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De vuelta a New Hampshire

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"La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga".
-Andy Warhol

«Transito a toda hostia al volante de un Ford Camaro al que le fallan las luces de freno. Reduzco la velocidad en las curvas a petición de la chica que conocí en Spago el sábado antes de La Fiesta de Disfraces para Follar, como no recuerdo su nombre, me dedico a subir la radio del coche hasta hacer crujir los altavoces. Talking Heads nos hhampshire2abla de encontrar un lugar habitable, me gustaría saber por donde empezar, hace tanto tiempo que no me entusiasmo por nada que la sola idea de ponerle rostro a cualquier respuesta me inquieta. Apuro la cola de un cigarro y pienso un rato en esto último mientras atravesamos paisajes de naturaleza muerta y fabricas en ruinas. La última señal de trafico que recuerdo indicaba diez millas, diez, tras ellas volveré al campus y recuperaré una habitación mugrienta compartida con un estudiante de intercambio soplapollas. Regresaran las horas muertas en la cafetería del college, removiendo viejos rumores en el zumo de frutas con el estomago descompuesto, las tediosas charlas con el tío de Ayuda Psicológica, llamar al viejo por enésima para pedirle pasta, perder el carnet en el baño de Nells por tercera vez, las deudas con Rupert, una televisión al fondo de un pasillo tan estrecho que es imposible adivinar como llego hasta ahí, recuperarme, volver a caer, para al final encontrar un prueba de embarazo en la lavandería del campus, sentir que el fin está cerca y que lo observaré indolente con las gafas de sol puestas...

    Doy un frenazo.

La chica de Spago me mira con cara de no entender, suelto el aire y abro la ventanilla del coche, la brisa de principios de invierno golpea de bruces en mi cara. Recuperado, encarrilo el coche al carril opuesto sin esperar oposición de esta parte, subo la radio al nivel máximo permitido ahogando la voz de ella y, aunque sé que no puede oírme, no me preocupo y le digo: Rock 'n' Roll, allá penas... Después lanzo el Ford en dirección contraria al college reconociendo al fin una culminación inevitable y el principio de algo distinto... o puede que no».

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Una vez Bred Easton Ellis nos llevo en los asientos tapizados de un Porsche color metalizado a New Hampshire. Como el mejor de los anfitriones, desplegó ante nuestros provincianos ojos, toda una serie de insólitos y “opulentos” personajes incapaces de comunicarse salvo a través de la música y el hedonismo más salvaje. Ellis, que bebió del mejor Fitzgerald, emulo al mismísimo Salinger y comercializó  su obra con alma Warholiana, descifró antes que nadie una obviedad: que el escritor es la estrella. Si bien sus novelas no son tan reconocibles como las latas de sopa Campbell de Warhol, comparten un patrón común, un gusto enfermizo por los objetos de consumo, algo muy recurrente en el Pop art.  En la prosa de Ellis, proliferan las descripciones detalladas hasta la extenuación de toda clase de juguetes, que van desde restaurantes de moda a LP's de Genesis o Whitney Houston. Sin olvidar las escenas sexuales, trazadas con una desenvoltura capaz de sonrojar al mismísimo Gerard Damiano. El autor volvió a encender la hoguera con queroseno exhibiendo  un nihilismo que encandiló a toda una generación. Las mentes bien pensantes enmudecieron frente al retrato de un triunfador con aficiones homicidas. Pero un buen puñado de sordidez, humor negro, culto sempiterno a la sociedad del lujo y sus anclajes, extendieron la fama del hampshire6escritor a latitudes inimaginables para sus contemporáneos. Ellis lo pillo, así sin ambages: el lector del futuro (el lector autómata) no estará para gilipolleces, el héroe ha muerto ¡larga vida al individualismo! Antes incluso de que el carapijo de Zuckerberg nos enseñara el maravilloso mundo del “LIKE”, antes de enterrar el espíritu a golpe de SELFIE, Ellis, ya impartía cátedra en el fantástico xanadú de las convenciones. Sus personajes vistos en retrospectiva, adquieren más valor si cabe hoy que cuando fueron diseñados. Los Beatman, Victor Ward, Lauren y cía, completan el aforo social del mundo narcisista y acelerado que nos rodea. Seducidos por su prosa, heredera de la de la música  pop de los ochenta, nos dejamos arrastrar hacia una carretera sin final mientras los  Smiths nos embriagan entonando: 

take me out tonight
take me anywhere, i don't care
i don't care, i don't care

"Los años 80 tenían una deslumbrante pátina de glamour, algo sin precedente. Andábamos por todas partes vestidos como dandis y nos sentíamos bellos, ricos, famosos e inmortales."   

Confesaba el autor en una entrevista tras el huracán que ocasiono su primera novela “Menos que cero”, la leyenda estaba servida. La juventud, representada a horcajadas sobre un caballo dorado que galopa al trote de vuelta al college, dejando tras de sí el eco de un puñado de aireados jóvenes.

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