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Divina conexión

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Parece que definitivamente hemos entrado en la era de la modernidad. Muestra de ello es que el wifi se extiende por los lugares de culto. Debe de ser que yo me guío por la concupiscencia y el buen amor, pero aún no entiendo para qué. Los feligreses y turistas, atraídos por la arquitectura, religión o Pokémon Go, pueden tuitear y subir a Instagram sus mejores fotografías, cazar a Pikachu o ver Pornotube con la velocidad otorgada por la gracia de Dios.

divina2No sabemos si la Iglesia está exenta del pago del wifi o si, por el contrario, las compañías telefónicas hacen un descuento. Quizá sean los clérigos quienes paguen religiosamente cada mes la factura íntegra del Internet. En ese caso, me entra una duda: ¿de dónde sale la partida destinada a estos gastos, de la casilla de la Renta o del cepillo? Solo entonces comprendería por qué los estipendios suben cada día más.

Pagos aparte, pienso que, en un futuro, esta conexión podría consolidarse como un nuevo protocolo de comunicación con la Providencia. Salvo tomar el cuerpo de Cristo, no haría falta acudir a la iglesia, ya que todo se podría hacer online. Los confesionarios podrían desaparecer para dar paso al perdón de los pecados vía Whatsapp o, lo que es más ‘progre’, Telegram. Las misas, además de verse en La 2, se emitirían en streaming por Facebook, lo que permitiría reaccionar con un “me gusta” en cualquier momento de la eucaristía. Además, el episcopado se conectaría a través de Linkedin, validaciones de teología mediante.

Siento ser aguafiestas, pero no creo que la modernización y consecuente deshumanización de la Iglesia -si no era ya lo suficientemente deshumanizada- conlleve la atracción de los jóvenes por esta institución. No pienso que pasen a rezar todas las noches y a acudir ilusionados a la catequesis. La mayor parte de ellos comenzará, siendo niños, a fumar, beber y tener relaciones sexuales, antes incluso de tomar la hostia consagrada. Señores sacerdotes, sigan buscando la conexión con Dios, pero, les aviso, se están alejando demasiado del router.

Los cuerpos reales

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Gordibuena, flaquipocha, viejoven y feapa son solo un ejemplo de las etiquetas que ponen las revistas de moda a las mujeres. ¿Por qué esa necesidad de catalogar al personal? Lo peor es que la mayoría de las redactoras se las da de feminista y aboga por aquello de “la belleza real”. ¡Y una mierda!

No sé qué pretenden de nosotras. Si llevamos el pelo corto, parecemos un garçon; si lo llevamos largo, en cambio, somos un mocho de fregona. Si nos sale un michelín, estamos gordas; si tenemos el vientre plano es porque no comemos más que una manzana al día... Y así hasta el infinito.

La última polémica creo que ha hecho que muriese un gatito (o varios), y no es para menos. Pobre Mariah Carey, le han dado hasta en el carnet de identidad por retocar unas fotos. “Mariah Carey, hija, estate un poquito quieta con los retoques, anda. Que cantan demasiado... Esta chica tiene un vicio muy serio al Photoshop”. Esa y otras frases del estilo son algunos de los dardos que le han lanzado desde las redacciones de moda.

¿De verdad hace falta estudiar cuatro años de carrera para humillar y descalificar así a una persona, a su cuerpo e incluso a su pose en una foto? De mujer a mujeres, de periodista a periodistas, qué poca vergüenza tenéis. Entended que si Mariah Carey se quiere retocar con Photoshop es por vuestras revistas: nos infravaloráis si engordamos y en un momento nos hacéis un “arg”.

Ahora parece que vuestro canon de belleza, el “cuerpo real”, es el de una gorda, cuando hasta hace poco era el de un insecto palo. En cambio, después despellejáis a las que han ganado kilos (véase Tania Llasera) o a las que retocan su imagen para parecer más delgadas. El cuerpo real es el que existe, ni más ni menos. ¡Ya está bien de promover la obesidad y de criticarla a la vez!

Los regalos spanish a Obama

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Cuando Barack Obama anunció que venía a España, nuestros representantes políticos se hicieron al unísono una pregunta: “¿¡Qué le regalo yo a éste?!”. Y es que, como diría Rajoy, la tarea de encontrar el souvenir perfecto para el mismísimo Presidente de los Estados Unidos “no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor”.

A pesar de que Felipe de Borbón habría preferido una Playstation, en su pedida de mano doña Letizia le regaló una edición antigua del libro ‘El doncel de don Enrique el Doliente’, de Mariano José de Larra. Aún traumatizado por el presente e inspirado en gran medida en él, decidió que le regalaría a Obama una obra más conocida, ‘El Quijote’, para que hubiese oído hablar de ella al menos una vez -y no como le pasó a él-. Encuadernado artesanalmente en piel, este obsequio acabará ejerciendo de pisapapeles en alguna de las estancias de la Casa Blanca. Quizá a sus hijas les dé por leerlo en algún gap year, quién sabe.

El Presidente del Gobierno en funciones hizo como cualquier au pair que se precie hace con su host family: comprar un producto español. La gran diferencia con las niñeras es que Rajoy puede regalar el jamón entero, el jamonero y el cuchillo, y no un simple envase al vacío. ¡Que se note que tenemos ahorros, aunque tiremos de hucha! Lo siento, Mariano, pero el regalo es bastante mejorable, por no decir una basura. Esa pata negra queda mejor en mi casa, que los Obama no saben siquiera colocar el jamón en el jamonero. Bendito show digno de Ellen Degeneres o Pablo Motos van a montar.

The-Lincolnn-BrigadeComo no era lógico regalarle una serie a un habitante del país de la HBO, Pablo Iglesias se decantó por un libro que sabía que Barack se moría por leer: ‘The Lincoln Brigade. A picture history'. Llevaba tiempo pidiéndolo en la Fnac, incluso de la intriga ya no era capaz de dormir. Lo bueno es que el obsequio de Iglesias encima venía firmado y dedicado por él, que eso siempre hace mucha ilusión. Pero… ¡con dos erratas! Así no, Pablo. Ante la duda, podías haber utilizado el Google Translator o recurrir a un simple y llano “For you”.

Me imagino a Barack en su Air Force One rodeado de sus obsequios made in Spain y con cara de “it’s very difficult todo esto”. Normal que Sánchez y Rivera prefirieran pasar, porque para quedar mal mejor no regalar nada. ¡Cómo se nota que son el cambio sensato! Desde luego, es una pena que a estas alturas de la historia el oro, el incienso y la mirra ya no estén de moda, porque habrían sido ideales para cortejar al Nobel de la Paz. ¡Si es que ya no se hacen regalos como los de antes!

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