Historia de un crimen (Mi historia)

Me ví envuelto en ese fregado y era - bien lo sabía yo- totalmente inocente pero, aún así, culpable. Me agarraron y me metieron aqui y todo por esa boba mujer. Si, así fue, de verdad, una muerte estúpida, una muerte que ocurrió cuando yo andaba de visita en su casa. Algo trágico y repentino, pero sobretodo trágico.
Yo sabía que me estaba esperando. Subí a su apartamento. Oí un grito terrible. Abrí la puerta y allí estaba ella, allí estaba un cuchillo atravesándole el cuello de lado a lado. Era extraño, yo pensaba de ella que ya no tenia sangre, ni redaños para vivir, y sin embargo, estaba chorreando sangre por toda la casa y todavia no había muerto. La sangre llegaba hasta la puerta, calando el parquet, zapatos y calcetines, el suelo. Pensé: "Mejor me largo de aquí". Pero La policia subió y ya era demasiado tarde. Ella era una mujer mayor. Una vez alguien dijo que tuvo un buen cuerpo y unas piernas superiores, pero, ¡joder!, una vida traidora lo había descolocado todo.
Me pusieron las esposas y bajamos. Salimos a la calle. La gente quedaba espectante, asomada a sus ventanas o parada en la misma acera.
Alguien preguntó:
-¿Que ha pasado?. Otro respondió.-Ese tarado ha matado a la vecina del quinto.
Yo, cosa bastante curiosa, nunca me he considerado un tarado, pero ellos, me tenían antipatía y repelo, ese era el rollo. Yo era un buen chico.
Después, me subieron al furgón, era lunes por la tarde y la gente ya estaba de vuelta en sus trabajos y, eso era lo mejor, me dejaba fuera de la vista de muchos. Un puesto de comida rápida mandaba sus olores hacia mi y yo tenía ganas de vomitar, pero no era la comida lo que apestaba, sino mi vida.
Iba pensando lo que podría haber sucedido en el piso de aquella vieja. Y lo único que se me ocurría es que el asesino no debía estar muy lejos de allí cuando yo llegué al piso de ella.
Pero no lograba entender que había sucedido. Dos horas más tarde estaba en la comisaría, rodeado de violadores, asesinos, atracadores y destripaterrones...
Pude entrever el camino que se abría ante mi y, entonces, eché de menos estar borracho porque sentía que ese era el único abracadabra que podía sacarme de aquel odioso lugar, aunque fuera temporalmente.Todo estaba dispuesto para intimidar. Yo hubiera querido desaparecer, pero no me dejaban y todo me llevaba a pensar que la muerte de kennedy, el estrangulador de Boston, el carnicero de Hannover, yack el destripador, Charles Manson, el asesino del zodiaco y el mismísimo Barba azul, todos, y todo quisqui se colaban en esa sala.-!Siéntese aquí!- Me dijeron.
Dos horas más tarde habian tirado de la cadena y colaban mi mierda por el desagüe. ¡Culpable! Bueno, o sea, aquello no era justo hacía un calor del carajo y yo era inocente y aquella mujer estaba montada en su último minuto y por desgracia, yo iba sentado con ella y esa era la única razón por la que la mierda dejaba de correr por las cañerías. La única razón que detenía mi vida.
Y así fué, si, el 8 de Julio acarreaba un calor inevitable. ¡Un calor del demonio en aquella prisión! Mi compañero de celda se plantó ante mi con aquella cara cerrada del todo, sin gestos, plana como la palma de mi mano. Pero bueno, las caras son como el culo, cada uno tiene la que bien puede y la mía estaba descompuesta y sin el hormigón armado que la mantenía en pie, no podía quejarme.
Pensé que eran las 5 de la tarde, y que a esa hora yo estaría colocado en el bar de tony con ginebra o whisky, pero todo ese alcohol ya estaría con algún otro y, no allí, precisamente. ¡Pero qué más dá, si de todas formas yo ya estaba frito! Mi compañero era un hombre tan grande que se comía la silla por completo, o las luces, o los desconchados de la pared pero sobretodo mi ánimo. Fumaba lentamente un cigarrillo y me decía:
"¿Que mierda hicistes para estar aquí?.
-Nada, soy inocente. Le respondí.
Soltó una carcajada y dijo:
-¡No me dirás!, que te han traído al talego por embustero.
Yo le fuí explicando que con mi detención en el lugar del crimen ellos salvaban su culo, y que ya, solo querían enchironarme. Los nervios me mataban. Tenía que estar ante su descomunal obesidad, si o si, tapándome por completo. Continué contándole la historia.
-¡Acabemos con esto!. Me dijeron y Firma tu declaración.
Lo leí y ví con asombro como querían que declarara mi propia culpabilidad. Yo pregunté: ¿Y mi inocencia? Bueno, pensé, olvídate, simplemente, te cierran el paso y eso es todo.
-Eres un puto embustero, Mantente alejado de poner tu culo de penado en mi cama.
Entonces, Apagaron las luces y las ratas empezaron su trabajo.
-¿Qué coño pasa? Grité.
-Ratas-dijo mi descomunal compañero-.
-Se me olvidó tapar la taza del water
-¡Salen del bater! -Volvi a gritar!-
-Solo por la noche -decía, mientras bajaba la tapa del water, y volvió el silencio y entonces, empezaron las Cucarachas-.
-¿Y esto que es? Volví a gritar.
-cucarachas, tenemos cucarachas.
-¡También!
Noté una picazón que cada vez era más fuerte y empezaron los ruidos. Roncaba, eruptaba y se tiraba pedos el muy hijo de puta y, lo hacía con ganas.
-¡No somos más que tripas y mierda! -Pensé-.
Tuve suerte con la ubicación, mi cama estaba a 2 metros de la suya, pero la peste era algo superior a mi y tenía tiempo suficiente para fastidiarme. Veinte años de condena.
En las primeras semanas el tiempo no transcurría y la existencia se hacia más insoportable. Todo se había reducido a su mínima expresión, a un solo punto, subsistir. En efecto, desde que entré a este lugar, entendí que ya no eramos gente corriente sino otra especie. Una especie que lo había perdido todo y que cuando conseguía un pedacito del pastel se volvía insoportable.
A este lugar, se venía a temblar, a perdurar en el miedo.
Pirados, dementes, revientacoches, imbéciles, idos, violadores, asesinos. Todos de una misma especie. Y entre ellos me metieron, con una clase de gigante, en el mismo lugar y en la misma celda. Afuera estaban los perros, los gatos y la gente y ahí también los perdedores, pero aquí eso daba igual, aquí no se perdía del mismo modo, aquí se perdía lentamente, eras de otra especie, aqui no te miraban como si fueras un ser humano. Aquí eras la definición exacta de basura. aquí, el primer día, debías aprenderte las caras, Los muros, sus desconchados y su color de un blanco taleguero,Tú pensarías que estaba jilipollas pero no, estaba guiándome.
Mi compañero de celda era un verdadero animal. Sin embargo, para mí no existía una verdadera calificación. Ellos, eran los tipos duros de la cárcel, casi aullaban. Yo era incalificable, bueno, si, un tio raro y algo pirado.
Yo nunca había sido valiente cuando estaba en las calles, y allí todos los días escribí la historia de un duro hijo de puta. Sin saber como, los demás presos empezaron a atacarme uno a uno, la verdad que fué un verano caliente, si, uno de los más calientes de mi vida. La primera vez, uno se avalanzó sobre mi en el comedor, de una patada lo puse en el suelo. Así fué le golpee, se paró y solo me miró desde ese suelo que le había hecho resbalar Él intentó devolverme el golpe con otra patada apoyando su culo. Pisé sus tobillos con fuerza y le asesté un golpe seco en la cara. Se derrumbó. Luego, se fué arrastrándose y empezó a sonar la música de una efectiva victoria que celebré en el comedor. Desde entonces y cada mañana y al levantarme apoyaba los pies en ese mismo suelo y me decía y ¿ahora qué? ¿Qué va a suceder hoy?. Pero llegó el día en el que el mandamás quiso verme. ¡El tenía dos cojones!, en la última revuelta fué el primero que agarró un microondas y, aún así, al muy hijo de puta le dió tiempo para apuñalar al preso 221, y para amenazar al alcaide y lo hizo con el pincho que utilizaba para trinchar los culos, cuando estaba borracho.
Desde entonces, la comida fué abundante en su celda 225, tanto, que algunos pensábamos que estaba embarazado. En la cárcel nadie le chistaba, nadie, y ya ni tan siquiera el alcaide.
Estábamos en julio. Y me enteré por casualidad, por el preso 021, que esperaba verme en su celda durante los próximo días, y que quería que fuese antes del 25 de julio, dia de su cumpleaños.
Aquel dia el sol estaba en su punto y una brisa fresca entraba por la ventana. Yo no sabía lo que me esperaba, había cabezas asomando por las rejas, como si supieran algo.
Luego la cantinela de siempre, -¡No podrá cagar en una semana!- y reían. Iban dos presos delante y uno detrás.
Allí la suerte consistia en poder comer y cagar, así es, era como decir que allí el culo era como la cara del alma. Allí no se hacían cosas normales como ir al trabajo, reunirte con los amigos o tomar un whisky. Allí se estaba para soportar otras cosas y luego morir. Aquí preferirías estar borracho en tu habitación hasta quedarte dormido. Los hombres, mujeres, bares y gatos, lo bueno quedaba fuera, pero no importaba. Aqui era yo y mi seguro de vida, el pincho que escondia pegado a mi estómago y eso era como decir todo y nada....la vida que me dió por el culo.
¡Maldita sea!..
>>Dedicado a mis compañeras sociosanitarias de 2022, sin olvidar a Elena.<<


La oficina de colocación estaba a tope; un espacio incapaz de contenernos. El funcionario me recibió. Yo necesitaba un trabajo agradable: tranquilo, plácido o le escupiría en la cara, no había término medio. Siempre tenía la sensación de que algo iba a suceder y yo le ponía ganas y espíritu, y eso era como ir a cagar, pero sin suerte. Apenas si cambiaba nada. Cuando estás en las malas encuentras cerraduras en todas las puertas.
Bueno, salí de allí con otro estúpido trabajo bajo el brazo e Intenté no pensar en lo siguiente que iba a hacer, tan solo tenía la certeza de que una nube negra y fría venía bajando de las montañas. Horas más tarde, la lluvia golpearía sobre las cosas y todos huiríamos buscando refugio, igual que huiría de los bares y los vasos vacíos aquella noche, aunque lejos de allí me sentía fuera de lugar. Para mi, los bares eran una manera interesante de matar el tiempo. Pero del último pedal que me Había pillado hacía un mes y medio y acababa de cabeza contra las paredes y solía perder la consciencia y no recordar nada. La gente como yo acababa en un hospicio o lo que es peor en la beneficencia o ahorcado en cualquier farola del parque, y si, de un lado al otro, según sopla el viento, o recostado en un banco, lleno de bebidas fuertes, o meado en cualquier esquina. Entonces, ¡Cojones! perdía la mente y me pegaba la gana de perder lo demás
En mi apartamento fuí a la nevera, cogí dos cervezas y unas cortezas de cerdo, mientras, varios puntitos negros zumbaban a mi alrededor. Encendí la radio, con suerte encontraría mi música, un cigarrillo, y me rascaría la barriga. Cerré los ojos. Me sentía muy cansado. Dos horas más tarde estaba durmiendo en el sofá y, justamente eso, dormir, es lo que hacía. Había estado durmiendo mal últimamente, es que cómo decirlo...., estaba jodido. Bueno, en mi vida solo encontraba un puñado de cosas horribles y llegados a este punto desconectaba y dormía.
Entonces salí corriendo tras él como si alguien me estuviera disparando. Doblé la esquina rápidamente. Le seguía. Cuando pasé a la altura del semáforo entró en un tugurio y esperé un rato. Quince minutos y aún no había salido. El azul del cielo se juntaba con los edificios cuando decidí entrar en su busca. No era más que un maldito agujero. Y allí estaba toda esa caterva, cinco hombres en la barra con las cabezas juntas y tomando cerveza. Se quedaban mirándome. Yo necesitaba un buen afeitado. Apenas me miraba al espejo al salir de casa y se notaba cierta dejadez. De repente, allí estaba él. Me acerqué y le puse la mano en el cuello.
Ya no prestaba atención a nadie, solo a aquel bate a punto para destrozarme la cara. Me senté al lado de ese tipo y así, el camarero dejó de amenazarme.
El chico era eso, solo un mierdoso chico.
Pero lo peor de todo es que sé que volverán a caer chuzos de punta, y que volveré a preguntarme por qué el mundo siempre tropieza conmigo. ¡Mierda! Siempre estuve en la cola de los imbéciles, lo reconozco.
Me siento, enciendo un cigarrillo e incorporado a la orilla del sofá hago aros de humo mientras miro el boleto de la quiniela. ¡Mierda! ¿Sabes? A veces pienso que soy yo ese coche abollado por delante y dando tirones. Es tan difícil seguir siendo pobre, en mi situación necesito un golpe de suerte, sabes. Qué puedo hacer si el que va a pasar hambre soy yo, no hay de otra, suerte. Las facturas no se pagan solas y necesitamos tanto.....si no tienes más que vacío en los bolsillos el futuro es inalterable y se cumple como la muerte, y ya no tendré donde atrincherarme, ¿qué puedo hacer? ¡Dime tú!.....
Esta ciudad congela hasta los huesos. Empino la botella de whisky y se precipita garganta abajo. Estoy aturdido, tenéis que entenderme, si le metes demasiado alcohol al asunto no sabes lo que puede llegar a suceder, y vosotros lo sabéis bien.... hombre no me tiréis de la lengua y tú menos, Hans, ¡me has metido en un lio Hans!. Tú me pusiste a prueba. Has suspendido el examen. Toca callar. Míralo desde mi punto de vista. No la volverás a cagar, no habrá traiciones y nadie te dará la coña todo el rato. La enfermedad no te dará un alto de nuevo. Tendrías que darme las gracias ¡Hijo de puta! Estoy alterado y me la suda. Si no espabilo me encontrarán aquí con los calzones bajados y sin una buena razón que dar. Empecé a sentir miedo Me levanté, corrieron las paredes y entré en el baño.
A medida que pasaba el tiempo empecé a oir voces en el pasillo, entre ellas, distinguí la de mi vecina, cada vez más angustiada y golpeando mi puerta me decía:
El corazón, empezó a golpear, a aletear como un pez fuera del agua, frenético y con fuerza. ¡Qué voy a hacer ahora!