francescag

...sigue, sigue...

Ella también me acaricia el pecho, mete la mano por debajo de mi camiseta, me toca las tetas por encima del sujetador, y poco a poco va metiendo sus dedos por dentro. Ha encontrado mis pezones. Se centra en ellos. ¡Qué deditos tan tiernos! Tengo los pezones que hasta me duelen. Siento que quieren escaparse de mi cuerpo y meterse en su boca.

El magreo es cada vez más intenso. Mientras nos besamos y nos mordisqueamos nuestras manos van por libre. No van a dejar ni un centímetro de nuestro torso sin explorar.

Me agarras el culo... ¡Sí, por fin! Apriétame el culo, Marta. Apriétamelo. Arráncame la ropa, no te cortes. Tengo el coño tan mojado que noto que me chorrea flujo por la pierna. No se si tú estarás en este punto, pero por tus pezones erectos, tu piel erizada y tu respiración fuerte y entrecortada deduzco que tú también estás cachonda, y que también quieres que coja tu culo y apriete tu cuerpo contra el mío. Así que te aparto del lavabo hacia delante y pongo mis dos manos en tus cachetes. Tu falda te los aprieta, así que te la subo y meto mis manos por debajo. Toco tus bragas, tu culo, que se mueve a mi son. ¡Qué guarra me estás poniendo, so puta! Da gracias que no tengo polla, porque te arrancaba las bragas y te follaba viva ahora mismo contra el lavavo, de espaldas y viendo tus tetas botar reflejadas en el espejo.

Por suerte o por desgracia estamos en un baño público. Llevamos casi media hora dentro y tu marido y tus dos compañeros de curro están fuera esperándonos y seguramente a punto de llamar a la puerta buscándote. Hasta entonces no pierdo el tiempo, sigo besándote, lamiéndote el cuello y las orejas, mordiéndote y sobándote las tetas, la cintura y el culo. Y como no vengan a rescatarte voy a meter mi mano entre tus piernas. Sigues con la falda subida y las piernas entreabiertas, de pie. Meto mi mano debajo de tu falda otra vez y la aprieto contra tu coño por encima de las bragas. Antes de llegar ahí he dado un rodeo por tus muslos.

Sí, noto la humedad de tus bragas. Estás tan motivada como yo. Hago hincapié en toquetearte entre las piernas mientras mi lengua navega por tu cuello, y mi otra mano juega con tus pezones. Aparto un poco tus braguitas negras, pequeñas y de encaje, y muy mojadas.

- ¿Marta? ¿Estás ahí? ¿Qué haces?
- Sí... estamos aquí. Ya vamos.
- ¿Qué hacéis? Lleváis ahí toda la noche...
- Ahora salimos, estamos hablando cosas de chicas, ya sabes...

"Toda la noche, dice el capullo. Eso quisiera yo. Tener a tu esposa para mí solita toda una noche".

Vuelves a abrocharte la blusa y a recolocarte la ropa. Y te das con un pañuelo húmedo en la boca. Tienes enrojecido el contorno de los labios, parece que me hubieses comido la boca, ja ja. Te los vuelves a pintar y te colocas el pelo. Estás perfecta, no queda rastro visual de nuestra travesura. Agradece que tus bragas estén ocultas bajo tu falda y no se vean ni se huelan a corta distancia.

Coges tu vino y yo el mío, después de recomponerme yo también. Te has lavado las manos... yo, por el contrario, como no tengo que darle explicaciones a nadie voy a ser un poco viciosa y me voy a llevar tu olor de recuerdo, ya que no se si este restregón es lo único que me voy a llevar de hoy. No obstante, me voy contenta. Para ser la primera vez que interactúo con otra mujer he de reconocer que me he excitado más que la primera vez que toqué pelito en mi pulcra adolescencia.

Salimos del baño muy dignas y riendo. Vamos directas a donde están los chicos. Estoy segura que de los cinco que estamos, cuatro te queremos dar candela. Le doy un sorbito a mi copa de vino. Nunca antes el vino me había olido tan bien... ¡Bien hecho, Francesca!

Con la excusa de beber para poder seguir oliéndote empiezo a estar mareada, y mi líbido no decrece. Tú estás ahí, delante mía, roneando a tu marido. Te ríes, le besuqueas y me miras de reojo. ¡Maldita perra, sabes que me estás poniendo celosa! Está bien, olvidas que hay dos hombres más. Tendré que hacerte ver que si tú no te vienes al baño conmigo, se vendrá otro... ¡Ups, tu compañero de trabajo... el que luego te contará lo bien que beso y lo rica que estoy! Podría incluso dejarle hacerme fotos guarras y que te las enseñase...

¿Puedes dejar de contonearte? ¡Qué culito tienes, cabrona! ¿Será posible que me ponga cachonda el ver que me miras mientras guarreas con él? Esto lo voy a cambiar yo. Voy a postergar lo de ligarme a tu compañero, antes voy a llevarte al baño otra vez. Y esta vez voy a asegurarme de que no te vayas sin regalarme un orgasmo.

Aunque la excusa del baño no va a colar otra vez, así que utilizaré la del tabaco. Gracias a Dios no hay máquina expendedora aquí, así que te voy a invitar a que me acompañes a buscar una.

- Chicos, voy a sacar tabaco. Marta, ¿te vienes? Así nos da el aire.

"Una canita al aire, más bien".

- Pues sí... espera, que recojo la chaqueta.

Cogemos nuestras cosas y nos disponemos a salir.

- No os vayais sin nosotras, ¿eh? Id pidiéndonos otro, que ahora venimos.
- Sí, cuídamela, Francesca, que vais "finicas"...
- Pues claro, nos cuidaremos mutuamente.

"No sabes cuánto. Te la voy a devolver mansa, mansa..."

Veo por la prisa que se da en salir del bar que ella tiene las mismas ganas que yo de retomar lo que hemos dejado a medias.

Andamos un ratito calle abajo y nos paramos en un portal. Es perfecto, porque tiene un zaguán profundo y así estaremos resguardadas del frío y de las posibles miradas. No puedo aguantar más, la empotro contra la puerta. ¡Oh, Dios existe! ¡La puerta está abierta! La meto en el portal, ella andando hacia atrás, mientras nos besamos de manera salvaje. Directamente meto la mano por dentro de la camisa, y le cojo la suya y se la meto entre mis tetas. Con la otra mano me voy sin tregua entre sus piernas. Aparto sus bragas y busco su clítoris.

"Marta, vas a correrte y yo me voy a asegurar de ello".

Tu clítoris está duro, es medianamente grande. Lo toco con mis dedos índice y corazón, apretándolo y moviendo mis dedos arriba y abajo. Te como el cuello mientras. No tenemos mucho tiempo. Me apoyo de pie en la pared y flexiono mi pierna derecha, apoyando el pie. Te agarro hacia mí de manera que tu coño queda apoyado en mi rodilla. Sigo tocándote con mis dedos, y voy en busca de tu agujerito. ¡Sí, qué húmedo y calentito está! Es como esponjoso...

A la vez que yo te estoy masturbando tu estás literalmente follándote mi rodilla. Esperemos que no baje ningún vecino ahora, y si baja que se esconda y disfrute del espectáculo.

Tu respiración es fuerte. Gimes, y yo también. Me excita verte así. Con mi otra mano me estoy haciendo un dedito. No sabía que podía hacer dos dedos a la vez. En mi coño solo estoy metiendo el dedo corazón, en el tuyo dos. Saco la mano de mi chocho ardiendo y te desabrocho la camisa y el sujetador, y te subo la falda hasta la cintura. Voy a respetarte las bragas. He cambiado de idea, no me importa correrme más tarde, antes quiero que te corras tú. Siento que me va a estallar el clítoris de un momento a otro. ¡Qué gustazo, joder!

Bajo la pierna, y toda tu entrepierna empapada se frota contra la mía. Yo sigo con el pantalón puesto. Sigo follándote con mis dedos, y empiezo a comerte las tetas. Me encisco con tus pezones. ¡Qué cosa tan deliciosa! No sabía que tenía la lengua tan entrenada. Cada vez gimes más fuerte, así que tengo que sacar los dedos de mi coño y meterlos en tu boca para silenciarte un poco. Los chupas como si te fuera la vida en ello. Me encanta cómo mueves tu cadera contra mi mano. Qué sincronización. No bastan mis dedos en tu boca para que dejes de gemir, así que te beso y te meto la lengua, a la que me introduzco de nuevo los dedos. ¿Dónde están tus manos? Sin parar de meter y sacar mis dedos en tu agujero cojo tu mano y me la meto dentro de las bragas. Con tu mano y la mía me aprieto el clítoris. Sí, señor, nos estamos follando vivas en un portal. Me tiemblan las piernas. ¡Sigue, un poquito más, por favor! ¡No pares de tocarme, joder, que no me quiero correr antes que tú, estoy intentando frenarlo pero me está siendo muy difícil!

- Francesca...
- Dime, cariño...
- ¡Que me corro... !
- ¡Sí, córrete, por favor!

"¡Córrete viva, porque yo ya no puedo aguantarme más..."

Su coño y el mío arden entre nuestras manos. Noto que se estremece y su zona esponjosa le palpita... y de repente siento que la mano se me llena de flujo. ¡¡¡¿¿¿Las mujeres eyaculan???!!! ¡¡¡Sí, sí que eyaculan!!!

Me muerde la oreja mientras se corre. No ha terminado aún y yo estallo de placer. No se si he eyaculado tanto como ella, creo que no, pero desde luego el flujo me chorrea por la pierna... vaya estampa... dos señoras respetables follando en un portal. Pues sí, no hemos tardado ni cuarenta minutos y nos hemos corrido de gusto... y queremos más.

- Marta, creo que deberíamos volver, ¿no? ¿Te ha gustado?
- Me ha encantado... la próxima vez seré yo la que te maneje...

"¡Uuuuh, ¿la próxima vez? ¡Síii! Va a haber una "próxima vez"... ¡Martita, Martita, qué mala eres!".

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