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Mi amante

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¿El marciano nace o se hace? Esa es la cuestión. La exposición, titulada “Atlas de la mujer africana”, constaba primero de una enorme sala cuyas paredes laterales estaban empapeladas de fotos de keniatas de las que hicimos durante nuestro safari con la ONG. Después, en la pared del fondo colocamos una especie de puerta, que diseñé con forma de vagina gigante, construida mediante capas de madera de teca teñidas, muy realista. A través de esa entrada, cerrada mediante opacos telones negros a modo de labios internos, se accedía a otra sala en la que coloqué mis enormes cuadros abstractos, mis entrañas, mis retazos existenciales, esos lienzos que resumen mi vida y mis ambiciones.

Estaba cabreada como una mona. Entré en los lavabos y abrí la puerta de uno de los wáteres de una patada. La puerta golpeó contra la pared estruendosamente. Me encerré dentro. Tenía ganas de vomitar acompañadas de retortijones de tripa. Me senté en la taza y casi sin esfuerzo evacué unos hilos marrones muy finos, como de terciopelo. Después del alivio, me levanté, di media vuelta y dirigí mi cabeza hacia el agujero para intentar sacar de mi estómago el sushi y los cuatro minisandwiches de pepino que contenía. Entre el sonido de mis arcadas escuché unos pasos. Alguien entró en los lavabos. Reconocí el olor de David casi al instante, ese Armani inconfundible incluso entre los aromas a pis, devuelto y caca de aquella impoluta cloaca.

- Cariño, ¿estás ahí dentro?
- …..sí.
- ¿Qué te pasa?
- ¿Hemos vendido algo más?
- No, pero no te desanimes... te dije que no tomaras tantos cócteles, Conchi..
- Me ayudan a vivir, David, estoy harta. Encima todo el mundo diciéndome que estoy muy guapa, y llega Román Castevet, Manuela se lo dice toda amable, que estoy guapísima y delgada, y él se queda callado aguantando la risa.
- No debería importarte la opinión de ese sujeto, cariño, es una marica mala, y vieja, se mete mucho en el papel, le gusta hacer daño... Estás perdida si te afecta lo que piensen los demás sobre tu físico, y más esa recua con la que te mueves habitualmente. Ay, cuando tengas unos años más te darás cuenta, yo sufrí mucho la crisis a los cuarenta, pero cuando atravesé la de los cincuenta me comenzó a resbalar todo.
- Es que el resto son unos falsos, y sabes que él es quien dicta sentencia sobre un artista, quien lo bautiza o lo mata. Y va y me dice que lo que más le ha gustado de toda la exposición es el realismo de la entrada de la vagina, con flujo y todo, y ahí ya no he aguantado más, porque el flujo era un devuelto que había echado allí Adrián Marcato, ese chapero trepa del departamento de Arte de la tercera parte del Siglo XX , que se ha bebido siete blush de vodka y no se ha podido aguantar a llegar al baño, ha soltado ahí todo el sashimi que contenía su estómago, el cerdo.
- Tira de la cadena, anda, huele un poco mal...anda, sal ya de ese cubículo o tendré que llamar a los GEOS.
- Eres tannnnnnnnnnnnnn, gracioso, DAvid.

amante7Salimos de la galería, ya era de noche. El chófer ucraniano nos esperaba. Atravesamos la ciudad despacio, sus sucias avenidas iluminadas por miles de millones de farolas. Cruzamos un tramo de la circunvalación, desierta a esas primeras horas de la madrugada del jueves, y rápidamente llegamos a la entrada de la urbanización. El guarda de la garita saludó con un guiño al chófer antes de levantar la barrera. Subimos a la zona alta por aquellas calles serpenteantes casi fantasmagóricas y cuando llegamos al chalet la puerta ya se había abierto automáticamente y engulló al Mercedes. Salimos del coche y subimos a nuestro dormitorio en el tercer piso. David se puso el pijama, se metió en la cama y abrió un libro gordo que tenía sobre la mesilla. Yo me desmaquillé en el baño, me desnudé completamente, y bajé a la piscina climatizada. Me lancé al agua de cabeza rompiendo la superficie sin apenas levantar salpicaduras. Dejé escapar un poco de pis y después conecté la máquina de nadar a contracorriente y me hice una serie de quinientos metros a croll a buen ritmo. Luego hice otros trescientos a braza, para relajar y para rematar otros doscientos de croll cerca de mi umbral máximo de pulsaciones. Salí del agua y noté que las nauseas habían desaparecido. Pero no me relajé. Subí al dormitorio de nuevo. David dormía, o se lo hacía, con la luz indirecta del cabecero encendida y un antifaz puesto.

- ¿Ya te has desfogado, cielo?
- Veo que no estás dormido.
- No, pero estoy muy cansado, amor.
- Sólo un cuadro... por lo menos hemos vendido uno, no como otras veces, pero no hay manera, ni con las menciones en la prensa, ni mandando invitaciones a media universidad, esa panda de esnobs,...
- …. no debería importarte el vender, ni el dinero...
- No es por el dinero...
- Ya lo sé.
- Por lo menos hemos vendido uno, ¿quién habrá pagado los ocho mil Euros? Lo bueno es que han comprado el que menos me gusta, me he deshecho de él.
- Ya...
- ¿Cómo que “YA”?
- …..
- David....
- Vale, cariño. Confieso que la culpa es mía. Lo puse yo como vendido, para llamar la atención a la clientela.
- No puedo más. NO PUEDO MÁS.
- Te lo digo siempre. No vas a sacar nada de ese círculo de gente, Conchi, por mucho que te esfuerces en agradarles y en triunfar a tu manera. Convéncete que los homosexuales no son mi más sensibles ni más inteligentes que el resto, ni desde luego mejores éticamente, un noventa y nueve por ciento de ellos son como el resto de los mortales, cariño, prescindibles, escoria, inmundicia, bichos malos que no ven más allá de su nariz y que van a lo suyo a sangre y fuego. Por cierto, el sábado he quedado con Manuel para despedirnos, y no volveré hasta el lunes por la tarde. No te cabrees.
- David, el miércoles nos vamos....
- Pero ya está todo empaquetado y enviado, no te preocupes, lo tengo todo atado y bien atado. Llama tú a Pelayo, para despedirte...
- No me apetece ver a esa bola de billar con piernas, es un baboso.
- ¿Estás molesta? Quedamos en que no te importaba...
- No me importa, pero es que pasas más tiempo explorando tu nuevo mundo que conmigo, David.
- Ay, no te pongas melodramática. Verás como allí nos va a ir estupendamente, cambiar de aires es lo mejor que nos podía pasar.

El miércoles nos levantamos temprano. Me puse algo cómodo y llené un pequeño trolling con mis cuatro cosas de valor sentimental. El chófer nos esperaba en la puerta y nos condujo hasta el aeropuerto. Hacía una mañana fresca, con algo de atasco. Embarcamos sorteando a las personas que hacían cola en la sala de espera, esa especie de chonera, mientras ellos nos miraban con no muy buena cara. El piloto encendió los motores y subimos al cielo. Me tomé un ron con limón servido por una amable azafata rubia para acompañar al Prozac, y rápidamente conseguí entrar en un sueño profundo del que me sacó David justo antes de aterrizar en Halle.

Salimos los primeros del avión. Tras las puertas de seguridad nos esperaba un chófer con un cartel en el que rezaban nuestros apellidos. Nos saludó servicial pero evidentemente falso, parloteaba un español sin “erres”. Arrancó el coche y comenzamos a atravesar autopistas bajo un cielo plomizo. No llegamos a entrar a Leipzig, nos desviamos hacia el este. .

- Verás lo bien que vamos a estar, cariño.
- ¿Y el alemán, qué?
- Si es bajito y se deja, cariño, jajaja. No te preocupes, ya te he dicho que vamos a instalarnos en la que llaman la zona de los españoles, dentro de esa parte de la urbanización no hay más que gente hispanoparlante que no controla el alemán, no hay por qué relacionarse con los cabeza de patata. Encajaremos perfectamente.  

Enseguida llegamos a la urba. Atravesamos dos barreras entre las que había una garita con dos tíos calvos con cara de perro dentro. Un laberinto de calles serpenteantes nos condujo hasta la puerta de un enorme chalet, los de alrededor también eran gigantescas construcciones modernas rodeadas de exuberante vegetación. Nos apeamos y el chófer se despidió. Abrimos la puerta y pudimos ver dos coches negros aparcados en la puerta del garaje.

- Vaya por Dios, les dije bien claro que no quería Audis, que sólo Mercedes, y mira, en toda la frente un A6. Qué desfachatez, y el otro es un BMW de los pequeños, esa mierda... me van a oír.
- David, no tiene importancia. Yo creo que ni lo voy a usar.
- Ya, pero las condiciones del nuevo contrato son las que son, si me pongo a transigir al final acabamos en una cochiquera.

amante9Entramos en la casa. Estaba decorada exactamente como la nuestra, los mismos muebles y electrodomésticos, incluso los mismos cuadros, los mismos sillones. Subimos a nuestro cuarto, abrí el armario y allí estaba la ropa, exactamente la que habíamos encargado que comprasen, los mismos zapatos, incluso en los cajones los mismos objetos prácticos, habían hecho realidad todos nuestros deseos y caprichos. Bajé a ver la piscina interior, y sí, allí estaba la máquina de nadar a contracorriente, una bici de spinning y diversos aparatos de musculación. Entré al pequeño water anexo a la piscina y hasta los azulejos eran iguales que en nuestra casa. Me senté satisfecha en la taza, me relajé, y conseguí hacer caca sin esfuerzo alguno. Al terminar estaba un poco mareada, me di la vuelta y vomité una pequeña cantidad de un líquido entre marrón y verde oscuro.

Pasé al salón de la planta baja, donde David descansaba tumbado en un sillón negro igual igual que el de nuestra casa mientras se tomaba un vaso con un líquido amarillento con burbujas.

- ¿Qué estás tomando, David? Quiero uno.
- Nada. Vamos a estar muy a gusto aquí, cariño. ¿Has visto el jardín? Te puedes perder en él. Y en la terracita cubierta se puede comer o cenar sin pasar frío alguno. Hace cinco bajo cero fuera, pero la temperatura aquí dentro he ordenado que sea de unos constantes veintiseis grados por el día y veintiuno por la noche.
- Y lo otro...
- Tranquila. Dentro de unos días estará todo montado. Han alquilado una antigua nave enorme en la Katharinstrase, una de las calles principales, y han prometido que montarían todo exactamente como en la otra exposición. Y aquí hay mucho dinero, cielo, seguro que encuentras compradores.
- Luego no irá nadie, nadie nos conoce...
- De eso también nos hemos encargado. Colgarán carteles por todo Leipzig, por Halle e incluso en Frankfurt y Berlín, tu exposición será un éxito. Y yo me encargaré personalmente de hacer un buzoneo por toda nuestra zona de la urbanización, para que venga toda la colonia española y sudamericana, y son todo gente de pasta, cariño....
- David, sé bueno y ponme una copa como la tuya, anda...
- No bebas.
- Pues hazme el amor...
- Estoy muy cansando del viaje, cariño.
- Házmelo como a ti te gusta si quieres, como tú prefieras, me es igual...
- De verdad, Conchi, no tienes bastante con nada. Lo siento, pero estoy fatigado.

Al día siguiente, David se incorporó al trabajo en nuestro nuevo país. Volvió muy contento por la noche, cuando yo ya estaba en la cama. El viernes se marchó a Praga, tenían que reestructurar personal y él era el hombre más adecuado para hacer rodar cabezas, siempre lo había sido. Regresó el sábado por la noche. El domingo descansamos casi todo el día en la piscina. El servicio que habían contratado era eficiente y silencioso, y los restaurantes nos servían una comida exquisita y variada. David se marchó el lunes a Berlín y luego tenía que pasar por Wroclaw y por Dresde. No volvió hasta el sábado siguiente por la tarde. El domingo descansamos de nuevo en la piscina. Salimos a desayunar a la terracita acristalada. Se podía ver el jardín contiguo, y nuestro vecino paseaba por él.

- Mira, ese es Jonás Aguirregomezcorta, el vecino, y ese es Óscar. Jonás es del consejo de administración de DHL, que tiene la sede central aquí. Me lo crucé al llegar ayer, en la puerta, le hablé de tu exposición, y me ha dicho que no faltará a la cita, y que se lo dirá a toda la gente que conoce de la zona.
- Llevamos un par de semanas aquí y apenas se ve a nadie por la urbanización, sólo coches que entran y salen de las casas.
- Pues como en casa...
- Sí, pero aquí hay un silencio aun mayor, debe ser por el frío. Sólo se escucha a lo lejos el rumor de la autopista.

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Llegó el día de la exposición. Nos recogió un chófer que nos bajó a la ciudad. Entré a la sala. Estaba bastante llena. Unas camareras chinas con trajes ceñidos de licra paseaban en patines con cockteles que llevaban en bandejas de plata resplandecientes.

- David, no es muy adecuado lo de estas camareras, mi tema es la explotación de la mujer, choca un poco.
- Mira, no lo había pensado, pero a mi si me parece adecuado, mujeres explotadas marcando cuerpo en patines...
- Ya, pero la exposición es sobre la mujer africana...
- Bueno, un fallo lo tiene cualquiera, mañana llamo a la ETT y ponemos unas negras.

No entendía ni una palabra de lo que la gente hablaba, eran todo teutones altos y rubios con sus señoras de casi dos metros y aspecto de travestís. Allí no había españoles ni sudamericanos por ningún lado. Entonces vi aparecer a Jonás con Óscar por la puerta. David se acercó a Jonás y me hizo una seña para que me acercase.

- Cariño, Jonas y Óscar, viven en el chalet de al lado, ya te conté.
- Encantado, Conchi, a sus pies.
- Gracias por venir. Se agradece escuchar un poco de español, esta gente habla muy raro, y muy simpáticos tampoco parecen.
- Jajaja, son un poco cerrados de mollera, y a veces algo bruscos, viven en su propio planeta, pero son la locomotora de Europa, o eso se dice. Perdona, David, podrías conducirme al baño...
- Claro Jonás, ven por aquí.

David cogió a Jonás del brazo y al rato volvió sonriente.

- Muy majo este Jonás. Ha ido a empolvarse la nariz.
- David, lo que nos faltaba.
- Tranquila, ya sabes que yo no me meto de esas cosas. Oye, por cierto, el lunes me marcho a Minsk, hay problemas graves en la planta y es posible que la desmantelemos para enviarla a Bangladesh, los sindicatos bielorusos están incontrolables. No volveré hasta el viernes.
- David, estoy empezando a estresarme, esto se está convirtiendo otra vez en una cárcel.
- Conchi, ahora puedes bajar todos los días a la exposición si quieres y recibir al público.
- Sólo hablan alemán...
- Pues mañana te mando a un intérprete, ¿qué prefieres, hombre o mujer?

amante2David se marchó rumbo al este. No me apetecía mucho bajar a la ciudad. Desayunaba en la terracita. De vez en cuando veía a los vecinos pasear por su jardín. Pasaba las mañanas en la piscina interior nadando contracorriente y viendo la tele vía satélite. A mediodía pedía sushi, me tomaba tres o cuatro copas de vodka, y mezclado con el Prozac no tenía problemas para dormir la siesta, Luego nadaba otro poco y cenaba fruta, unos cóckteles y me dormía enseguida. Durante la mañana del jueves me puse un plumas y salí al jardín a hacer ejercicio. El silencio sólo se rompía por el sonido lejano de la autopista. Entonces escuché un ruido en el seto que nos separaba del chalet de al lado. Aparté los aligustres un poco, era Óscar. Jonás no estaba. Lo llamé. Me miró. Por un lateral atravesó el seto. Hice que me siguiera hasta la casa. Subimos la escalera. Me quité la ropa. Me puse a cuatro patas sobre la cama. Le hice los gestos pertinentes para que se subiese al colchón. Me penetró con fuerza agarrándose a mi cintura, rítmicamente, espasmódico. Me corrí y entonces él se vino dentro de mi con un gemido. Me puse el batín morado. Bajé por las escaleras para comprobar que no hubiese nadie del servicio merodeando. Llamé a Óscar, al que indiqué que saliera al jardín, y él sólo se introdujo por el mismo hueco por el que había entrado en nuestra casa para volver a la suya.

David llamó para decirme que no volvería hasta el sábado por la tarde. Cogí el Audi para bajar a la galería. Puse el GPS para no perderme. Eran las siete de la tarde. Las autopistas apenas tenían tráfico el viernes por la tarde, ni la circunvalación, y aquella preciosa ciudad tenía un aspecto fantasmagórico. Recorrí la Glosse Fleischer Strasse y la avenida Brühl, donde se situaban la mayoría de los restaurantes. Apenas había un alma. El termómetro marcaba nueve grados bajo cero fuera del coche. Aparqué en la puerta de la galería. Las puertas estaban cerrada a cal y canto. Regresé a casa. Paré en un Mcdonalds que había junto a la circunvalación. Estaban cerrando, pero puede pedir un mcmenú para llevar. Me lo comí en el aparcamiento, dentro del coche. Cuando llegué al chalet entre al water y lo vomité, las patatas de plástico salían casi enteras de mi esófago. Luego me senté en la taza, hice pis y caca. Me desnudé completamente y bajé a la piscina interior. Enchufé la máquina de nadar a contracorriente. Hice quinientos metros a croll y cien a braza. Después me tomé un vodka con limón y media pastilla de Prozac y me metí en la cama.

Desperté a las doce del día siguiente. Me levanté. Me vestí. Desayuné un poco de sushi que había en la nevera. Salí al jardín, hacía un frío que pelaba. Escuché un ruido, era Óscar. David regresó por la tarde. Descansamos todo el domingo. Salimos a comer a un restaurante al centro donde David sabía que uno de los camareros era mexicano y podíamos entender algo. El lunes por la mañana David se levantó temprano y se marchó a Poznan, después iría a Gdansk, no volvería hasta el viernes. Estuve nadando y luego pedí a nuestra empleada filipina que hablaba español que me trajeran el sushi del restaurante, y fruta del Carrefour de la circunvalación. Al rato subí al comedor acristalado ella lo había servido todo colocado como si fuera un perfecto bodegón. Comí un poco. Luego nadé un rato a contracorriente hasta que me mareé y vomité.

amante4La semana transcurrió sin incidentes hasta el jueves. Todas las tardes salía al jardín a la misma hora y llamaba a Óscar, que me esperaba detrás del seto. El jueves lo busqué antes de comer. Comimos juntos, a él no le gustaba el pescado, así que pedí que le pusieran un chuletón de buey enorme poco hecho. Le encantó. Le dije a nuestra criada que podía tomarse un par de horas libres si quería, le di cien Euros como gratificación por su buena labor diaria. Ella se marchó dándome las gracias. Haciéndome reverencias. Subí con Óscar al dormitorio. Me desnudé, me puse a cuatro patas. Él me montó con más fuerza que nunca, culebreando incansable como una máquina, entonces yo me corrí y el eyaculó, pero algo raro noté. De repente el soltó un gemido al tratar de separarse de mi. No podía sacarla. Con todas mis fuerzas intenté que saliera su pene de mi vagina, pero no había manera, estaba como enganchado. Le daba culetazos, pero sólo provocaba dolor en ambos. Empecé a desesperarme, pasaban los minutos y no había forma de separarle de mi trasero. Me entraban sudores de pensar que la empleada podría volver y al escuchar gemir a Óscar entrase y nos pillara así. Vomité de puros nervios. Entonces abrí el primer cajón de la mesilla izquierda, la de David. Allí estaba, siempre la tenía allí. La cogí con mi mano derecha, la apunté por detrás de mi cuello sobre la cabeza de Óscar y apreté el gatillo. El balazo apartó el cuerpo de Óscar del mío en el acto, cayó al suelo. Me levanté aturdida, la sangre brotaba de su cabeza y estaba formando un charco. Me sen´te en la cama y lloré, pero no había tiempo que perder. Bajé a la cocina y saqué una bolsa de basura negra y grande de debajo del fregadero. Volví a la habitación. Con todas mis fuerzas moví el cuerpo sin vida de Óscar. Debía pesar unos treinta kilos, como una tele vieja. Lo metí en la bolsa y la cerré con un nudo fuerte. Soy pequeña, pero fuerte, así que me dije: “Conchi, hay que dar el todo por el todo”, y agarré en brazos el cuerpo embolsado, que estaba quedándose inerte, y lo bajé al garaje. Abrí el maletero del Audi y lo metí dentro. A continuación, cogí los utensilios de fregar de la filipina, subí al dormitorio y fregué a conciencia el charco de sangre. Hice la cama. Guardé la pistola. Esperé a que se hiciera de noche. La empleada aun no había vuelto. Salí de la urbanización a la autopista. Me desvié por una vía de servicio por la que no circulaba nadie y busqué un contenedor de basura. Cuando vi uno, paré el coche, abrí el maletero, saqué la bolsa, lancé el cuerpo dentro del contenedor y cerré la tapa.

Volví a casa a toda velocidad. Estaba con los nervios de punta. Bajé a la piscina y me hice unos cientos de metros. Luego pasé a la cocina y me comí unos trozos de sushi. Eran las diez de la noche y de la criada no había ni rastro. Me tomé tres blush de vodka, un Prozac entero y me metí en la cama.

David llamó para decir que no volvería hasta el sábado por la tarde. Hasta que no llegó, sobre las diez de la noche, apenas salí del dormitorio para nadar y poco más, casi ni comí. Pasamos el domingo descansando y viendo la tele. Me tranquilicé un poco. David me dijo que el lunes se iría a Kaunas, porque la producción había bajado mucho allí y tendrían que reducir por lo menos en doscientas personas la plantilla lituana. No volvería por lo menos hasta el jueves.

El miércoles me levanté tarde y me puse a desayunar algo de sushi en la terracita acristalada. De repente, vi salir a Román pasear por el jardín contiguo, y llevaba un nuevo acompañante. Bajé corriendo las escaleras y le llamé a través del seto. Nos dirigimos hasta el recodo por el que se podía cruzar, traspasé la vegetación y nos encontramos.

- Hola, Conchi, ¿qué tal estás?
- Pues muy bien, ¿cómo estás tú, Román?
- Te noto nerviosa....
- No, no pasa nada, un poco estresada...
- ¿Con la exposición, claro?
- Pues sí, es un mundo muy complicado el del arte...
- Pues yo estoy un poco fastidiado también.
- ¿Y eso?
- Pues que Óscar desapareció la semana pasada. No sé dónde ha podido ir. Llevábamos cuatro años juntos, era mi fiel compañero, mi guía, me ayudaba mucho. Y de repente no estaba en la casa, se había esfumado, estuve esperando que apareciera, pero nada, ha sido un duro golpe. Mira, te presento a mi nuevo compañero. También se llama Óscar, no he querido complicarme la existencia. Se parece mucho él, sólo que parece ser que es negro, jaja.
- Una pena, Jonás, lo siento.
- Bueno, así es la vida. Ya he tenido unos cuantos compañeros, me he ido acostumbrando al cambio. En la Fundación son muy eficaces, en veinticuatro horas te envían uno nuevo. Sólo espero que al anterior no lo haya atropellado algún coche en la carretera, o esté vagabundeando por ahí hambriento. En fin.
- No te preocupes, trata de recordarlo con cariño, dicen que vives mientras alguien te recuerda.
- Ya... pero era tan...
- Ya.

amante11David sí que volvió aquel viernes por la tarde. Bajamos a la galería y resulta que vi que se había vendido un cuadro de mi exposición, el más caro, setenta y ocho mil Euros, un abstracto completamente negro de cuatro por tres metros con un mancha roja en el centro que me representaba a mi. David me miró con cara de cordero degollado.

- David...
- Sí, lo he comprado yo, cielo. He pensado que así atraeríamos clientes, dinero llama a dinero, cariño.
- Vete a la mierda, David....
- Esta semana me quedaré en casa. Por cierto, Manuel va a venir a la ciudad, se pasará a visitarnos el miércoles, prepararé una fiestecita en el centro para él, si quieres puedes venirte.
- No me gustan esas fiestas, David.....
- Te presentaré gente, cariño.
- No me va esa “gente”, David....
- Llama a Pelayo, invítale a pasar unos días.... Oye, por cierto, ¿qué has hecho con la pistola? Faltaba una bala....

Presentamos el montaje de mi exposición a la Bienal de Bremen y a la Muestra de Arte de la Mujer de Dresde. En Bremen conseguí una mención honorífica, sin dotación económica, y en Dresde el tercer accésit del apartado “Nuevas voces femeninas”, también sin dotación económica, pero que te aseguraba colgar un cuadro durante seis meses en su colección temporal itinerante. Cuando ese plazo de tiempo se iba a acabar y debíamos pasar a recoger el cuadro, me llamaron para decirme que se había vendido por el precio estipulado, setenta y cinco mil Euros. David me miró con cara de cordero degollado y se disculpó, como siempre. Subí al wáter. Hice caca, unos finos hilillos oscuros como chapapote, me limpié el ano con un kleenex, me di media vuelta y vomité una especie de masa blanca y verde. No apunté bien, cayó un poco fuera de la taza. Cuando terminé nadé quinientos metros a croll.


Rock this town

No recuerdo qué día de la semana era, sólo que fue a principios de abril. Me despertó el insufrible timbre del teléfono a la una del mediodía. Salté de la cama con la boca seca como una alpargata vieja; la cabeza me daba vueltas como si viajara en una máquina centrifugadora del tiempo y casi me caigo al suelo a causa de un repentino mareo. Ataviado sólo con unos raídos gayumbos del Alcampo muy poco a la moda salí al pasillo y descolgué aquel teléfono que echaba chispas. Al otro lado del auricular una nerviosa voz, rasposa y jadeante, esperaba con ansiedad mi respuesta:

- Síiiiiiii????????????….
- Hola tío, ¿has leído el periódico? Se ha muerto Kurt Cobain. Tío, me he quedado helado cuando lo he leído, dicen que se ha suicidado, que se ha pegado un tiro, no me lo puedo creer tío…
- Pues creételo, coño, pero no hables tan a gritos o me desmayaré…
- Me he quedado helado tío, helado…
- Pues deshiélate. Joder, yo estoy hecho una puta braga, me voy a morir también, como el Kurt, vaya jodida resaca que tengo, cago en Dios…
- Si potas hazlo para otro lado, no me manches. ¿Estuviste ayer con el cabrón del Cule?
- Sí, al salir de clase. Menos mal que tú te fuiste a buscar a Mamen, hiciste buena elección para tu salud. Estuvimos hasta las cuatro y media por los bares de Moncloa, de lo sucedido después tengo una nebulosa mental y acabo de despertarme en mi cama, no sé cómo coño he llegado hasta aquí, pero de algún modo regresé a mi puta casa…Pufff, tengo unas ganas de potar tremendas, me he contenido de hacer el volcán en la cama varias veces…
-Joder, qué puto asco das, ¿Y El Cule?
- Pues no sé, tío, en algún momento de la noche el hijo de puta despareció, como hace siempre, creo que cogió un taxi que pasaba y me dejó despidiéndose a la francesa.
- Pues yo le he llamado a su casa y no ha aparecido todavía.
- No te preocupes, hoy curraba, seguro que cuando me dejó se marchó al puticlub y luego ha empalmado con el trabajo, se iría directamente al bar sin pasar por su puta casa, ya sabes cómo es el cabrón.
- No creo que las negras le hayan dejado quedarse más que una hora en la cama, hora y cuarto como mucho, a esa hora están petadas de clientela y al bar no entra hasta las ocho.
- Pues habrá hecho tiempo por la calle, no sé.
- Espero que aparezca hoy por clase, tiene que traerme el trabajo que le dejé de Gótico y mañana es la fecha límite para entregárselo a la puta de La Coja, me cago en la puta madre que la parió.
- Si no se lo damos mañana no creo que ya nos lo coja la puta Coja, nos tiene un asco que no nos puede ni ver. Jeje, espero que el Cule no lo haya copiado al pié de la letra, como hace siempre, porque como note que son iguales el tuyo y el suyo te veo en septiembre o matriculándotela otra vez el año que viene.
- No me fío de ese cabrón, es capaz de todo, luego sube al despacho de la tía como otras veces y se pone a llorar pidiendo y yo me tengo que aguantar la puta risa en su cara. Y el hijo de puta sale partiéndose el rabo porque le han creído las súplicas y se fuma un porro tan campante, pero a mí me hace pasar el acojone por su culpa como siempre. Hijo de puta.


El Cule, el Míguel y yo compartíamos equipo de fútbol en la liga de la universidad, Los Mascarrajas. El Cule era un enano cabrón con gran toque de balón, un experto en el uno contra uno. Yo ostentaba el record de expulsión más rápida en la historia del torneo. En un duelo contra nuestros eternos rivales, Los Discípulos de Sodoma, tras el saque de centro inicial  recibí el balón y un bigardo garrulo de aquella infame escuadra futbolera intentó quitármelo dándome una patada. El esférico salió fuera de banda. Efectué el saque manual entregándole el balón a sus pies, me miró sorprendido ante tal regalo, pero tras recibirlo me abalancé sobre él a ras de suelo y lo derribé con un barrido estilo Bruce Lee en “El furor del dragón”. Sólo habían transcurrido treinta segundos de juego. El árbitro me expulsó y salió corriendo del campo. El Cule salió tras él pero no pudo darle caza. El tipo al que yo había lesionado se retorcía sobre el suelo, mientras a uno de sus compañeros otros tres tíos le sujetaban como niñas para que no intentase partirme la cara. Aquel campeonato conseguimos clasificarnos entre los cuatro primeros para jugar el play-off final. En la primera eliminatoria quedamos emparejados con el equipo de los chicos que dirigían el club deportivo de nuestra facultad. Nos frotamos las manos, demasiado bonito para ser cierto, nos caían como el puto culo, teníamos unas ganas tremendas de matarlos. Eran las tres de la tarde de un jueves del mes de mayo, y saltamos a la cancha como barracudas oliendo la sangre de una presa. Las primeras dos entradas fueron asesinas. A los cinco minutos El Miguel marcó un golazo desde fuera del área y lo celebramos haciendo gestos obscenos con nuestras entrepiernas a los suplentes del equipo contrario. Faltando tres minutos para el descanso El Cule se enciscó con uno que le había robado el balón, le persiguió por la banda y le pegó una hostia tremenda por detrás haciéndole añicos el peroné. El chaval estuvo tres meses escayolado. El Cule fue expulsado, tuvimos que sujetarle entre cuatro para que no currase al árbitro y en la segunda parte nos metieron cinco chicharros como cinco putos soles. Se nos quedó cara de gilipollas y esa noche nadie folló con ninguna animadora, en realidad no teníamos animadoras.

Nuestras existencias mundanas no eran edificantes. Vivíamos la mitad del tiempo en el bar de la Facultad y durante la otra mitad de nuestro periodo de formación  universitaria era preferible que no entrásemos a clase, porque dentro no parábamos de hablar, de molestar y de amenazar de muerte a los alumnos que se sentaban en las primeras filas cuando nos chistaban para que callásemos las sucias bocas. Nadie que no fuera de nuestro grupito era capaz de mirarnos a la cara, ya fuera por miedo o por puro asco. Sorprendentemente no suspendí ningún examen durante los cinco años que permanecí en aquel lugar, con el mérito añadido de que nunca estudié más de diez minutos seguidos ninguna asignatura; era una carrera de mentira, inventada para tenernos ocupados un rato, para que las niñas listas se hicieran las sensibles y con el mísero objetivo de que algunos estudiosos de la nada ganasen un alto jornal. Asistíamos a clase borrachos o fumados, nos reíamos a carcajadas en sus caras y no eran capaces ni de afearnos la conducta. En el fondo, el resto de alumnos y profesores eran tan patéticos como nosotros mismos; aunque de forma diferente, todos éramos la misma masa mierdera de chulos y pedantes.

Al Cule le quedaban tres asignaturas para terminar la puta carrera. Como no estudiaba absolutamente nada, tenía el cerebro de mosquito y consumía más alcohol y drogas que los cinco Rolling Stones juntos, parecía imposible que fuera capaz de licenciarse. A Latín de primero, en la que ya iba por la quinta convocatoria, me presenté por él. Sudé mucho durante aquellas dos horas haciendo un examen entre un grupo de personas que sabían perfectamente que yo estaba cometiendo un delito de suplantación de personalidad; me observaban de reojo, pero nadie dijo esta boca es mía. Al segundo parcial de Románico, la única asignatura en la que una vez iniciado el examen no te dejaban a la gente salir del aula hasta que finalizase y te miraban el DNI, El Cule acudió con un auricular colocado bajo las greñas de la oreja derecha mientras nosotros, escondidos en el Citröen AX  del Miguel al otro lado de la ventana, le dictábamos las respuestas mediante un Walkie Talkie. Tras todos aquellos desaguisados a tan inútil personaje sólo le quedaba un obstáculo para concluir la licenciatura: la asignatura de Estética, impartida por el malparido y caradura catedrático Chueca Cromales. El Cule volvió a jugar con fuego al no mirarse los apuntes ni por el forro antes del examen, y en la lista final su calificación fue de un cuatro pelado, suspenso en toda regla. El día de la revisión subimos los tres a la planta 11, donde se encontraba su despacho del señor Chueca. Yo me quedé fuera mirando por una ventana desde la que se divisaba la sierra de Madrid, refulgente desde aquellas alturas de Cuidad Universitaria. A la izquierda, se podía ver también el Palacio de la Moncloa, donde por aquel entonces Felipe González se dedicaba jugar al billar con sus amigotes, a plantar bonsáis y a hundir al país en la crisis económica de principios de los noventa. El Miguel y El Cule salieron al cuarto de hora del despacho. El interfecto suspendedor se limpiaba los ojos, empapados por el llanto, con un pañuelo de tela sobre el que se dibujaban sus iniciales en letras mayúsculas: JC. Mediante el típico gesto de golpearse el canto de una mano con la palma de la otra me encomendaron a darnos el piro. Nos encaminamos a las escaleras y, en pleno descenso desde las alturas del edificio “Caja de cerillas”, comenzaron a partirse el culo de risa. El Míguel relataba jocoso: “tío, qué historia le ha contado al Chueca. El hijo de puta le ha dicho que para presentarse a las oposiciones para Policía Nacional tenía que tener hasta tercero de la licenciatura, que para ello sólo le faltaba por aprobar su asignatura, que aquel suspenso le iba a joder la vida y que sus padres le iban a matar, incluso ha insinuado que iba a suicidarse, que había comprado cinco cajas de Optalidones para tragárselos todos mezclados con whisky. ¿Cómo se puede tener tanto morro? De repente el cabrón se ha puesto a llorar como una magdalena y el tipo le ha dicho que no se preocupara, que le subía la nota a un cinco, que estuviera tranquilo, increíble…” . Increíble pero cierto. Aquel tipo subhumano, el que poco tiempo más tarde fue nombrado por el consejo de ministros director del Museo del Prado, ese gordo sapientísimo con cara de estreñido cuyas clases sonaban a puro paripé y a absoluta tomadura de pelo colectiva, aquella bola de sebo escondía debajo de su capa insulsa superficial  a una buena persona (al mismo tiempo que a un crédulo gilipollas). Llegamos al bar y El Cule se prestó a invitar. Al rato llegó nuestro amigo Nacho Capillas, apodado “Norm Petterson” a causa de su incipiente alcoholismo. Nos bebimos cinco minis para celebrarlo y Norm se quedó después con otra gente para beberse tres o cuatro más. Hace un par de años me enteré que Norm había muerto de un ataque al corazón corriendo la San Silvestre Vallecana.

Kurt Cobain se había pegado dos tiros para no tener que soportar nunca más a la zorra hija de la gran puta de Courtney Love. Fue una decisión a todas luces acertada. El Míguel se hacía pajas viendo el video en el que la viuda de Cobain cantaba “Celebrity skin” mientras se sacaba las tetas del vestido. El Cule siguió trabajando en el bar de su cuñado y frecuentando en compañía de su colega El Samba el puticlub de las negras, que luego fueron sustituídas por ecuatorianas pasadas de kilos en las nalgas y finalmente por chinas enanas amarillentas. El Míguel estuvo saliendo cuatro años con Mamen y lo dejaron después de que él se enteró que ella se estaba trajinando al mismo tiempo a un profesor y a varios alumnos de la facultad de filosofía. El Cule se parecía a Lee Rocker, ahora está calvo. A principios del siglo XXI montó un bar a medias con El Samba, pero a los seis meses dio de quiebra  porque ambos metían mano a la caja; tuvo que volver a currar, con las orejas gachas, en el garito de su cuñado. El Míguel conduce desde hace lustros un taxi a medias con otro tipo, explota la noche de los viernes y el resto de semana las mañanas; libra los miércoles, durante los que pilota el pelas de un viejo que ese día acude a diálisis.

- Te voy a dejar tío, la cabeza me da vueltas. ¿Te vas a pasar luego a la salida por el bar?
– No lo sé tío, igual un rato si me escapo de la clase de La Coja. Pero luego he quedado con Mamen, mis padres están en Galicia y hay que aprovechar…
- pa folgar…
- Uno que puede…Ten cuidado no manches de devuelto toda la alfombra de tu madre como el otro día, jeje.
- Que te den por el miguelito, Miguelito…(clonc, pi, pi, pi, pi)

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<<Brandy oxidado en un vaso de diamante.
Todo parece estar hecho de sueños.
El tiempo está hecho de miel, poco a poco, dulcemente.
Tan sólo los tontos saben qué significa.
Tentación, tentación, tentación.
Oh, tentación, tentación. No puedo resistirlo.
Sé que ella está hecha de humo.
Pero he perdido  mi camino.
Sabe que estoy sin un duro.
Así que tengo que jugar.
Tentación, tentación, tentación.
Oh, tentación, tentación. No puedo resistirlo.
Rosa holandés y azul italiano.
Está esperándote allí.
Mi voluntad ha desaparecido.
Ahora mi confusión, está muy clara.
Tentación, tentación, tentación.
Ohhh, tentación, tentación.
No puedo resistirlo.>> (Tom Waits)


Mi hermano

Soñé que me sentaba a la mesa con una familia numerosa. Todos estaban en silencio delante de los platos, esperando al padre. Cuando llegó el cabeza de familia, me sentaron a su lado y hasta que él no comenzó a comer nadie probó bocado. Tomamos los alimentos sin decir nada, sólo se escuchaban los sonidos de sorber y masticar. El padre era un hombre muy serio y olía a sudor, y parecía que me protegía de ellos. Creo que era una familia de mineros, tenían las caras manchadas de hollín o grasa. La casa estaba sucia, era oscura y lúgubre, con las paredes de piedra basta y sin ventanas. Al terminar la cena hicimos todos el amor.

hermano66Me despertaron unos rayos de sol colándose por una rendija de la persiana. Alargué el brazo y noté que David no estaba a mi lado. Abrí los ojos poco a poco. Me di la vuelta y me desperecé. Me levanté, estaba completamente desnuda. Abrí la persiana. Estaba sola, y como mareada. El vestido de novia estaba allí preparado, en el fondo del vestidor. Sobre la mesilla habíamos dejado unas copas y una botella de Möet, un preservativo usado, unos Kleenex arrugados y David había escrito una nota que decía: “vuelvo enseguida...”. Tiré todo a la papelera del baño. Me miré en el espejo. Tenía unas tremendas ojeras. Me encontraba como aturdida. Abrí el bote de crema y me la esparcí por la cara dándome un masaje.

Miré el Iphone. Eran ya las once de la mañana. ¿Cómo había podido dormir tanto? Me dolía un poco la cabeza, como cuando mezclo Prozac y alcohol. Me puse la camiseta de hombreras de los Detroit Pistons, una braga culotte y salí de la habitación. No se oía ningún ruido. Era raro, ya era tarde y no quedaba mucho rato, teníamos que estar en el juzgado a las seis. Subí al piso de arriba, pero en la habitación de los niños no había ni rastro de Tarik ni de Hassan. Tampoco se escuchaba a la chica de servicio, que siempre daba el coñazo por las mañanas, pero no, no estaba. Subí al ático y me asomé a la terraza. El día era gris y plomizo. La urbanización respiraba la misma fría tranquilidad de siempre vista desde las alturas, una calma sólo rota por el leve rumor del motor de algún coche que entraba o salía de algún garaje. A lo lejos, sobre el cielo del centro de la ciudad, podía verse una especie de extraña espiral de humo ascendiendo al cielo entre el resto de la contaminación.

hermano8Bajé a la cocina. Mientras la máquinita de café me preparaba un capuccino miré a través de la cristalera del jardín de atrás. La hierba estaba toda mojada, el día era gélido, ese invierno estaba siendo uno de los más fríos que se recordaban en nuestra zona. Allí fuera estaba nuestro perro. Me miró con cara alegre y movió el rabo. Vino hacia la puerta con andares cansinos. Abrí y le acaricié. Nuestro precioso labrador cruzado con retriever, siempre con su cabecita tan suave y su cara lastimera. Un perro precioso, siempre compramos labradores porque son bonitos, serviciales y listísimos. Me empujó con la cabeza sobre las piernas para que le dejara pasar adentro, pero yo no quería. “No, Óscar, los perros tienen que vivir en el jardín, en la casa ensucian, los perritos en el Jardín, a tu caseta, cariño”, le dije mientras cerraba la puerta contra su cuerpo sin hacerle daño pero con firmeza. Se quedó allí inmóvil, mirándome a los ojos a través del cristal con carita de pena. Después se dio la vuelta y, cuando casi había llegado a su preciosa caseta, se agachó y comenzó defecar. Cuando terminó, se giró sobre sí mismo, olió la caca y empezó a lamerla. Me dio una arcada. Miré para otro lado.

Agarré el mando a distancia y encendí la tele de la cocina. Lo primero que escupió la pantalla fue el informativo de Telecinco. Imágenes de caóticas y rótulos rimbombantes, imágenes en movimiento, acontecimientos importantísimos sin duda. Los presentadores parecían muy alterados, intentaban poner caras serias, las imágenes daban alguna noticia trágica y violenta. Subí el volumen.

hermano2“....el individuo, descrito por los testigos como un varón de metro setenta y cinco y de unos sesenta años, ha entrado en el vagón de metro y a continuación ha ido disparando a quemarropa a todos los que estaban haciendo algo con el móvil, ya fuera hablando, chateando o escuchando música con los cascos. Todo ha sido muy rápido y no han tenido tiempo de reaccionar. Les ha disparado en la cara con una escopeta de caza que ha sacado de una bolsa de raquetas de tenis. Sólo ha habido dos supervivientes en el vagón, curiosamente los únicos que no portaban móvil, los cuales han relatado con horror la escalofriante escena. A continuación, el asesino ha abandonado el suburbano a la carrera, ha sido grabado por varias cámaras de seguridad en su huída. Unos veinte minutos después, parece ser que el mismo individuo ha entrado en la cafetería Starbucks del centro que citamos en la anterior intervención en directo. Iba acompañado por dos niños, dos pequeños con aspecto de magrebíes. Ha pedido dos cafés con leche descafeinados y dos Donuts para ellos, los ha dejado sentados y se ha marchado. Un empleado ecuatoriano de la cafetería, en estado de shock, nos ha relatado todo lo sucedido bañado en lágrimas. Cuando el camarero ha salido del local a sacar un unas cajas con basura ha mirado para atrás y ha podido ver a lo lejos cómo los dos niños, que tomaban café al lado de la cristalera del escaparate, han hecho explosión llevándose por delante todo el local, que ha saltado hecho añicos. Todo apunta a que el asesino habría sacrificado a sus hijos mediante algún tipo de explosivo adherido al cuerpo. Se sospecha que el terrorista islámico pueda haber sido también responsable del asesinato del director de cine David Rodríguez, al que un desconocido esta mañana ha disparado en la cara con una escopeta de caza cuando éste se disponía a salir de su portal. Fuentes de la policía nacional han señalado que los cartuchos utilizados en el atentado del metro y en el asesinato del cineasta coinciden en el calibre de los perdigones y en la marca, “La Perdiz”, que son los utilizados habitualmente por los aficionados al tiro de pichón...”.

Estaba paralizada y horrorizada. Tenía ganas de vomitar, y de gritar, pero no podía articular palabra. Cogí el teléfono fijo de la cocina. En el primer intento de marcar se me cayó al suelo. Quise marcar el 091, pero me equivoqué con los nervios y le di al dos, 092.

- Policía municipal, dígame.
- Hola, tengo que darles un aviso urgente....
- Si hace el favor, señora, estamos ahora mismo en situación de alerta, si no es algo muy muy importante le agradecería que llamara más tarde, estamos en plena emergencia generalizada...
- Es muy urgente, POR FAVOR, precisamente es por eso.
- Dígame su nombre y apellidos completos, por favor...
- Conchi Fernández de Córdoba y Salgado.
- Y bien... ¿Qué sucede? Dígame.
- QUE SÉ QUIÉN ES EL AUTOR DE LOS ATENTADOS DE ESTA MAÑANA....
- Por favor...., no se ande con bromas ni con chorradas, señora, éso es algo muy serio, y ya hemos recibido unas cuantas llamadas absurdas como la suya, como comprenderá...
- LE DIGO QUE SÉ QUIÉN ES....
- Tranquilícese y no grite, por favor. ¿Se refiere a los atentados del centro?
- SÍ, CLARO, obviamente, joder....
- Deme nombre y apellidos del sospechoso, por favor.
- No, sospechoso no, es el asesino, estoy segura, David Fernández de Córdoba y Salgado, por favor hagan algo urgentemente porque...
- ¿Es su hermano?
- No, es mi marido... mi pareja, digamos.... POR FAVOR.....
- Tranquilícese, bufffff. ¿Cómo sabe que es él? ¿Su marido es terrorista islámico? ¿Cómo va a tener su marido sus mismos apellidos, señora?
- No es mi marido, nos casamos hoy.... ehrrr, bueno, es que...
- POR FAVOR. Lo que hay que oír. Señora, si esto es una broma sepa que puede tener consecuencias penales, tenemos localizada su llamada y no está el horno para bollos esta mañana...
- Por favor, hágame caso, agente, DESALOJEN IKEA URGENTEMENTE, den el aviso, QUE SALGA TODO EL MUNDO DE ALLÍ CORRIENDO!!!!!!!!!!   
- TRANQUILÍCESE, SEÑORA, está usted muy alterada y no dice cosas coherentes... está usted jugando con fuego, me estoy enfadando de verdad con usted y...

hermano4Un estruendo se escuchó a los lejos. Colgué el teléfono. Subí corriendo a la azotea. El humo procedente del centro de la ciudad había dejado de brotar pero ahora, mirando hacia la izquierda, se podía observar un hongo de hollín grisáceo ascendiendo hacia el cielo que subía por detrás de la colina, seguramente procedente de la zona del parque comercial. Pocos instantes después de la deflagración, la urbanización volvió a quedar en silencio, en total calma tras la breve tempestad. Sólo el sonido del motor de la patrulla de seguridad privada, cuando pasaron haciendo la ronda habitual, interrumpió el placentero silbido que producían las ramas de las palmeras azotadas por el viento del invierno. Después, la puerta del garaje de un chalet de la acera de enfrente comenzó a abrirse automáticamente como por obra de fantasmas. Por la esquina apareció un Audi A6 negro, que se introdujo en la casa y tras su paso se cerró también automáticamente la boca tragacoches. No había, como siempre, ni una persona caminando por la calle.

Todo estaba, y está, vacío. Silencio. Silencio. Silencio. Bajé a la cocina y me preparé otro café. Sonó el teléfono. Lo cogí. Hicimos el amor. Cuando me estaba corriendo sonaron disparos y después se hizo otra vez el silencio.

lanochemasoscura