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Cuando fuimos los mejores

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A fin de cuentas, un héroe es alguien que quisiera discutir
con los dioses, y así debilita a los demonios para combatir su visión.
-Norman Mailer.

Hubo un tiempo en el que el boxeo era el deporte rey. Un tiempo donde  personalidades de toda índole daban pronósticos sobre lo ocurrido en la velada con la misma exactitud de un corresponsal de guerra. Las peleas  llegaban cargadas de heroicidades propias de personajes homéricos, los  diarios no escatimaban calificativos, cambiando en numerosas ocasiones el sudor por sangre, los moratones por costillas rotas, la torpeza evidente de los aspirantes por miedo, incluso terror. mejores4El campo de batalla se trasladaba por unas horas de las playas de Normandía a un cuadrilátero mal iluminado del Yankee Stadium de Nueva York. Bajo el calor de los focos, se balanceaban noche tras noche bañados en sudor los héroes de toda una nación, mientras en las filas lateral y norte, las estrellas del hampa fumaban habanos cogidos del brazo por alguna rubia platino o actriz en ciernes del off  Broadway. En esas noches, la gloria se media en último asalto y los rostros mudaban dependiendo de que lado cayera la suerte o el luchador derrotado. Las lonas desprendían olor a sudor y desinfectante y, en el graderío de tercera clase, los trabajadores vociferaban borrachos de alcohol barato y desesperación. Sobre tales escenarios lucieron sus mejores pasos figuras como Jack Johnson, Joe Louis, Rocky Marciano, Floyd Patterson, Muhammad Ali o Joe Frazier entre otros, desplegaron su encanto velada tras velada consiguiendo cotas de popularidad inimaginables. Las calles abrazaban a estos seres magullados que noche tras noche se pegaban por todas nuestras almas pecadoras. Eran los elegidos para alzarse sobre el Coliseo. Los elegidos para subir a la montaña que el reverendo King vio en su sueño. Eran, en definitiva, los mejores.

mejores2Hoy, en estos días temerosos de contacto físico, en los tiempos del planeta fútbol 24/7, con la personalidad individual desmantelada por Nike o Adidas, nuestros héroes se han visto desplazados única y exclusivamente a las necrológicas. El peso de sus sombras reaparece con la nostalgia del recuerdo año tras año, evocando la gloria de aquellos de combates míticos.

Mañana volverán a sonar las campanas al alba, las huestes pacificadoras marcharan triunfantes silbando al unisono canciones de victoria. Las medallas de los generales lucirán solemnes en las solapas de sus guerreras, y en los corazones de los soldados, no abra espacio para el miedo, pues todos comparten la ilusión de la batalla, la representación singular de entrar en el olimpo y rendir tributo a los dioses magullados.

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