francescag

En el médico...

Ha llegado la hora. No puedo evitarlo más. Es el día de acudir a la cita. A  mi tierna edad de cuarenta años no puedo seguir eludiendo mi visita al ginecólogo. ¿Será un doctor, una doctora? ¿Joven, mayor, guapo? He de reconocer que esta mañana me he depilado y puesto mis mejores galas interiores para la ocasión…

Como decía mi abuela: “al médico siempre hay que ir guapa, porque nunca se sabe”. Estoy en la sala de espera. Me he dado tanta prisa que al final he venido casi una hora antes. Estoy rodeada de mujeres, todas diferentes: señoras, viejas, niñas… todas vienen a lo mismo, a abrirse de piernas, y con suerte a que un apuesto joven se pasee por su interior. Ojala tenga suerte y me toque un muchachito, un joven residente de primer año inexperto pero profesional. Ay, lo que tiene que hacer una para que le toquen el coño sin pagar…

Es verano, fuera hace un calor insoportable, pero aquí dentro tienen tan alto el aire acondicionado que mis pezones amenazan con salirse de la blusa. De hecho hasta me duelen un poquito. Estoy nerviosa. Esta situación me recuerda a mis años de estudiante, cuando la tensión y el estrés me provocaban un deseo insaciable de pajearme sin parar. Tengo que retener mi mano para que no baje hasta mi entrepierna, me tengo que conformar con cruzar las piernas y restregarlas la una contra la otra. ¡Qué mente sucia, rodeada de gente enferma y pensando nada más que en follar, o por lo menos en alcanzar un pequeño orgasmo relajante auto-inducido! Hmmm, ese doctor de bigote y canas ya ha pasado cinco veces por el pasillo, ¿será ese mi puño ardiente? ¿Será él quien me sujete en el potro y me viole con sus grandes dedos? “Señorita Francesca, ha sido usted muy puta y va a tener su merecido… tendré que amordazarla para que no la oigan los demás pacientes…”

ginecologo3No puedo evitarlo, tengo el coño húmedo y ardiente. ¿Me dejará quitarme la ropa y ponerme esa minúscula bata que deja todo el culo al aire? Por favor, que sea que sí… además, se que ahí dentro hay todo lo necesario para el placer: lubricante, olor a látex, herramientas para abrir tu agujerito y poder entrar bien en él. Todo muy limpio y desinfectado, y lo mejor de todo, profesionales en la materia. Aprovechando que traigo un bolso grande, me lo pongo en el regazo para disimular que mi mano ya está empezando a trabajar. Hago el gesto de colocarme el sujetador y aprovecho para rozar mis pezones. Como es una talla menor, parece que mis ya de por sí grandes senos son aún mayores. Mi intención es que el doctor no pueda mirarme a los ojos, y me los palpe a conciencia buscando bultos inexistentes. Tengo los pezones tan de punta que le voy a hacer llagas como a Jesucristo. ¡Clávame tu cruz, redentoooor! Joder, creo que me voy a meter en el cuarto de baño porque mi excitación empieza a ser evidente. He de darme prisa por si suena mi nombre por la megafonía. Estaría bonito plantarme ante el médico con los dedos oliendo a sexo… aunque, bien mirado… ¡Vaya, está ocupado! Aprovecharé para pasearme por la planta, a ver si me cruzo con el canoso y me enseña su estetoscopio. “Señor doctor, necesito un polvo urgente, es solo terapéutico, póngame usted a cuatro patas y destróceme el culo sin piedad”. Qué cerda me pongo, tengo ganas de gritarlo. Soy una sucia golfa pidiendo a gritos ser penetrada. Empótreme, licenciado, tómese conmigo todas las licencias que quiera. No me voy a asustar, ya tengo una edad.

Vale, el baño ya está libre. Voy a entrar ahí dentro y voy a hacerme un pajote como Dios manda. Y el olor residual ayudará a que el médico se sienta libre de cohibiciones hacia mí, y si quiere puede terminar lo que yo he empezado. Bien, seré rápida. Solo tengo que subir mi falda y bajarme las bragas hasta media pierna, apoyada en la pared junto al retrete. No necesito juegos previos, ya voy lo suficientemente cachonda. Un par de apretones a mi botoncito y meto directamente los tres dedos en mi agujero. Síiiii, Dios, me encantaría que entrase alguien y rellenara mi otro agujero a la vez. Qué suerte tienen las perras, que retienen dentro la polla de su macho hasta quedar hartas. Me encantaría dar con un buen arpón que una vez dentro no hubiera forma de sacarlo. Marrana, córrete ya que te van a llamar. Pero quiero más, uno y detrás otro, y otro, y otro… ¡Ahora caigo, llevo un bote de desodorante en spray en el bolso! No lo quiero para camuflar el olor, sino para saciar mi deseo de doble penetración. Afortunadamente tiene el tamaño perfecto para mi coñito, y así podré jugar con mis dedos en el culo a la vez. Noto la humedad que resbala por el interior de mis piernas. Uy, este bote entra perfecto, parece que los fabriquen para esto. El mejor amigo de una mujer: su desodorante. Rexona no te abandona. Voy a ir bien abierta para la exploración, qué duda cabe.

ginecologo2¡Venga, por favor, decid ya mi nombre que quiero correrme mientras suena por todo el hospital! ¡Repetidlo una y otra vez, que cuando entre a la consulta quiero ir relajada! ¡Córrete, puta, córrete! Sí, siiiiiii….

Joder, llevo ya tres orgasmos y quiero más. El siguiente se lo regalaré a mi doctorcito, que con suerte me dejará antes comerle la polla y así entrará dura como una piedra. Más les vale a las demás irse a su casa, porque hoy el doctor cierra la consulta para una paciente privada. Privada de decoro y de autocontrol, y espero que de libertad durante varias horas. Sí, Francesca, eres una zorrita redomada. Creo que me voy a aficionar a los chequeos preventivos, es muy importante supervisar la salud y todas deberíamos hacer uso y disfrute de nuestra sanidad pública...

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