El mono que voló

Vuelan las almas en la tierra. Vagan los hombres por el cielo, y en el fondo un solo firmamento. Danzan las sombras con los necios. Juegan al juego los modernos. La verdad solo pareció que llegaba a brillar un momento...
Riff de guitarra acelerado, luego una serie de pausas sincopadas y vuelta al machaqueo metalero, la cabeza te da vueltas, y luego al final el éxtasis guitarrero incontinente que rebosa sobre la multitud enfebrecida que grita, se moja y se une en mística experiencia con la banda de turno. Rock n Roll en vena. La cabeza no para de dar vueltas. Frenesí, frenesí acelerado de cuerpos moviéndose con el ritmo, ese que no llega a ser pero casi, en el que buscar y hallar sin llegar a algo más, una raíz seca de la que poco se puede chupar.
Amor. Dame Más De Amor. Llena mi copa, mi cáliz, derrama sobre mí ese amor que escondes, hagámoslo juntos, dame más y más. No escondas la herida, lámela, lamámosla juntos, hazme tuyo tuya, hazme de todo, pero dame más amor. Chupa mi dedo
Chupa de cuero. Se lleva de nuevo. De segunda, de primera, depende de la cartera. Hágase con algo de cuero, hombre, mujer, caballo... Algo de cuero cuida de tí, es piel sobre piel, asquerosamente simbólico. Capullo. Metamorfosis. Volaremos al final.
Se recuerdan tiempos en los que la gente llegó a volar, no solo en su imaginación, en el sentido físico de la palabra. Algunos se negaron, claro, pero la mayoría voló.
Tanta aglomeración en los cielos no sentó bien a algunos de los más reticentes, lo cual les llevó a abatir a disparos a las bandadas de molestos humanos que poblaban los cielos. Hubo guerras, disturbios, tumultos, pillaje, anarkía, humanismo, héroes, villanos... y la prohibición de volar. Al final todo se redujo a qué aseguradora cubría la parte más gorda del pastel, que quedó tan hecho migas que se lo comieron las palomas, que cuando vieron los cielos libres de pesados volvieron a volar. La historia siempre tuvo un pagador, un fiador, un cobrador y... un ladrón. No hay más remedio que volver a recuperar emociones perdidas, archivadas o codificadas en recuerdos más o menos creíbles, aceptables en un cómodo 95% de las veces, eso más o menos a ojo, y sin estar del todo, cómo es, cómo se dice?...
Bombardeo de átomos, neutrones, neutrinos, oxidación permanente de todo lo vivo, colonias, matrices, ángulos y puntos de colisión, rayas cruzadas sobre rayas cruzadas sobre rayas... como ilusiones ópticas, o como ojeadas a la ilusión, como mangueras que riegan cosas que no necesitan mucho ese riego y ese agua sobrante rebosa sobre lugares que no pidieron agua,
y ese agua que falta a los que nunca tienen agua rebosa sobre lugares que nunca valoraron el agua, y si el ciclo del agua no llega a ser suficientemente eterno miremos el del arrepentimiento. Yo ya nunca más.
Bendecimos el momento colectivo, valoramos el de recogimiento personal, aprendemos, nos relajamos, nos pilla el toro, nos motivamos, volvemos a creer que algún día volaremos, porque pese a las prohibiciones alguien escribió un libro censurado que paso a videojuego de culto y al final unos cuantos pobres locos alcanzaron a aprehender el sentido oculto de las cosas y se les quedó cara de gilipollas un montón de tiempo, hasta que empezaron a asimilarlo y se quedaron ya un poco para siempre en su parra. Nunca el camino dejó de hacer rozaduras en los pies, ni callos, varices y pollas colgantes, senos colgantes, matrices colgantes, arrugas y flacideces, miserias y grandezas, cicatrices que ningún tatuaje puede emular, como los círculos que hay dentro de los troncos de los árboles, como las capas de mierda que puede acumular tu casa, tu trastero, tu memoria, tu coche, tu conciencia cada noche, lo que ves y lo que no llegas a imaginar, porque no puedes, lo sentimos pero eres un puto mono evolucionado al que no le da más el coco, no puedes volaaaarrrrrr!!!!
Pero se voló. Queda en los anales reflejado que se voló. No hay una sola tablilla o arcilla cuneiforme que cuente del todo lo que pasó, debido a la prohibición expresa de volver a volar. Ni de crear celdas de hidrógeno caseras. Varias explosiones de miles de manzanas de cualquier suburbio de cualquier megalópolis de lo que fue y volverá a ser la humanidad demostraron que el conocimiento ha de ser prohibido, por eso se crearon las religiones, para dejar el poder absoluto de aniquilación y generación de la pura energía cósmica radiante unipluridimensional en manos de unos pocos elegidos mamahuevos. La puta dicha del puto autoengaño masivo. El eterno dáme más. Dame mas...
Dame más dolor. Aprieta, clava, rompe, rasga, estira, retuerce, lacera, quema, muerde, desgarra, eviscera, desangra, derrama, viviseccióname en eterno y puro dolor, dame el éxtasis de la agonía sin fin, provoca en mí orgasmos de pura energía de dolor sublimado, estreméceme con la aguja, el punzón, la cuchilla, aaaah... no puedo seguir sin sentir oleadas de placer recorriendo mis chacras de uno en uno y entreteniéndose un ratito en cada cual..
Cada cual a su forma y a su modo. No hay subversión posible en una realidad polisémica, palimpséstica, perliperlambrética, lanzada al vacío con una enorme sonrisa en la cara, cual monos-lemming, sobrados, intoxicados unos de otros, cubriendo como podemos el enorme espacio que enmascara cada segundo de un reloj con mensajes auto-programados de felicidad postergada y vinculada al esfuerzo, a la abnegación, a la fé, a la oportunidad, al mero aguantar, a la vena dura que recorre cualquier mina, imposible de picar, inasequible al desaliento, condenados a seguir adelante en consonancia con nuestra genética y nuestra testarudez. Con la paciencia de quien espera los restos de los restos de los restos. Siempre llega algo con la marea, siempre algo se va. ¡Os juro que si tuviera huevos me haría ahora mismo unas alas!
Es curioso cómo recordamos las veces que hemos olvidado las cosas buenas. Espinas, flagelos y cilicios, mosquitos, ronchas, roces, puñaladas, cicatrices, autoescarnios, desintoxicaciones, y demás auto-self-shits of the mierda que nos hacemos cual peeling facial o ducha escarificante, nos llevan a recordar casi cíclicamente las veces que nos perdemos lo que nos gusta de verdad. Quizá la ley sea un poco tiquismiquis con el hecho de que cumplamos nuestros deseos y anhelos más profundos, pero hemos de recordarnos constantemente lo que somos. O lo que creemos ser. O dónde coño he aparcado. O en quién se ha convertido la persona que yo alguna vez creí conocer. O quién coño era yo cuando todo me importaba un poquito más una mierda. ¿Sería capaz de volar, con el entrenamiento adecuado? ¿Existe el camino que Prometeo prometió? ¿Prometeus en cosas que no debéis meteus os pondrán el ano rojo? Uff.. Fino fino...
Dar rodeos a dar rodeos es el mejor camino para llegar a donde estabas. Igual que algunos genios de la comunicación dicen “dar un giro de 360 grados”. Y aplaudimos. Y nos reímos. Llorar está feo, es mejor partirse la caja, yo ya me río de cosas que si las pienso... Y si dejo de pensar un rato y me lanzo por la pendiente... y si después de las suficientes hostias, me las ingenio y vuelo un rato, y si después me aficiono, y si, y si, y si... volar sale caro, salvo si vuelas en low cost, que además es peligroso. Pero hay en la web un montón de videos graciosos de gente con alas de todo tipo de materiales alzándose unos pocos milisegundos en el aire, hay que comprarse el forfait, sí, no todo es jauja en el volar, claro que sí...
Yo quiero, ansío, anhelo, deseo, idolatro, magnifico, proyecto, y creo mi propio camino de clavos, cristales y zonas seguras. Es mi puto rollo, sabes? No se muy bien cómo va el tuyo, pero sí se seguro que todos vamos al mismo puto sitio. La vida, al fin y al cabo, es como una ciudad pequeña... todos terminan en el mismo puto antro.
.... y si volamos una central? (Cuernos, risa, cuernos)
Dedicado a todos los que sois la Noche, gracias por ser...


pateando la colcha al suelo y disfrutando de esos minutos embriagadores en los que el tiempo no es tiempo, en los que todo es un limbo entre el sueño y la consciencia…
de primera calidad untado directamente el en pan, a la catalana, con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, de ese tan ecológico que hace grumos en la botella con el relente de la mañana, de un intenso color verde oliva...
Caminar lentamente, no preocuparse de a dónde conducen tus pasos, pues tu cuerpo sabe perfectamente a dónde va sin necesidad de recurrir al pensamiento, sonreír a los viandantes, ayudar a cruzar la calle a una abuelita, detener el tráfico para un grupo de escolares que te saludan con la mano, charlar con el agente de movilidad mientras teclea multas en la maquinita, después enfilar la cuesta con energía renovada, descansar un poco a la mitad junto a ese quiosco en el que da la sombra, pues el sol empieza a picar un poco y el esfuerzo de la subida se va notando… Volver a comentar las noticias del día con el quiosquero, echar un vistazo a las revistas de tendencias, reírse de la vanidad de este planeta, de los malos resultados de tu equipo favorito, a ver cuándo subimos, éstos no tienen lo que hay que tener, para el ascenso hacen falta más huevos y menos billetes, y un entrenador que sepa lo que se hace, y una junta directiva que invierta, que el fichaje más caro gana menos que un profesor de primaria, y tiene ya más de treinta…
las criaturas que pueblan este lindo mundo azul, quitarte la chaqueta y darle vueltas en el extremo de tu brazo alzado dando una ligera carrera hasta la estatua de ese general que un día hizo algo grande por tu país, apoyarte en ella y sentir el frescor del metal fundido contra tu cara, reír como un loco ante la sencilla idea de estar vivo… y limpio.
No es que fuese excepcional, es que era sencillamente arrebatadora. En su cuerpo bailaban los demonios, y sus ojos gritaban: "Aquí estoy, guapo. Atrévete". Mi sudor se volvió frío y tuve que esnifar discretamente una puntita en la esquina de la pista. Llevaba un pedo considerable, pero no conseguía sacudirme esa tristeza existencial.
Salí a fumar. Me hice un nevadito que compartí con una pareja que olía a chotuno, y que tenían ambos los dientes desparejos. Dios los cría y ellos se enganchan. Me imaginé sus besos y tuve que volver a entrar, me moría de sed. En la barra se me trabó el cinturón del abrigo en la correa de un bolso, y cuando me volví para musitar una disculpa ví que era ella. Me miró lacia. Tenía el abrigo puesto, se iba. No se cómo me las arreglé para acompañarla.
Los baños de las mujeres me fascinan. Son una mezcla sensual de olor a mierda, perfumería y cosmética. Me entretuve un rato mirando los espejos que te hacían parecer más pálido. O es que lo estaba. Cuando salí me esperaba medio querenciosa medio psicópata, en plan ya me puedes follar bien la oreja o sales por esa puerta a zarpazo de gata rabiosa. Yo tenía carrete para horas y horas, y ya la llevaba morcillona porque ya mis ojos no podían elevarse de sus tetas. Le conté de mi vida, la real y la ficticia. Le hablé de cómo follan ciertas especies de artrópodos, del punto álgido de la nevada más blanca, de la magia incomparable de Leopoldo María Panero y la locura trágica de un fin de semana que se desmadró y acabó casi en drama. No se, creo que le conté que me masturbaba en cada viaje en autobús que hacía, dos veces si era un taxi. Y lo dejaba en el billete o las monedas, con la pringue. Para que se jodan. No viajo por gusto, y menos en transporte público.
A eso de las cuatro de la tarde abrí los ojos porque un gato me maullaba en el oído, hambriento sin duda. Me levanté, un poco así, y busqué en los armarios hasta encontrar una lata de comida de felino. Volqué los restos del pollo en el fondo de su cacharrito de comer y encima la lata de comida. Gatos enfarlopados. Qué gracioso. Ella había dejado una nota, corta, vete y cierra bien la puerta, algo así. 