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¿Saliendo de la crisis?

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Poco queda para el gran día. Mañana es la presentación final y el miércoles se comunicarán las plazas para cada uno de nosotros. Afortunadamente no he salido mal parado de las calificaciones, con lo que si sale al menos una plaza disponible en mi ciudad y, por tanto, puedo optar a ella, espero conseguirla sin mayores sorpresas.

Mientras termino de dar los últimos retoques para preparar la presentación final me envuelve un sentimiento de liberación. ¡Atrás quedan estos dos largos años de clases! Estoy harto de que me digan mis amigos de la cuadrilla que a mis 30 años pasados ya es hora de dejar de estudiar y ponerme a trabajar de una vez.

crisis2Y tienen razón.  Cuando acabas el colegio y toca decidir qué quieres hacer después, es relativamente fácil continuar con los estudios. Ahora, por el contrario, mis prioridades son diferentes. Quedar para tomarme unas cervezas con un amigo que hace tiempo que no veo trae siempre consigo hablar de los preparativos de su boda, la reforma de la casa que se acaba de comprar o conocer a unos ojitos risueños que acaban de dar a luz.
Después de esperar durante años, en tan solo un par de días llegará. Espero poder asentarme en breve y comenzar una nueva etapa en la que ya no tenga que calcular el tiempo que tardo en arreglarme por las mañanas pensando tan sólo en mí.

Todavía tengo varias dudas sobre cuál es la plaza por la que finalmente me decantaré.  A este nivel el matiz es prácticamente inexistente pero, tal como está estructurado el sistema, es evidente que, si en algún momento asciendo, cosa que por suerte o por desgracia en mi empresa se obtiene hasta cierto grado por antigüedad si todo sigue como hasta ahora, es posible que me encuentre con un techo incapaz de franquear.  

Como técnico especialista me he formado y entrenado durante estos últimos años para tener una capacidad crítica a nivel operativo y estratégico sobre mi área y he sufrido, junto con todos los compañeros de mi promoción, los cambios recurrentes de planes de estudio a lo largo de la vida de estudiante.
En medio de este conjunto de reformas educativas perfectamente acompasadas con los cambios políticos de turno, en cuanto me incorpore a mi puesto lo que viviré serán las diferencias latentes entre estas reformas de las últimas décadas frente a los criterios de selección y formación tradicionales de los responsables que todavía hoy toman las decisiones de peso: hijos de padres que trabajaban en la empresa, afinidad política, cercanía geográfica, simpatía con las decisiones con la gerencia de la época; requisitos basados en contadas excepciones en criterios técnicos y profesionales.

De unos años a esta parte se habla constantemente de la necesidad de hacer cambios que hagan que la empresa sea más competitiva, tenga unas capacidades alineadas con la nueva realidad tecnológica aplicable a todas las áreas, con lo que se nos ha integrado en mayor o menor medida este nuevo grupo de profesionales especializados.

crisis3Compañeros, hemos tocado fondo. Nuestro conocimiento y compromiso es ampliamente reconocido. Punto. A partir de ahí, pretender que las viejas estructuras organizativas sean modificadas y se adapten hasta las escalas superiores que reducen el poder de decisión de las categorías profesionales tradicionales es, a día de hoy, una utopía. Es importante seguir haciendo elogio de esas épocas brillantes en las que por poco que se hiciera, como éramos los únicos en el mercado, se conseguían logros inalcanzables en estos días de competencia voraz. Los jóvenes nunca llegaremos a ese nivel.

Teniendo en cuenta que los hilos de las marionetas todavía están controlados por las mismas manos, sería necesario que la crisis siguiera haciendo estragos para conseguir romper definitivamente la brecha hacia un nuevo modelo.

Al menos yo he conseguido ocupar un puesto a nivel nacional sin limitaciones lingüísticas regionales, ni he sufrido discriminación de género como criterio de selección. He tenido suerte.

Definitivamente, me voy a decantar por mis intereses y prioridades personales. A día de hoy tiene poco sentido pensar en lo que vendrá en la próxima década. Esperaremos para ver cómo va evolucionando la situación. Confío en vosotros, compañeros, porque cada día somos más y conseguiremos que la racionalidad pueda ocupar un asiento en los comités de dirección. Por el momento voy a darme prisa con las últimas diapositivas. Un vaso de leche y a dormir. Mañana me espera una guerra.

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