse Williams: siempre confiando en la bondad de los desconocidos. Un desconocido llamado Lionel Ray Williams, repartidor de pizzas de profesión, le asentó una puñalada mortal sin el menor atisbo d conmiseración, el señor Mineo murió en el acto. En el epílogo de Rebelde sin causa, James Dean se dirige a los policías que acaban de matar a Platón, y les muestra entre sollozos el error que han cometido al disparar, pues la pistola de Platón estaba descargada. Un error, dijo el asesino confeso a la policía, parece ser que Lionel Ray Williams no reconoció a Mineo cuando le atacó. Una vez más, la vida y el cine, se alinean en macabras coincidencias.

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